C O N T E N I D O

 

Convocatoria
El mítico llamado a concurso, de muy singular repercusión

El cuento
La obrita apócrifa que originó todo

Participantes
Conozca vida, obra y milagros de los audaces concursantes

Concursos
Por ahora, un poco del polvo levantado
Primero
Segundo
Segundo (B)
Tercero
Tercero (B)
Cuarto
Cuarto (B)
Cuarto (C)
Quinto
Quinto (B)
Quinto (C)
Final 1
Correo

Final, página 3

a la página anterior

TORO STAFFORINI

Caía la tarde sobre el "Refucilo", el campito de Don Sala, un intenso olor a cazuela de mariscos, típica comida de gauchos, salía de la cocina, presagiando el festín. Don Vladimir Staforinsky había terminado con su retrato de la carrera de sortija cosaca que había dejado perplejo a Don Sala. El maestro Torito Stafforini, famoso por lo despistado, no había escuchado nada del relato de Don Vladimir, estaba absolutamente ensimismado contemplando una diminuta figura atada a un palenque de no más de 10 cm. de altura con un pequeño bozal y cabresto. ¿Pero qué es eso amigazo? ¿Un ratón? ¿Eso? Es una sorpresa para mañana, maestro, contestó enigmático Don Sala. A lo lejos, merodeaba el "Oso", temible mastín napolitano negro de enormes proporciones que le regalara al dueño de casa su vecino, Don Baskerville, observando a las visitas con sus amarillos ojos de asesino serial, recordando seguramente, en un raconto genético, como una de sus antepasados se almorzaba un cristiano en algún circo romano, para beneplácito de un selecto grupo de elegidos cónsules. El profesor Stafforini, viendo acercarse al mastín, creyendo seguramente ser uno de los personajes de alguna película de Walt Disney, lo llamó amistosamente, agitando su mano derecha: ¡oso! ¡oso!. El taimado mastín se acercó moviendo la gruesa cola que se agitaba acompasadamente como un grotesco limpiaparabrisas dando una equívoca señal de condescendencia. Todo transcurrió en un instante. La prodigiosa mano derecha del maestro Stafforini, adiestrada durante miles de horas en el ejercicio de punteos, trémolos, arpegios y pocos pero felices momentos de placeres solitarios, desapareció íntegramente en la enorme boca del mastín. Don Sala, que salía de la cocina, actuó como buen gaucho; no perdió la calma. Enfrentó la terrible mirada del perro que lo observaba desafiante, mostrando entre los labios los pálidos dedos del maestro que ejecutaban un último e inútil arpegio final. ¡Oso! ¡Largue la mano!, gritó Don Sala, ejerciendo su autoridad de jerarca rural, mostrando un temible arreador cabo de plata y azotera trenzada de 16 tientos. Las miradas se cruzaron enfrentándose en un punto. ¡NO! Dijo el Oso engullendo la mano que desapareció lentamente entre las fauces encontrando en el medio de la tragedia, tiempo suficiente para despedirse en un último y cálido adiós. Pálido el profesor Stafforini, comenzaba a desmayarse. Desaparecida la mano, Don Sala, en un genial acto de improvisación, sacó de la cazuela de mariscos un manojo de tentáculos de calamares los que ató fuertemente a el sangrante muñon del músico comentando por lo bajo ¡qué desperdicio! Mientras trataba de aprovechar con un pancito la deliciosa salsa que se escurría hasta el suelo. Si el maestro Torito tiene buena encarnadura y le prende el injerto de calamar puede ser que aprenda a tocar mejor la guitarra, porque lo que es ahora...

a la página siguiente

Anda por aquí
[Principal] [Conc.1] [Conc.2] [Conc.3] [Conc.4] [Conc5] [Final 1] [Convocatoria] [Cuento] [Cartas]

Mensajes a [email protected]

18/11/01 20:28, último cambio

Hosted by www.Geocities.ws

1