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Al final de la guerra Europa yacía postrada, casi paralizada. Todos los países beligerantes, excepto Gran Bretaña y la Unión Soviética, habían sufrido la derrota militar y la ocupación enemiga. Grandes áreas de la Unión Soviética fueron ocupadas por los alemanes en más de una ocasión y en ellas se desarrollaron combates encarnizados.
Gran Bretaña no pasó por ninguna ocupación, pero sufrió graves daños producidos por los bombardeos aéreos de sus ciudades, densamente pobladas, y la extrema escasez de alimentos y otros bienes de primera necesidad. Solamente los pocos países europeos que permanecieron neutrales escaparon a los daños directos, pero también ellos sufrieron las carencias que trae aparejadas la guerra.
Antes de la guerra, Europa importaba más de lo que exportaba, alimentos y materias primas en particular, y pagaba la diferencia con las ganancias producidas por sus inversiones en el extranjero, su marina mercante y sus servicios financieros. Después de la guerra, con la marina mercante destruida y las inversiones en el extranjero liquidadas, los mercados financieros en desorden para los productos europeos copados por los norteamericanos, los canadienses y empresas nuevas de países antes subdesarrollados, Europa tenía ante sí un sombrío panorama tan sólo para abastecer a su población de las necesidades más básicas. Millones de personas afrontaron la amenaza de la muerte por hambre, enfermedad y falta de ropa y cobijo adecuados. Vencedores y vencidos padecían las mismas calamidades. Lo más urgente era atender a las necesidades primarias de la población y la reconstrucción de pueblos y ciudades.
La ayuda vino principalmente a través de dos canales distintos, pero su parte más substancial provino de América. A medida que los ejércitos aliados avanzaban a través de Europa (1944-45) fueron distribuyendo raciones alimenticias de emergencia y medicamentos a las depauperadas poblaciones civiles, al tiempo que las liberaban del enemigo. Como los aliados se habían comprometido con una política de rendición incondicional, después del cese de hostilidades tuvieron que asumir la carga de atender a la Alemania derrotada, lo que supuso continuar abasteciendo de alimentos a la indefensa población civil. El otro canal de ayuda fue la Administración de Ayuda y Reconstrucción de las Naciones Unidas (UNRRA). Los Estados Unidos corrieron con más de dos tercios del coste y los demás miembros de naciones unidas con el resto.
A diferencia de Europa, Estados Unidos salió más fortalecido que nunca junto con Canadá y otros países de la Commonwealth y varios países de Iberoamérica. Exentos de daños directos, sus industrias y agricultura se beneficiaron de la alta demanda en tiempos de guerra.
Una de las tareas fundamentales a las que tuvieron que enfrentarse los pueblos de Europa una que sus necesidades vitales fueron satisfechas fue la de restaurar la ley, el orden y la administración pública. En Alemania y sus satélites los gobiernos militares aliados asumieron estas funciones hasta el establecimiento de los acuerdos de paz. La mayoría de los gobiernos que habían sido víctimas de la agresión nazi, formaron durante la guerra gobierno en el exilio en Londres. Estos gobiernos volvieron a sus respectivos países al amparo de los ejércitos aliados y se encontraron con sociedades que exigían reformas políticas, sociales y económicas.
En 1944, durante una conferencia internacional en Bretton Woods, New Hampshire, se sentaron las bases para la creación de dos instituciones internacionales fundamentales. El Fondo Monetario Internacional (FMI) tendría la responsabilidad de dirigir la estructuración de los intercambios entre las diversas monedas mundiales y también la de financiar los desequilibrios en los pagos a corto plazo entre los países. El Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo, También conocido como Banco Mundial, concedería prestamos a largo plazo para la reconstrucción de las economías devastadas por la guerra y, finalmente, para el desarrollo de las naciones más pobres del mundo. Estas dos instituciones no empezaron a funcionar hasta 1946 y, por razones que se apuntaran más tarde, no fueron realmente efectivas hasta varios años después, pero al menos se había sentado un principio de reconstrucción de la economía mundial. Las conferencias de Bretton Woods también estudiaron la creación de una organización Internacional de comercio (OIC) que formulase las reglas para el comercio justo entre las naciones, pero a lo más que se pudo llegar fue a un Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), mucho más limitado, firmado en Ginebra en 1947. Los firmantes se comprometían a extender la cláusula de la nación más favorecida a los demás (es decir, no discriminar a otras naciones), a intentar reducir los aranceles, a no recurrir a restricciones cuantitativas (cuotas) y a eliminar las existentes y a consultar mutuamente antes de hacer cambios de política importantes. Estas estipulaciones fueron menos importantes de las que se había esperado de la OIC, y no siempre respetada en la práctica; pero las conferencias internacionales para la reducción de aranceles llevadas a cabo bajo los auspicios del GATT ayudaron a reducir las barreras comerciales. La afiliación al GATT creció de veintitrés países en 1947, a más de ochenta veinte años después.
Para mediados o finales de 1947 la mayoría de las naciones de Europa occidental, excepto Alemania, habían vuelto a su nivel de producción industrial anterior a la guerra. Pero los niveles estaban lejos de ser satisfactorios. Por añadidura, el invierno de 1946-47 además de ser extremadamente crudo, se vio seguido por una larga sequía en la mayor parte de Europa que provocó la peor cosecha del siglo veinte. No cabía duda de que quedaba mucho por hacer.
El 5 de Junio de 1947, el general George C. Marshall, que había sido nombrado secretario de Estado de los Estados Unidos por el presidente Truman, pronunció un discurso de apertura en la Universidad de Harvard en el que anunció que si las naciones de Europa presentaban una petición unificada y cohesionada de ayuda, el gobierno de los Estados Unidos tendría una respuesta solidaria. Ese fue el origen del llamado Plan Marshall.