Arca de la Nueva Alianza            Rubbio (Vicenza), 30 de julio de 1986

 

 

 

 

     Estos son los años dolorosos de la prueba.  Ésta os ha sido ya preanunciada por Mí de tantos modos y con muchas señales.  Pero, ¿quién me cree? ¿quién me escucha? ¿quién se empeña de verdad en cambiar de vida?  Veo vuestra incapacidad para creerme y aceptar las invitaciones a la conversión, que Yo os doy.  Os invito a levantaros sobre este mundo, de vuestras diarias preocupaciones, de los desordenados apegos a las criaturas y a vosotros mismos, de la mediocridad y de la tibieza, de una aridez más vasta cada día.

 

     Éste es el momento de refugiaros todos en Mí, porque Yo soy el Arca de la Nueva Alianza.  “En los tiempos de Noé, inmediatamente antes del diluvio, entraban en el Arca aquellos que el Señor destinaba a sobrevivir a su terrible diluvio.  En vuestros tiempos Yo invito a todos mis hijos a entrar en el Arca de este nuevo pacto, que Yo he construido en mi Corazón Inmaculado, para ser ayudados por Mí a sobrellevar el peso sangriento de la gran prueba, que precede a la llegada del día del Señor.”

 

     No miréis a otra parte.  Sucede hoy como en el tiempo del diluvio y nadie piensa en lo que os espera.  Todos están muy ocupados en pensar solamente en sí mismos, en los propios intereses terrenales, en el placer, en satisfacer de todos los modos sus pasiones desordenadas. ¡Incluso en la Iglesia, qué pocos son los que se preocupan de mis llamadas maternales tan dolorosas!  Al menos vosotros, mis hijos, debéis escucharme y seguirme.  Entonces por medio de vosotros, Yo puedo llamar a todos a entrar lo más pronto en el Arca de la salvación. Aquí estaréis en Paz y podréis convertiros en señales de mi Paz y mi Maternal Consolación.

 

 

¡Conságrense a mi Corazón Inmaculado,

entréguense y abandónense completamente a Mí!

 

 

 

 

 

El Dragón será encadenado     Fort Lauderdale (Florida, U.S.A.), 7 de octubre de 1983

Nuestra Señora del Rosario

 

 

 

 

     En la batalla en que cada día estáis, queridos Hijos, contra el poderoso ejército del Mal, además del auxilio especial que os prestan los Ángeles del Señor, tenéis un arma segura e invencible: vuestra oración.     Con la oración podéis siempre arrebatar al enemigo el terreno que os ha conquistado; podéis hacer brotar renuevos del bien en el desierto del mal y del pecado; sobre todo, podéis rescatar un número inmenso de almas, que Satanás ha logrado hacer sus prisioneras.  La oración tiene una fuerza poderosa y suscita en el bien, reacciones en cadena más potentes que las mismas reacciones atómicas.  La oración que Yo amo con predilección es la del Santo Rosario.  Se lo pido a todos con ansia y preocupación materna.

 

     ¿Por qué el Santo Rosario es tan eficaz?

 

     Porque es una oración:  Sencilla, Humilde y os formo espiritualmente en la Simplicidad del Corazón.  Hoy Satanás logra conquistarlo todo con el espíritu de soberbia y de rebelión contra Dios, y tiene terror a todos los que siguen a vuestra Madre Celeste por el camino de la pequeñez.  El Dragón Rojo se sentirá definitivamente derrotado, cuando Yo lo ate, no sirviéndome de una gruesa cadena, sino de una fragilísima cuerda: la del Rosario.  Por esto resulta cada vez más eficaz, porque vuestra Madre Celeste es la Omnipotencia Suplicante.

 

 

 

-   Cuando Yo pido algo, siempre lo obtengo, porque Jesús jamás puede negar nada que le pida su Madre.

 

-   Es una oración que se hace siempre en nombre de todos, nunca sólo a título personal.

    

-   Con la contemplación de sus misterios, llegáis a comprender el designio de Jesús que se delinea a lo largo de toda su vida; entráis en la comprensión de este misterio de Amor a través de vuestra Madre Bendita, pasando por a vía de su Corazón y así conseguís poseer el inmenso tesoro de la Divina y Ardiente Caridad del Corazón de mi Hijo Jesucristo.

    

-   Os formáis también en la perenne adoración de la Santísima Trinidad con el rezo del “Gloria”.

 

 

 

     Vuestra Madre que os ama os pide hoy usar el Santo Rosario como el arma más eficaz para combatir la gran batalla a las órdenes de la “Mujer vestida del Sol”.      Secundad mi invitación, multiplicad vuestros Cenáculos de Oración y Fraternidad, Consagraos a mi Inmaculado Corazón, y recitad con frecuencia el Santo Rosario.      Entonces el poderoso Dragón Rojo será totalmente atado, se reducirá cada vez más su margen de actuación, y por último se volverá impotente e inofensivo. 

 

 

 

Aparecerá entonces a todos

 

“EL GRAN MILAGRO DE LA DIVINA MISERICORDIA DE MI HIJO”.

 

 

 

 

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