Que no hable  acerca  de esta dependencia pol�tica quiere decir que no tiene teor�a que pueda dar cuenta de su inserci�n social, no tienen metodolog�as para  el an�lisis de la coyuntura institucional y no cuenta con t�cnicas de intervenci�n   que pretendan   introducir modificiones en la estructura institucional. La psicolog�a comunitaria cabalga en una neutralidad envidiable conrespecto a la estructura social y a la apropiaci�n del poder.  Lo anterior es tr�gico cuando a su vez la psicolog�a comunitaria se plantea, en el fondo,   una intensi�n pol�tica . M�s que de lo com�n hay que hablar de las diferencias y ellas  son las diferencias de clase.

4. El punto anterior  da cuenta   tambi�n de la  orfandad t�cnica de la psicolog�a comunitaria. Tanto carece de especificidad,  que  es posible ver que  en dicho "saber" se incluyen los instrumentos m�s dispares: talleres educativos, t�cnicas grupales variadas, "promoci�n" de la augesti�n ( una contradicci�n en s� misma), educaci�n popular, prevenci�n de embarazo, apoyo  psicosocial,  intervenciones en grupos de riesgo ( �no es esta una nomenclatura t�pica del colonizador?), mediaciones, comunidad terap�utica para casos de drogadicci�n, etc.

    Pero no interesa  puntualizar  el problema en  lo meramente t�cnico sino es para poder dar cuenta de que la ausencia de una t�cnica muestra la falta de un objeto espec�fico de trabajo. Vale decir, la psicolog�a comunitaria carece de una teor�a que funde su accionar, de una metodolog�a  coherente con ella y de un encuadre de trabajo que le posibilite el recorte de un espacio propio en funci�n del punto de vista particular que ha asumido. No es posible que  se llame  psicolog�a comunitaria a cualquier cosa que se haga en el territorio de la comuna.

5. Alfaro (2000:16) reconoce  que  "el crecimiento de la psicolog�a comunitaria que ocurre durante los '90, no se acompa�a suficientemente de un incremento de capacidad acad�mica que le de sustenci�n, lo cual lo hace "vulnerable" y de "riesgo"."

    Si ello es as�, es conveninte preguntarse por el sentido del crecimiento de la psicolog�a comunitaria, ya que si carece de producci�n te�rica, en el sentido de que es casualmente �sta y no otra la que produce conocimiento, lo �nico que restar�a ser�a una cierta acumulaci�n deexperiencias. Si  �stas no son pensadas te�ricamente  es aventurado suponer  un crecimiento. En todo caso podr�an muy bien ser el efecto de impulsos  de beneficiencia, voluntariastas, de ayuda, etc., o incluso la puesta en acto de metodolog�as que obedecen a los mas disc�miles marcos te�ricos, todo lo cual  sostiene la pregunta de saber  si lo que se quiere lograr es aquello que se produce. �Como asegurar que aquellas iniciativas  que se supone se han canalizado en un mismo sentido (crecimiento), no responden a marcos referenciales  distintos? No hay ninguna seguridad al respecto, salvo las buenas intenciones de Alfaro.

    A su vez Aceituno (1993:33)  constata " ... esta pr�ctica se caracteriza por la ausencia de sistematizaci�n de experiencias, por la ausencia de evaluaciones globales, por la dificil relaci�n program�tica-institucional, por la inmediatez de su ejercicio, por la ausencia de definiciones pol�ticas program�ticamente entendidas. No existen o son muy escasos los textos donde se planteen los modelos te�ricos a la base y s�lo en el �ltimo tiempo  han surgido intentos de organizaci�n inter-institucional."  Apreciaci�n realista  que no habla muy bien  de esta confluencia de pr�cticas comunitarias. Aceituno incluso llega a poner en tela de juicio  el alcance pol�tico, emblema bajo el cual  se justifican  no pocos proyectos comunitarios.

    Ahora bien, si la psicolog�a comunitaria no cuenta con una teor�a, ni con una metodolog�a propia, si adem�s no define un proyecto pol�tico, y si tiene problemas para especificar sus logros, s�lo cabe pensarla como un lugar mas de trabajo. Esta es la conclusi�n a la que llega   Alfaro (2000:17)  al  sostener la hip�tesis de que  en todo caso, s�lo  es una pr�ctica profesional.

    "Constatar y dar fundamento a una noci�n de psicolog�a comunitaria como profesi�n, y por tanto, conformada estructuralmente sin autonom�a te�rica y conceptual, posibilita y exige el uso de los recursos te�ricos y metodol�gicos disponibles en el acumulado de la psicolog�a, para el an�lisis de problem�ticas del �mbito comunitario, as� como para la fundamentaci�n de acciones interventivas. "

    Por tanto,   la psicolog�a comunitaria  no se discrimina m�s que como campo  de aplicaci�n, no porque  remita a una �ptica  particular, ni porque haya podido delimitar un objeto de estudio, ni una metodolog�a propia y espec�fica, etc. ,  sino porque  cualquier cosa de la psicolog�a podr�a servir a la "soluci�n" de problemas en su campo. Por tanto, no existe m�s que descriptivamente en tanto  se define como un campo de aplicaci�n, transladando all� toda la ambig�edad  y contradicciones del ca�tico campo de  las   psicolog�as.

6. Si la psicolog�a comunitaria  ha quedado  sin marcos referenciales propios, y si se trata de un espacio de aplicaci�n  de un campo profesional sin m�s, es evidente entonces que  est� sujeta a los avatares de las coyunturas  sociales y pol�ticas de cada momento hist�rico particular. Alfaro (2000:18) al menos ,  reconoce  esta debilidad:

    "Ello permite establecer un v�nculo directo que ocurre entre la pol�tica social producida desde los modelos de desarrollo social vigentes en cada peri�do y la relevancia, los objetivos, el objeto y el modelo de trabajo de la psicolog�a comunitaria, constatando as� la relaci�n de determinaci�n que los factores hist�ricos contextuales tienen en las alternativas t�cnicas y te�ricas posibles para la pr�ctica de intervenci�n comunitaria."

    Por un lado, la psicolog�a comunitaria  no tendr�a criterios propios como para  desmarcarse de los movimientos del poder y  no estar�a autorizada a  realizar planteos propios con  fundamentos,  que  se animen a cuestionar lo que es  el manipuleo  del poder y de los grupos de presi�n en el capitalismo actual: en ese sentido  est� al servicio del poder y �ste es , en �ltima instancia aquel del Estado. Triste papel  entonces aquella que cumplir�a una pr�ctica  que podr�a tener desde el punto de vista del especialista "buenas intenciones", pero como pr�ctica profesional institu�da  no podr�a desmarcarse  de las determinaciones  socio-pol�ticas (por ejemplo, de Mideplan y sus pseud�podos desarrollistas).

7. La psicolog�a comunitaria  aparece  como la 5ta. area de inserci�n laboral posible. As�, se agrega a las  tradicionales cl�nica, social, educacional y laboral, todas ellas con  la especificidad que determina una particular relaci�n entre  el objeto de estudio (la salud, lo colectivo, lo educativo y el trabajo)  y el establecimiento en el cual se realiza ( el hospital o el consultorio, los agrupamientos humanos, masa, sociedad,la instituci�n educacional y la empresa o el servicio. En esta l�gica, la psicolog�a comunitaria carece tanto de objeto de estudio como de establecimiento; m�s bien aparece con pocas posibilidades de diferenciarse  por momentos de la psicolog�a cl�nica y de la psicolog�a educacional y sobre todo  no se visualiza  ninguna  distancia  con la psicolog�a social. Podr�a afirmarse que  toda la psicolog�a llamada comunitaria no es m�s que psicolog�a social, sufiendo entonces tambi�n las vicisitudes de �sta.




                                                                                                                
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