| Cuando el paciente llega ante el psicoterapeuta, est� lleno de confusi�n debido a su propio comportamiento. No tiene claro el camino que sigui� para llegar hasta ah�. Tampoco tiene claro el papel que �l mismo ha tenido en la construcci�n de la situaci�n en que actualmente vive. En ocasiones la cantidad de problemas que se ha acarreado a s� mismo es enorme y se encuentra en un estado de confusi�n tal que no sabe qu� hacer. Regresando al apartado anterior sobre la entrevista de evaluaci�n, se entiende por qu� dicha entrevista ya forma parte de la intervenci�n. La construcci�n y reconstrucci�n sistem�tica del problema del paciente ya es una forma de intervenci�n porque le aclara la forma en que se dio y la estructura del mismo. Por otro lado, de la misma forma en que el sujeto ha construido su mundo a trav�s del lenguaje, tambi�n puede ser reconstruido a trav�s del mismo medio. Cuando un sujeto le cuenta al psicoterapeuta un sue�o, en ese mismo momento lo construye. Lo que se sue�a, no son historias estructuradas, sino un conjunto de sensaciones, visiones, olores, estados de �nimo, etc�tera. Cuando el sujeto despierta, tiene que contarse a s� mismo su sue�o, porque de otra manera lo olvida. Y cuando est� ante el psicoterapeuta y le cuenta su sue�o, en ese momento lo construye y lo reconstruye junto con su interlocutor. Ambos, en el flujo del lenguaje, intervienen en este proceso complejo y constante que se lleva a cabo en la psicoterapia. INTERVENCI�N VERBAL PARA MODIFICAR LA VISI�N DEL SUJETO DE SU AMBIENTE. Una vez entendido que el sujeto va construyendo y reconstruyendo su realidad, podemos pasar a algunas t�cnicas verbales que tiene a disposici�n el psicoterapeuta para hacer una intervenci�n que beneficie al paciente. Es evidente que el discurso que el paciente trae consigo le causa muchos problemas (Ellis, 1980). No todos los problemas pueden ser resueltos interviniendo en el ambiente. Hay algunos que si se pueden resolver mediante la modificaci�n del mismo. Esto generalmente, aunque no siempre, se consigue en el caso de la intervenci�n con ni�os. Como los padres son los principales administradores del ambiente infantil, se les puede entrenar para que lo reestructuren en una forma m�s conveniente para que se dejen de emitir los comportamientos indeseables y se emitan los deseables. Pero en el caso de pacientes adultos, generalmente han construido un ambiente bastante estructurado y dif�cil de modificar. En espec�fico, el comportamiento de la pareja y de las personas significativas de su ambiente es algo muy dif�cil de cambiar. A pesar de esto los seres humanos estamos constantemente intentando modificar el comportamiento de los dem�s a pesar de los malos resultados que se encuentran. Por lo tanto, una posible forma de intervenci�n consiste en la aceptaci�n y la tolerancia del sujeto hacia el comportamiento de los dem�s. Esto se consigue a trav�s de la interacci�n verbal (White y Epston, 1993). Como ya se explic�, el paciente y el psicoterapeuta van construyendo y reconstruyendo la realidad del sujeto. La mejor forma de lograr esto es a trav�s de la narraci�n por parte del sujeto de lo que le va ocurriendo en su vida cotidiana. El psicoterapeuta escucha, analiza e interpreta a partir de esto la visi�n que el sujeto tiene de su ambiente. Esta interpretaci�n es proporcionada al sujeto para que la apruebe, la modifique o la desapruebe. Una vez sintonizados en la misma interpretaci�n de lo que le va ocurriendo al sujeto, entonces el psicoterapeuta plantea una alternativa de interpretaci�n y observa si es aceptada por parte del paciente. Si el paciente acepta la interpretaci�n alternativa, el cambio se ha comenzado a dar (Ellis, 1999). Por ejemplo, el paciente puede comenzar a narrar la complicada relaci�n que tiene con su pareja. Le explica las cosas que su pareja hace y que no le gustan, las cosas que no hace y le gustar�a que hiciese por s� misma. Una vez que el psicoterapeuta escucha esto, le plantea que tiene por pareja a un ser humano, con fallas y defectos y que por lo tanto tiene que comenzar en la posibilidad de adaptarse al terreno que �l mismo escogi� o retirarse definitivamente de �l. Pero dentro de las alternativas de soluci�n, no se encuentra la posibilidad de que cambie el comportamiento de su pareja. Se le plantean al sujeto diversas causas por las cuales su pareja se comporta en la forma en que lo hace. Algunas de estas causas pueden ser entendidas y aceptadas por el paciente y por lo tanto creando una expectativa de tolerancia hacia este comportamiento. Esto no se consigue en una sola sesi�n, sino que se va dando a trav�s de un n�mero relativamente largo de sesiones. Si el psicoterapeuta es h�bil, se puede conseguir en unas diez a quince sesiones. A lo largo de este tiempo, se van comentando las actividades cotidianas que el paciente va viviendo con el problema. Estas vivencias se van desmenuzando, analizando, interpretando y reinterpretando a la luz de una visi�n mucho m�s funcional que le permite al sujeto tener una mejor adaptaci�n. Es probable que ante el cambio de comportamiento, las personas significativas de su ambiente tambi�n tiendan al cambio, pero �ste no es el objetivo de la psicoterapia. El objetivo primordial consiste en que el sujeto cambie la visi�n que tiene de su ambiente con la finalidad de que tenga una mejor adaptaci�n. Una variante de esta alternativa consiste en la construcci�n y reconstrucci�n de algunas situaciones pasadas de la vida del sujeto (White y Epston, 1993). Con frecuencia se han vivido en el pasado situaciones traum�ticas que perturban al sujeto en la actualidad. Por ejemplo, haber tenido una madre maltratadota, haber vivido una violaci�n o cualquier experiencia que perturba al sujeto. La opci�n consiste en la narraci�n de la experiencia. Esta debe de ser lo m�s detallada posible. Seguramente que durante el transcurso de la narraci�n se emitir�n muchos comportamientos emocionales por parte del paciente. Es necesario alentar dichas expresiones emocionales con la finalidad de que el paciente se desahogue. Pero es importante que dichas expresiones no se salgan de control para que la experiencia no vuelva a resultar traum�tica, sino que se dirijan a la reconstrucci�n de la misma en un sentido m�s funcional. Y durante esta narraci�n, con mesura y discreci�n, se va planteando a lo largo de la misma, alternativas de interpretaci�n. Con mucha frecuencia es el paciente mismo el que va planteando dichas alternativas. La sugerencia de las mismas debe de adaptarse en todo lo posible a la manera personal del pensamiento del sujeto para que se consiga la aceptaci�n con mayor facilidad. Cuando la alternativa de interpretaci�n se aleja demasiado de la forma de pensar del paciente, es muy probable que �ste la descarte. Los cambios de interpretaci�n o tienen que ser dr�sticos. Un leve giro de visi�n es suficiente para conseguir una adaptabilidad m�s funcional. CONCLUSI�N. Una de las alternativas de cambio psicoterap�utico es a trav�s del manejo del lenguaje. A partir de la interacci�n verbal que el paciente tiene con el psicoterapeuta. Aparentemente una intervenci�n de este tipo puede verse como una simple pl�tica. Sin embargo, los procesos que se dan durante la psicoterapia, a pesar de su apariencia de simplicidad, son mucho m�s complejos de lo que se pensar�a. Es algo m�s que una conversaci�n entre amigos, dados los papeles sociales que ambos actores fungen. Adem�s de que el psicoterapeuta debe de estar entrenado en este tipo de intervenci�n verbal. Es necesario llevar a cabo investigaciones sobre este tema con la finalidad de generar t�cnicas espec�ficas con la finalidad de explicitarlas y mejorarlas. |
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| BIBLIOGRAF�A Berger P.L. y Luckmann T. (1995) La construcci�n social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu. Ellis A. (1980) Raz�n y emoci�n en psicoterapia. Bilbao: Descl�e de Brouwer. Ellis A. (1999) Una terapia breve m�s profunda y duradera. Barcelona: Paid�s. Goldfried M.R. (1992) Evaluaci�n Conductual. En I.B. Weiner (Ed.) M�todos en psicolog�a cl�nica. M�xico: Limusa. Harr� R. Clarke D. y DeCarlo N. (1989) Motivos y mecanismos: introducci�n a la psicolog�a de la acci�n. Barcelona: Paid�s. Mahoney M.J. (1977) Personal science: a cognitive learning therapy. En A. Ellis y Grieger R. (Eds) Handbook of Rational-Emotive Therapy. Nueva York: Springer. S�ve L. (1980) Marxismo y Teor�a de la Personalidad. Buenos Aires: Amorrourtu. Skinner B.F. (1975) Sobre el conductismo. Barcelona: Fontanella. White M. y Epston D. (1993) Medios narrativos para fines terap�uticos. Barcelona: Paid�s. Wittgenstein L. (1997) Observaciones sobre la filosof�a de la psicolog�a. M�xico: Universidad Nacional Aut�noma de M�xico. Yates A.J. (1977) Teor�a y pr�ctica de la terapia de la conducta. M�xico: Trillas. |
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