Hay amores
de amores y odios de odios, y muchas veces estos se entrelazan
y es difícil ver sus diferencias, mas aun cuando la
sangre y la familia esta de por medio.
Cuentan
de un antiguo reino, quien renació de sus cenizas y
dio luz a una época oscura, un reino que murió
luego tal como todos lo hacen, mas su brillo aun se puede
ver en el cielo porque sus proezas alcanzaron la eternidad.
Sus hombres
hacían honor a su raza, grandes como solo ellos fueron,
fieles amigos y poderosos enemigos del mal. Mas su linaje
de reyes un día se perdió y su reino se dividió,
en la espera del regreso del verdadero rey otras familias
tomaron el rol de mandatario, pero solo hasta que regresara
quienes ellos esperaban en profecías y cantos. Mas
esto no fue obstáculo para ese reino porque aquellos
encargados fueron merecedores de aquel reto, aunque tuvieron
grandes problemas y padecieron mucho, pero hasta el fin se
mantuvieron.
Hubo una
familia, la ultima de ellas, la cual tuvo dos hijos, quienes
crecieron bajo el cuidado de su padre pues su madre muy joven
murió. Crecieron siempre sintiendo gran amor entre
ellos, y a pesar de eso existía una rivalidad inmensa,
incluso los habitantes de la ciudad que era capital del reino
dividían su simpatía entre el hermano mayor
y el hermano menor.
El Hermano
mayor fue fuerte desde que nació y su altiva cara era
la de un rey aunque sus títulos dijeran que solo era
el heredero de un sustituto, siempre fue obedecido y era orgulloso,
a veces demasiado, pero se hacia respetar, y siempre pretendía
demostrar su supremacía física e intelectual
sobre los demás, incluso con su hermano menor.
El Hermano
menor, también era fuerte, pero de mas fácil
sonrisa, le gustaba meditar y hablar de historias de otras
épocas, amaba la lucha como el primogénito,
mas no era fácil llevarlo a esta, "solo cuando
es necesario" acostumbraba decir, muchas veces su silencio
se confundía con sumisión, mas luego quien pensó
así se dio cuenta de su error.
El Padre
no ocultaba su favoritismo por el primogénito, pero
como culparlo en aquella época en la que nacer primero
era privilegio, pero aun mas, como culpar al padre si su hijo
mayor se parecía demasiado a el, y no solo físicamente,
su carácter era el mismo. Mientras que el menor siempre
se pareció mas a su madre, callado y calculador, prefería
la escucha al habla.
Sin embargo
los dos crecieron con la misma educación, se entrenaron
para grandes guerreros y lo fueron, respetados y admirados
por sus hombres.
Cuentan
que siendo aun muy jóvenes salieron a pasear escondidos
durante la noche y el Hermano Mayor amante de los retos y
queriendo demostrarle al Hermano Menor su superioridad le
dijo que caminaran hasta un rió cercano y que cumplieran
una singular competencia, este era nadar rió arriba
hasta que las fuerzas los abandonaran quien primero se cansara
perdería
El Hermano
Menor acepto pues sintió que su Hermano Mayor trataba
de menospreciarlo y se sintió con fuerzas para vencerlo,
mas no fue así, nadaron bastante tiempo rió
arriba y el segundo se sintió desfallecer, mientras
que el primogénito lo dejo pronto atrás. Por
mas que intento no pudo, sus músculos se agarrotaron
y su cuerpo dejo de responder, a duras penas se acerco a la
orilla y pronto el otro le alcanzo y con una sonrisa burlona
le dijo "Soy mejor que tu, lo que quiere decir que no
solo por nacimiento seré heredero de mi padre"
Y se sintió
ofendido, mas guardo sus sentimientos, pues a pesar de todo
esto quería a su Hermano Mayor y le apoyo en cualquier
causa que este siguiera equivocado o no. Mas desde ese día
siempre quiso vencerlo por lo que durante todos los años
antes de separarse siguieron su singular reto, pero siempre
lo perdió, aunque con el tiempo cada vez era por menos.
El tiempo
paso y los jóvenes se volvieron hombres, guerreros
que luchaban contra la oscuridad que se les enfrentaba y siempre
fueron vencedores, muchas veces juntos, muchas veces por separado,
y la gente contaba sus triunfos como si estuvieran apostando
por ellos.
Un día
su padre recibió noticias de una reunión de
todos los pueblos de esas tierras para buscar una solución
definitiva en contra del Señor Oscuro que era cada
vez mas poderoso y no dudo en decirle a su primogénito
que fuera en su representación. Este sonrió
con satisfacción y no dudo en contarle a su Hermano
Menor buscando que este se sintiera mal o reaccionara de manera
egoísta, mas no fue así, le deseo suerte y trato
de aconsejarle, pero el Hermano Mayor tuvo oídos sordos
para estos consejos. Le dijo:
- Presiento
que te enfrentaras a algo mas fuerte que cualquier hombre
- dijo el Menor
- Al Señor
Oscuro? - pregunto el Mayor
- No,
a ti mismo
Pero no
entendió esas palabras y pensó que su Hermano
Menor intentaba asustarle por envidia, por lo que se porto
de manera altiva y lo reto a nadar, a lo que este respondió
que no le parecía prudente mas el Hermano Mayor insistió.
Pronto
estuvieron en el rió, bajo las bellas estrellas que
el agua oscura reflejaba de una manera singular, por un momento
al Hermano Menor le pareció que le decían algo,
pero no lo supo descifrar.
Se lanzaron
al agua y nadaron largo rato, mas de lo que cualquier hombre
nadaría normalmente, alcanzaron distancias inimaginables
y quienes les vieron creyeron que los mismos Dioses de las
aguas eran quienes nadaban en esas aguas.
Pero esta
vez el Hermano Menor no desfalleció, si bien muchas
veces sentía que sus fuerzas se iban, miraba al cielo
y estas volvían, pero su Hermano pronto se empezó
a quedar, y desapareció de su vista. Se detuvo y lo
busco con su mirada, no lo vio, se dejo llevar por la corriente
y se empezó a desesperar, no había alcanzado
ninguna orilla, el rió lo arrastraba a sus profundidades
y el no sabia donde.
Cuando
empezaba a darse por vencido vio que de un lugar surgieron
espumas, se dirigió a el y se sumergió, el agua
estaba oscura y no veía nada, mas en la oscuridad algo
brillo y nado a ese lugar estiro su mano en un intento desesperado
y agarro la mano de su hermano. Lo llevo hasta la orilla y
cuando estuvo allí le miro al rostro, estaba pálido,
mucho tiempo después recordaría en un sueño
esa expresión de su hermano. Como hombre de armas sabia
como revivir a un posible ahogado y lo hizo, su hermano tosió
largo rato y luego le agradeció sin atreverse a mirarle
a la cara. Pronto y sin dirigirse palabra fueron a sus casas.
Al día
siguiente el Hermano Menor fue a despedirse de su hermano
y darle palabras de aliento, mas este ya había partido,
fue corriendo a la alta torre blanca y observo el horizonte,
presintió que no lo volvería a ver.
Boromir no pudo completar su misión y cayo bajo si
mismo, su propia ambición le consumió, al morir
recordó las palabras de su hermano y cuando vio a Aragorn
acercarse a socorrerlo el vio a su Hermano Menor, Faramir
de Gondor dándole la mano en las turbias aguas de un
rió.
Julio
22 del 2001
Jaime Díaz Uribe
"Turin Turambar"