Comunicaciones entre V. Garc�a y A. Maceo con respecto a la causa de las Lagunas de Varona.
Carta del Mayor General Francisco Vicente Garc�a hacia el Mayor General Antonio Maceo.
�Naranjal, las Tunas, Junio 3 de 1877. �C. Brigadier Jos� Antonio Maceo.                -Oriente.
Estimado amigo: La peligrosa situaci�n por que atraviesa el pa�s en estos momentos, me hace tomar la libertad de dirigirle la presente como el patriota interesado, cual el que mas, en despejar todo obst�culo que se oponga al logro del sumo bien de nuestra independencia y libertad.
Todo el pueblo cubano estuvo de conformidad en las peticiones progresivas que se hicieron en las Lagunas de Varona, pues aunque algunos no estuvieron de acuerdo en la forma, si lo demostraron estar en el fondo, ya por medio de peticiones, ya por medio de sus individuos mas caracterizados.
Aquella era, pues, la circunstancia de entrar en legalidad pol�tica en que no hab�amos estado nunca, satisfaciendo las leg�timas aspiraciones del pueblo, alejando motivos de disensiones ulteriores y uniendo el esp�ritu de los patriotas para combatir el enemigo com�n. Pero en una fatalidad inconcebible, los sostenedores del monopolio lograron burlar el deseo general y se vio el extra�o espect�culo de una Administraci�n y de una C�mara que surgiendo por virtud del movimiento, tenia el deber de satisfacer las exigencias de la justicia y que, sin embargo, se mostr� a su vez tan intransigente y tan injusticia en su mayor�a como la Administraci�n anterior, cometiendo mayores desaciertos aun y dictando disposiciones tendentes a extinguir el esp�ritu vivificador de la Revoluci�n!
Tantos males y tantas injusticias naturalmente deb�an exasperar al pueblo y as� ha sucedido. EN todos los Estados el malestar ha venido sinti�ndose, las insubordinaciones militares multiplic�ndose y, por ultimo termino, van dibuj�ndose los pronunciamientos de las fuerzas, precisamente en las circunstancias criticas en que el enemigo, con grandes fuerzas, se propone concluir con la existencia de la Republica. Cada d�a va cundiendo el mal, porque desgraciadamente reconoce una causa justa, y no creo que de el se pueda librar ese Distrito si no se encarrilla el movimiento, poni�ndose usted a su frente para que las fuerzas no se fraccionen y desorganicen y sean satisfechas las exigencias del derecho y la justicia.
En el movimiento del 75 se me tach� que lo hacia por ambici�n, siendo as� que s�lo me inspir� la idea de la felicidad de la Patria como han justificado los hechos. Se me hizo el cargo imaginario de pretender la exclusi�n determinadas personalidades cuando en mi Manifiesto llamaba a todos los patriotas de buena voluntad. Ahora me consuela y me anima la esperanza de que no siendo yo, sino el pueblo, quien ha promovido la presente situaci�n, ninguno dudara de tomar parte en el asunto para que se arregle el pa�s prontamente de un modo legal y definitivo, que haga desaparecer los motivos de disgusto existentes, cuyo resultado no puede lograrse sino por el concurso de todos los patriotas, a fin de que el nuevo orden de cosas que se establezca, siendo la obra de la mayor�a, pueda ser respetado y apoyado por todo el pa�s.
La conferencia que tuvimos en Alcal� deb�a de ser para usted una prueba de mi sinceridad y buena voluntad. Siempre le he considerado como un patriota de m�rito, por quien experimento las m�s vivas simpat�as, y siento verdaderamente ese retraimiento de usted, tanto por lo dicho, cuanto porque unidos podr�amos hacer mucho en pro de la patria, objeto de nuestros esfuerzos.
La situaci�n, amigo m�o, es grave: atravesamos un momento que puede hundirnos o salvarnos para siempre. Lo primero suceder� indudablemente si seguimos divididos por no conceder el a pueblo lo que justa y legalmente ha venido pidiendo hasta aqu�, porque la desorganizaci�n continuara y no podremos sostener una ofensiva eficaz contra los espa�oles; pero si unidos todos hacemos que tenga cumplida satisfacci�n el derecho y la justicia, desaparecer�n las causas del mal y el enemigo com�n no obtendr� mejor resultado que otras veces.
Yo estaba decidido a no tomar mas parte en asuntos pol�ticos; pero a mi regreso a este territorio encontr� sublevadas, ac�falas y dispersas su fuerzas y en tal situaci�n incapaces de oponerse al enemigo, y preciso me ha sido, como patriota, ponerme al frente de ellas provisionalmente, para reorganizarlas y llevarlas al a pelea. Quiz�s se me haga un cargo por esto; pero mi conciencia patri�tica esta tranquila, porque el indicado es el �nico fin que me gu�a y mal pod�a a permanecer indiferente a tanto mal.
Ruego a usted que medite bien sobre la situaci�n y cuanto mas le expongo, alejando de su esp�ritu suspicacias que, conocido mi car�cter, no tienen raz�n de ser, y que trabajando con los dem�s hombres de buena voluntad de ese territorio y de aquellos en que tan justa influencia goza usted, contribuya a la salvaci�n de la patria, que es el primero de nuestros deberes.
Si usted considera conveniente una entrevista, no tendr� inconveniente en concurrir a ella, pues adem�s de tratar m�s detenidamente que puede suceder en una carta, de los asuntos p�blicos, ella me proporcionar� el gusto de estrechar su mano.
Espero me honrar� con su contestaci�n y que no dudar� de la sincera amistad que le profesa su affmo. y s. s.-Vicente Garc�a.�
REGRESAR
Cortadores de Ca�a.
Mario Carre�o, 1943.
Respuesta del Brigadier Antonio Maceo al Mayor General Francisco Vicente Garc�a.
�San Agust�n, Oriente, Julio 5 de 1877. �Mayor General Vicente Garc�a.
-Tunas.
Estimado amigo: Es en mi poder su carta fechada en el Naranjal el 3 de Junio del que rige, la que paso a contestarle. Efectivamente soy interesado, como el que mas, por la causa de la libertad; pero en mi concepto la situaci�n no es mala, y si lo fuere, lo que m�s la perjudica es la actitud de usted, la de las fuerzas de las Tunas y de la l�nea occidental de Holgu�n.
Usted se equivoca al decir que todo el pueblo de Cuba estuvo de acuerdo con el movimiento de las Lagunas de Varona, pues estoy persuadido que era la minor�a la que ped�a reformas progresistas, y conste que estuve de acuerdo con algunos de ellas, y que aun lo estoy; pero nunca apelar� a la rebeli�n y al desorden para hacer uso de mis derechos. �No es por cierto el mejor camino el que usted ha tomado para unir a los patriotas, porque si existen disensiones entre estos, no son tales que haya sido necesario apelar a tan reprochables medios como aquellos de que se vale usted para el reclamo de los suyos; pues para satisfacer las aspiraciones del pueblo no es necesario autorizar la desobediencia al Gobierno constituido y a las Leyes, como sucedi� en las Lagunas de Varona, y como sucede con lo que usted me participa. As�, lejos de haber uni�n para combatir al enemigo com�n, resuelta que los hombres amantes del orden y obedientes al Gobierno leg�timo y a las Leyes, se indignan contra usted y sus adeptos.
Verdad es que la presente Administraci�n y la C�mara han surgido de la pasada rebeli�n; pero no es a mi a quien toca juzgar esos respetables Cuerpos, puesto que para el Gobierno esta la C�mara y para ella el pueblo que puede y debe juzgar de sus actos; pero como antes  he dicho, en el territorio de la Ley. Si desgraciadamente no sucediese as�, ser� un extrav�o como el que ha sufrido usted y los que le han secundado en los pasados y presentes acontecimientos.
Yo no tengo conocimiento de esos tantos males e injusticias que manifiesta usted han exasperado al pueblo, y dado caso que as� fuera, debi� usted, perm�tame se lo diga, formular una acusaci�n contra el Presidente de la Republica, y en caso de ser o�do por quien correspond�a, hacerla contra la Representaci�n nacional ante el pueblo; pero siempre su obediencia a las Leyes y al Gobierno hasta que aquel respondiera por efecto de las injusticias que se le pusieran de manifiesto, en cuyo caso, personas bien autorizadas pusieran al corriente a los ignorantes de lo ocurrido.
Doloroso es para mi manifestarle que las consecuencias del malestar que usted indica, son debidas �nicamente a los pronunciamientos que usted ha autorizado y repetido, que por consecuencia han tra�do la insubordinaci�n y pronunciamiento de las fuerzas, como usted dice, en circunstancias criticas, por cuya raz�n son mas imperdonables los medios que ha escogido usted para satisfacer sus ideas pol�ticas.
Ya es tarde que usted vea que los espa�oles puedan concluir con la existencia de la Republica: no obstante, som�tase al Gobierno constituido, y desde luego vera desaparecer la situaci�n que usted advierte y teme.
Al mismo tiempo que indignaci�n, desprecio me producen me produce su invitaci�n al desorden y desobediencia a mis superiores, rog�ndole se abstenga en lo sucesivo de proponerme asuntos tan degradantes, que solo son propios de hombres que no conocen los intereses patrios y personales. Al hacerme esta manifestaci�n debi� comprender que antes de todo soy militar. Para mi nada implica la amenaza que hace a este Distrito, porque siempre apoyara al Gobierno leg�timo y no estar� donde no puedan estar el orden y la disciplina, porque vivir de esa manera seria llevar la vida de un perfecto bandolerismo.
Cumpla usted con el deber que le imponen su grado y obligaciones hacia la Patria y ver� que ni las fuerzas se fraccionan, ni se desorganizan, como usted dice, pudiendo siempre reclamar el derecho y la justicia.
Siendo repetidos por usted los actos de desobediencia al Gobierno, a las leyes del pa�s y a lo que pide la mayor�a, resultar� ahora lo que result� en 1875, y aun creo mas, que el pueblo, con el derecho que le asiste, se ver� en el caso de exigir a usted estrecha responsabilidad de sus actos inconvenientes a los intereses patrios.
Despu�s del terrible juez �el pueblo- vendr� la historia, que juzgara imparcialmente de sus hechos pasados.
Era y es de suponer que a usted no le gu�e otro m�vil que el de la ambici�n personal, puesto que detuvo la marcha del contingente con destino a las Villas, dando lugar con ello a que aquel Cuerpo de ej�rcito y sus Jefes no llevaran la revoluci�n a Occidente. No me ocupa la idea de que se tratara de separar personalidades como la m�a.
Supuesto que cuando se verific� el movimiento del 75 usted figur� con el car�cter de simple ciudadano y no tuvo aceptaci�n en la mayor�a, es de suponer que hoy que no figuran personas influyentes y de representaci�n en el asunto se ver�n aislados por completo; pero me es extra�o que no estando usted comprendido en el caso, haya abandonado el puesto que el Gobierno de la Republica le hab�a se�alado y se haya colocado al frente de las fuerzas sublevadas, tratando de seducir a los que jam�s se separaran de la senda que les impone el deber. Siempre que haga uso de los medios, no encontrar� mayor�a que coadyuve a sus planes.
Doy a usted infinitas gracias por la deferencia que me dispensa, sintiendo como usted que no podamos unirnos para salvar el pa�s; pero como esta usted separado del camino del deber, me es imposible seguir su conducta.
Repito a usted, amigo m�o, si la situaci�n es grave, esta en sus manos ayudar a salvarla poni�ndose bajo la acci�n del Gobierno, puesto que usted y las fuerzas ya mencionadas se encuentran substra�dos de aquel �nico medio que veo para la unificaci�n que usted desea.
Me sorprende que usted, abandonando su puesto, seg�n se deja comprender en su carta, de Jefe del tercer Cuerpo, se encuentre de regreso y al frente de los amotinados de las Tunas y la faja (l�nea occidental) cuando esto obra en desprestigio suyo.
Ahora bien: realizando el objeto que usted se propon�a de organizar y llevar a la pelea las fuerzas en cuesti�n, �por qu� a esta fecha para vindicarse no se ha sometido a la acci�n del Gobierno? A esto no podr� decirme que le falta influencia cuando la tiene para organizarla y llevarla a la pelea.
Nada tengo que meditar porque no estoy separado de la Ley para ocuparme de asuntos que no me corresponden, debiendo significarle que me ha herido profundamente la falta de respeto al hacerme las proposiciones de que ejerza mi influencia en las personas que me son adictas para hacerme solidario de una idea que rechazo, y sabiendo usted que para servir a mi patria no necesito hacer uso de medios tan degradantes.
La entrevista de Alcal� deber�a ser para usted un desenga�o, pues recuerdo perfectamente que all� le desaprob� cuento se hizo en las Lagunas de Varona, y que le dije que no contara conmigo para llevar a cabo sus ideas pol�ticas.
No puedo tener entrevista con usted, por la circunstancia de encontrarse fuera de la Ley, sintiendo esto porque me privo del placer de estrechar su mano en devoluci�n de su deseo.
Para dar a usted una prueba de mi sincera amistad, concluyo mi carta dici�ndole que aun no es tarde para que los hombres como usted se salven de un fracaso, aconsej�ndole en uso de la franqueza que usted me brinda que se separe de sus ideas pol�ticas y de esos hombres que le sirven de consejeros, pues lejos de hacerle bien, terminan con su reputaci�n que a fuerza de sacrificios y privaciones ha logrado alcanzar. �Acepte usted el testimonio de mi sincera y leal amistad. �A. Maceo.�
REGRESAR Figueredo Socarras. (p. 193-197).
Hosted by www.Geocities.ws

1