Relatos de una era prodigiosa

 

Relatos:A.I.(inteligencia artificial), Súper

A.I.(inteligencia artificial)

 

 

                Geneva salió corriendo de su casa, en dirección al helipuerto, a tan sólo siete metros, cuando un tornillo a gran velocidad se le clavó en la pierna derecha. Geneva cayó entonces de bruces en el mullido césped artificial. Abrió violentamente los ojos cuando oyó un zumbido extrañamente familiar; un nuevo tornillo estaba a punto de dispararse, esta vez con mayor puntería. Se incorporó, y cojeando, alcanzó su aeronave, para salir volando de aquel que una vez fuera su hogar. La aeronave despegó a toda velocidad rumbo al gris y oscuro cielo, cuando el tornillo anunciado alcanzó el motor. La aeronave apenas se había elevado unos diez metros, pero el golpe fue bestial.

            Ensangrentada, y con un zumbido en la cabeza, Geneva salió de su aeronave, corriendo mientras arrastraba la pierna derecha, refugiándose en el jardín de los vecinos, sorteando los arbustos, para llegar a la puerta, cuyo timbre tocó repetidas veces. El zumbido se hizo mayor, y el tornillo destrozó el timbre, justo cuando Geneva apartaba su dedo de él. Entonces se acordó que los vecinos estaban de vacaciones. De hecho, en pleno agosto, toda la urbanización estaría de vacaciones.

            También se acordó de que los vecinos tenían una niña preciosa, de nueve años, a la que le consentían todos los caprichos, el último de los cuales era un pequeño deslizador que apenas alcanzaba los diez kilómetros por hora. Rodeó la casa, y en el jardín trasero, junto a la manguera, estaba el diminuto deslizador rosa pálido. Se montó, lo encendió, y se alejó cuanto pudo de aquel lugar.

            Tardó una hora en llegar al centro de la ciudad, y otros veinte minutos hasta la tienda de electrodomésticos. Un gran letrero de colores dominaba toda la fachada del edificio, y unos pequeños altavoces anunciaban las rebajas de verano. Lllegó hasta el mostrador más cercano, y esperó a que apareciera algún dependiente. De repente, de detrás suya apareció Mel, al menos eso ponía en el uniforme. Geneva descargó todo un día de estrés, dolor, y sangre en aquel imberbe rapaz.

 -¡Asesinos!¡Asesinos!¡Eso es lo que sois!¡No vendéis lavadoras!¡Vendéis máquinas de matar!

            El joven dependiente no se dejó impresionar. Esperó a que la alterada mujer dijera lo que creyera necesario, y preguntó:

 -¿En qué puedo ayudarle?

            Geneva lo miró con furia, respiró hondo y dijo:

 -La lavadora que me vendisteis ayer se ha vuelto loca. Ha destrozado toda la casa, me ha disparado un tornillo a la pierna, y otro a mi aeronave produciendo un accidente que me pudo costar la vida.

 -¿Qué detergente usa?

 -¿Qué?

 -Que qué detergente usa.

 -Eh, uh, Tergel, creo.

 - Ahí está la respuesta. Nuestras lavadoras de última generación llevan un chip que puede detectar la calidad del agua y del detergente, y, obviamente, usted compró un detergente muy malo.

 -¿Me está diciendo que mi lavadora casi me mata porque compré el detergente de oferta?

 -Sí. Para más detalles puede usted releer las instrucciones del electrodoméstico, para ver qué detergentes puede usted utilizar, aunque esta tienda le recomienda Blancol, como el primer día. 

             

 Súper

 Volver a historias

Hosted by www.Geocities.ws

1