prológo a

LOS MÉTODOS DE INVESTIGACIÓN EN CIENCIAS SOCIALES Y LA PRODUCCIÓN SOCIAL DEL CONOCIMIENTO
Por León Olivé

Análisis de las plataformas electorales de los partidos políticos argentinos para las elecciones presidenciales de 1989, de Patricia Servato, Universidad Nacional de la Patagonia Austral, Argentina.

        Escribir el prólogo de un libro cuyas tesis se apoyan parcialmente en la obra propia es una tarea difícil, para decir lo menos. Cuando han pasado los años y esa obra queda a cierta distancia de su autor, es aún más complicado, porque éste tiene la obligación —por lo menos en mi opinión— de añadir a la mirada crítica y analítica de la autora que ha encontrado de interés y hasta útiles algunas de sus ideas, una reflexión autocrítica.
        Pero en mi caso ese esfuerzo autocrítico ha resultado muy difícil, no tanto por el tiempo transcurrido, sino sobre todo porque después de leer el magnífico trabajo de Patricia Servato me he convencido de que el proyecto original —por más que pueda enmendarse y mejorarse, cosa que ella hace muy bien— estaba básicamente en lo correcto. Patricia Servato expone acertadamente y con precisión las ideas que en algún momento traté de articular, añadiéndoles la virtud de la concisión, y extiende su aplicación del estudio de algunas teorías sociológicas del estado y de sus presupuestos epistemológicos y ontológicos (al que yo las apliqué hace tiempo), al de varios de los métodos en boga en las ciencias sociales hoy: el análisis documental, el análisis de contenido, el análisis del discurso y la lexicometría.
        Me parece que Servato realiza varios giros en el aire, como una trapecista maestra, por medio de los cuales va revelando al lector los pliegues de la producción del conocimiento científico de lo social y de las condiciones que lo posibilitan. Ella expone los rasgos característicos de cada uno de esos métodos, los aplica luego para obtener conocimiento de una problemática política y social específica (las plataformas electorales de los partidos políticos argentinos para las elecciones presidenciales de 1989), genera así nuevo conocimiento, pero después, girando de nuevo en el aire, analiza los supuestos epistemológicos, ontológicos e ideológicos de cada uno de los métodos que ha utilizado, revelando fortalezas y debilidades que no son aparentes sin sus piruetas en el aire, es decir, sin dicho análisis.
        La metáfora de la trapecista no sugiere una crítica peyorativa, sino la admiración por la habilidad de Servato para analizar los fundamentos de su propio quehacer científico, bajo una perspectiva que —por lo menos hasta donde alcanzo a ver— ha sido poco desarrollada por otros autores. Pero ese examen lo puede realizar sólo mientras gira en el aire sin otro sustento que el aire mismo. Con ello el texto parece que se muerde la cola. Pero ese es el destino de todo análisis epistemológico de los presupuestos de teorías y de métodos, por lo menos una vez que hemos aceptado que los seres humanos, cuando logramos un genuino conocimiento del mundo, lo hacemos sin bases últimas y absolutas. Nuestro conocimiento siempre es revisable, y las bases que lo sostienen también, pero no por eso el conocimiento científico y los métodos mediante los que se obtiene dejan de ser de los más fiables que han producido los seres humanos.
        ¿Pero qué decir de una de las principales conclusiones del libro, a saber, que la aplicación de métodos distintos, a pesar de tener presupuestos epistemológicos y ontológicos diferentes, no llevó a resultados significativamente distintos?
        Servato concluye, con sorpresa y con cautela, que este descubrimiento (porque en sentido literal es eso, un hallazgo), podría “falsear esa teoría tanto epistemológica como de sentido común que reza que aplicar métodos distintos produce resultados muy distintos”, ya que los resultados obtenidos mediante los diversos métodos que utilizó difieren sólo “en pequeñísimo grado”. Sin embargo, ella misma advierte que el hallazgo no puede considerarse concluyente, pues antes “deberían realizarse más aplicaciones intermetodológicas”, ya que puede haber habido errores en las aplicación de los métodos, “o puede que con otro objeto social no discursivo, de otro tenor, no se produzca la misma igualdad de resultados”.
        Pero más allá de sus posibles consecuencias para esta tesis epistemológica y de sentido común, ¿significa el hallazgo de Patricia Servato una posible derrota para la propuesta de concebir a las teorías científicas, y a los métodos, como inmersos en entramados más amplios que incluyen supuestos epistemológicos y ontológicos que condicionan y restringen el significado y el alcance de esas teorías y de esos métodos?
        Francamente creo que no. Veamos por qué.

Por un pluralismo epistemológico
        En Estado, Legitimación y Crisis (México, Siglo XXI,1985) traté de dar cuenta de las distintas maneras en las que tres teorías sociológicas del estado concebían, analizaban y explicaban un mismo objeto social, a partir de los distintos supuestos epistemológicos y ontológicos de esas teorías. Partía del supuesto de la existencia de un mismo objeto, así como del hecho de que existían diferentes teorías que identificaban a ese mismo objeto, aunque le atribuían diferentes propiedades y concebían de distinta manera sus relaciones con otras entidades sociales. El problema era, entonces, evitar la solución simplista de que a lo más una de esas teorías era la correcta y las otras falsas, y más bien explicar cómo era posible que hubiera diferentes teorizaciones legítimas de un mismo objeto.
        Para eso recurrí a las ideas pioneras en los años 60 y 70 del siglo pasado, impulsadas vigorosamente por Thomas Kuhn y Paul Feyerabend, entre otros, de que no hay un conjunto único de criterios para decidir la corrección de teorías en competencia. Traté entonces de dar cuenta de las diferencias en la conceptualización del estado capitalista, y en las explicaciones acerca de su estructura, comportamiento y desarrollo, insistiendo en que las teorías no existen aisladas, sino que tienen sentido y están restringidas en lo que pueden expresar, en virtud de una serie de supuestos que necesariamente tienen acerca de cómo es el mundo, qué es el conocimiento, y cómo considerarlo válido (presupuestos ontológicos y epistemológicos).
        Patricia Servato aplica esas ideas para analizar, no teorías, sino métodos y sus presupuestos. Hace ver correctamente que cada uno de esos métodos corresponde, como era de esperarse, a complejos distintos de supuestos epistemológicos, ontológicos, ideológicos y teóricos. Hasta aquí, sus tesis corren paralelas al proyecto de Estado, Legitimación y Crisis. Pero al aplicar esos métodos a un mismo objeto, ella ha encontrado que los resultados no difieren significativamente.
        Surgen entonces dos problemas: ¿estamos ante una instancia potencialmente refutadora de la concepción que ella y yo queremos defender acerca del papel de los presupuestos epistemológicos y ontológicos de las teorías y los métodos? Si la respuesta es que no, entonces debemos dar cuenta de otro problema: ¿cómo es posible que métodos distintos, con supuestos epistemológicos y ontológicos diferentes, al aplicarse sobre un mismo objeto, arrojen resultados muy parecidos?
        Pueden darse por lo menos dos respuestas diferentes al segundo problema, según cómo interpretemos la noción de “un mismo objeto”:

  1. Asumiendo una concepción realista fuerte, podemos suponer que no hay ningún problema con la identidad del objeto analizado, y por lo tanto que, al aplicar diferentes métodos, cada uno de ellos permite identificar propiedades que realmente tiene ese objeto. El problema sería determinar si se trata de métodos adecuados para los fines que se persiguen, y la convergencia de resultados obtenidos mediante diferentes métodos robustecería la creencia de que en efecto son métodos adecuados.

  2. Asumiendo una posición realista débil, podemos suponer que el objeto analizado depende, en algún sentido que habrá que explicar, de los recursos conceptuales y de razonamiento al alcance de los agentes que lo analizan. Entonces tendríamos dos problemas. Primero, garantizar que los métodos diferentes se aplican efectivamente al “mismo objeto”, en un sentido que debe explicarse. Segundo, una vez explicado lo anterior, determinar si los métodos son fiables, lo cual podría responderse positivamente si se obtienen resultados convergentes.

        Puesto que Servato obtiene en efecto resultados muy parecidos mediante la aplicación de los diferentes métodos, bajo cualquiera de las dos interpretaciones los métodos parecerían ser adecuados. Queda el problema, entonces, de optar por una u otra de las interpretaciones (1) o (2), para dar cuenta de que los diferentes métodos se aplican en efecto al “mismo objeto”.
        Aunque en Estado, Legitimación y Crisis asumí supuestos realistas compatibles con la interpretación (1), y continué defendiendo esas ideas en trabajos posteriores, como Conocimiento, Sociedad y realidad (México, Fondo de Cultura Económica, 1988), en años más recientes me he convencido de que la mejor opción es la (2), por razones que esbozaré a continuación.
        Bajo esta línea de argumentación, hablar de un “mismo objeto” que depende de marcos conceptuales diferentes significa referirse a un objeto común a todos esos sistemas conceptuales (utilizaré indistintamente las expresiones “marco conceptual” y “sistema conceptual”). La explicación de cómo es posible que métodos distintos, con supuestos epistemológicos y ontológicos diferentes, arrojen resultados muy parecidos al aplicarse sobre un mismo objeto, es que ese objeto, aunque depende de cada uno de los sistemas o marcos conceptuales a los que pertenecen los diferentes métodos utilizados (junto con sus supuestos epistemológicos, ontológicos e ideológicos), es un objeto común a esos marcos, y tiene varias propiedades identificables desde todos ellos. En lo que sigue trataré de explicar esquemáticamente estas ideas, aunque no será posible desarrollar el argumento.

La naturalización de la racionalidad
        Comenzaré insistiendo en una idea sobre la racionalidad que ganó terreno en las postrimerías del siglo XX, y que en opinión de muchos filósofos ofrece una respuesta satisfactoria sobre el problema de la aceptación de las reglas de inferencia para evaluar, y aceptar o rechazar creencias, o de las reglas para seleccionar métodos de investigación acerca del mundo, en particular el social. Se trata de la tesis de que es equivocado suponer que la racionalidad es un método disponible para los seres humanos gracias a una capacidad que los distingue y los separa radicalmente de los demás especies biológicas. Por el contrario, esta concepción alega que la razón es una capacidad múltiple y compleja, compuesta por varias otras capacidades básicas, algunas de las cuales los seres humanos comparten con otras especies animales.
        Los miembros de las especies biológicas con un sistema nervioso central desarrollan estrategias para realizar elecciones y seleccionar conductas y patrones de acciones. En el caso de las especies que sobreviven por un periodo de tiempo, muchas de esas estrategias resultan adaptativas. Podemos concebir a la razón humana como una extensión de las capacidades que permiten desarrollar esas estrategias de elección. Se trata, pues, de la idea de naturalizar a la racionalidad, aunque en el caso de nuestra especie, esas capacidades que se desarrollaron evolutivamente se han fortalecido posteriormente por un proceso de crecimiento socio-cultural.
        Si se entiende a la razón como capacidad, entonces puede comprenderse que los seres humanos la ejercen en contextos muy diferentes, con distinta información, y con recursos conceptuales, valorativos y técnicos diversos. Si entendemos a la racionalidad como el ejercicio de la razón, una gran variedad de creencias y de acciones pueden calificarse como genuinamente racionales, de acuerdo con principios específicos, las circunstancias, los recursos, la información disponible, los valores y los fines de los agentes, aunque no exista ningún patrón de medida común para evaluar desde un único punto de vista —o desde el punto de vista de “ninguna parte”— esas creencias o acciones diferentes.
        Esto explica que existan muy diversas formas de elegir creencias y cursos de acción, así como de juzgar acciones desde un punto de vista moral, cada una de ellas legítima en virtud de principios específicos, no absolutos, y que permiten la convivencia en grupos diferentes, la elección de cursos de acción que resultan adaptativos, y la satisfacción de determinadas necesidades para distintas comunidades humanas (por ejemplo, alimentación y abrigo, a niveles por lo menos mínimos). La legitimidad de todas esas formas distintas de realizar elecciones depende de grupos específicos de criterios que forman parte de esos paquetes que se han llamado “marcos conceptuales”, “esquemas conceptuales”, “paradigmas”, “figuras del mundo”, “tradiciones”, etc. Es decir, esta interpretación permite entender el pluralismo epistemológico y el pluralismo ético, en virtud de la existencia de grupos de principios diferentes, pero adecuados para guiar la toma de decisiones sobre creencias y formas de actuar que permiten una interacción exitosa con el mundo, siempre en circunstancias específicas.
        La idea central, pues, es que podemos hablar de una racionalidad plural. Esto quiere decir que de hecho existen (simultáneamente) y han existido (históricamente) diversos sistemas conceptuales mediante los cuales diversos grupos de seres humanos obtienen conocimiento acerca del mundo y los aplican en sus interacciones con él. Cada uno de esos sistemas conceptuales contiene, por ejemplo, concepciones ontológicas e ideológicas, así como principios epistemológicos y metodológicos, y las teorías y los métodos presuponen algún sistema conceptual así entendido.

El “realismo interno”
        Frente a la concepción realista fuerte que defendí en Estado, Legitimación y Crisis (y en trabajos posteriores), el desarrollo de estas ideas me ha llevado a defender un realismo más débil, en la línea del llamado “realismo interno” como lo elaboró por ejemplo Hilary Putnam durante las dos últimas décadas.1
        La idea principal del realismo interno de Putnam ya es bastante bien conocida. Fundamentalmente sostiene que es imposible tener una visión del mundo que no esté situada en algún punto de vista específico; es imposible tener un punto de vista desde ninguna parte. Pero más aún, no existe ningún conjunto fijo de objetos en el mundo que sea independiente del lenguaje; y no hay ninguna relación fija entre los términos de un lenguaje y sus extensiones. La respuesta a la pregunta ¿cuántos objetos hay en el mundo? (diferente de ¿cuántos objetos creemos que hay en el mundo?), depende del marco o sistema conceptual que los seres humanos tengan a su disposición para producir conocimiento de esa realidad y para interactuar con ella.
        De acuerdo con esta concepción, un objeto depende tanto de la realidad independiente con la que interactúan los agentes, como de los recursos conceptuales, tecnológicos y los sistemas de prácticas de esos agentes. Es decir, no existe una "realidad objetiva" común para todos los seres humanos independientemente de la época, el lugar, las circunstancias históricas y la información a la que pueden acceder, así como de sus recursos conceptuales y tecnológicos. Como los principios para decidir la corrección o incorrección de las decisiones humanas forman parte de esos recursos conceptuales variables, la calificación de racional o de irracional de una elección o de una acción no puede estar sujeta a la aplicación de un único conjunto de reglas comunes a todos los agentes racionales en cualquier época y circunstancia.

Racionalidad plural
        Esta es la idea clave para comprender la pluralidad de la racionalidad: el ejercicio de la razón (capacidad común a todos los seres humanos), se realiza en contextos muy diferentes. De uno a otro varían los fines y los valores, así como la información accesible y los conjuntos de reglas de elección disponibles. La conveniencia de aplicar tales o cuales reglas, por ejemplo de inferencia, varía en función del problema, del contexto, de la información disponible, de los fines y de los valores (todos estos también variables). Ni la elección racional de una creencia, ni la calificación de racional o de irracional de una elección, de una decisión, o de una acción, dependen de la aplicación de un único conjunto absoluto de reglas. En ocasiones puede resultar racional aplicar cierto conjunto de reglas, en otras ocasiones otro conjunto distinto (por ejemplo, a veces conviene aplicar reglas de inferencia deductiva, pero aun así puede escogerse uno u otro sistema lógico —clásico, no clásico, etc.—, o en ocasiones conviene aplicar reglas de inferencia estadística, y en otras más, tal vez ningún conjunto de reglas). Y sin embargo, todos estos casos pueden ser genuinas aplicaciones de la capacidad llamada razón, por agentes que se comportan racionalmente.
        La producción de conceptos y de conocimiento no ocurre en el vacío. La forma en la que es representado un objeto, y por consiguiente el concepto asociado a tal objeto así como el conocimiento del objeto que finalmente es generado, depende de la historia evolutiva de la especie, de otros conceptos y principios de elección y de razonamiento disponibles, de los sistemas conceptuales de los que éstos forman parte, de los sistemas de prácticas posibles para la comunidad pertinente, así como de la información disponible para esa comunidad Por todo esto, ante estímulos semejantes, diferentes grupos de seres humanos, con experiencias previas diferentes, historias y prácticas distintas, pueden identificar clases diferentes de objetos, y formarse conceptos y conocimientos distintos.

La pluralidad de mundos
        Para el realista interno, pues, los objetos se constituyen mediante procesos en los que los agentes que interactúan con la realidad ponen en juego los recursos de sus marcos conceptuales. El mundo al que tiene acceso un grupo humano depende siempre de los sistemas conceptuales a su alcance, y está formado por los objetos que permiten constituir, identificar y, en su caso, conocer esos sistemas conceptuales. Los objetos siempre son objetos en relación con algún sistema conceptual.
        Si entendemos que un mundo está formado por la totalidad de objetos y de hechos a los que un grupo humano tiene acceso en virtud de los sistemas conceptuales a su disposición, y que esos objetos dependen tanto de esos sistemas conceptuales como de la realidad independiente de los agentes productores de conocimiento que interactúan con ella, entonces no necesariamente hay un único mundo común para los grupos humanos que tienen a su disposición sistemas conceptuales diferentes. Pero esto no significa que esos objetos dejen de formar parte de la realidad, de la única realidad que hay. Los objetos, una vez constituidos, pertenecen al mismo mundo real, tanto como los artefactos, una vez construidos, pertenecen a la realidad, y no son menos reales por el hecho de que sean producidos por los seres humanos, y que su identidad (la clase de artefactos que son) dependa de los intereses, de los valores, de los fines y del punto de vista de sus creadores y de sus usuarios, es decir, de un marco conceptual.
        Desde luego, la existencia de una realidad independiente (aunque no esté formada por objetos “ya hechos” con independencia de los sistemas conceptuales), es un supuesto de esta concepción, cuya asunción debería defenderse por un argumento independiente, por ejemplo mediante un argumento a la mejor explicación.2
        El “mundo real” no es un mundo visto desde la "Nada", sino siempre observado desde algún punto de vista. Por eso insisto en distinguir entre la realidad como totalidad que es necesaria para la constitución de los objetos, y cada uno de los mundos a los que los seres humanos acceden utilizando sus sistemas conceptuales y aplicándolos por medio de sus prácticas.
        Pero —y esto es lo crucial, en mi opinión, para comprender las implicaciones del resultado de Patricia Servato— esto no impide que los mundos vistos y constituidos desde sistemas conceptuales diferentes tengan muchos objetos en común. Por el contrario, la interacción y comunicación entre usuarios de marcos conceptuales diferentes depende en buena medida de que sus recursos conceptuales, siendo distintos, les permitan tener acceso a un amplio número de objetos en común, es decir, que sus mundos tengan una amplia intersección.
        Aunque aquí sólo es posible enunciar esta idea sin desarrollar el argumento a su favor, sí quisiera insistir en que se basa en la intuición de que un hecho es lo que expresa una proposición verdadera. La existencia del hecho requiere que haya un enunciado que se refiera a él, pero no depende sólo de ese enunciado ni sólo del lenguaje en el que se formula. La propuesta central del realismo interno es que el hecho es la confluencia de lo que es enunciado y de lo que es impuesto al sujeto y se le resiste. Lo que es enunciado incluye lo que el sujeto pone por medio de su lenguaje y de sus marcos conceptuales, pero hay algo que le es impuesto al sujeto, y que constituye una condición necesaria para la existencia del hecho. Se trata de la realidad independiente de todo sistema conceptual. Por eso ni los individuos ni las comunidades epistémicas pueden construir cualquier hecho a su voluntad. Un hecho es una parte del mundo, cuya existencia se debe a una contribución de la propia realidad, por un lado, y de los sujetos y sus marcos conceptuales, por el otro.
        De acuerdo con el realismo interno lo que se impone y se le resiste al sujeto no son hechos particulares previamente dados, pues los hechos son aquello a lo que se refieren las proposiciones cuando son verdaderas. Sin la proposición correspondiente no puede existir el hecho; y en el caso de la ciencia, sin teorías y sin prácticas tampoco hay hechos científicos. Pero esto no hace que los hechos no sean reales. Sólo quiere decir que sin proposiciones y sin teorías no habría hechos.
        Lo que es independiente de los deseos y creencias de los sujetos epistémicos, entonces, no son los hechos previamente existentes —como tal o cual hecho específico—sino la realidad independiente como totalidad. Totalidad que no puede concebirse como conformada por diferentes hechos. Esa totalidad es la que se resiste a los sujetos, y es independiente de sus deseos, de su voluntad y de sus creencias. Pero mientras no haya proposiciones y teorías que contribuyan a la constitución de los objetos y de los hechos, y que se refieran a ellos, no hay ningún mundo. Así, los objetos y los hechos no son puestos sólo por los sujetos, o por su lenguaje, o por sus marcos conceptuales, o por sus prácticas, pero tampoco son puestos sólo por la realidad. Un mundo surge de la confluencia de la realidad independiente y de las prácticas, las teorías, los métodos y sus presupuestos (epistemológicos y ontológicos). Como todo esto último es variable, hay diferentes mundos.

La comunicación, el diálogo y la comunidad de objetos y de hechos
        La comunicación y diálogo entre seres humanos que recurren a diferentes marcos conceptuales, y que por tanto tienen acceso a mundos distintos, es posible en virtud no sólo de sus capacidades biológicas y cognitivas comunes, sino también porque hay hechos y objetos de los diferentes mundos que son comunes a muchos de ellos. En otras palabras, los diferentes mundos, aunque distintos, pueden tener —y muchas veces tienen— objetos en común.
        Creo que esta es la clave para entender la conclusión de Patricia Servato, y para comprender por qué no refutaría a la concepción epistemológica pluralista que estaba presente desde el proyecto de Estado, Legitimación y Crisis (aunque aquí he sugerido algunos desarrollos y cambios importantes). El objeto analizado por Servato es un objeto al que se tiene acceso mediante el uso de los diferentes sistemas conceptuales en los que se insertan los distintos métodos que ella ha aplicado y analizado. Es un objeto común a todos esos marcos conceptuales. El hecho de que los resultados de la aplicación de diferentes métodos —cada uno con sus propios presupuestos— al objeto común sean más bien convergentes y no significativamente distintos, sugiere que ese objeto común tiene además características que pueden identificarse utilizando los recursos de los diferentes marcos conceptuales presupuestos por cada uno de esos métodos. Se trata de un típico ejemplo de un análisis que se robustece al aplicar diferentes métodos, mediante los cuales se llega a resultados muy cercanos.
        Por esto creo que la conclusión de Servato más bien apoya la línea pluralista en la que he tratado de desarrollar las ideas del proyecto original de Estado, Legitimación y Crisis. Tocará a ella y al lector juzgar si esto es así.
        Quisiera terminar este ya largo prólogo agradeciendo nuevamente a Patricia Servato por la inmerecida doble distinción que me ha hecho —primero por interesarse en mi trabajo y hasta encontrarle utilidad y, segundo, por invitarme a redactar estas líneas. Espero su indulgencia —así como la del lector que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí—, por haber aprovechado esta oportunidad como una excusa para sugerir algunas ideas en las que he desarrollado mi trabajo más reciente, de modo —creo yo— compatible con las ideas que Servato discute y aplica en esta excelente obra.
        Pero acerca de los problemas de fondo que aborda este libro —la relación entre la epistemología y las teorías científicas en general; la relación entre la epistemología y las ciencias sociales y sus métodos en especial, y la relación entre el conocimiento de lo social, las comunidades de científicos sociales y la sociedad, de la cual surge y a la cual afecta ese conocimiento— la mejor reflexión está en las páginas que siguen. La lectura de este espléndido trabajo de Patricia Servato, sin duda, será ampliamente gratificante, y cumplirá con creces las expectativas de quienes se interesan en estos problemas.

©León Olivé
México, D. F., julio de 2002


1Hilary Putnam: Reason, Truth and History, Cambridge University Press, 1981; The Many Faces of Realism, Lasalle, Ill., Open Court, 1987; Realism with a Human Face, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1990.
2He desarrollado estas ideas en Multiculturalismo y Pluralismo (México, Paidós, 1999), y en El Bien, El Mal y La Razón, Facetas de la ciencia y la tecnología (México, Paidós, 2000).

© primavera 2003
Hosted by www.Geocities.ws

1