Agenda  
Quienes somos  
Grupo de poetas
   Bolet�n de Poes�a  

 

Volver al principio  

   

 

Bolet�n de Poes�a 8 de Julio N� 0

 

 

De pronto me he perdido en la muerte inmortal,

pero regreso. Todav�a

detr�s de la ventana

una infinita p�gina me espera

 

Ra�l Gustavo Aguirre

 

Algebra

Tratar� de demostrar
que los autos por la avenida Cabildo
ejecutan exactamente
la m�sica de la soledad.

Admitamos
un as�ptico bar,
con f�rmicas, ventanas,
chaquetas, m�sica ambiental,
tickets, etc�tera.
En frente, un cine o un garage,
o un cartel luminoso,
o simplemente el tiempo T
(�l es lento, sombr�o, fatigado,
viscoso y previsible).
Ahora bien,
en el caso de que el cartel luminoso
golpee insistentemente hasta la n�usea,
y si eliminamos por simplificaci�n
(y por razones obvias) el garage y el cine,
nos quedan agrupados los siguientes recuerdos :
una calle de tierra,
una magnolia,
un perro al que uno amaba,
una zanja con yuyos donde estaba el asombro,
los huevitos de gallo
y la siesta.
Descomponiendo entonces siesta en sus usuales t�rminos :
palomas, aguaciles, pereza
y patio con frescura,
podemos f�cilmente admitir la existencia
de otro tiempo T'
particularmente azul
e id�ntico al prodigio.
Pero como por definici�n
est�n los autos en la avenida Cabildo,
sumados al smog,
a la nostalgia,
al correr despiadado de los a�os,
y a lo que llamaremos provisoriamente X,
multiplicamos por neurosis,
dividimos por la constante 1954,
y queda por lo tanto :
X igual a miedo, igual a impenetrable c�scara,
igual a envenenada y perra soledad.
Que es justamente
lo que quer�amos demostrar.

 

Humberto Constantini

 

 

 

VAGONEROS

 

En los vagones de la vida

acartonada por el fr�o

cruza un paso

a nivel clandestino.

Las v�as entorno del miedo

guirnaldas de cajitas que adormecen

la angustia decorosa del silencio.

Cada ma�ana la ambici�n se escarcha

cuando sale a buscar le�a para el fuego.

Como velas sin lumbre

piden una moneda

a la hora de la siesta.

La tos de la bronca pelea sin fe

colitas de trapos

esperanzas flacas pueblan el basural.

Las manos crujen

mi coraz�n tambi�n

llora miserias.

 

Rosana Dimuccio

 

 

 

 

 Comiqueo del modelo

La vererdad del Modelo, es su propia
caricatura y esta revela 
la mentira de su falsa perfecci�n.
Vi�ndonos, as�, caricaturescos,
nos entendemos: espejos somos,
de lo deforme que el Modelo oculta.
Vida, como parodia de la vida,
risible senda en la que el suicidio,
su idea, ronda hasta al beb�.
La mezcla, el remedo y el disfraz
que a nosotros el Modelo inspira,
anuncian, desde siempre, la tragedia.
Desde el re�r, lo tr�gico mirado;
la tragedia que empieza en la parodia,
sigue en caricatura y da en grotesco.
La tragedia que cede su lugar
a esas tres formas; y con ellas,
se confunde en violento carnaval.
En ese albur, es claro, estamos todos;
somos batracios de una misma charca,
con un croar que nos identifica:
el croar de la �poca; un griter�o,
que expresa nuestro horror que causa risa
y nuestra risa que provoca horror.
As�, el torniquete de la historia
sentir nos hace su chiste a carcajadas,
que devolvemos con m�s locura y crimen.
Y tr�gicos por c�micos y c�micos
por tr�gicos, en este laberinto
de horror y risa, sea nuestra gu�a
el arte del buf�n, sus comiqueos.

Leonidas Lamborghini

(gracias Axel)

 

 

 

Pierde el tren, el �ltimo

se queda con el boleto, se ovilla

en el extremo and�n.

La estaci�n desnuda

lentamente su temor.

- No tiene puertas � piensa.

Cierran el quiosco

de diarios, los espejos

�l se mira en la luna.

- Ah� no hay nadie.

Se sube las solapas

acomoda, su orgullo

 en el bolsillo izquierdo.

Tanto viajar para volver ma�ana.

Todas las noches, �ltimo tren.

Tanto viajar ma�ana

ma�ana ni siquiera tiene

pasaje de tren.

 

N�stor Ventaja

 

 

   

Volver a Bolet�n Digital



 

      Libres del Sur. Colectivo de cultural y acción popular. Pavón 1625 Avellaneda
Hosted by www.Geocities.ws

1