LOS DEBERES DE LA OPOSICIÓN ESPAÑOLA[1]'
(Carta a la conferencia de la oposición de izquierda española, 7 marzo
1932)
Queridos camaradas:
La propia convocatoria de la conferencia de la oposición de izquierda española constituye por sí misma un éxito indudable, del que os felicito sinceramente.
Lamento profundamente que las circunstancias os hayan impedido
publicar a tiempo los proyectos de las resoluciones, y de dar así a los
camaradas extranjeros la ocasión de participar en la discusión antes de la conferencia.
Es por ello que, no teniendo la posibilidad de expresar más concretamente mis
puntos de vista sobre las cuestiones que están en el orden del día para
vosotros, me limitaré aquí a algunas breves anotaciones. Es perfectamente
posible que su carácter elemental las haga superfluas. Sería el primero en
alegrarme.
1. Me parece en primer lugar que, en los informes de las regiones, hay
que precisar el lugar que los bolcheviques leninistas ocupan en el seno de las
acciones y los combates auténticos de la clase obrera española. Es la cuestión
central. Un grupo político que se mantuviera al margen del movimiento real y se
consagrase a criticar a posteriori seria rechazado por la clase obrera. No dudo
ni por un momento de que la mayoría de los bolcheviques-leninistas de las
diferentes regiones hayan tomado parte en todos los movimientos de masas,
incluso cuando no los consideraban como conformes a sus propios objetivos. Un
revolucionario no critica desde fuera, sino desde el corazón mismo del
movimiento. El 9 de junio de 1905, los bolcheviques marcharon con los obreros
contra el zar para dirigir la propaganda republicana amplificando su éxito.
Es dudoso que sobre esta cuestión fundamental tengamos entre nosotros
la menor divergencia. Sin embargo si planteo esta cuestión, es porque la
experiencia de los otros países ha mostrado que ciertos elementos aislados
están dispuestos a ligarse a la oposición de izquierda, elementos que, bajo el
pretexto de una «critica marxista», en realidad se escabullen ante la lucha revolucionaria.
A los ojos de esos señores, el movimiento revolucionario no es nunca
suficientemente «consciente». «maduro» y «noble» como para que ellos vayan a
bajar a la calle con los obreros. Llegado el momento, deberemos depurar
nuestras organizaciones, de las gentes que, en el momento crucial de la lucha,
tienen tendencia a contemplar atentamente su ombligo.
Es por ello que aconsejo, en relación con el trabajo crítico de la Oposición, que en los informes de las regiones sea precisada su participación directa en la lucha. Un informe concreto sobre ello sería muy útil para toda nuestra prensa internacional.[2]
2. Otra cuestión sobre la
que me gustaría llamar vuestra atención atañe al carácter internacional de
nuestro trabajo. Los oportunistas como Maurin y sus émulos de Madrid[3]' han construido toda su
política sobre las particularidades nacionales. Ignorarlas sería evidentemente la mayor estupidez. Pero, más allá de estas peculiaridades, debemos
saber descubrir las fuerzas que explican los desarrollos internacionales,
comprender que las particularidades nacionales dependen de la relación de
fuerzas mundial. La enorme ventaja del marxismo y por consecuencia de la
oposición de izquierda consiste en su aptitud para resolver en el plano
internacional los problemas y las particularidades nacionales.
Para nuestra joven organización, es una tarea importante seguir con
cuidado el trabajo de las demás secciones de la oposición de izquierda
internacional, a fin de llevar a cabo siempre su trabajo conforme a los
intereses del conjunto. Sin criterios internacionales, sin lazos
internacionales regulares, sin control sobre el trabajo de una sección
nacional, es imposible en nuestra época la formación de una verdadera
organización revolucionaria proletaria.[4]
3. Alemania está ahora en el centro de la situación mundial. No dudo
que vuestra conferencia consagrará toda la atención necesaria a los problemas
candentes de la revolución alemana. Es una cuestión de una importancia inmensa
y de una candente actualidad para la Oposición española. Cuanto más claramente
planteen los bolcheviques‑leninistas los problemas de la revolución
española y los resuelvan,[5]
tanto más aplastante será el golpe que asestarán así al centrismo burocrático,
y con mayor rapidez concentrará hacia ellos las simpatías y el apoyo de los
obreros avanzados de España.
Limitándome a estas breves anotaciones, deseo de todo corazón el éxito
de vuestra conferencia. ¡Adelante! Tenemos ante nosotros tareas inmensas y
luchas difíciles. ¡Ojalá vuestra conferencia forje las armas decisivas para
estas luchas!
Saludos comunistas.
[1] B.I. sin fecha de la C.L.A., 1932. La carta precedente, dirigida al Comité Central, no estaba destinada a ser conocida por los delegados. Ésta, datada del mismo día, constituía su mensaje a leer en el congreso: formula las mismas críticas, pero bajo una forma más diplomática.
[2] Trotsky reprochaba a Nin, y, de forma general, a los dirigentes de la oposición de izquierda en España, el ser «comentaristas» de la lucha de clases, y a sus informes, de nunca mencionar su propia intervención en las huelgas y demás acciones obreras. Recordemos que en el mes de enero precedente, había estallado, bajo el impulso de, los grupos activistas de la F.A.I., una huelga general en la cuenca minera del Alto Llobregat, que había revestido un carácter insurreccional y se había transformado rápidamente en una ola de agitación en toda Cataluña.
[3] La agrupación comunista autónoma de Madrid, dislocada el año anterior como consecuencia de la adhesión de una parte de sus animadores al P.C. oficial, estaba renaciendo bajo el impulso de Luis Portela y de Julián Gorkin, políticamente próximos a Maurin, al que se unirían pronto gracias a la ampliación de la federación comunista catalano‑balear en federación comunista ibérica
[4] Esta afirmación constituye una crítica velada contra el «aislacionismo» de la sección española
[5] Durante todo este período, Comunismo concede a los problemas alemanes un amplio espacio, publicando con regularidad los escritos esenciales de Trotsky sobre esta cuestión