Llegada de la Revoluci�n a Las Villas.
Desafio de la Trocha Jucaro-Moron
1875.
Llegada de la Revoluci�n a Las Villas.
A finales de 1874, el Gobierno le hizo una visita al Departamento Oriental para pasarles  lista a las tropas y reorganizar su estructura militar, despu�s de haber hecho lo mismo con el Departamento Central. A mediados del mes de enero de 1875, el Gobierno  recibi� una comunicaci�n del cruce de la Trocha (la larga fortificada l�nea que los espa�oles formaron a todo lo ancho de Camag�ey para prevenir una penetraci�n de la insurrecci�n hacia el occidente) del General G�mez hacia Las Villas; justo cuando el gobierno se preparaba para partir hacia halla.
Al haber tenido el apoyo del gobierno para iniciar su campa�a hacia el occidente, en la madrugada del seis de enero, el general G�mez atraves� la Trocha despu�s de haber acampado en Ciego Escobar. En el cruce, G�mez sufri� una herida en el cuello causada por una bala, de la cual se pudo recuperar ocho d�as despu�s gracias a la atenci�n del Dr. Figueroa. Para el d�a 10 de enero la columna invasora comenz� a llevar a cabo sus operaciones en la regi�n villare�a. El primer combate fue en El J�baro, en el cual los espa�oles decidieron llevar a cabo sus planes despu�s de haber estado examinando los pasos del general G�mez. Las autoridades espa�olas le comunicaron la noticia de la posible marcha de las fuerzas mambisas al mismo General Jovellar, actual Capit�n General de la Isla de Cuba. �El General Jovellar parti� para Cienfuegos en tren expreso� Jovellar, en uni�n de su Cuerpo de Ingenieros y Estado Mayor, acept� el plan de ataque.� El combate duro cinco horas en las cuales la caballer�a espa�ola intento tres cargas que fueron rechazadas por los mambises. G�mez se retiro con sus fuerzas al enterarse de la proximidad de la infanter�a que respaldar�a al General Jovellar no sin haberle dejado a las m�ximas autoridades espa�olas una muestra de lo que estar�an tratando. El J�baro fue sucedido por Ri� Grande, L�zaro L�pez y Marroqu�n. El objetivo de la campa�a fue destruir todos los ingenios azucareros los cuales estaban sosteniendo las riquezas coloniales.

�Al terminar esta jornada violenta y gloriosa de tres d�as, hab�a ocupado el General G�mez cerca de 100,000 tiros, se le incorporaron sobre 500 voluntarios armados y se apodero de mas de 1,000 magn�ficos caballos� (Figueredo 82). Durante los meses de febrero y marzo, la invasi�n llego con la ayuda de los generales secundarios, hasta Matanzas. �El Departamento Oriental estaba, en constante acci�n. Los espa�oles, con la expedici�n hacia Occidente, hab�an acumulado sus fuerzas del otro lado de la Trocha, o las concentraban en Puerto Pr�ncipe a las ordenes del General Portillo, para continuar su plan contra la invasi�n� (Figueredo 47). G�mez tom� a Maceo para abrir el paso hacia el occidente, y este llego a ser la leyenda de la guerra. Los mambises contaron heroicas historias de sus combates y su vida ejemplar supero las cr�ticas e intrigas que se le hab�an formado dentro de los grupos divisionistas. Muchos ya iban declarando que el 75 seria el �ltimo a�o del imperialismo espa�ol sobre la Isla.
En Imagen: Ataque mambi a una fortaleza espa�ola.
Urgencia de Refuerzos.
�Tan pronto como el General hubo desplegado todo su plan con �xito admirable, ofici� al Gobierno de la Republica, refiri�ndole las circunstancias de la invasi�n y el reesfuerzo de una infanter�a oriental. Los espa�oles para evitar nuevos descalabros hab�an concentrado todas sus fuerzas en las ciudades cabeceras, abandonando los campamentos que, como una red, se extend�an en los distritos, ocupando militarmente todos los territorios� (Figueredo 83). El Gobierno dividi� �el territorio de la Republica en tres Departamentos: Oriente, Central y Occidente, comprendiendo el Departamento del Centro las jurisdicciones de Las Tunas y Camag�ey.� Las Tunas usualmente se proclamaba parte del territorio camag�eyano o del oriental (debido a que geogr�ficamente siempre estuvo localizada entre ambos), dependiendo en las circunstancias que mejor le conviniera. Despu�s de estas reestructuraciones se comprometi� �el Presidente Cisneros enviar de un golpe ochocientos hombres de refuerzo al General G�mez� (Figueredo 87).
Derecha: Mayor General M�ximo G�mez.
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