HAY QUE ROMPER CON LA BURGUESIA [1]

(15 de julio de 1939)

 

Pivert se esfuerza en defender la memoria personal de Andrés Nin de las bajas calumnias, y esto por supuesto es excelente. Pero cuando describe la política de Nin como un modelo revolucionario, entonces sólo se puede calificar esto de crimen al proletariado. En el fragor de una guerra revolucionaria de clases, Nin ha entrado en un gobierno burgués cuyo fin era destruir los comités obreros, las bases de un gobierno proletario. Este objetivo fue alcanzado una vez y Nin fue expulsado del gobierno burgués. En vez de reconocer entonces el fatal error que habla cometido, el partido de Nin reclamó el restablecimiento de la coalición con la burguesía. ¿Niega Pivert esto? No son las palabras las que cuentan sino los hechos. La política del P.O.U.M. estaba marcada por su capitulación ante la burguesía en todos los momentos críticos y no por tal o cual cita de un discurso o de un articulo de Nin. No existe mayor crimen que una coalición con la burguesía en un periodo de revolución socialista.

En vez de denunciar implacablemente esta política errónea, Pivert reproduce, con el fin de justificarse, todos los viejos artículos de Landau.[2] Como Nin, Landau ha caído víctima de la G.P.U.[3].  Pero la más ardiente simpatía por las víctimas de los sepultureros estalinistas no dispensa de la obligación de decir a los trabajadores la verdad. Landau, al igual que Nin, encarnaba una de las variedades del menchevismo de izquierda: era un discípulo de Martov, no de Lenin. Apoyando los errores de Nin y no nuestra crítica de sus errores, Landau, como Víctor Serge, como Sneevliet, como el mismo Pivert, ha desempeñado en la revolución española un papel lamentable. En el interior del P.O.U.M. una oposición de izquierdas está empezando a levantar la cabeza: José Rebull y sus amigos.[4] El deber de los marxistas es ayudarles a sacar las últimas conclusiones de sus críticas. No obstante Pivert apoya a los peores conservadores del P.O.U.M., como Gorkin.[5] No, Pivert no ha sacado las conclusiones de su ruptura con Blum.

 

 

PERSPECTIVAS PARA ESPAÑA

 

tomo segundo



[1] T. 4597, extraído del artículo «El trotskismo y el partido socialista obrero y campesino», New International, octubre de 1939, que constituye un balance de la ruptura entre Trotsky y el P.S.O.P.

[2] Ver fundamentalmente «El trotskismo y la revolución española», fechado en agosto de 1937, uno de los últimos escritos de Landau, en junio del 36, reproducido en el órgano del P.S.O.P., el 26 de mayo de 1939.

[3] Detenido en los suburbio de Barcelona, el 23 de septiembre de 1937, Landau fue probablemente asesinado. Su viuda, Katia Landau ha narrado su búsqueda en «El estalinismo en España», pp. 32.44.

[4] Recordemos que José Rebull, miembro del CC. del P.O.U.M., era, el principal autor de las tesis políticas que se oponían en abril de 1937 a las del ejecutivo, redactadas por Nin, por la «célula 72». Su crítica atacaba sobre todo la política llevada a partir de julio de 1936 y particularmente el «seguidismo» de la dirección del P.O.U.M. con respecto a los dirigentes de la C.N.T., la entrada de Nin en el gobierno de la Generalitat, la actitud centrista calificada de «capituladora» de la dirección del P.O.U.M. cuando la insurrección de mayo. Los textos de la célula 72 han sido reproducidos a partir del boletín interno del comité local de Barcelona, en el número de julio de 1937 del Fourth International, contrario al centrismo, expulsado de la sección americana en noviembre de 1935. La misma revista había publicado en agosto de 1938 una resolución presentada por José Rebull al C.C. del P.O.U.M. en octubre de 1937. Estas diversas publicaciones se aplicaban por el lazo amistoso que unía a Rebull con Russell Blackwell, militante de la R.W.L., que estaba en España desde 1936 con el nombre de Rosalio Negrete. Sin embargo, no era idéntica a la de la R.W.L. y se comprende que Trotsky haya podido considerarla como positiva. En el momento en que Trotsky escribía este texto, el P.O.U.M. en la emigración sufría una profunda crisis. La dirección -que se decía que estaba controlada fundamentalmente por Arquer y Rovira- acababa de expulsar a varios militantes acusados de «trotskystas», a los antiguos militantes de las J.C.I. madrileñas Teodoro Sanz, Jaime Fernández Rodriguez, Dositeo Iglesias, y un núcleo trotskista se reconstituía en la emigración en tomo a Eduardo Mauricio, con otros antiguos militantes de las J.C.I. de Madrid como Miguel Olmedá y Antonio Rodríguez. La dirección había decidido elegir otro nuevo C.C. por correspondencia, probablemente para desembarazarse de las críticas de la izquierda. La dirección había sido enérgicamente denunciada no sólo por José Rebull -que llamaba a los militantes a no reconocer su autoridad y a constituir «comités de defensa del congreso» del P.O.U.M,- sino también por Andrade y Solano (ver más adelante la nota 5). Trotsky acababa de recibir el n.º 1 del Boletín de discusión (editado por el comité de defensa del congreso de París) fechado el 1.º de julio de 1939. Este documento comprendía, además, los textos de 1937 sobre la insurrección de mayo y una polémica contra los dirigentes del P.O.U.M., un intercambio de correspondencia entre el grupo de Rebull y la «tendencia bolchevique-leninista del P.O.U.M.» que acababa de adherirse al «comité de defensa». Señalemos que G. Munis, portavoz de la sección española, era mucho menos optimista que Trotsky en su apreciación del grupo de Rebull. A este respecto declaraba en una entrevista a La Lutte ouvriere (3 de marzo de 1939): «El esfuerzo mas notable ha sido llevado a cabo por Rebull en Barcelona. No concernía más que a la parte positiva de la crítica. En cambio, idealizaba el antiguo Bloque Obrero y Campesino y explicaba el centrismo poumista como una súbita aparición después del 19 de julio. Por cierto, incluso en los textos de este camarada no se planteaba el problema a partir de la necesidad de enderezar el movimiento proletario nacional e internacional. No veía en el P.O.U.M. más que errores en cualquier caso ocasionales sin examinar claramente el conjunto de la corriente centrista, ni las raíces orgánicas que la alimentaban en el P.O.U.M.»

[5] En realidad Julián Gorkin pertenecía más bien, con Pedro Bonet y Gironella, a la tendencia llamada «centrista», estando formada la «derecha» por José Rovira, Pelegrí y Juan Farré. Rebull negaba a Andrade y a Solano el derecho de proclamarse «izquierda». Estos últimos, miembros de las principales direcciones sucesivas del P.O.U.M. durante la guerra civil, afirmaban sin embargo que su partido estaba dominado desde su origen por una «fracción reaccionaria» a la que acusaban de haber estado orientada hacia la política de Frente Popular. La represión iba muy pronto a reconciliar estas tendencias, cuyos principales representantes eran condenados, confusamente a prisión, por el tribunal militar de Montauban. Señalemos que al día siguiente de la guerra la sección mejicana del P.O.U.M. iba a pronunciarse por la entrada en el partido socialista -y Gorkin escribía entonces que él era partidario de esta solución desde 1934...

 

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