OCTAVO DIA

   María,  mano amiga del caminante.            

Reflexión:

                 Dios reina en los cielos y en la tierra y le ha concedido a María sentarse entre los querubines, con  plenitud de gracia y de dulzura. Desde ese trono mitiga la ira de Dios y le aplaca son su clemencia, deteniendo los rayos de la justicia divina.

                 Por más estima Dios a la Virgen por su gran humildad, porque ésa fue la virtud que atrajo al Verbo a sus entrañas. Todos saludan a la Madre de Jesús por esta dicha.

                  Ahora, Señora, has querido volver tus ojos maternos hacia los que te honran con este título hermosísimo del Olvido, prometiéndoles refugio, amparo en la tribulación, perdón para sus culpas y clemencia en todas las necesidades, intercediendo por ellos ante el buen Dios y alejándoles de la soberbia, del vicio y del pecado.

  

                        Promesa octava de la Virgen a la Madre Patrocinio:

                                                  “ Tú, hija mía, alcanzarás victoria del poder de Satanás”

       

  Medítese unos momentos; pídase la gracia que se desee obtener por intersección de Nuestra Señora del Olvido. Tres Avemarías, con Gloria, terminando con lo siguiente: “Nuestra Señora del Olvido, Triunfo y Misericordias, ruega por nosotros”.

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