Segunda parte
La «lección de España» había supuesto, a los ojos de Trotsky, la «Última advertencia». No había sido comprendido. Desde entonces, otros temas atrajeron su atención de militante y polemista, en los últimos años anteriores a la Segunda Guerra Mundial: según él, lo fundamental sobre España estaba ya dicho, y no le dedica, aparentemente, ni una sola línea entre el 27 de enero y el 22 de octubre de 1938.
Vuelve sobre el tema para hablar de acontecimientos muy concretos, el
proceso de los dirigentes del P.O.U.M. en Barcelona; la caída del gran barrio
obrero catalán; la capitulación final de Madrid; etapas de una derrota que
golpean la conciencia de los trabajadores y sobre las que los revolucionarios
tienen el deber de dar las explicaciones necesarias, de recordar verdades y
principios. Vuelve sobre ello al hablar sobre política internacional, de la
preparación de una guerra que no se quiso hacer «por España», con ocasión de la
liquidación, en la Unión Soviética, de Nicolás Ejov, el hombre del gran terror,
y cada vez que se le presenta la oportunidad de desvelar a los ojos de los
nuevos militantes el carácter brutalmente contrarrevolucionario de la política
de Stalin, el verdugo de la revolución española. Al tiempo, aclara sus
posiciones, continúa su polémica contra los abogados del estalinismo que, como
el peruano Vegas León, acusan a los trotskistas de ser «divisores», o como los
grandes periódicos «liberales» americanos que adoptan la versión estalinista
del «antifascismo».
Y vuelve de nuevo, como siempre, sobre la cuestión del PO0.U.M., de
Andrés Nin y de sus «errores». Para empezar porque en las propias filas de los
partidarios de la IVª, ni los que le- critican ni los
que le interrogan, no siempre te han entendido. Y además, porque en todo el
mundo y en particular en Europa van apareciendo grupos de militantes que rompen
con los partidos tradicionales, tanto con la socialdemocracia como con el
estalinismo, buscando a tientas una orientación, buscan referencias en el
P.O.U.M. y en Nin, la victima más ilustre de la contrarrevolución estalinista
en estos años. Por ello, considera necesario que estos hombres conozcan y
asimilen la experiencia del P.O.U.M. que no han sabido comprender, ya que existe
el peligro de que vuelvan a repetir los fatales errores cometidos por Nin y den
la espalda a la orientación que a lo mejor les aseguraría la victoria.
Es, entre otros, el caso de los militantes, que proviniendo del
Partido Socialista francés, de la Izquierda Revolucionaria formada en torno a
Marceau Pivert, y que excluidos de la S.F.I.O. en el congreso de Royan, en
junio de 1938, fundaron el Partido Socialista Obrero Y Campesino, pálida imitación de una especie de P.O.U.M. en Francia. A los ojos de Trotsky, ésta
constituye la última y débil oportunidad del proletariado francés de forjar,
antes -de que sea demasiado tarde, su instrumento revolucionario, el embrión de
un partido de clase.
Ayudado por Alfred Rosmer -ha pasado mucho tiempo desde 1931, y su
fidelidad no ha quedado desmentida- se esfuerza en convencer a Marceau Pivert,
líder del nuevo partido, y a Daniel Guérin, portavoz de su ala izquierda.
Siguiendo su costumbre, desarrolla sus argumentos con respecto al P.O.U.M., sus
errores, el carácter centrista de su política, su semejanza con Martov y la
corriente menchevique de izquierda. Evoca la historia del partido bolchevique
para explicar errores y derrotas, para mostrar que no se ha acabado la lucha y
que en el retroceso de la ola los revolucionarios deben encontrar, en el
análisis de sus errores, los medios para superarlos. Los dirigentes del
P.O.U.M., encarcelados desde hacia años, consiguen evadirse durante el desastre
de Cataluña, ayudados por los dirigentes del P.S.O.P., a los que aconsejarán de
aquí en adelante. Los nuevos dirigentes del P.O.U.M. defienden enérgicamente la
política de su partido durante la revolución, Ponen en guardia a Pivert y a sus
lugartenientes contra las tentativas por parte de los B.L. de combatirlos,
desarrollan los argumentos que desde entonces se harán famosos sobre el
«antitrotskismo de izquierdas»: el periódico del P.S.O.P. reproduce los
virulentos ataques de Kurt Landau, y Andrade prepara la edición de los
artículos y discursos de Andrés Nin sobre la revolución española. Trotsky no
conseguirá remontar la corriente. Además en 1939, con la guerra, desaparece el
P.S.O.P. y para muchos, incluso el recuerdo de las polémicas de la época de la
revolución y de la guerra civil.
Por última vez, en 1940, Trotsky trata el mayor problema en conjunto
que se le planteó a los revolucionarios españoles: el del partido
revolucionario. Los antiguos oposicionistas del P.C.F. que se han agrupado en
torno a la revista Que
faire? aprueban el folleto publicado en
1939 sobre España por un militante que regresa de allí, el polaco Borten. Es la
ocasión para Trotsky de retomar el problema de las relaciones entre el partido
revolucionario y la clase obrera, el de la dirección revolucionaria.
Estaba trabajando en ello, al día siguiente de la ocupación de París
por las tropas hitlerianas, cuando el asesino de la G.P.U.,. el español Ramón
Mercader, le abre el cráneo con un piolet, el 20 de agosto de 1940. De España
había llegado el primer equipo de asesinos, constituido en torno al pintor
mejicano, antiguo miliciano del 5º regimiento de Madrid, David
Alfaro Siqueiros. También de España vino Ramón Mercader, que al igual que estos
hombres, tras haber aprendido en España sus primeros pasos de asesinos de
revolucionarios en el extranjero, y a gran escala, prepararon la expedición
contra el exiliado de Coyoacán: encabezándola el siniestro Eitingon, que en
Madrid se había hecho llamar Kotov. Pero en 1940, para los asesinos de la
G.P.U., ya no existe la excusa «antifascista»: ya no hay antifascismo desde que,
en 1939 se firmó el pacto germano-soviético, desde que HitIer y Stalin
colaboran en una Europa donde se extiende la marea negra, desde que los mejores
comunistas rusos que han luchado en España, caen, a su vez, por orden de
Stalin. Pero todo esto, evidentemente, es una razón suplementaria para asesinar
a Trotsky. ¡Suprema ironía, el asesino será condecorado con la orden de Lenin!
Los sepultureros de la revolución en España han concluido por fin su trabajo:
Trotsky se reúne con Nin en la muerte.
LOS
TRAIDORES EN EL PAPEL DE ACUSADORES