| El 27 de febrero de 1874, Carlos Manuel de C�spedes continuaba viviendo en su hacienda de San Lorenzo dentro de las monta�as majestuosas de la Sierra Maestra. La localidad del sitio permit�a un salvo refugio del enemigo, pero en aquel d�a, las fuerzas espa�olas desvelaron la protecci�n y arrasaron con la indefensa hacienda. Todos corrieron por sus vidas y por la protecci�n del Padre de la Patria, pero el esfuerzo fue en vano. A C�spedes �le deshicieron el cr�neo a culatazos y le dispararon un rifle pegando la boca del arma sobre su coraz�n, atravesando la bala todo el cuerpo de un lado al otro. Esta herida, as� como la de la pierna y otras del cuerpo, estaban marcadas en la ropa que se encontr� en el camino.� �Despu�s de una escena de pillaje y desmoralizaci�n espantosa, alzaron con una soga el cuerpo inanimado arrastr�ndolo sin piedad�� (Figueredo 42) el cual hab�a ca�do en un barranco. Los espa�oles al enterarse de quien se trataba se espantaron llag�ndose con ellos el cuerpo de la victima. Mas tarde, se coloc� en el lugar de los hechos �una cruz que tenia en sus brazos el nombre de la victima, en la cabeza el signo del Maestro Mas�n y debajo la luctuosa fecha de tan horrorosa cat�strofe� (Figueredo 43). Su cad�ver fue llevado a Santiago de Cuba el primero de marzo y fue sepultado en el cementerio Santa Ifigenia. |