| La Guerra Chiquita 23 de marzo - 28 de mayo de 1878 |
| La Guerra Chiquita. |
| Un d�a antes que las hostilidades se rompieron, Mart�nez Campos invit� el 22 de marzo a los jefes del gobierno provisional para un almuerzo campestre en el cual se tocaron los mismos puntos de la conferencia de Baragua. En sus intentos por intentar llegar a un acuerdo de paz, les record� de las responsabilidades que ten�an sobre los soldados insurrectos y aprovech� la oportunidad para desahogarse con ellos habl�ndoles �amargamente del General Vicente Garc�a, por quien dec�a haber sido enga�ado� (Figueredo 298) y por la dureza del car�cter del General Maceo. Las conversaciones del almuerzo concluyeron de la misma forma en que termino la conferencia anterior y los cubanos se marcharon para iniciar las hostilidades al pr�ximo d�a, 23 de marzo como mismo lo hab�an determinado. |
| Inician las hostilidades. |
| Las hostilidades comenzaron de nuevo el 23 de marzo de parte de los mambises. Los espa�oles, a pesar de las numerosas cargas de parte de los cubanos, no contestaban al fuego. En cambio, respond�an con gritos de �! Viva la paz, Viva Cuba, no hag�is fuego pues somos hermanos! Pasaron unos cuantos d�as y de todas partes, de Cuba, de Guant�namo, de Holgu�n, participaban igual conducta por parte de los espa�oles� (Figueredo 299). Esta conducta por parte de los espa�oles dej� confundidos a los mambises los cuales no esperaban tal conducta militar. |
| Benevolencia de los espa�oles. |
| No fue hasta el 8 de abril cuando los espa�oles tuvieron la primera confrontaci�n con los mambises, y comenzaron a demostraron rasgos de humanidad al sepultar los cuerpos de los mambises ca�dos en combate. Tambi�n �cuando un hijo de nuestros campos ca�a en sus garras, era devuelto a los cubanos con sus armas, vestido, cargado de ropa y medicina para su familia y el bolsillo lleno de dinero� (Figueredo 307), estrategia sabia de parte de Mart�nez Campos para volver a ganarse el coraz�n de aquellos que todav�a permanec�an en la manigua. �El enemigo hab�a destacado gruesas columnas sobre Guillermo Moncada y Pedro Mart�nez en Guant�namo, sobre Crombet en Cambute, sobre R�us en Holgu�n y sobre Vicente Garc�a en las Tunas� (Figueredo 306). En el mes de abril, el Gobierno Provincial permiti� as� �la salida del campo de la Revoluci�n para el extranjero a todo individuo in�til por motivos de la campa�a, o herido que por su gravedad no pudiera continuar en la azarosa vida que ten�amos en perspectiva� (Figueredo 301). |
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| Salida de Maceo del campo insurrecional. |
| El 4 de mayo el Gobierno Provisional de Oriente lleg� a un acuerdo con el General Antonio Maceo para los preparativos de su salida al extranjero. El gobierno enviar�a al general al extranjero con dos prop�sitos; primero para salvarlo de una posible muerte o de una bochornosa capitulaci�n al ser prisionero; y segundo para colocarlo al frente de todas las recaudaciones de recursos que revivificar�an a la Revoluci�n. �Maceo sali� de la Isla despu�s que fue aprobado por el gobierno colonial. El d�a 8 de mayo a las diez de la noche abandon� el General Antonio Maceo la residencia del Gobierno en Barigua, tomando al d�a siguiente, 9, pasaje para la isla de Jamaica, a bordo del vapor de guerra espa�ol Fernando el Cat�lico, que generosamente puso a disposici�n del Gobierno el General en Jefe del ejercito enemigo.� Despu�s de esta partida, el gobierno redact� un circular a todos los jefes del ej�rcito oriental explic�ndoles los motivos que lo hab�an llevado a tomar tal decisi�n y exaltando el trabajo que Maceo llevar�a a cabo en el exterior. |
| Ultimo Combate. |
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| La Revoluci�n del 68 tuvo su �ltimo combate el 17 de mayo de 1878 en las cercan�as de Yateras. Al mando de Pedro Mart�nez Freire, sus 90 tropas se batieron en La Criolla contra una columna espa�ola de 300 hombres al mando del General Santos P�rez. Mientras que al mismo d�a lleg� desde Jamaica el Teniente Coronel Lacret con el informe de la amarga bienvenida que recibi� Maceo en el exterior. El acompa�ante del General Maceo �tra�a nada menos que la convicci�n de que eran ilusorias las ofertas de auxilio del extranjero� (Figueredo 309). |
| Preparativos para la Capitulaci�n Oficial. |
| El 19 de mayo el Gobierno Provisional de Oriente se reuni� en conferencia extraordinaria para considerar las situaciones que estaban pasando los compatriotas orientales. �El d�a 27 de mayo se avis� formalmente al General Mart�nez Campos de nuestra resoluci�n de capitular� y este cit� al gobierno para una conferencia al d�a siguiente en la torre de Barigua. A la conferencia asistieron unos 200 hombres los cuales eran �en su mayor parte ni�os de 16 a 18 a�os.� Los tres individuos del gobierno (sin contar con Beola ya que este se encontraba en comisi�n), entraban en negociaciones con el General en Jefe del ej�rcito enemigo. Se acord� pagarles a los combatientes el mismo sueldo que a los del Centro a pesar de los deseos de Mart�nez Campos de duplicarlo. Se acord� que la capitulaci�n de las fuerzas �seria entrando nuestra tropa armada en los distintos poblados� (Figueredo 325). �As� termino aquel sangriento drama que durante diez a�os asombr� al mundo con sus actos, pero que tratado con criminal indiferencia e incalculable cobard�a por el pueblo cubano, en vez de terminar con el cuadro de sus apoteosis que se llamara La Republica de Cuba, termin� con el rid�culo y bochornoso sainete que se titulo La Capitulaci�n de Baragua� (Figueredo 328). Los l�deres de la peque�a insurrecci�n se dieron cuenta de que la opini�n p�blica sobre ella era negativa, que muchos estaban en contra de ella, y que les faltaban los recursos para continuar sus lideres decidieron terminarla. La falta de apoyo forz� a la peque�a insurrecci�n a clausurar sus operaciones a finales de 1879 y le demostr� a la Metr�polis de que el Zanj�n no hab�a sido la pagina final del movimiento independentista. Los cubanos continuaron conspirando contra la Metr�polis hasta 1895, cuando la insurrecci�n se reorganiz� bajo la figura del hombre que marc� nuestra historia para siempre y continuo la lucha por la libertad de Cuba. |
| En Imagen: Ataque a un fuerte. |
| En Imagen: Mambises peleando en la manigua. |