MALENTENDIDOS QUE DEBEN ACLARARSE[1]
(Carta al comité central de la oposición de izquierda española, 7 de
marzo de 1932)
Queridos camaradas:
En los últimos tiempos he recibido de España muchas cartas y
documentos en los que se contienen algunos malentendidos entre los camaradas
españoles y la mayoría de la oposición de izquierda internacional. Dado el
caso, lo mejor es intentar aclarar los malentendidos a tiempo, para distinguir
los que son temporales y menores de los que son importantes y afectan a los
principios.
1. Los camaradas Lacroix y Nin han tenido un conflicto con el camarada
francés Molinier, sobre una cuestión puramente práctica.[2]
Pensaba y sigo pensando que los camaradas Lacroix y Nin están mal informados de
la situación y han lanzado una acusación falsa al camarada Molinier. Por mi
parte, me he apresurado a esclarecer este malentendido. He considerado resuelto
el incidente, ya que no estaba en juego ninguna cuestión política o de
principios.
Las opiniones de los camaradas Lacroix y Nin sobre el camarada
Molinier son asunto personal suyo. No creo necesario insistir en este punto.
2. Debido a esto, el camarada Lacroix se confunde cuando piensa que
tenemos divergencias respecto del camarada Molinier. No, la divergencia
(suponiendo que no sea un simple malentendido) se refiere a la actitud de la
Oposición española sobre todas las cuestiones que discute la oposición de
izquierda internacional, es decir, las cuestiones de principio fundamentales de
la oposición de izquierda. Esto es lo único que me interesa.
3. La experiencia nos demuestra que existen en las filas de la
oposición de izquierda de diferentes países, elementos que divergen totalmente
con nosotros. El ejemplo de Gorkin[3]
demuestra que no basta la simple aceptación de los principios de la oposición
de izquierda. Las organizaciones y los revolucionarios se controlan en su
propio trabajo, es decir, en la aplicación de los principios. Debido
precisamente a esto es como ciertos acontecimientos sin importancia pueden
aclarar crudamente la actitud de tal o cual persona, de tal o, cual
organización, en el sentido en que un síntoma aparentemente nimio a menudo
revela una enfermedad grave. Voy a ponerles un ejemplo respecto a esto. Como
ustedes sabrán ha aparecido en Alemania un partido socialista de izquierda, Sozialistische Arbeiterpartei (S.A.P.)[4].
Sus dirigentes aceptan la dictadura del proletariado y el sistema soviético.
Urbahns, que antes estuvo con nosotros, se ha confundido al creer que este
reconocimiento era la prueba del carácter comunista del nuevo partido. Sin
embargo, los periodistas de ese partido tratan como «camaradas» a Otto Bauer [5]1
y Léon Blum, conocidos mercenarios del imperialismo francés. Se me podrá
objetar que el empleo de la palabra «camarada» no tiene importancia comparado
con el reconocimiento de la dictadura del proletariado y el sistema soviético.
Mi opinión es que el reconocimiento de la dictadura del proletariado y el
sistema soviético no son más que palabras en la boca de los dirigentes del,
S.A.P., mientras que la pequeña expresión «camarada», deja ver perfectamente
cuáles son sus reales sentimientos. Hay que darse cuenta que en política hay
que saber orientarse por detalles tan insignificantes, antes de que ocurran
acontecimientos más importantes que serian la prueba irrefutable.
4. Rosmer, Naville, Girard y los otros en Francia; Landau en Alemania
y Overstraeten en Bélgica, estaban de acuerdo con todos los «principios» de la
oposición de izquierda. Pero en la práctica no estaban de acuerdo con nada.
Rosmer, Naville[6] y los demás
se opusieron sistemáticamente a las ideas de la oposición de izquierda, y a
todas las tentativas que llevábamos a cabo para acercarlos al partido, al
sindicato y a la organización internacional. Han impedido así el éxito de la
oposición de izquierda.
La lucha contra ellos ha durado más de año y medio. En los diferentes
países han apoyado a todo aquel que estuviese en desacuerdo con nosotros,
construyendo paralelamente su propia fracción y paralizando nuestro trabajo. La
ruptura con ese grupo, que estaba en desacuerdo con nosotros, ha sido
inevitable,. y yo no he dudado ni un solo instante en consumarla, a pesar de
que estaba íntimamente ligado a Rosmer por una amistad personal que duraba más
de quince años.
5. Los camaradas de la Oposición española, ¿conocen el proceso de la
lucha contra Overstraeten, Urbahns, Landau, Rosmer, Naville y los demás? No me
refiero exclusivamente a los dirigentes, sino a toda la organización en su
conjunto. Si los españoles no han sido informados de esta lucha habría que
considerar este hecho como extrema debilidad. No podemos formar verdaderos
revolucionarios sin dar a los jóvenes comunistas la oportunidad de seguir día a
día la elaboración de la política revolucionaria, no sólo en el seno de la
Oposición española, sino en el conjunto de las secciones de la Oposición
internacional. Esta es la única forma de adquirir experiencia, de forjar y
consolidar su conciencia revolucionaria. De hecho esta es la tarea más
importante del régimen democrático del partido que nos esforzamos por
establecer.[7]
6. Al preguntar si los camaradas españoles están informados del curso
de las luchas ideológicas internacionales, me veo obligado nuevamente a
referirme a pequeños incidentes, que tienen gran importancia desde mi punto de
vista, en calidad de síntomas. Después que Landau abandonase él mismo nuestras
filas, después de que Rosmer hubiese desertado de nuestra organización, ustedes
seguían citando a los dos como colaboradores de su revista (Comunismo).[8]'
Este hecho me ha sorprendido mucho. ¿Qué dirían ustedes si los periódicos de la
Oposición francesa o alemana mencionaran a Gorkin entre sus colaboradores?
Seria un gesto de poca consideración para con nuestros amigos españoles. He
planteado esta cuestión a Lacroix y me ha contestado que no era m á s que un
malentendido. Pueden ustedes estar seguros de que ni por un momento he
intentado exagerar la importancia de este error. Sin embargo, he llegado a la
conclusión de que nuestros amigos españoles no están aún lo suficientemente
atentos a la vida de la Oposición internacional. Estarán ustedes de acuerdo en
que de la misma forma que no se puede construir el socialismo en un sólo país,
tampoco se puede llevar una política marxista en un solo país.
7. , Han aparecido otros detalles que me han hecho temer que este
asunto sea más serio de lo que en un principio me había parecido. Está
especialmente claro en la cuestión de la constitución del Secretariado
internacional. Este problema no data de ayer. Es una larga historia. Sobre esto
hay innumerables textos, escritos sobre todo por mí. Me siento una vez más
obligado a preguntar si estos textos son conocidos por los camaradas españoles.
¿Han sido traducidos al español?
Es cierto que yo mismo he encontrado algunos camaradas en las filas de
la oposición de izquierda, que hablan peyorativamente de las luchas internas,
calificándolas de enredos y maniobras. Estos camaradas no han aprendido nada de
la escuela de Marx y Lenin. Si queremos estar preparados para las grandes luchas,
debemos permanecer inflexibles en todas las cuestiones de principio, incluso en
las de menor importancia. Suele ocurrir que los camaradas que califican
falsamente de maniobras a las luchas sobres los principios, son los mismos que
demuestran sus aptitudes de maniobreros cuando se les molesta. La falta de
interés por las cuestiones de principio, así como la susceptibilidad exagerada
en los problemas personales, son las características de muchos de aquellos que
han ido a caer en las filas de la oposición de izquierda por casualidad.
8. Sin ninguna duda, uno de estos personajes llegados por casualidad
es el camarada Mill. Debido a la falta de camaradas que hablasen ruso en otros
países, la Oposición rusa se vio obligada a recurrir a Mill, a quien conocía escasamente,
para representarla oficialmente en el Secretariado internacional.[9]
El camarada Mill aceptó este puesto. Yo mantenía una permanente correspondencia
con el grueso volumen con todas las cartas que le he escrito. Las respuestas
del camarada Mill me han demostrado no sólo que carece de la más elemental
formación revolucionaria, que no comprende en absoluto el significado y la
importancia de la organización, sino también que ni quiere ni puede llegar a
aprender el ABC de la política comunista. Mill sabe repetir fácilmente las
ideas generales sobre el socialismo en un solo país, pero cuando se trata de
defender una línea política clara, cambia de postura bajo la influencia de una
especie de temperamento irreprimible.
Durante muchos meses, el camarada Mill ha participado en la lucha
contra Landau y Naville, y su dirigente Rosmer. Podría pensarse que Mill había
comprendido el significado de esta lucha, que condujo a la ruptura con toda una
serie de grupos y de personas.[10]
Sin embargo esto no le ha impedido proponer por carta a Rosmer la formación de
un bloque contra la dirección de la Ligue francesa y contra la Oposición rusa. [11] Si pretende juzgarse seriamente esta forma
de actuar, sólo puede ponérsele un nombre: traición. Un hombre capaz de
semejantes cambios políticos, no merece ser reconocido como revolucionario.
Camaradas, ¿estáis de acuerdo o no?
Para ganar tiempo, mantuve la correspondencia con el Secretariado internacional en ruso, a través del camarada Mill. El camarada Mill ha engañado sistemáticamente al secretariado escondiendo las cartas que contenían propuestas, puntualizaciones y críticas que no le convenían, al tiempo que se apoyaba en determinados pasajes aislados de su contexto, que podía utilizar en contra del secretariado.
10. La Oposición rusa ha roto con Mill. La sección francesa ha
considerado inadmisible su forma de actuar, la sección alemana le ha condenado
enérgicamente, la sección belga ha condenado a Mill, y la italiano, por medio
del camarada Souzo,[12]
miembro del S.I. ha condenado el bloque Mill‑Rosmer. ¿Está al corriente
de esto la Oposición española?, ¿si o no? Espero que si. Entonces, ¿cómo se
explica el hecho de que el comité central de la Oposición española haya
propuesto al camarada Mill para representarla en el secretariado internacional?
Una actuación de este tipo, reviste el carácter de declaración de
enemistad política con las secciones rusa, francesa, alemana, belga y otras
secciones nacionales, cuyas decisiones sobre este punto sin duda no tardarán en
producirse. Está claro que ustedes creen que tienen una divergencia seria con
nosotros; tienen no sólo el derecho, sino el más estricto deber de expresarlo
tanto en palabras como en actos. En ese caso deben expresarse clara y
abiertamente.
11. Su apoyo al camarada
Mill me parece inexplicable además por las siguientes razones: El camarada Mill
escribió desde España dos cartas en las que colocaba en el mismo plano a la oposición de izquierda y a la de derecha,
induciendo, de esta forma, a error, a toda la oposición de izquierda.[13]
Es difícil de imaginar una confusión más escandalosa, sobre todo proviniendo de
un secretario permanente. Cuando protesté por estas cartas, el camarada Mill me
contestó que habla sido mal orientado por el camarada Nin. ¿No queda claro con.
esto que Mill no ha hecho más que subrayar su total incapacidad para juzgar él
mismo sobre las cuestiones políticas más elementales?
Yo propuse la redacción colectiva de un manifiesto internacional sobre
la revolución española. A pesar de mi insistencia, el camarada Mill no ha
movido un dedo a favor de esta importante tarea, ya que había concentrado toda
su atención en la lucha fraccional y las maniobras de pasillo contra las más
importantes secciones de la Oposición internacional. Estos son los hechos.
¿Cómo se puede explicar entonces la desconfianza que habéis demostrado respecto
a las secciones francesa, rusa, alemana, belga y otras de la oposición de
izquierda? Para hacer algo como esto, debéis tener serias divergencias de
principio. Las nuestras las acabo de
exponer, y no es la primera vez. Espero con el mayor interés y con toda mi
atención vuestras consideraciones de
principio.
12. Me conformaría solamente con hacer alusión a otro episodio. Habéis
votado en contra de la entrada en el secretariado internacional del representante
de la oposición rusa, el camarada Markine,[14]
debido a que pertenece a la fracción Molinier‑Frank, la misma que yo.
Nosotros trabajamos en completa solidaridad con él. ¿Qué motivos tenéis para
privar a la Oposición rusa de su representación en el secretariado
internacional? Debéis tener razones de peso. Por favor, explicadlas. Les
concederemos toda nuestra atención.
En su última carta, el camarada Lacroix me pidió que no insistiera
sobre la cuestión del camarada francés M., con el cual había tenido la
diferencia citada anteriormente. Estoy totalmente de acuerdo y creo que podemos
dejar de lado los pequeños episodios de carácter personal que no tienen una
significación política o de principio.
El camarada Lacroix dice en su carta que la conferencia internacional
debe ser la que resuelva las cuestiones en discusión. Esto es cierto. Sin
embargo, la conferencia internacional debe prepararse en todas las secciones
nacionales por medio de la discusión de las diferencias políticas y
organizativas. Debido a esto es por lo que me he dirigido a vosotros, queridos
camaradas, a través de esta carta, de la que he enviado copia a las direcciones
de todas las secciones nacionales. No dudo que gracias a la unión de todos
nuestros recursos seremos capaces de resolver los malentendidos y de encontrar
un lenguaje común con vosotros.
Saludos comunistas.
LOS DEBERES DE LA OPOSICIÓN ESPAÑOLA
[1] Esta carta fue llevada a Madrid por la delegación del S.I., International Bulletin de la C.L.A., nº 17, abril de 1933.
[2] Se trata de Raymond Molinier, y de sus promesas no llevadas a cabo de una ayuda financiera regular a El Soviet.
[3] Antiguo responsable del P.C. español, Julián García Gómez, llamado Gorkin, había sido excluido del P.C.F. por actividad fraccional (I'Humanité, 21 de diciembre de 1929). Traductor al español de la obra de Trotsky La revolución desfigurada, se solidarizó con la Oposición de izquierda, comenzando a colaborar regularmente en La Vérité. Sin embargo, tardó en volver a España. Fue acusado de no plegarse a la disciplina de la Oposición, sobre todo en sus trabajos literarios. En junio de 1932 sería expulsado de la Oposición de izquierda. Se adhirió entonces a la agrupación autónoma de Madrid, después a la Federación comunista ibérica, creada alrededor de la Federación catalana.
[4] El S.A.P. había sido fundado durante una conferencia de la Oposición de izquierda del partido socialdemócrata alemán, el 4 de octubre de 1931.
[5] Otto Bauer era el principal dirigente y teórico del partido socialdemócrata austríaco y del «austro‑marxismo».
[6]
Esta enumeración contiene
algunos datos sorprendentes. La primera alusión a «Naville» puede referirse a Pierre Naville, que se había aliado con
Rosmer en contra de Molinier, en el seno de la Ligue. «Girard» puede referirse
a «Gérard», Francis Gérard, seudónimo de Gérard Rosenthal, ligado a Pierre
Naville durante todo este período. Sin embargo, la segunda alusión no puede
referirse más que a su hermano, Claude Naville,
el cual había roto efectivamente con la Ligue en abril de 1931, para pasar a
formar la Gauche Communiste, que publicaba el boletín El Communiste, que se reclamaba de Rosmer, hasta el punto de que
normalmente se le llamaba «el grupo Rosmer».
7. En junio de 1931, la,Gauche Communiste había tomado contacto con Kurt Landau, por medio de Etcheberri, introducido por Rosmer. Sin embargo, él no pertenecía formalmente al grupo. La Gauche Communiste mantenía relaciones amistosas con la Federación de Charleroi y el grupo griego Spartacus. Paul le Pape (Dániel Lévine), uno de sus dirigentes, colaboraba de vez en cuando en el Rouge et Noir de Van Overstraeten y en La Batalla. Entre abril y junio de 1932, Landau y Etcheberri propusieron a la Gauche Communiste la unificación de los grupos oposicionistas que estaban en contra de Trotsky. Pero las conversaciones no llegaron a terminarse, ya que Daniel Lévine obtuvo de Trotsky la seguridad de que no se trataba de construir un «nuevo partido» como, según creía, lo deseaba Reymond Molinier. En esta época, Claude Naville acompañó a Landau a Berlín para intentar convencer a los alemanes de la «oposición de Wedding» de unirse a escala internacional. (Carta de Paul le Pape, 27 de noviembre de 1972.)
[7] Lacroix, en nombre del C.E. español, había respondido a este reproche de Trotsky en una carta del 17 de enero de 1932, reconociendo que la Oposición española «no había tomado parte activa» en el debate internacional, invocando la represión y el trabajo práctico. Escribió: «No se nos puede criticar por no haber prestado una especial atención a los problemas internacionales de nuestra organización, incluso ahora no podemos intervenir en todas estas cuestiones; nuestro trabajo exige una actividad completa y, si queremos aprovechar las actuales circunstancias para construir una verdadera Oposición de izquierda, no tenemos ni un minuto que perder. (Archivos Vercecken.)
[8] Comunismo, n.º 4, septiembre de 1931.
[9] Mill había nacido en Ucrania, cerca de Millerovo, el pueblo natal de Trotsky.
[10] Emigrado en principio en Palestina, había llegado a Francia y a través de la Ligue communiste, junto con otros militantes del «grupo de lengua judía» llamado corrientemente «grupo judío». Fue la alianza con el «grupo judío» la que le permitió a Molinier y Frank, tomar la dirección de la Ligue, apartando a Rosmer y P. Naville.
[11] El 18 de agosto de 1931, Mill había dactilografiado una carta a Rosmer, en nombre del «comité del grupo judío» en la que decía fundamentalmente: «Es urgente e indispensable su intervención directa para que la Ligue salga del "impasse" a la que le ha llevado la dirección Molinier‑Frank; para unir todas las fuerzas oposicionistas de Francia sobre la base de la experiencia de la Oposición francesa e internacional y para instaurar un régimen sano en nuestra organización. Hemos decidido hacer todo lo posible y apoyar toda iniciativa que puede actuar en el sentido de la regeneración de la Ligue francesa y de su periódico, La Verité». (Boletín interno de la Ligue, nº 4, 193l.) Señalemos en este mismo número, aparte de la respuesta de Molinier y Frank a este texto, una carta de Roman Well, uno de los hermanos Sobolevicius, del que en esta época se ignoraba que era uno de los principales agentes de la G.P.U. infiltrado en las filas de la Oposición de izquierda: «¡No podemos permitir que se desgarren las fuerzas de la Oposición internacional dé izquierda a causa de seguir ocupándonos de estériles suciedades personales!» Fue, sin duda, bajo la presión de estos dos agentes ‑según Frank, bajo la amenaza de chantaje sobre su familia que aún permanecía en la U.R.S.S.- cómo Mill comenzó a flaquear políticamente hasta el punto de empezar a negociar su vuelta a la U.R.S.S. a cambio de una parte de los archivos de Trotsky. Pero el proyecto fue descubierto. Mientras un grupo de responsables ‑Molinier y Naville‑ retenían a Mill en su casa, Frank iba a recuperar los documentos, que aún no habían sido enviados. Desenmascarado por los trotskistas, y, por añadidura, en situación ilegal en Francia, Mill volvió a Rusia, donde se perdió su rastro (los colaboradores de Trotsky buscaron en vano su foto para comprobar si no era uno de los acusados-comparsa del Proceso de Moscú). Seguramente no era un agente de la talla de Sobolevicius, sino un ser débil e influenciable que se desmoralizó rápidamente al ocupar un puesto para el que nadie le había instruido. En la prensa de la Oposición (La Vérité, 6 de octubre de 1932) apareció una nota redactada por Trotsky, firmada Gourov, desenmascarando a Mill como «agente estalinista».
[12]Seudónimo de Alfonso Leonetti, miembro de S.I.
[13] Alusión a las cartas de España firmadas J. Obin y Mill, publicadas en 1931 en La Vérité
[14] Marquin,, nombre de un marinero al cual rinde Trotsky un emocionado homenaje en Mi Vida, era el seudónimo de León Sedov, hijo y colaborador de Trotsky, editor del Boletín ruso. En una carta al S.I. y a Trotsky, Lacroix, en nombre del C.E. español, había pedido que la Oposición española fuese representada en el S.I. por Mili (archivos Vereecken). Para Trotsky, si los españoles sostenían a Mill, era contra Sedov. Cuarenta años más tarde, J. Andrade, en el prefacio a los escritos de Nin «Los problemas de la revolución española», p. 21, dice: «La composición del secretariado internacional, en el que dominaba la Oposición rusa, que prácticamente no existía, había provocado siempre nuestras reservas».