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EquinoccioPor: RainKnight |
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Capitulo I - Dangerous & Moving
Amor. ¿Alguien puede definir que es realmente el amor? Solo cuatro letras que no significan nada y que lo representan todo. Amor es una fuerza indefinible capas de inspirar la mas grandes proezas y causar las desgracias mas profundas. El amor y el odio son dos puntos distantes de la misma línea, punto de intersección donde ambas líneas se encuentran para formar un círculo, el ciclo sin fin. Entonces no es el amor y el odio la misma cosa, el mismo punto en dos direcciones diferentes. La misma pasión con diferente nombre. En que momento se convierte en uno u otro?.
Indiscutible centro del universo. Indefinible.
Ellas se odiaban.
“You take it all away
But never give it back
And this is what you say
Their lies are yelling back”
Dangerous & Moving.
Lena.
Sus rizos ardientes como los primeros rayos del sol al amanecer eran apenas contenidos bajo la mascada que envolvía su cabeza en tonos obscuros, discretos, las grandes gafas doradas cubrían su rostro como el antifaz de un bandolero y su grueso abrigo de piel acharolada la envolvía el abrigador disimulo de las sombras. No se daba cuenta que los rizos que escapaban de la mascada y su piel tan blanca como la estela de la luna la hacia irradiar como una estrella en medio de esa penumbra.
Avanzo en la escalinata de aquel casi desconocido centro nocturno de Moscú, no estaba preocupada por eficacia de su disfraz, tenía cierta amarga certeza que pudo haberse presentado ahí tan glamorosa como en cualquiera de sus conciertos y nadie ahí podría reconocerla. Como si aquellos momentos en que un millar de rostros saltaban y enloquecían al compás de su voz, se oscurecían y disipaban como la memoria de un lejano sueño que había llegado a si fin. Ya no importaba, esos recuerdos deberían quedarse atrás, junto con todas esas emociones que se agolpaban en su pecho y la confundían, solo una emoción dominaba sus actos. La odiaba.
Avanzo con paso mas firme por esa escalera saturada de gente, jóvenes de distintas edades que saltaban eufóricos ante el ritmo de música estridente tan distorsionada y sin embargo con un ritmo tan potente que parecía sincronizar todos esos corazones en un gran latido. Alcanzo al fin el gran pasillo que se dividía en el sinuoso camino a la pista de baile donde varios cuerpos semidesnudos bailaban a un compás indefinible, un delgado y saturado sendero que colindaba a la amplia barra de bebidas en copas y botellas de cristal resplandeciente bajo la plateada luz de una luna imitada. Sobre la barra dos jóvenes de sexo indefinido compartían el calor de un abrazo mientras su labios invadían sus secretos más íntimos. Lena los contemplo un instante dejándose llevar por la magia de la pasión que exudaban como un manto que purificaba toda esencia de pecado.
No supo de que manera o en que momento sus propios labios se humedecieron al contacto de su lengua en el vago recuerdo, en la ausencia otros labios. Unos labios que se entregaban a los suyos bajo el estruendo de una multitud, bajo la mirada acusadora de corazones impasibles.
El recuerdo de la primera vez que esos labios se fundieron a los suyos, no frente a una multitud, no frente unos ojos avariciosos, no frente a la lujuria y codicia. No frente a nadie mas que a sus propios corazones.
- Nadie debió saberlo nunca.
Murmuro mientras el nacimiento de una lagrima nublaba su vista. Se acomodo las gafas limpiando la rebeldía de su ojo mientras suspiraba. Paseo su mirada buscando unos resplandecientes ojos azules. Bajo su abrigo, el frió acero empezaba a molestarle, hincándose en su cadera y haciéndose cada vez más pesado.
Ella no había llegado aún, siempre llegaba tarde, Lena comenzó a recorrer el antro lentamente, aun sin la música nadie hubiera escuchado sus pasos, si alguien la mirara con detenimiento no reconocería en ella a la dulce Lena, su rostro frió, sus verdes ojos penetrando las sombras, algunos mechones de cabello rojizo y enmarañado agitándose suavemente. Era un tigre, un cazador reconociendo el terreno, esperando pacientemente la llegada de su presa.
La multitud continuaba bailando, bebiendo y amando, era una fiesta que rompía la monotonía de sus existencias en una noche de magia donde al compás de la música todo estaba permitido, toda regla podía ser rota, todo error perdonado y toda deuda podía ser saldada. Yulia saldaría su deuda esa noche.
“Obstacles and signs
Perilous and looming
Dangerous and moving
Yulia.
- Mala idea.
Maldijo entre dientes mientras el automóvil se deslizaba ágilmente por la vía rápida. La desviación, no encontraba la maldita desviación que la sacaría de aquella cinta asfáltica y tomar el camino de retorno. Su destino quedaba cada vez más lejos. Cientos de veces había tomado esa ruta, cientos de veces se había confundido antes pero nunca a tanta distancia, el camino ya no le era conocido. En su mente dibujaba el mapa de carreteras tratando de ubicar una ruta de retorno. Miro el velocímetro y quito el pie del acelerador al leer 180 km/h. Rió nerviosamente, tal vez tan solo para escuchar su propia voz.
- 200 km/h on the wrong lane.
Volvió a reír. Un letrero de desviación la devolvió a sus cinco sentidos y hábilmente giro el volante, las llantas derraparon y el vehículo ágilmente entro en el angosto camino y serpenteo con precisión entre las casas con márgenes de centímetros. Un bache y el auto literalmente salto para caer firmemente sobre otra vía rápida en sentido contrario, esquivo otro automóvil y se integro al flujo correcto y en la dirección correcta. El estruendo de llantas y los claxon acompañados de maldiciones se quedaron rápidamente atrás. Yulia sonrió.
- Precisión absoluta, muchacha, perfecto control de mis actos... Perfecto control de mis actos.
Un reflejo metálico llamo su atención, la guantera se había abierto durante el salto. La pequeña escuadra de metal había saltado de su interior para caer en el asiento del copiloto. Sus ojos azules parecieron reflejarse sobre la superficie cromada, aguardo un instante como si esperara que el arma cobrara vida y volviera a ocultarse hasta el momento de ser usada. De un manotazo la arrojo de regreso a la guantera y la cerro firmemente.
Disminuyo la velocidad, ahí estaba el semáforo que buscaba, la luz roja se reflejo sobre sus ojos transformando esa claridad de cielo en oro fundido. Miro sus manos sobre el volante, sus nudillos estaban blancos por la presión que ejercía sobre la goma, los aflojo y sintió el calor de la sangre al volver a circular por sus dedos, una calidez tan dulce que le recordaba la suave piel de Victoria, su hija. Y al igual que al arma, aparto la imagen de su mente, empujándola a un rincón oscuro donde estuviera a salvo, al mismo lugar donde ella antes se refugiará cuando el dolor era demasiado intenso para disimular. Al mismo lugar donde unos ojos verdes la miraban tan atentamente que exigían su atención.
- Esta noche solo somos tu y yo, Lena.
Su mente empezó a repetir es pensamiento cada vez más rápido mientras el vehículo volvía a cobrar velocidad.
- Seguramente ya llegaste, seguramente ya me esperas. Siempre fuiste la mas lista, la mas paciente, la más prudente. Una cosa te concedo, tenias razón. Nadie debió saberlo nunca.
El sonido de una explosión lleno la noche, el auto volvió a serpentear cual corcel de acero rebelándose al mando de su amo, pero el puño de hierro de Yulia volvió a imponer su voluntad.
- Perfecto control de mis actos.
Volvió a murmurar, sintiéndose bien consigo misma sabiendo la verdadera dimensión de sus palabras. Bajo del auto y pateo el neumático desinflado. Miro su reloj y recogió el arma de la guantera echándola en el interior de un bolsillo de su Abrigo.
- No te preocupes Lena, llegare a nuestra cita. Nunca voy a rendirme.
Echo a caminar presurosamente mientras su corazón palpitaba con al ritmo del eco lejano de un bar donde ella la aguardaba.
- Nunca voy a rendirme.
Resonó en sus recuerdos, por un instante el tiempo pareció volver a aquel día en por primera vez lloro frente a alguien que no fuera su madre. Otra vez tenia 13 años, y Lena la abrazaba fuertemente, presionándola contra su pecho como si pudiera fundirla con ella y nunca dejarla ir. Pero se estaban diciendo adiós. Su ultimo día con “Neposedy”, y no se iba, la echaban.
- Esto no me detendrá Lena, voy a intentarlo otra vez, en otro lugar, pero no me detendré, seré una estrella, algún día seré una estrella. Nunca voy a rendirme.
Lena no podía hablar, el nudo en su garganta amenazaba con estallar, lentamente acercó sus labios al rostro de Yulia deposito un beso en su frente. Yulia se sintió tan bien!, que cálida era su abrazo y que reconfortante era hablar con ella. Sus lagrimas se mezclaban sobre su rostro en un solo llanto, un manantial de aguas frescas nacidas del corazón de dos montañas incipientes. Y entonces sucedió.
El primer secreto, uno tan profundo y confuso que Yulia no se atrevió a revelar jamás a nadie, ni siquiera a Lena. Ahí fue donde empezó el dolor realmente, donde empezó la ira.
La luz exterior del centro nocturno bañaba las calles con un tono verde enfermizo, venenoso. El retumbar de los muros no competía con los latidos de su corazón, la pasión estaba llegando a su limite.
Tullido, lisiado, amputado. Así sonaba su corazón esta noche, como si el amor hubiera sido el miembro gangrenado de un herido, el miembro que era necesario extirpar para sobrevivir, y ella sobrevivió, sobrevivió a todo lo que vino después de esa noche, pero el dolor del fantasma de ese miembro arrancado seguía palpitando y cada vez con mayor intensidad. Si un corazón es incapaz de amar solo queda otro sentimiento de la misma magnitud que ocupe el muñón herido. El odio.
El odio la impulsaba con la misma determinación a su encuentro como hacia muchos años la había impulsado el amor a sus brazos.
La cazadora había llegado a la estepa de luces electrónicas, sabia que su presa, el tigre de ojos verdes ya merodeaba esperándola, acechándola. Cazador-presa, ¿quién jugaba cada papel?.
Como habían llegado a esto?, como habían llegado tan lejos?.
“No mercy for the lost
No soothing for the sad
The line is never crossed
They are the living dead”
Dangerous and moving
Lena Kiper, Ivan Shapovalov.
- Solo tenían 14 años!!! Una pasión demasiado intensa para unos corazones tan pequeños, era un equilibrio tan delicado, tan diáfano. Debimos abrigarlo, protegerlo, cuidarlo... Lo etiquetamos, lo metimos en una caja y lo vendimos. Lo corrompimos y lo arruinamos. Ivan, le pusimos precio a algo que era invaluable.
Lena Kiper arrojo un legajo de papeles sobre el escritorio de Shapovalov. El miraba desde el otro extremo de la oficina.
- Que mas da! No iba a durar para siempre, lo sabíamos.
- Es que ya no hay nada aquí. No queda nada del fuego que nos inspiro, no queda nada del sueño que compartimos. Cuanto daño hemos hecho...cuanto daño has hecho.
Salió de la oficina cerrando con un portazo, Iván sonrió, ella siempre tan impulsiva. Lena Kiper tenía razón. Y se quedaba corta. No tenia idea de la magnitud del daño producido, y solo Iván empezaba a calcularlo. Sobre su escritorio quedaba un legajo de papeles, un puñado de letras que no acababan de convertirse en canciones. La magia se había ido, algo oscuro y terrible ocupaba su lugar.
Esa mañana, cuando ellas estuvieron ahí supo que ya no había marcha atrás. Ya la situación había escapado de su control.
Lena se había sentado frente a el, Yulia permanecía en el marco de la puerta. Lena lo miraba con sus verdes ojos y su cabello ensortijado enmarcaba su rostro con un aura eléctrica, le daba la sensación de estar frente a un tigre, una feroz bestia que aguardaba el instante para saltar sobre su cuello y hacerlo pedazos. Yulia lucia peor, sin la mas mínima expresión en su rostro, ella que siempre era la que le llevaba la contraria, la que mas discutía, hoy simplemente lo miraba con esos ojos azules y fríos. La primera vez que miro esos ojos se sintió atrapado por ellos, se sintió flotando en un cielo azul inmaculado y de brisa tan pura. Pero ahora sentía hundirse en esa frialdad atrapado en la capa de hielo que cubría los océanos antárticos.
La electricidad en el aire casi sacaba chispas y por un instante tuvo la certeza de que su vida peligraba. No metafóricamente. En verdad estaba en peligro.
Esas niñas podían hacer estallar un estadio con 50,000 almas, nadie podía calcular la magnitud de las emociones que podían manejar a su antojo, a su capricho, con tanta facilidad. 50,000 almas atrapadas, hechizadas por la magia de un par de jovencitas con corazones demasiado grandes para pechos tan pequeños. Toda esa energía estaba ahí, transformada, corrompida. Convertida en algo oscuro y letal. Había tratado de mil maneras de reparar el daño que había producido, de arreglar las cosas, pero lo desatado ahí era ya un mar que se elevaba en una ola gigantesca que se lanzaba a destruir todo lo que había construido. Solo le quedaba esperar el impacto, aguantar con todas sus fuerzas la marejada y suplicar por sobrevivir. Esperar que ellas también sobrevivieran.
Pero la noche había devorado la luz, el sol dio lugar a espectros de neón. Lena y Yulia corrían velozmente al punto de intersección, la zona de impacto donde dos fuerzas irresistibles harían colisión. El final de un camino que había iniciado hacia 7 años.
“Keep yourself away
Far away from me
Your perfect enemy”
Continua ->>
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DE FANS PARA FANS Esta obra ha sido publicada bajo consentimiento de su autor y sin fines de lucro. Es una obra de ficción donde se protagoniza con personajes reales en situaciones ficticias. Toda semejanza con la realidad es pura coincidencia. Para cualquier aclaración ó duda: [email protected] |
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