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Un duende en mi armario

No sabía que hacer... miles de veces mi padre me había dicho que todo eso era cierto y siempre lo tomé por un soñador sin remedio, incluso el día de su muerte sus últimas palabras iban dirigidas a mi, las pienso y me recorre un fuego por entre mis venas que no soy capaz de contener

"Hijo mio, nunca cierres tu mente, tus ojos te pueden engañar, pero lo que tu corazón es capaz de ver te enseñará un mundo mucho más grande de lo que creías"

Quien podría decir que esa frase digna de el último de los grandes ilusos iba a marcar mi vida de ese momento en adelante, si, lo hizo, y ese es el motivo de mis actuales dudas; no es que despreciara a mi padre o algo por el estilo, por el contrario se podría decir que gracias a su manera de ver el mundo nunca tuve problemas en mi infancia para encontrar un compañero de juego o que nunca hubiese un cuento para dormir por la noche, tal vez eso fue una fortuna, me trató de enseñar las cosas que la mayoría de los adultos aborrecían... ser niños.

Pero fui creciendo, y mi visión del mundo cambió, mi padre ya no estaba a la altura, es decir, de cierta manera "maduré" y sus fabulosos relatos de dragones y caballeros pasaron a ser un agradable recuerdo que no quería revivir, ya me importaban más otras cosas, cosas que me hicieran ver grande; el siempre me decía, no madures mucho muchacho o te hecharás a perder; esa era una frase típica de él, siempre repetía que no quizo madurar nunca del todo, los adultos son demasiado aburridos, fingen que son demasiado sofisticados y se pierden de diversiones naturales que crean fabulosos momentos, un adulto nunca se embarraría la cara con chocolate o gritaría al igual que todos en una película de cine infantil matinal o incluso...no creería en "ellos".

Ellos... siempre estaban ahí para él, decía que lo acompañaban a todo lado por que era el único que en esos días creía en ellos, que nunca tendría la oportunidad de enseñarle a los demás a ver por sus ojos, a dejar de ser tan racionales y perder un poco los estribos, poco a poco empezé a tomarlo por un loco gentil y emocionado con antiguas leyendas y mitos... pero yo seguía mi camino y maduraba, me convertí en un racional abogado, estricto y con muchas posibilidades de triunfar en la vida. Se que eso le dolía a mi padre, el quería que yo pudiese sentir lo mismo que él, que disfrutara de cosas que solo unos pocos afortunados eran capaces de ver, pero me alejé de su camino y ese día empezó a a morir un poco.

Los años pasaron y me distancié tanto de él que cuando supe de su enfermedad ya era muy tarde para recuperar el tiempo perdido, cuando llegué a su lado solo tuvo alientos para hacerme prometer que los cuidaría... a qué? esa era una buena pregunta en ese momento, pero pensé que tan solo eran delirios y no iba a contrarias a mi moribundo padre en ese momento... pero mi promesa era mucho más seria de lo que podía pensar en cualquier momento.

La ceremonia de su velación no duró mucho, el parque cementerio en donde lo enterramos era tranquilo, sin no hubiese sido tan racional juraría que sentí el lamento de pequeñas voces que venían de los viejos cipreses que bordeaban el sitio, "es un lugar ideal para él" pense para mis adentros," las musas y duendes de seguro habitan aquí", mi madre me abrazaba con gran dolor, se amaron como nadie que yo conociera, y en cierto modo admiraba eso en gran medida, de repente mi madre me dijo algo que terminó de conjurar la promesa que le hize a él, " él estará feliz de que seguirás su obra, eres ungran hijo"; no le dije nada por que no e pareció apropiado, pero pensaba que tal vez el único loco no era mi padre.

Me quedé en la casa unas noches, para acompañar a mi madre, dormí en el cuarto que fue mio por tantos años, estaba intacto, revistas, juguetes, mi cama, era como si el tiempo se hubiera detenido en aquel sitio, incluso vi una serie de libros e la mesa de noche y la silla en la que se sentaba mi padre a leerme antes de acostarme, definitivamente eran su libros, relatos que él escribía para el mundo pero que nunca publicó, yo era su único lector y oyente, en cierto modo eso me hacía sentir especial, las escribía para mi... en ese momento las lagrimas me llenaron los ojos, tantos momentos que nunca valoré lo suficiente, hasta ese momento me di cuenta de lo importante que era yo para él, me entregó lo más valioso que tenía, su imaginación y esperanza, y yo las dejé atrás por un materialismo afanado, por querer "madurar",; los recuerdos me atravezban el corazón en esa noche y entre lágrimas y sollozos me quedé dormido, hasta que de repente un leve gemido me despertó... creí que solo era un sueño, pero el gemido se repitió, venía del armario, era muy suave pero perceptible, me levanté y cuando me acerque a la puerta algo me impidió abrirla, debían ser mis nervios, así que hice caso omiso y me acosté de nuevo, traté de dormir pero una serie de sueños confusos de recuerdos me atormentaron toda la noche.

Al día siguiente me levanté y fui a la cocina, allí estaba mi madre, me había preparado el desayuno, se notaba su tristeza, sin embargo me recibió con una agradable sonrisa y un tierno beso, "dormiste bien?", me pregunto, asía que le comenté lo que me había sucedido y enigmaticamente me respondió con una acogedora sonrisa, "lo se". Sus palabras me intrigaron, no quize profundizar por temor a que estuviera en un estado de shock o algo parecido; la noche llegó de nuevo y me acosté un poco pensativo, pero más calmado que la noche anterior, luego d eun rato de nuevo un gemido me despertó, la intriga me mataba así que decidí levantarme y averiguar que clase de bicho escondería allí mi padre, tal vez un gato o un perro, un remplazo de "su hijo", lo que fuese tendría que dejarlo dormir como fuera; tomé la puerta y la halé, esperaba encontrar un cachorro meneando la colo, pero lo que apareció fueron unas esclas que descendían, oscuras y frias, no podía ser que construyeran algo bajo mi habitación, definitivamente algo se la había safado a mi papá antes de morir; no pasó mucho rato cuando escuché de nuevo el gemido más adentro, así que avenzé decidido a descubrir que estaba sucediendo, baje unos 10 metos y llegué a un pasillo largo, iluminado por unas grandes antorchas, no presté atención a eso en aquel momento, pero definitivamente no estaba en mi casa, el gemido se escuchaba más duro, llegaba de una habitación que se lograba ver al final del pasillo, dentro de ella había dos figuras, una pequeña ágil a pesar de su armadura y una enorme con una masa gigantesca, una espada se encontraba en el umbral de la habitación muy lejos de ambos personajes; el pequeño me miró y me grito, "tomala, atacalo por la espalda", no sabía lo que estaba sucediendo, me quedé pasamado y el enorme troll se dirigió hacia mi y me lanzó un mazazo que me dió en la cabeza y me dejó inconsciente, todo quedó negro.

Me desperté apresurado y con enorme dolor de cabeza, todo lo que había sucedido era muy extraño, se podría decir que era un sueño pero había sido tan real... además había algo en esa escena que le resultaba familiar, pero no recordaba que... al levantarme me apoyé en la mesa de noche y toqué los libros de mi papá, uno de ellos resbaló y dejó visible el nombre

"Las aventuras de Nak Dadul"

Inmediatamente mi mente se llenó de palabras y recuerdos, mi padre me relató varias historias de un duende que decidió demostrarle a los humanos que el podía ser tan valiente como ellos, así que compró una armadura y una espada a un elfo herrero y se lanzó al mundo a desafiar los peligros, el ser que había visto esa noche era tal y como me lo había imaginado de pequeño, era como si me hubieran sacado el diseño del cerebro, abrí el libro y busqué la historia, sabía como se llamaba, "el tesoro del troll de la torre negra", lo empezé a leer de nuevo, todo concordaba, las escalas, las antorchas, la habitación, el desafío entre ambos y... no terminaba, solo seguían unas cuantas hojas limpias y luego otro cuento; ya sabía que pasaba, esos relatos eran historias que el me contaba antes de que me durmiera, pero nunca lograba escuchar el final porque siempre caía vencido por el sueño, pero nunca me gustaba que me las repitiera así que siempre le pedía que me contara otra, lo que nunca supe fue que él las copió todas y cada una, aún sin terminar...

De repente mi mente se iluminó con las palabras de mis padres... "cuidalos", se referían a los libros, a sus cuentos?... a mis cuentos... o al que se hallaba en el armario...me llené de dudas y de preguntas, sería que yo tenía el don de mi padre... que como los elfos podía ir creando las imágenes de los relatos que contaban, tal vez él no estaba loco, tal vez el ciego era yo... solo había una manera de comprobarlo, así que decidí que esperaría pacientemente la noche imaginándome un final para aquel relato... pero las palabras no llegaban, como podía pensar en algo que era ficticio, si siempre traté de convertirme en un ser totalmente racional... pero no podía hecharme para atrás, se lo debía a mi padre, se lo había prometido y le cumpliría su última voluntad.

La noche llegó y el gemido se repitió, dejé el libro abierto en las páginas en blanco que seguían el cuento del duende y me introduje en el armario, todo seguía igual, la escena era la misma, pero esta vez decidí actuar, así que tomé la espada y me abalanzé sobre el troll, era muy grande pero para nada lento, asi que me mando la maza para golpearme, pero esta vez la pude esquivar y lanzé mi espada contra su rostro, la hoja se enterró entre sus dos ojos y el enorme ser cayó al piso muerto, inmediatamente una pared se derrumbó y tras ella una gran cantidad de tesoros brillaban esperando a ser reclamados como trofeo.

Apenas si podía respirar cuando el pequeño armado me habló, " sabía que podrías, sabía que tenías el don", "sabes quien soy?" , "claro, si eres igual a tu padre", "lo conocías?", " por supuesto, gracias a él existo... a él y ti... tú eres la razón de mi existencia", tantas cosas se me ocurrieron en ese momento, en cierto modo mi padre inventó esos cuentos para mi y yo era responsable por ellos, debía cuidarlos.

Al despertarme lo primero que hize fue buscar el libro, al ojearlo vi como las páginas habían sido escritas tal y como había sucedido, con la diferencia que el personaje del duende era el que había eliminado al troll.. realmente había sucedido y ahora debía terminar el resto de los relatos.. y eran muchos.

Es muy interesante... y pensar que venía por una entrevista y me termina inventando un cuento de como empezó en el mundo de la literatura fantástica...ya veo por que es uno de los más grandes escritores de este género, tiene una imaginación fantástica. No es iamginación, sucedió... no trate de engañarme, ni de confundirme, se lo que es verdad y lo que no, y su relato es muy bueno, podría darme un autografo, es el libro de las aventuras de Nak dadul, soy una fanática de ese hombrecillo. Por supuesto no hay problema, la acompaño a la puerta?

La periodista se dirigió hacia la salida y el escritor la acompañó, la despidió con una sonrisa y cerró, la periodista avanzó y dando unos pasos devolvió la vista para despedirse pero no encontró la casa... una sensación de temor la inundó pero no dejó que la agobiara, avanzó por el camino que se abría frente a ella pero se hallaba desorientada, así que se acercó a un hombre que se encontraba sentado a un lado del camino ... Podría decirme como salir de aqui?.

La periodista no había notado que el hombre era muy pequeño, casi la mitad de su estatura, además se le hacía conocido... si quiere señorita puedo acompañarla, podemos ir por el puente del ogro o por el lado de la torre negra; el hombrecillo selevanto y dejó ver su espectacular armadura y una enorme y fuerte espada forjada... Mucho gusto... mi nombre es Nak. La periodista un poco asombrada miró el libro que llevaba en la mano y la portada del mismo, y el hombre que estaba frente a ella era identico, así que un poco confundida le respondió... "por el puente del ogro".

ANARDIL- ALEJANDRO GUZMÁN

 

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