Al haber tenido el apoyo del gobierno para iniciar su campa�a hacia el occidente, en la madrugada del seis de enero, el general G�mez atraves� la Trocha despu�s de haber acampado en Ciego Escobar. En el cruce, G�mez sufri� una herida en el cuello causada por una bala, de la cual se pudo recuperar ocho d�as despu�s gracias a la atenci�n del Dr. Figueroa. Para el d�a 10 de enero la columna invasora comenz� a llevar a cabo sus operaciones en la regi�n villare�a. El primer combate fue en El J�baro, en el cual los espa�oles decidieron llevar a cabo sus planes despu�s de haber estado examinando los pasos del general G�mez. Las autoridades espa�olas le comunicaron la noticia de la posible marcha de las fuerzas mambisas al mismo General Jovellar, actual Capit�n General de la Isla de Cuba. �El General Jovellar parti� para Cienfuegos en tren expreso� Jovellar, en uni�n de su Cuerpo de Ingenieros y Estado Mayor, acept� el plan de ataque.� El combate duro cinco horas en las cuales la caballer�a espa�ola intento tres cargas que fueron rechazadas por los mambises. G�mez se retiro con sus fuerzas al enterarse de la proximidad de la infanter�a que respaldar�a al General Jovellar no sin haberle dejado a las m�ximas autoridades espa�olas una muestra de lo que estar�an tratando. El J�baro fue sucedido por Ri� Grande, L�zaro L�pez y Marroqu�n. El objetivo de la campa�a fue destruir todos los ingenios azucareros los cuales estaban sosteniendo las riquezas coloniales.
�Al terminar esta jornada violenta y gloriosa de tres d�as, hab�a ocupado el General G�mez cerca de 100,000 tiros, se le incorporaron sobre 500 voluntarios armados y se apodero de mas de 1,000 magn�ficos caballos� (Figueredo 82). Durante los meses de febrero y marzo, la invasi�n llego con la ayuda de los generales secundarios, hasta Matanzas. �El Departamento Oriental estaba, en constante acci�n. Los espa�oles, con la expedici�n hacia Occidente, hab�an acumulado sus fuerzas del otro lado de la Trocha, o las concentraban en Puerto Pr�ncipe a las ordenes del General Portillo, para continuar su plan contra la invasi�n� (Figueredo 47). G�mez tom� a Maceo para abrir el paso hacia el occidente, y este llego a ser la leyenda de la guerra. Los mambises contaron heroicas historias de sus combates y su vida ejemplar supero las cr�ticas e intrigas que se le hab�an formado dentro de los grupos divisionistas. Muchos ya iban declarando que el 75 seria el �ltimo a�o del imperialismo espa�ol sobre la Isla. |