| 1878: A�o Final |
| 1878. Estado del Ej�rcito Libertador. |
| �Durante la guerra, en su �poca mas brillante, que fue del 74 al 75, el ejercito pudo alcanzar 7,000 hombres listos para el combate; en su mayor�a eran gente de color, y los blancos que hab�an eran del campo� (Figueredo 257). Y aunque las expediciones desde el exterior nos ven�an de buen provecho, �no necesit�bamos de recursos exteriores, nos hab�amos acostumbrado dentro de nuestra desgracia e infortunio a arrebatar al enemigo las armas y las c�psulas� ��despu�s de mayo de 1873, cinco a�os antes de la capitulaci�n, llevamos a cabo en este ultimo lustro el desenvolvimiento de problemas de tanta magnitud que asombraron al mundo entero.� Desgraciadamente y por asuntos de la guerra, ya para el a�o 1878 �los prohombres, los iniciadores de la lucha hab�an desaparecido; la guerra hab�a barrido con nuestras inteligencias. Ya en los �ltimos a�os no quedaban hombres que pudieran llevar los cargos constitucionales;�se hab�an arrancado al ejercito oficiales de orden y moralidad, que luego le hicieron mucha falta� (Figueredo 258). |
| El A�o Final y sus Conclusiones. |
| A principios del a�o 1876 en Oriente, �se pasaba el tiempo sin que de una parte y otra se hiciera mas que marchar y contramarchar por los espa�oles, y hostilizarlos por nuestras guerrillas� (Figueredo 261). Entrando en el mes de enero de 1878, la Republica sufre la perdida de dos grandes legisladores; Eduardo Machado, Presidente de la C�mara de Representantes, y Francisco la Rua, ambos cayeron en combate en Camag�ey. Al entrar en el a�o 1878 y �en los momentos en que el General mas h�bil del ejercito espa�ol se colocaba en frente del ejercito libertador, nuestras filas no contaban arriba de 4,000 combatientes. Oriente y Villas contaban poco m�s de 1,500 hombres cada uno, mientras Camag�ey apenas pasaba de 800 entre infantes y jinetes. �4,000 hombres para soportar el empuje de un ejercito aguerrido de mas de 100,000 hombres!� A pesar de este estado, el pueblo cubano se encontraba en su momento mas sublime, dividido con la gran mayor�a en la anarqu�a y estos persiguiendo a la minor�a que trataba de contener el orden. Como lo explic� Fernando Figueredo en su libro, se �necesitar�a vol�menes para poder describir las atrocidades cometidas por los voluntarios cubanos contra los patriotas; temerosos de que los espa�oles dudasen de su lealtad, exageraban su papel y se convert�an en verdaderas fieras contra sus hermanos� (Figueredo 206), ejemplo de esto fueron los j�baros de Camag�ey, quienes llevaban a cabo un sin numero de atrocidades en contra de sus propios hermanos. |
| El Batall�n de San Quint�n. |
| En febrero el General Maceo entr� en combate con el distinguido Batall�n de San Quint�n encontr�ndose en aquellos momentos bajo el mando del Coronel Don Eusebio Sanz en la Aguada de la Ceiba a las cercan�as de Caoba. Este r�gido combate duro desde febrero 7-9. �El Coronel Sanz, que hab�a comenzado el 7 su combate con 400 hombres, no tenia el 9 de febrero para defender su posici�n sino unos 70.� El San Quint�n logr� salir de aquella penosa situaci�n al amanecer del 10 con el refuerzo de numerosas tropas. �Los restos del Batall�n de San Quint�n fueron recibidos en Santiago de Cuba con altos y justos honores. El General en Jefe le adjudico a su bandera la corbata de San Fernando, la distinci�n m�s honrosa que puede conferirse a un cuerpo militar seg�n las leyes del Ej�rcito en Espa�a. El 9 de febrero de 1878, mientras el General Antonio Maceo venc�a al Batall�n de San Quint�n, el cuerpo mas renombrado del ejercito espa�ol en Cuba, mientras la revoluci�n triunfaba en las crestas de Guant�namo, en el Camag�ey se acababa de firmar la paz entre cubanos y espa�oles� (Figueredo 265). |
| Inicio de las Negociaciones. |
| Este hecho ya se venia preparando desde diciembre de 1877, el gobierno revolucionario comenz� a establecer negociaciones de paz con Mart�nez Campos (ya que desde un principio eso fue lo que se propuso alcanzar Vicente Garc�a), y le pidi� la neutralizaci�n de una parte de Camag�ey para dialogar los acuerdos. Para febrero de 1878, las negociaciones comenzaron entre ambos lados; el 8 de febrero tom� lugar una conferencia a la cual asistieron los l�deres m�s importantes del gobierno cubano y el general espa�ol. Mart�nez Campos logr� su objetivo una vez. El gobierno cubano, incluyendo el Presidente Vicente Garc�a y la C�mara de Representantes renunciaron, cre�ndose un Comit� del Centro para dialogar la paz. La abundancia de desacuerdo pol�tico entre la mayor�a de los lideres revolucionarios, la falta de armas y recursos que la revoluci�n necesitaba para continuar y, el reducimiento de las operaciones militares entre 1876 y 77 llevaron a los combatientes a determinar en ponerle fin a una larga guerra que no hab�a logrado su objetivo. Que escaseaba de apoyo e iba a resultar en nada m�s que m�s sangre, dolor y traici�n. Mart�nez Campos les ofreci� grandes cantidades de dinero a los l�deres revolucionarios que estuvieron dispuestos a abandonar la insurrecci�n y reestablecer la paz. |
| Espa�a le hizo frente a la Revoluci�n con su ej�rcito regular, el cual hab�a tra�do en gran n�mero desde la Metr�poli. Tambi�n tuvo ella la ayuda de aquellos fieles cubanos a la Corona que defendieron la causa de una Cuba eternamente espa�ola y formaron el cuerpo de voluntarios, salv�ndole en muchas veces la Isla a la Metr�poli. ) �No hab�a en toda la Isla un poblado, por insignificante que fuera, que no contara con su Secci�n de Voluntarios, todos cubanos, con sus jefes y oficiales cubanos tambi�n.� Los miembros de estos grupos �se pasaban a las fuerzas libertadoras en grandes partidas, pero a la larga los voluntarios eran perjudiciales en nuestras filas; eran una fuente constante de disturbios y disgustos� (Figueredo 257). El Dr. Collado traicion� al pueblo de Holgu�n al entrar en el campamento enemigo con su brigada el mismo 9 de febrero de 1878, d�ndole paso a los espa�oles para que entraran en la ciudad y la ocuparan sin resistencia alguna. |
| Nuevos m�todos para sofocar la Revoluci�n. |
| Ignora Maceo las Negociaciones |
| Pero mientras estos acontecimientos segu�an tomando lugar entre ambos lados, los generales Maceo y G�mez continuaban luchando en los campos de batalla sin importarles las negociaciones que se estaban acordando, las cuales para ellos, no eran justas ya que los cubanos hab�amos luchado mucho y derramado mucha sangre para rendirse de una manera tan simple como esta. En el mes de febrero, Maceo pas� un comunicado a numerosos jefes y oficiales de Oriente, incluso a aquellos que hab�an secundado el desorden para llevar a cabo una conferencia el 14 de marzo en Baragua. Este deseaba revivir la Revoluci�n con el respaldo de Las Villas o hasta que se le convenciere de que no era secundado o carec�a de recursos. |
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| Izquierda: Portada de una revista Bohemia; 24/02/1957. |