Estaba claro que deber�a recurrir a mi telepat�a para sacarnos del l�o en el que nos hab�amos metido. Una cosa estaba clara, si quer�amos echar a los Puros del pa�s y restaurar algo parecido al orden, para eso necesit�bamos reorganizar el ej�rcito. Desgraciadamente los soldados supervivientes deb�an tener la moral por los suelos, humillados por una banda de b�rbaros m�s sucios que uno que yo me s� y armados con ca�ones del futuro. Habr�a que hacer dos cosas para solucionar esto: Una era recuperar su moral y la otra reclutar gente para alcanzar un n�mero decente.
Para realizar las dos cosas deber�a usar mi telepat�a,. Despu�s de comentarlo con mis compa�eros me puse manos a la obra. Me tumb� en le suelo y tras concentrarme acced� al plano ps�quico, un lugar sin colas ni esperas , el reino de la mente. Pronto localic� las mentes de habitantes del pa�s y comenc� a usar mi plan, debo reconocer que no era ortodoxo, pero result�. Me comuniqu� con todos ellos en plan �salvador�, dici�ndoles que si dejaban de correr despavoridos de un lado para otro y se juntaban podr�an derrotar a los invasores, eso s� tambi�n les coment� algunas t�cticas que pod�an usar contra ellos, no creer�ais que los iba a mandar al matadero. Los organic� en grupos y les dije que me reunir�a con ellos.
Cumpliendo mi promesa pusimos rumbo hacia la capital sin mas dilaci�n, por si os lo preguntabais, mis compa�eros esperaron a que acabara mi �viaje� porque hab�a que ver si funcionaba mi plan (tampoco era plan de enfrentarse solos contra todo un ej�rcito) y porque mi cuerpo f�sico estaba completamente indefenso durante mi �ausencia�. Cuando llegamos a lo que quedaba de la capital, nos encontramos con que los Puros patrullaban las calles visiblemente molestos, ya que los habitantes parec�an haber desaparecido. Antes de que pudieran reaccionar alguien les arroj� un c�ctel molotov , al que le siguieron media docena. Ardiendo dispararon a quemarropa a todo lo que se mov�a , con lo que consiguieron matar a un peligros�simo gato pardo que rebuscaba en un cubo de basura destrozado.
Estaban donde y como los quer�a, as� que s�lo tuve que ordenar el ataque. Ca�mos encima de ellos como una tromba de agua, no supieron lo que les esperaba hasta que mi amistoso compa�ero Reptiliis le cort� la garganta al que ten�amos m�s cerca. El resto fue el cl�sico coser y cantar, despu�s de todo ellos eran un hatajo de b�rbaros integristas armados con aparatos que no entend�an y nosotros �ramos un grupo de mercenarios muy curtido en peleas de ese tipo. Los Puros, visiblemente avergonzados de su derrota escaparon. Pronto salieron los habitantes de la ciudad a darnos las gracias por haberles librado de esos salvajes. Fieles al c�digo de nuestra profesi�n aceptamos la recompensa que nos ofrecieron, tampoco era plan de rechazarla, si no la gente empezar�a a pensar que trabajamos por amor al arte y eso no ser�a bueno.
As� que tras abortar la crisis de esa diminuta naci�n partimos en la camioneta hacia la frontera. Siguiendo la inevitable ley de Murphy en el mismo instante en el que ya no era imperiosamente necesario que funcionara mi transportador el muy pu�etero se arregl� y , hartos, como est�bamos de chupar tierra, nos largamos al asteroide que tengo por hogar desde tiempos inmemoriales.