María, azucena pura de amor.
Reflexión:
María,
Virgen purísima, es el navío cargado de las riquezas del cielo; concha
soberana que en su palacio previno en matizados rubíes las divisas de la carne
y sangre para dulce tálamo del Autor de la naturaleza.
Paloma generosa, alta hasta alcanzar el empíreo. Pabellón hermoso
construido por el mismo Altísimo para morada de su Hijo. Árbol de la vida,
arca que libra del naufragio. Azucena pura, estrella del mar, vara florida,
palacio de Dios, albergue maravilloso del sumo artífice, que le hospedasteis en
humilde portalejo, con sus ojos entumecidos que, si esparcían luces, también
lloraban perlas con ardores de amor y temblores de frío.
Después de Dios, en Vos se puede confiar el hombre con sus sentidos y
potencias, como El lo hizo. Recibía a todos bajo vuestro amparo, devolvéis la
amistad la amistad de Dios, valerosa Judit, y los defendéis del enemigo malo.
Virgen del Olvido, todos vuestros hijos tienen puestas en Vos sus
esperanzas, se vuelven hacia vuestro rostro amable y desean curar sus heridas
con las medicinas del cielo que Vos misma suministráis.
Promesa sexta de la Virgen a la Madre Patrocinio:
“Al alma que rendida a sus pies (de la Imagen)
me pidiera alguna cosa, jamás se la negará mi amor.”
Medítese unos momentos; pídase la gracia que se desee obtener por intersección de Nuestra Señora del Olvido. Tres Avemarías, con Gloria, terminando con lo siguiente: “Nuestra Señora del Olvido, Triunfo y Misericordias, ruega por nosotros”.
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