| Principio del Fin Octubre de 1876 |
| Octubre de 1876: Principio del Fin. |
| Grupos opuestos a la Revoluci�n bajo el mando de G�mez le exigieron su renuncia en los primeros d�as de noviembre de 1876, el cual al ver la gravedad del caso, �entreg� el mando al mismo Roloff, el polaco, el extranjero digno, que hasta aquel momento dio siempre ejemplo del mayor orden, de ser un militar disciplinado� (Figueredo 163). Manuel Calvar quien se encontraba en la regi�n de Las Villas bajo el mando de G�mez, �renunci� en el Teniente Coronel Mariano Torres, y se incorpor� al lado del General G�mez� (Figueredo 164). Despu�s de este hecho, la anarqu�a comenz� apoderarse de la regi�n, por la cual G�mez le pidi� al Gobierno que acudiera a la situaci�n. El Gobierno se reuni� en Consejo de Gabinete, y en ella el Secretario de Relaciones Exteriores, Ram�n Roa, pronunci� unas palabras que tuvieron mucho valor, Roa dijo que: �la Revoluci�n estaba fatalmente herida de muerte y que si de todos modos hab�a de hundirse, era preferible que lo hiciera con estr�pito. Al encontrarse el Gobierno con el General G�mez (10de diciembre en Guaicanamar al Sur de Camaguey), supo el Presidente Estrada Palma con toda su desconsoladora desnudez, la verdad de lo que hab�a pasado en ultra-Trocha� (Figueredo 164). Debido a estos acontecimientos, �la tropa de Oriente que en calidad de refuerzos hab�a marchado a las Villas� aprovechando el desorden que por todas partes se extendi�, resuelven abandonar a sus jefes inmediatos y desertar marchando rumbo a Oriente� El contingente oriental desapareci� de las Villas. Ante la situaci�n que con este acto se creo, el Gobierno orden� la marcha de los Jefes y Oficiales de Oriente a su Departamento.� El General Carlos Roloff no satisfizo las expectaciones del Gobierno debido a su carecer de firme liderazgo y ��acogi� el Presidente Estrada la indicaci�n que desde las Villas mismas hac�an algunos Jefes que midieron la gravedad de los acontecimientos y que sin duda lamentaban lo ocurrido, de nombrar para el mando del Departamento al Mayor General Vicente Garc�a� (Figueredo 165). El nombre de Vicente Garc�a surg�a ya desde cualquier movimiento de oposici�n o divisi�n, como si fuera este el arma predilecta del desorden. Por petici�n del Presidente Estrada Palma, �la C�mara nombr� a los Representares villare�os Spotorno y Marcos Garc�a� a fin de que con su influencia tratasen de ayudar al encauzamiento de los asuntos de aquel Departamento� (Figueredo 165); pero de nada sirvieron las conversaciones que llevaran a cabo. Durante este suceso tr�gico, el General Mart�nez Campos acababa de llegar a la Isla al frente de 25,000 soldados. Para el gobierno revolucionario �no hab�a mas plan que oponerse a la invasi�n espa�ola de Occidente a Oriente� y no consentir que Mart�nez Campos pasara la Trocha hacia Camaguey. Estrada conoc�a y sabia que la mejor estrategia que pod�a tomar en efecto era la de G�mez al mando del ejercito, apoyado por Vicente Garc�a, pero para todo esto era preciso moverse r�pidamente� (Figueredo 166). Mart�nez Campos ya se estaba preparando para, sino en camino hacia su invasi�n oriental, y los cubanos para salvar la Revoluci�n ten�an que hacerle frente. Lleg� un nuevo a�o y con el se formaron dos tormentas militares que muy pronto se encontrar�an frente a frente. |
| 1877. El legado del General�simo. |
| �Estrada dio principio a su combinaci�n llamando al General G�mez a la Secretaria de la Guerra; repugnancia que se transformo en alegr�a y placer cuando Estrada le comunic� que pidiera a la C�mara facultades para ponerse al frente del Ejercito, como su General�simo nato, en cuyo caso ocupar�a la Secretaria de la Guerra el cargo de Jefe de Estado Mayor General, y de hecho dirigir�a las operaciones.� Desde ese entonces en adelante, el honorable Mayor General M�ximo G�mez seria reconocido a trav�s de la historia con el merecido legado del General�simo. |
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| Izquierda: Monumento al Generalisimo frente a la bahia de La Habana. |
| Vicente Garc�a nombrado Jefe de Las Villas. |
| Despu�s que el Gobierno le extendi� al General Vicente Garc�a el cargo de Jefe de Las Villas, todo hab�a quedado listo para �que el Presidente de la Republica invadiese los campos de Occidente,� solamente faltaba la respuesta de Vicente Garc�a con respecto a su cargo. Tal como se le esperaba, el General V. Garc�a acepto el cargo del Tercer Cuerpo del Ejercito Libertador en conferencia con el Presidente Estrada Palma; pero con la condici�n de que se le quitara �de encima al Camag�ey, en cuyo mando era imposible para su dignidad y prestigio militar que continuase por mas tiempo.� De este modo que acordada la conferencia entre el gobierno y el general tunero, el cual salio hacia Las Tunas para concluir sus operaciones en la regi�n y �marchar a las Villas, donde deber�a encontrarse en la segunda quincena de Enero de 1877� (Figueredo 166) con las tropas bajo su mando. El gobierno ya se encontraba en el mes de febrero y sin noticias del general Garc�a desde Las Villas, y decide el Presidente Estrada Palma marchar de inmediato hacia Las Tunas para descubrir el porque. Estrada vio que el general Garc�a �no solo no se encontraba listo para emprender la marcha, sino que hab�a fracasado en su ultima operaci�n� y se preparaba para otra� sin tener en cuenta su compromiso de marchar a las Villas� (Figueredo 167). Despu�s de conversaciones entre el Gobierno y el General, este contin�o sus planes de atacar Puerto Padre y el Gobierno lo dejo a su propia suerte debido a su p�simo grado de irresponsabilidad y necedad. Para �el 12 de Marzo, dos meses despu�s del plazo marcado para el paso de la Trocha, llega el General Vicente Garc�a a la Residencia del Ejecutivo, sobre el Sevilla, en Sao-Nuevo.� Llego con su Estado Mayor y Escolta, sin la infanter�a, la cual dos d�as despu�s llego al mando del Coronel Francisco Varona. Se present� con �sobre 200 hombres de infanter�a, gente toda escogida de las fuerzas de las Tunas� (Figueredo 168). Estas tropas solamente le produjeron dolor de cabeza a los oficiales y desorden al campamento. Se negaron a cruzar la Trocha y el Gobierno le orden� al General Garc�a que escogiera cien con los cuales cruzar�a la l�nea fortificada. En el amanecer del 14, la gran mayor�a de las fuerzas presentas desertaron del campamento. Vicente Garc�a tuvo que marchar a Occidente con los hombres que quedaron y la vergonzosa acci�n de su tropa, dej�ndole otra mancha a su dignidad y prestigio militar. |
| Ingratitudes y Malas Intenciones. |
| Las ideas e ilusiones que el Gobierno se hizo sobre el destino del general Garc�a cayeron todas por el piso cuando la C�mara recibi� en el mes de abril un comunicado de parte de V. Garc�a, acusando al Ejecutivo por llevar a cabo abusos e injusticias en su contra al verlo colocado como Jefe del Tercer Cuerpo del Ejercito. El Gobierno a pesar de haber estado en todo su derecho para designarlo donde la Revoluci�n mas lo necesitara, consult� con el antes de tomar tal decisi�n y al ver recibido su aceptaci�n, llevo a cabo sus planes. Pero quiz�s personas como el no estaban aptas para servir a la causa revolucionaria o no hab�an nacido para defenderla, sea cual sea la situaci�n ciertamente la administraci�n Estrada Palma �cri� cuervos y le secaron los ojos.� Tal acusaci�n contra el Gobierno fue elevada a un Comit� Judicial el cual con respecto al Presidente Estrada Palma, �no encontr� que este hubiera obrado fuera de los l�mites que la Ley fundamental y Reglamentos militares le marcaran.� A la misma vez �los tuneros elevaron dos exposiciones; una pidiendo se segregase su territorio del Estado del Camag�ey a que pertenec�a y se les permitiese incorporarse al de Oriente, clavo de que se agarraban siempre que se quer�a embrollar; la otra, pidiendo se nombrase al General Garc�a, General en Jefe del Ejercito� (Figueredo 172). En otras palabras, deseaban quitar a G�mez para poner a V. Garc�a. El Gobierno le manifest� por un comunicado a V. Garc�a el tono irrespetuoso de su acusaci�n y que se abstuviera de dirigirse a tal Cuerpo de la forma en que lo hizo. Los tuneros se levantaron en rebeli�n hasta que Garc�a los volviera a liderar y el Gobierno parti� hacia Las Tunas, a la que llega el 14 de abril, acampando sobre el ri� Birama en el Jag�ey. Estos fueron sorprendidos por una descarga misteriosa desde el monte cercano al campamento, dejando muchas expectaciones de quien podr�a haber sido. �Se estimo como un error de nuestra gente que nos tomar�a sin duda, por enemigos�� pero �era muy dif�cil que los cubanos no distinguieran, por mucha que fuera la distancia, cuando eran cubanos o espa�oles los que marchaban en nuestro territorio� (Figueredo 173). Durante aquel tiempo, el Gobierno recibi� la noticia de la captura del Coronel Ricardo C�spedes, hijo del Vice-Presidente y Jefe de la Brigada de Colon. �El prisionero en vez de ser fusilado� era objeto de las mayores atenciones, cortes�as y consideraciones por parte del enemigo� (Figueredo 173). Esta nueva conducta del enemigo hacia los mambises formo parte de la nueva estrategia implementada para ganarse a muchos de los mambises descontentos o hastiados, y a�adi�ndole otra libra de peso a la ca�da de la Revoluci�n. |