Es un sistema analítico alternativo al tradicional, que critica y supera las inconsistencias de éste al explicar con solvencia científica el funcionamiento de las economías de mercado, las patologías que las aquejan, y los criterios y mecanismos institucionales que deben utilizarse para resolverlas.
La teoría neoclásica, también señalada como teoría tradicional o dominante, ha sido el fundamento analítico de los criterios de política económica vigentes en las economías de mercado desde fines de los años ochenta. Salvo escasas excepciones, la tendencia mundial de las políticas fiscal y monetaria ha estado definida por la intención de progresar rápidamente hacia el libre mercado, entendiéndose por tal la apertura generalizada de las economías locales al libre flujo de mercancías y recursos financieros con el resto del mundo; a la desregulación interna, es decir, minimización de la intervención pública y desactivación del papel redistributivo del Estado por medio del desmantelamiento de las instituciones paraestatales y privatización de los activos públicos, y al debilitamiento de los sistemas institucionales de negociación salarial para que sea el mercado el que fije las remuneraciones al trabajo en función de su productividad. Los objetivos de inflación nula, déficit público cero, tasa impositiva única al consumo y eliminación de los impuestos directos, sumados a los de manejo privado de los fondos de pensión, se convirtieron en principios irrenunciables de esta política económica.
Los resultados han sido graves: las economías locales redujeron dramáticamente sus tasas de crecimiento; las tasas de desempleo abierto y de informalidad crecieron abrumadoramente, sobre todo en las economías subdesarrolladas; la emigración de las economías pobres hacia las industrializadas aumentó a números verdaderamente preocupantes para estas últimas mientras las remesas se convertían para las primeras en una fuente fundamental de ingreso de divisas (en algunos casos, tanto o más importante que la inversión extranjera directa); el empobrecimiento de los hogares se sumó a la descapitalización de las empresas orientadas al mercado interno, y gracias al manejo de la política cambiaria, en muchas economías subdesarrolladas las exportaciones crecieron a tasas muy superiores a las del crecimiento de la producción interna, lo que implicó que se exportara a costa de los niveles internos de consumo per cápita. La inviabilidad financiera se tradujo en que los compromisos de pago de las pequeñas y medianas empresas crecieran más rápidamente que sus ventas, lo que resultó inevitablemente en el predominio de monopolios transnacionales, tanto dentro como fuera de las economías locales.
Los resultados esperados por la teoría tradicional se resumían en niveles crecientes de producción, empleo y bienestar; sin embargo, los resultados que se constatan son completamente opuestos.
La TIMT demuestra que tales resultados son la consecuencia natural del hecho de que la política económica se fundamentó durante alrededor de tres décadas en una teoría que explica incorrectamente el funcionamiento de las economías de mercado. No se puede lograr un diagnóstico correcto a partir de explicaciones incorrectas, ni mucho menos obtener prescripciones institucionales correctas para problemas o patologías incorrectamente explicados.
La crítica fundamental de la TIMT a la teoría tradicional radica en la teoría del productor o firma individual.
La teoría tradicional señala que los productores toman sus decisiones de cuánto trabajo e insumos utilizar, buscando la máxima diferencia entre sus ingresos y sus costos, es decir, la máxima masa de ganancias, hasta donde la tecnología disponible lo hace posible. De ello resulta que tanto el trabajo como cualquier otro factor de producción es remunerado en función directa a su productividad marginal. Así, los mercados de factores, entre los que se cuenta fundamentalmente el mercado de trabajo, son los que determinan los precios relativos de estos y los volúmenes empleados. Específicamente en el caso del trabajo, el nivel de empleo, al igual que el salario real, es determinado por la interacción de las fuerzas de oferta y demanda. El desempleo involuntario, entonces, se explica como un fenómeno causado por un salario real que supera a su nivel de libre mercado, provocando una oferta de trabajo excesiva y la decisión de los productores de reducir su volumen de trabajo contratado a ese salario. Para resolverlo, se hace necesario bajar el salario real, y una de las políticas más socorridas para el efecto consiste en evitar que los salarios nominales crezcan a la misma tasa a la que aumentan los precios.
En contraste, la TIMT demuestra, bajo las mismas condiciones iniciales que la teoría tradicional, que los productores o empresas individuales toman sus decisiones de cuánto trabajo e insumos utilizar, buscando la máxima tasa interna de retorno de sus proyectos productivos –lo que equivale a la tasa de ganancia, definida como la proporción que la masa de beneficios representa en los costos totales–, hasta donde la tecnología disponible lo permite. Para el efecto, se sostiene que la tecnología no se reduce a la ingeniería de producción, como lo sostiene la teoría tradicional, sino que se compone de organización e ingeniería. Con ello se demuestra que todos los factores, excepto el trabajo, se demandan más cuanto más baratos son; pero no así el trabajo. Los empresarios, no porque el trabajo se abarate contratarán a más trabajadores; lo harán si se percatan de que el mercado está dispuesto a comprarles mayores cantidades de sus productos, aun cuando el salario real se mantenga sin cambio alguno. Es decir que tomarán sus decisiones de demanda de trabajo en función de las ventas que esperan realizar. Esto significa que, para el conjunto de la economía, si los salario reales aumentan, las ventas de las empresas crecerán, y éstas últimas incrementarán a su vez sus niveles de empleo. Así aparece el contraste fundamental con la teoría tradicional: en primer lugar, el sector laboral no es un mercado ni funciona como tal; en segundo, el salario resulta ser una variable distributiva que determina la cuota de participación de los trabajadores en el producto social, no el precio del trabajo, y en tercero, que el nivel de empleo es función de la demanda efectiva, como lo intuyera Keynes (1936).
El contar con resultados contrastantes implica una disyuntiva lógica de consecuencias macroeconómicas profundas: Ante el desempleo involuntario, según la teoría tradicional, dada la tecnología, habría que disminuir los salarios reales; según la TIMT, dada la tecnología, habría que aumentar los salarios reales. ¿Cuál de las dos aserciones debería ser aceptada y cuál rechazada?
Para resolver el dilema, la TIMT desarrolla una prueba de consistencia: Supone una economía en la que los precios son aquellos que propone la teoría tradicional, y en ella compara los resultados de una empresa que actúa como lo dice la teoría tradicional, con los de otra que, bajo las mismas condiciones que la primera, actúa como lo postula la TIMT. El resultado es que la economía de mercado que explica la teoría tradicional resulta ser ineficiente, mientras que la que explica la TIMT es de mayor eficiencia y también de mayor bienestar. A esta demostración se la denomina teorema de superioridad, y es el punto de partida de la TIMT como base de un análisis macroeconómico microfundamentado. Este teorema es el pilar de la crítica de la TIMT a la teoría neoclásica.
Hasta el momento la TIMT ha desarrollado explicaciones alternativas para problemas tales como el desempleo masivo, la distribución desigual del ingreso y el empobrecimiento, y ha extendido sus resultados a escenarios de economía monetaria, dinámica, multisectorial, y abierta. También ha hecho posible análisis en el campo de la economía del medio ambiente y en la economía de género, sin haber dejado de lado resultados importantes de economía aplicada, como el Programa Alternativo de Política Económica sin Costo Social, que se propuso a los poderes ejecutivo y legislativo de México en 1995 ante la crisis de diciembre de 1994.
Se trata de un enfoque crítico, alternativo, socialmente superior y de raíz latinoamericana.
|