Los dúnedain
eran los edain que sobrevivieron a la Primera Edad. Este pueblo
fue honrado por los Valar y se le dio una tierra que quedaba
en el Mar Occidental, entre la Tierra Media y las Tierras
Imperecederas. Era Númenor o Oesternesse. Eran gentes poderosas
y su caída fue terrible, cuando su país fue tragado por las
aguas. En el año 3319 de la Segunda Edad del Sol, nueve naves
vinieron del Mar Occidental. Eran los barcos de Elendil el
Alto, quien llevaba a la Tierra Media a los Fieles dúnedain
supervivientes. Elendil creó Arnor, el reino septentrional
de los dúnedain, y edificó Annúminas, su capital, cerca de
las tierras élficas de Lindon, mientras que Anárion e Isildur
iban al sur y fundaban Gondor, el reino meridional de los
dúnedain, y edificaban Osgiliath, su capital. Durante un siglo
de esa edad, los dúnedain prosperaron pacíficamente, pero
otro poder también estaba creciendo. De Mordor llegaron Sauron
y los Nazgûl, y orcos y hombres de muchas razas que eran sus
esclavos. De manera que la guerra volvió a declararse, pero
se estableció un pacto que en épocas posteriores se recordaría
como la Última Alianza de los elfos y los hombres; Gil-galad,
el último Gran Rey de los elfos en la Tierra Media, mandaba
a los elfos de Lindon, y Elendil mandaba a los dúnedain. Y,
aunque murieron en la lucha Elendil, Anárion y Gil-galad,
también acabó el poder de los Espectros del Anillo y de Sauron.
Isildur cortó el dedo de la mano de Sauron que tenía el Anillo,
y Sauron, los Espectros del Anillo y todos sus siervos pasaron
a las sombras. Ésta fue la guerra que puso fin a la Segunda
Edad del Sol. Desaparecido Sauron, se esperaba una época de
paz, pero la Tercera Edad también estaba condenada a terminar
con una guerra sangrienta, porque Isildur no destruyó el Anillo
de Sauron. En el segundo año de la Tercera Edad, Isildur cayó
en una emboscada en los Campos Gladios y murió atravesado
por las flechas negras de los orcos, y el Anillo se perdió
en el río Anduin. Así, aunque durante algún tiempo reinó la
paz, el conflicto estaba predestinado a regresar a las Tierras
Occidentales. Los dúnedain fueron atacados por todas partes:
balchoth y Aurigas desde Rhûn, númenóreanos negros y haradrim
desde el sur, variags de Khand, orcos y dunlendinos de las
Montañas Nubladas, Montañeses y trolls de las Landas de Etten,
y los Espectros del Anillo que reaparecieron en Mordor, Angmar,
Morgul y Dol Guldur. Así transcurrió la Tercera Edad, los
dúnedain guerreando contra aquellos que eran guiados por una
única fuerza que había conseguido por fin recuperar una forma
y que residía en la poderosa torre de Barad-dûr: Sauron, el
Señor de los Anillos. Hubo veces durante esos años en que
los dúnedain adquirieron verdadero poder y sus territorios
llegaron hasta Rhûn y Harad. Pero con el paso de los siglos
fueron como acantilados, desgastados por las mareas. Arnor
fue roto como reino y en 1975 cayó su última ciudad. Aunque
permaneció escondido en sus tierras un heredero del trono,
el reino dúnadan se perdió completamente. A partir de entonces,
aquellos que en el norte eran reyes por derecho de los dúnedain,
no fueron más que Capitanes. En el sur, aunque amenazado con
frecuencia, la mayor parte del reino de Gondor permaneció
intacto y fuerte, pero el linaje real se vio interrumpido
y el país fue gobernado por Senescales. Durante la Tercera
Edad el poder de Sauron fue en aumento, hasta que al final
declaró la guerra, decidido a expulsar a los dúnedain y a
los elfos del mundo y hacer de la Tierra Media su dominio
para siempre. Ésta fue la Guerra del Anillo. En dicha guerra,
surgió entre los dúnedain del norte Aragorn, hijo de Arathorn,
el heredero verdadero y único de Isildur y rey por derecho
de todos los dúnedain de la Tierra Media. Demostró ser un
verdadero jefe de los hombres y, acabada la Guerra del Anillo,
fue coronado rey Elessar Telcontar, como heredero de Isildur,
gobernante de todos los dúnedain de los reinos gemelos de
Gondor y Arnor. Aragorn era comparado con los más nobles númenóreanos
de antaño, e incluso con los señores elfos. De hecho, tomó
como esposa y reina a la princesa élfica Arwen Undómiel, y
juntos gobernaron con sabiduría las Tierras Occidentales hasta
bien entrada la Cuarta Edad, llevando la paz a todos los pueblos
de la Tierra Media.