Batalla de las Guasimas
15 de marzo de 1874
La columna invasora, en su marcha hacia Occidente acompa�ada por el Gobierno de la Republica y la C�mara de Representantes, tropez� en el sudoeste de Camag�ey con una gruesa columna espa�ola que hab�a salido de Puerto Pr�ncipe para hacerle frente en las Guasimas. Durante los d�as del 15 al 20 de marzo, ambos lados sostuvieron una serie de enfrentamientos diariamente (los espa�oles sosteniendo el cuadro y los mambises atac�ndolo). Al tercer d�a de intensos enfrentamientos, una parte de la caballer�a espa�ola logr� atravesar durante la media noche del 17 la vigilancia mambisa. Se dirigieron apresuradamente hacia Puerto Pr�ncipe donde solicitaron ayuda al General Portillo. �el 19 por la tarde llego el refuerzo a las Guasimas, no sin haber sostenido rud�simos combates� por el camino. �El 20 al amanecer emprendieron marcha� dejando en el sitio sobre 300 muertos, y alrededor de mil bajas.� Los mambises al contrario, tuvieron �seg�n el parte oficial, a 234 bajas, de las cuales 52 fueron muertos� (Figueredo 56-57). A pesar del inmenso triunfo que obtuvo la columna invasora en Las Guasimas, el General M�ximo G�mez �determino comunicar al Gobierno, oficialmente, que el plan de la invasi�n quedaba diferido para otra oportunidad� (Figueredo 57).

Otros notables combates sostenidos por las fuerzas del ej�rcito libertador fue el asalto del 4 de julio de 1874 por el Brigadier Reeve a la ciudad de Puerto Pr�ncipe; al concluir el combate este dejo vivo un solo soldado enemigo para que contara el suceso. Otro fue la provocaci�n de las fuerzas mambisas a la Trocha de Jucaro-Mor�n en San Jer�nimo.
En Imagen: Frente de guerra.
Intento de continuar la invasi�n.
Durante el verano de 1874, G�mez intento de realizar la invasi�n a Las Villas, pero esta fracaso al designar a Maceo al mando de ella quien no pudo �continuar al frente de la divisi�n villare�a porque esta parte del ej�rcito le hizo una fatal y resuelta oposici�n� (Figueredo 59). Calixto Garc�a iba de mal a peor debido al fracaso de sus operaciones; el hambre y la lluvia de primavera azotaban la moralidad de los soldados sin piedad. Y como si fuera poco, este fue capturado y hecho prisionero por el enemigo el 6 de septiembre; tuvo Maceo que regresar a Oriente para sustituir el mando de este en la zona de Santiago de Cuba y Guant�namo.

El humilde Mambi de la guerra de Cuba viv�a dividiendo su tiempo �entre las rud�simas faenas del campamento y los peligros del campo de batalla, y en las no menos de labrar la tierra, para que su familia no careciera de lo mas preciso, cuando el deber lo obligaba a marchar� (Figueredo 63). �Regularmente se le prove�a de solo diez tiros, �diez tiros para arrostrar todas las emergencias en que una operaci�n desconocida lanzarlos!� (Figueredo 158), y �l �lo que mas estimaba era la ropa y en busca de ella se internaba en los lugares mas rec�nditos de los cuales muchas veces no lograba salir� (Figueredo 160).
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