ERRANTES DE ORTHANC: Manizales- Integrantes :
SEÑORES DE LA TIERRA MEDIA: Pereira- Integrantes :
Papel Salmón - La patria (Manizales - Colombia)
Beto Agudelo
Portador del Anillo
Tolcin Otornassë Esteldórë
-------
Cuando la voz que siempre hemos soñado escuchar contándonos una historia empieza a sonar y la batalla de la Última Alianza explota en la pantalla, sabemos que es la Tierra Media de siempre la que veremos durante ciento sesenta y cinco minutos de emoción incontrolable.
------
Una crítica a primera vista de la nueva versión fílmica
de "La Comunidad del Anillo", primera instancia de la trilogía
basada en la épica obra de J.R.R. Tolkien "El Señor de
los Anillos", debería decir sólo una palabra: Magnífica.
Pero, en vista de las fuertes polémicas generadas incluso desde cuando
hace seis años surgió el primer rumor acerca de la realización
de las películas, es necesario sustentar dicha calificación.
Lo primero que llama la atención - positivamente - es la cuidadosa
meticulosidad sobre el contexto histórico creado por el autor, característica
evidente desde los primeros minutos de narración. La excelente síntesis
de la historia de los Anillos del Poder y de la batalla de la Última
Alianza son sorprendentes, dada la costumbre de los cineastas de simplificar
al máximo las historias subyacentes o precedentes para minimizar a
la vez la realización de la historia central.
Es obvio que Peter Jackson es un enamorado de la obra de Tolkien y que el
trabajo cinematográfico de "El Señor de los Anillos"
responde más a un homenaje al autor británico capaz de hacer
soñar a generación tras generación que a un ansia comercial.
A pesar de ciertas críticas que ya desde el espectacular comienzo de
la película reclaman la presencia de algunos personajes como el Rey
Elfo Gil-Galad, es necesario recordar que la adaptación cinematográfica
tiene fuertes limitantes de tiempo que hacen indispensable la eliminación
de cualquier suceso o personaje cuya explicación, intrascendente dentro
del contexto general de la historia, robe valiosos minutos - o aún
segundos - a la duración del producto terminado, que, en este caso,
es de ciento sesenta y cinco extraordinarios minutos.
Extraordinarios porque transcurren de manera imperceptible. Claro está,
la magnífica velocidad narrativa hubiera sido del todo imposible sin
numerosos sacrificios argumentales, de los cuales el más notorio y
doloroso - según las palabras de propio Peter Jackson - es el de Tom
Bombadil, un personaje tan encantador como misterioso que cincuenta años
después de su inclusión en la trilogía literaria sigue
haciendo que sabios y aficionados se devanen los sesos tratando de dilucidar
su significado. Y es precisamente la gran cantidad de incógnitas que
rodean dicho personaje las que lo hacen fílmicamente irrealizable:
el público cinematográfico, a diferencia del literario, quiere
respuestas inmediatas, no desafíos intelectuales.
Sin embargo, el esfuerzo de adaptación y realización de Jackson
solucionó magistralmente los problemas derivados del exceso de personajes
del libro original y la consiguiente abundancia de subtramas complejas que,
aunque muy enriquecedoras literariamente, harían de una reproducción
fílmica página a página algo fatalmente lento y aburrido.
La recreación visual de todas las características de la Tierra
Media y sus habitantes fue realizada con precisión, lo cual no es de
extrañar si se tiene en cuenta que Tolkien deja a la imaginación
de los lectores en alto grado la apariencia de sus creaciones. Aspectos como
el vestuario y la escenografía hacen que aún las imaginaciones
más desbocadas se queden anonadadas por las creaciones cinematográficas
finamente ejecutadas de la mano de la genial visión de los artistas
conceptuales Alan Lee y John Howe.
Hablando en términos No-Tolkiendili (es decir, desde el punto de vista
de quien, a través de la película, se acerca por primera vez
a la Tierra Media y las creaciones de J.R.R. Tolkien), el espectador se encuentra
con un cuento de hadas con todos los elementos de magia, heroísmo,
drama y suspenso necesarios para sumergir en la historia al más exigente
buscador de aventuras. Los personajes, maravillosamente presentados, se revelan
como caracteres complejos, un poco indefensos ante los hilos del Destino que
ha encaminado sus vidas hacia el cumplimiento de una misión tal vez
demasiado difícil para ellos... circunstancia ante la cual no darán
el brazo a torcer ni bajo los peores golpes del enemigo.
El protagonismo compartido de nueve seres tan distintos pero unidos por el
ansia de derrotar la Oscuridad se presenta gradualmente: si en un principio
la atención se centra casi exclusivamente sobre los Hobbits, los acontecimientos
mostrarán que todos los personajes tienen la misma importancia a pesar
de su participación aparentemente colateral. Es el caso de Boromir,
por ejemplo, cuyo violento conflicto interno de lealtades no se revelará
sino hasta los últimos y dramáticos momentos de la cinta. Otros
integrantes de la Comunidad del Anillo, como el elfo Legolas o el enano Gimli,
deberían encontrar sus máximos rangos expresivos en las restantes
intancias de la Trilogía.
En cuanto a los efectos visuales, existen algunos errores que, para ojos avezados
a los detalles técnicos, son bastante notorios, si bien la espectacularidad
global del trabajo hace que esos detalles pasen casi siempre desapercibidos,
sobre todo para el Gran Público, el más estricto de los críticos.
En términos generales, a pesar de las fallas, la calidad de los efectos
es suficiente como para hacer de la película el germen de un fenómeno
parecido al generado hace treinta años por Star Wars.
A propósito de lo cual, George Lucas debe estar ahora tirándose
de sus ya canosas barbas (envidiables para cualquier enano) pensando en cómo
podría su Episodio II, que falla desde el título de película
BEM de los cincuenta ("El Ataque de los Clones") y con un antecedente
pobre en "La Amenaza Fantasma", competir el próximo Mayo
con una producción que ya está dando de qué hablar y
que para empezar ha batido los records de taquilla de Harry Potter - anotando
que, a despecho de quienes así lo han querido hacer creer, "The
Lord of the Rings" NO ES una película infantil - y que ha disparado
a cifras exorbitantes las ventas de un libro que ya desde su lanzamiento en
1954 fue considerado como Best Seller.
|
|
|
|