Apuntes de la Historia de Castilla a partir del siglo XI

Artículo de J. Carlos Sánchez-Collado

 
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CAPÍTULO I | >>Capítulo 2
LOS REYES DE CASTILLA DURANTE LA EDAD MEDIA.

Como señala el medievalista José Luis Martín 1, para entender la política castellana del siglo XI necesitamos remontarnos a los albores del siglo, cuando el monarca Sancho el Mayor dividió sus dominios entre sus hijos y convirtió en reinos los condados de Castilla y Aragón (1.035). Años después -en 1.065- nuevamente con la política de divisiones territoriales, Fernando I de Castilla distribuyó entre sus hijos las tierras conquistadas: Sancho II recibió Castilla; Alfonso VI, León y para García quedó Galicia.

Con la muerte de Sancho en su intento por ocupar la ciudad de Zamora, los territorios se unificaron en la persona de Alfonso VI, que pasó así a ser rey de León y de Castilla y, un dato importante, fue el encargado de llevar a cabo la ocupación efectiva de Madrid en el año 1.083 y su incorporación definitiva a la Corona de Castilla. Este soberano será fundamental en el devenir histórico de Castilla con la conquista de Toledo en 1.085 y su política de reconquista y repoblación. Sin las invasiones musulmanas procedentes del norte de África, en ayuda de sus correligionarios, el periodo conocido como la Reconquista habría finalizado varios siglos antes.

A Alfonso VI le sucedió Alfonso VII, autodenominado El Emperador . Las uniones y separaciones de los reinos de Castilla y León finalizaron cuando en la persona de Fernando III se consagró la unión política definitiva, pasando a ser rey de Castilla desde 1.217 y de León desde 1.230. Por lo tanto, los antiguos reinos de León y Castilla desde el siglo VIII y durante toda la Edad Media solo estuvieron separados políticamente y no de forma continuada, ochenta años, uniéndose definitivamente el 11 de diciembre de 1.230. No obstante, continuaron reuniéndose en Cortes separadas hasta la consolidación definitiva del proceso a finales del siglo XIII y principios del XIV.

Si tenemos que destacar otro monarca, vital también para Castilla, ese fue Alfonso X el Sabio, rey que dejó su impronta desde mediados del siglo XIII hasta su muerte en Sevilla en el año 1.284. Para garantizar el orden en 1252 dictó una serie de medidas legislativas muy intervencionistas y las trasladó a los ordenamientos de numerosos concejos castellanos. Posteriormente, en su intento por uniformizar legalmente sus reinos imponiendo el derecho castellano-leonés, en 1262 implantó el Fuero Real en la Comunidad de Villa y Tierra de Madrid, en contra del propio concejo. Ante las numerosas protestas, diez años después confirmó nuevamente el antiguo fuero.

Como indica Julio Valdeón 2, en la etapa que comprende desde el acceso al trono de Sancho IV en 1.284 y la mayoría de edad de Alfonso XI en 1.325, caracterizada por los intensos conflictos bélicos, se acentuó la debilidad de la monarquía castellana y el afianzamiento del poder de la nobleza. Con la proclamación de Alfonso XI finalizó el caos reinante. Entre las medidas más destacadas de este rey cabe subrayar que instituyó el regimiento en el gobierno de los municipios. La crisis desatada entre los años 1.350 y 1.369 culminó con la fatídica peste negra, epidemia que diezmó las poblaciones castellanas.

La sublevación de Enrique de Trastámara contra su hermanastro el rey Pedro I de Castilla desembocó en una guerra fraticida y en una nueva dinastía. Con Enrique II -reinó de 1.369 a 1.379- aconteció un periodo de continuas concesiones a la aristocracia en pago por los servicios prestados. Por otra parte, se centralizó el gobierno, se revitalizó el papel de las Cortes y la Corona asistió a una importante proyección, no ya exclusivamente peninsular, sino también europea.

Juan I -monarca de Castilla entre 1.379 y 1.390- consolidó la política de fortalecimiento del poder regio como lo demuestra la creación 1.385 del Consejo Real, órgano asesor de representación permanente de las Cortes en el gobierno del Reino. A este soberano le sucedió Enrique III (1.390-1.406).

En general, con los Trastámara proliferaron las donaciones a la nobleza castellana -principalmente con Enrique II- y la señorialización del territorio con la pérdida de la condición realenga de numerosas villas. Al finalizar el siglo XIV, la Corona de Castilla asistió a la formación de grandes Estados señoriales, territorios que imitaron, a pequeña escala, a la propia monarquía. Este afianzamiento de los señoríos territoriales favoreció la expansión de la ganadería lanar y un estancamiento de la agricultura castellana.

REFERENCIAS

1 José Luis Martín, Reinos y condados cristianos en Historia de España, vol. 8 (Madrid: Historia 16, 1995), 54-92.

2 Para el siglo XIV véase: Julio Valdeón Baruque y Nicasio Salvador Miguel, Castilla se abre al Atlántico. De Alfonso X a los Reyes Católicos, Historia de España, vol. 10 (Madrid: Historia 16, 1995), 8-50.

 

 
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