(Carta a Nin, 13 junio 1932)
[Vuestra carta del 7 de junio[2]
contenía una serie de malentendidos extraños:
1. Si algunas de vuestras cartas abordando ciertas cuestiones
políticas a las que no he respondido se han extraviado, había simplemente que
volver a plantear estas cuestiones, en lugar de perder el tiempo en
consideraciones generales sobre el interés de una correspondencia entre
nosotros. Ahora, repito mi propuesta: enumérese, por favor, estas cuestiones
sobre las que no ha tenido respuesta mía; me impondré el responderle
inmediatamente, como lo he hecho siempre en el pasado.
2. Escribe usted que me
rehúso a ayudar a la Oposición española. No puedo responderle más que por un alzamiento
de hombros. Le envío todos mis trabajos, cartas circulares, etc., es decir,
todos los documentos que envío a todas las secciones nacionales. Ninguna me
acusa de rehusarle mi apoyo. ¿Quizá quiere usted decir que en este momento, no
me ocupo particularmente de los españoles? Es cierto, pero se explica por
razones políticas objetivas. En el desarrollo de la revolución española, no
veo, sobre el terreno, principios ni problemas nuevos. Durante estos últimos
meses se han planteado en la U.R.S.S., en Alemania, en Oriente, problemas
siempre nuevos, de una gravedad inmensa. [3]Al
repartir mi tiempo de trabajo, me
dejo guiar por las ideas políticas. Todos los manuscritos consagrados a los
asuntos alemanes se los he enviado al mismo tiempo que los enviaba a Alemania.
Pienso que los problemas alemanes tocan de tan cerca a los camaradas españoles
como los problemas españoles.
3. Finalmente, usted me escribe que yo le he dejado de «ayudar»
después de que hayamos divergido de opinión sobre diferentes cuestiones y diferentes
camaradas. Todo tiene límites, camarada Nin. ¿Así, Vd. cree que la apreciación
que tengo sobre tal o cual camarada puede obligarme a modificar mis relaciones
políticas con una organización revolucionaria? ¿Y a pesar de ello Vd. insiste
en nuestra correspondencia, y afirma que es «muy útil»? En todo esto no
entiendo absolutamente nada.
4.
Repite una vez más que no tenemos entre nosotros divergencias políticas.
Estaría contento de que fuese así. Pero, ya antes del incidente con los
camaradas franceses que desde hace mucho ha perdido toda significación, le
habla escrito que sus cartas tenían un carácter puramente diplomático. Vd. se
limita a abstracciones, banalidades, y no ha respondido nunca a mis preguntas
políticas concretas. Si hojea las cartas que le he dirigido ‑conservo una
serie completa de copias‑ se persuadirá sin esfuerzo que cada vez se
puede descubrir, bajo un acuerdo formal, un desacuerdo esencial. Es por ello
que pienso que mi ayuda a la Oposición española hubiera sido más eficaz si, sobre
esas cuestiones en litigio, hubiéramos intercambiado nuestras opiniones, no por
cartas personales, que quedaban sin resultado práctico, como todo lo que ha
pasado me ha convencido, sino por cartas, públicas o semipúblicas, por ejemplo
en el Boletín español, a fin de que los camaradas españoles pudieran tomar
parte en la elaboración colectiva de nuestra opinión sobre todas las cuestiones
en litigio. Pienso que se puede y debe someter a una discusión de principio
seria toda una serie de estas cuestiones, tanto españolas como internacionales,
sin disimularse detrás de las simpatías o antipatías personales, porque creo
que tal método, no sólo no es justo, sino que es inadmisible en los medios
revolucionarios, sobretodo entre marxistas[4]]
KORNILOV Y ESTALINISTAS EN ESPAÑA
[1] Carta a Nin, 13 junio 1932. Nuestra documentación presenta para este periodo lagunas evidentes. Está claro que inmediatamente después de la 3.ª, Conferencia de la Oposición española tuvo lugar un intercambio de correspondencia, en marzo precedente, pero ni Trotsky ni Andrés Nin publicaron extractos.
[2] La carta de Nin fechada el 7 de junio respondía a una carta de Trotsky, fechada el 29 de mayo, de la que ni siquiera tenemos extractos. Nín decía: «Su carta del 29 de mayo me ha sorprendido enormemente por su tono y contenido. Había hecho una tentativa sincera por retomar una correspondencia cuya utilidad para nuestro movimiento ‑cada día más importante‑ sería indudable. No he encontrado en Vd. la misma buena voluntad (....). Su colaboración directa nos es preciosa, pero, incluso sin ella ‑ya que la rehusa Vd.‑ consagramos hasta el presente todas nuestras energías a la tarea de crear, en España, una fuerza comunista de izquierda».
[3] En enero se ha desarrollado en la U.R.S.S. la 12ª Conferencia: las consecuencias de la colectivización forzada provocan fuertes alborotos en el aparato, en el que Riutin se esfuerza por reunir los residuos de las viejas oposiciones. La crisis se agrava en Alemania, donde se cuentan más de doce millones de parados, el progreso, del nazismo se afirma, Hindenburg, elegido presidente de la República, acaba de llamar a la Cancillería a von Papen, que forma el ministerio «de los barones».
[4] Trotsky responde aquí directamente a una frase de la carta de Nin del 7 de junio: «Quiero señalar una vez más que no hay entre nosotros divergencias políticas y que es muy lamentable que, el que no compartamos su opinión sobre un militante (¿militante?) francés haya determinado una ruptura real cuya responsabilidad cae enteramente sobre Vd.»