REFLEXIONES SOBRE EL AISLAMIENTO DE LOS REVOLUCIONARIOS EN CIERTOS MOMENTOS[1]

(abril de 1939)

 

(... )En 1914, los bolcheviques dominaban totalmente al movimiento obrero. Era la víspera de la guerra. Las estadísticas más exactas muestran que los bolcheviques representaban al menos los dos tercios de la vanguardia proletaria. Pero, con la revolución de febrero, los elementos más atrasados, campesinos, soldados e incluso antiguos obreros bolcheviques, se han sentido atraídos por la corriente del Frente Popular y el partido bolchevique se encontró aislado y debilitado.[2] La corriente general estaba baja de nivel, pero era poderosa y avanzaba hacia la revolución de Octubre: es una cuestión de ritmos. En Francia, después de todas las derrotas, el Frente Popular ha atraído a elementos que simpatizaban con nosotros en el plano teórico, pero que estaban comprometidos dentro del movimiento de masas y que durante algún tiempo han estado más aislados que antes. Hay que tener en cuenta el conjunto de todos estos elementos. Podría incluso afirmar que algunos de nuestros camaradas dirigentes -no todos- de las- viejas secciones se verían en el caso de un nuevo giro de la situación, rechazados por el movimiento de masas revolucionario y que nuevos jefes, una dirección totalmente nueva, aparecería en la corriente revolucionaria.

( ... ) En España, estas mismas razones han desempeñado un papel idéntico y además con el factor desfavorable que ha supuesto el comportamiento del grupo de Nin. Es él quién representaba en España la oposición de izquierda rusa,[3] y durante el primer año, no hemos intentado movilizar y organizar nuestras fuerzas independientemente. Teníamos la esperanza de ganarnos a Nin hacia una concepción correcta, etc. En público la oposición de izquierda lo apoyaba. En nuestra correspondencia privada, hemos intentado convencerle, empujarle, pero no lo hemos conseguido. ¿Hemos perdido el tiempo? ¿Había que hacerlo? Es difícil decirlo. Si hubiésemos tenido en España un camarada experimentado, hubiesemos conocido una situación mucho más favorable, pero no teníamos ni uno solo.[4] Hemos puesto nuestras esperanzas en Nin, y su política ha consistido en una serie de maniobras personales destinadas a esquivar sus propias responsabilidades. Jugaba con la revolución. Era sincero, pero su mentalidad era la de un menchevique. Esto suponía un handicap escalofriante y era difícil superarlo sólo con fórmulas correctas, pero falseadas desde el principio por los mismos que nos representaban, los Nin.

No olvidéis que perdimos la primera revolución, la de 1905. Antes de nuestra primera revolución teníamos una tradición de gran  valor, de espíritu de sacrificio, etc. Después retrocedimos  a una posición miserablemente minoritaria, de treinta o  cuarenta hombres (...)[5]

 

 

 

EL ESTALINISMO Y LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA

 

tomo segundo



[1] Internal Bulletin S.W.P., el 20 de diciembre de 1939. Extraído de «Fighting Against the Stream», resumen del acta de una discusión entre Trotsky y el militante negro americano C. L. R. James, llamado Johnson, que le habla preguntado en abril sobre la historia de la oposición de izquierdas y del Movimiento para la IVª Internacional.

[2] Trotsky subraya el hecho generalizado de que en el primer momento de un auge revolucionario, las masas afluyen hacia las organizaciones tradicionales y que los  revolucionarios se encuentran por eso, inevitablemente, aislados durante cierto tiempo. Su intención es demostrar que los bolcheviques supieron, gracias a la firmeza de Lenin, mantenerse en su puesto y recoger rápidamente los frutos, mientras que en circunstancias semejantes el miedo al aislamiento condujeron a Nin a la capitulación ante el Frente Popular.

[3] ¿Se le ha escapado a Trotsky esta frase -si es fiel el acta- o constituye el fondo de su pensamiento? En cualquier caso es evidente que, durante los años 30, el término de «Oposición internacional» correspondía más a sus deseos u objetivos que a la realidad. La única oposición real es la Oposición rusa de la cual es el único representante, de hecho, en su exilio. Nin fue, primero un miembro de la Oposición rusa y es su acuerdo con las posiciones de Trotsky sobre la cuestión rusa lo que constituyó el punto de unión entre ambos.

[4] ¿No considera Trotsky a Nin como un «camarada experimentado»? La afirmación puede resultar sorprendente. Es cierto que la experiencia de Nin era, a la vez, corta y limitada, aunque incomparablemente más rica que la de otros dirigentes internacionales de la Oposición de izquierda.

[5] La curva de desarrollo de la organizaci6n bolchevique sirve a Trotsky de elemento estimulante.

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