Dénes Martos - Los Atenienses
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Historia a vuelo de pájaro

Toda división de la Historia en "Edades", "Eras" o "Épocas" es una operación altamente arbitraria. No hubo una sola persona sobre todo el planeta que exclamara: "¡Que lindo! ¡Ahora entramos en la Edad de Piedra!" en el momento en que a aquél ignoto antepasado nuestro se le ocurrió agarrar una piedra y usarla como herramienta. Tampoco alguno dijo algo parecido después de la toma de Constantinopla por los turcos o luego de la caída del Imperio Romano en el Siglo V DC.

Las "Edades" y las "Eras" son subdivisiones artificiosas de nuestro devenir, cuya única justificación es la de que sirven para ordenar el material y los datos que tenemos a disposición para tratar de entender nuestro pasado. Por otra parte, tampoco es cuestión de ser demasiado despectivos con esta tarea de clasificación y ordenamiento. Todo lo que sirva para entender y comprender es útil. Desde la clasificación taxonómica de las especies biológicas hasta la subdivisión de la Historia en eras o edades. Si no perdemos de vista su básica artificialidad, resultan prácticas y convenientes para tener un cuadro mental claro del panorama general.

De modo que, hechas las salvedades del caso, vayamos a la Historia de Grecia. Tenemos, muy a grandes (y, como dijimos, artificiales) rasgos, cinco "grandes capítulos" en esta Historia.

I. Los comienzos

El primero de ellos es la época Micénica. Abarca unos 250 años y transcurre aproximadamente entre el Siglo XV AC y mediados del XII AC. Es la época de Homero, la invasión de los jonios y la Guerra de Troya que, en general, se ubica hacia el 1185 AC.

Le sigue una "época oscura", llamada así por algunos historiadores por la sencilla razón de que no sabemos gran cosa acerca de ella. No deja de ser curiosa nuestra tendencia a catalogar de "oscuro" todo lo que ignoramos; pero no importa. Sigamos. Este lapso abarca unos cuatrocientos años, desde el Siglo XIII al IX AC. Son los tiempos de la invasión de los dorios y la generalización del empleo del hierro. Por esta época comienza también la colonización jonia, verosímilmente impulsada por la presión de los dorios que empujaron a los jonios hacia el mar y, consecuentemente, los incitaron a fundar colonias sobre las costas del Mar Egeo.

II. Los eupátridas

Aproximadamente entre principios o mediados del Siglo VIII AC comienza la época en que ya podemos hablar de una civilización o cultura griega por derecho propio. La época de los eupátridas - el término significa poco más o menos "bien nacido" o "de buena cuna" - es un tiempo de nobles y patricios entre quienes figura Dracón, más tarde famoso por la rigidez y dureza de las leyes que promulgó hacia el 621 AC. El período dura unos doscientos años - años más, años menos - abarcando los siglos VIII y VII hasta probablemente principios del VI AC.

Es por esta época que tienen lugar los primeros Juegos Olímpicos (776 AC). Hacia mediados del S. VIII se establecen las primeras colonias griegas en Italia. Se desarrolla la música y las artes. Aparece la arquitectura en piedra suplantando a la de madera. A partir del S.VII Se generaliza el empleo de dinero acuñado en monedas y aparecen las grandes estatuas.

Son los tiempos en que Hesíodo escribe su Teogonía en donde se relatan los mitos sobre los dioses y también su Los Trabajos y Los Días gracias al cual conocemos la vida agraria de aquellos tiempos. Pero es también la época de la poesía de Safo y hacia el final de este período, ya entrado el Siglo VI AC aparece Tales de Mileto, uno de los Siete Sabios - o Sophoi - de Grecia que se imagina una cosmología basada en el agua, con una tierra flotando sobre un enorme océano y cuyos trabajos serán continuados por Anaximandro en quien probablemente podemos ver al fundador de la astronomía griega y, en todo caso, al primer pensador que desarrolló una cosmovisión sistemática del universo.

III. Los Tiranos atenienses

¿Cómo? ¿Tiranos en Atenas? Pues sí, lo siento mucho, pero durante por lo menos un siglo - el VI AC - Atenas estuvo gobernada por tiranos. Aunque, eso de "tiranos" no deja de ser una forma de decir, probablemente inventada por algunas personas para darle más brillo y aceptación al régimen político que se construyó después.

La realidad es que en esta época cae nada menos que la reforma de Solón (hacia el 570 AC) por medio de la cual el rígido código de Dracón se suaviza y se "liberaliza" en gran medida. Son los tiempos de Pisístrato, que es quien, en realidad, implementa las reformas "liberales" de Solón, y cuya posición de poder político heredará su hijo Hipias. Pero Hipias terminará derrocado por Clístenes y con este último, ahora ya sí, podemos decir que entramos en lo que convencionalmente se ha dado en llamar la era democrática de Atenas que se extenderá por todo el Siglo V AC siguiente.

IV. El extraño Siglo V AC

Aunque sorprenda a muchos, la dura realidad es que la era democrática de Atenas es una era bélica. La democracia ateniense está indisolublemente ligada a guerras. En realidad, todo el siglo V AC está marcado por la guerra.

Apenas 18 años después de que Clístenes consigue reformar la arquitectura política de Atenas (508 AC) estalla la guerra contra los persas con su primera gran batalla en Maratón (490 AC) siguiendo luego con las Termópilas y Salamina (480 AC) para terminar con la de Platea (479 AC). Pero esto no es todo. A la guerra internacional le seguirá la guerra civil.

En el 478 AC Atenas inicia su expansión imperial con la Liga de Delos que ya hemos comentado. Las tensiones y rivalidades entre Atenas y Esparta, que ya son muy serias hacia el 459 AC, terminan en un tratado de paz por 30 años firmado en el 445 AC. La Paz de los Treinta Años, sin embargo, dura exactamente tan sólo catorce. En el 431 estalla la Guerra del Peloponeso que, luego de varias alternativas, terminará en el 404 AC con la rendición de Atenas.

Curiosamente, este mismo siglo V de batallas, guerras y conflictos, salpicados aquí y allá por algunos años de paz, es el que, por lo común, se considera como "El Siglo de Oro de Atenas". Ni hablemos de quienes mencionan la época como el "Siglo de Oro de Pericles", un "siglo" que, en todo caso, vendría a ser aritméticamente algo extraño si tenemos en cuenta que la estrella política de Pericles brilló solamente unos 30 años (del 459 al 429 AC).

Al margen de estas incongruencias no deja de ser cierto sin, embargo, que el Siglo V AC es tremendamente interesante desde muchos puntos de vista. Es la época del teatro griego con nada menos que Esquilo, Sófocles, Aristófanes y Eurípides. Es cuando surge la medicina con Hipócrates. Es cuando se construye el Partenón y se termina el templo de Zeus en Olimpia. Es el siglo en el que enseñaron Parménides, Zenón de Elea, Anaxágoras, Demócrito, Sócrates y tantos otros.

A principios de este siglo es cuando Píndaro compone algunas de las más famosas odas de la música griega y nace Heródoto, prácticamente el primer gran historiador de Occidente. Fidias, aparte de dirigir los trabajos de Ictinos y Callícrates en el Partenón, esculpió sus estatuas en este siglo. Los ingenieros griegos inventaron la catapulta. A finales del siglo tiene lugar la batalla de Cunaxa que dará comienzo a la formidable odisea de los diez mil mercenarios griegos conducidos por Jenofonte.

Pero fíjense ustedes en que también es el siglo en que muere Confucio - en el 479 AC, es decir: el mismo año de la batalla de Platea. Incluso es, muy probablemente, el siglo de la consolidación de las enseñanzas de Gautama Buda en la India. De hecho, en el 483 AC tuvo lugar el Segundo Consejo budista de Vaishali que fortaleció la disciplina monástica terminando con los sectarismos internos. Por estos tiempos, además, se establecieron hospitales brahmánicos en Sri Lanka y se compuso la primera versión del Mahabharata, que es la gran saga épica de los hindúes.

Algún día se tendrá que escribir la Historia del Siglo V AC expurgándola en gran medida de la multitud de batallas y carnicerías que, al final de cuentas, no hacen más que agregarle ruido al relato. Nunca terminé de entender muy bien por qué la Historia, la llamada "verdadera" Historia, tiene que ser esa exposición monótona, aburrida y latosa de batallas, peleas, derrocamientos, conspiraciones, asesinatos, ejecuciones y muertes varias. Nunca me quedó demasiado claro por qué las demás Historias se relegan a una especie de estante secundario de la biblioteca donde figuran la Historia del Arte al lado de La Historia de la Ciencia, la Historia de la Filosofía y la Historia de la Medicina. Es como la afirmación tácita de que la Historia de la Astronomía, esa ciencia que nos ha permitido comprender un poco mejor nuestra ubicación en todo el enorme universo que nos rodea, es menos importante que la Historia convencional de la que difícilmente se puede aprender mucho más que las mil y una formas de matar, derrocar o jorobar a alguien.

Vista desde una perspectiva más generosa, la Historia del Siglo V AC es realmente fascinante. Es uno de esos momentos que parecen estar al final de una especie de embudo. Como si la enorme mayoría de las cosas que sucedieron antes hubiese tenido que confluir y desembocar - casi estaría tentado a decir: fatalmente - en ese momento. Hay varios momentos así en los 10.000 años que llevamos registrados y más o menos conocidos de nuestro pasado.

Es algo parecido a los inventos. Rara vez un invento nació de la cabeza de una sola persona. La regla general es que se van produciendo varios descubrimientos, se van adquiriendo conocimientos, van apareciendo muchas pequeñas innovaciones, hasta que por fin, en algún momento, un hombre talentoso junta todo ello en un solo invento que consiste en todo lo anterior más alguna chispa de genialidad adicional. Si quieren un ejemplo de esto, repasen un poco la historia de la máquina de vapor. Quizás se sorprendan al descubrir que ya Herón de Alejandría la conocía como curiosidad científica allá por el Siglo I AC. Pero, en todo caso, en 1698 un caballero inglés llamado Thomas Savery inventó una bomba a vapor para bombear agua; en 1712 su compatriota Thomas Newcomen la perfeccionó y el gran James Watt le agregó la genialidad del cigüeñal en 1765 convirtiendo el movimiento de vaivén en un movimiento rotativo. Cuatro años después Cugnot intentó hacer funcionar un automóvil a vapor sobre los caminos de Francia, Richard Trevithick lo intentó con otro vehículo sobre las vías de un ferrocarril inglés en 1804 y sólo recién después de todo esto es que, en 1829, aparece en escena la tradicional locomotora a vapor inventada por el famoso George Stevenson.

Con la Historia pasa algo parecido. Se ha discutido muchísimo sobre si hemos de imaginarla como una línea recta orientada hacia el Progreso; o como una sinuosidad irregular determinada esencialmente por el azar; o bien si vendría a ser una especie de espiral que gira alrededor de más o menos las mismas cuestiones sólo que a niveles cada vez mayores. Personalmente me inclinaría más por la teoría de la espiral. Pero el movimiento, en todo caso, no parece ser continuo. Es como si durante determinados lapsos de tiempo se fuese acumulando energía para que, alcanzada cierta masa crítica, se produzca una de esas explosiones que impulsan el carro de la Historia otro trecho hacia delante. Es como si la Historia tuviese pulsaciones. Como si respondiese, en última instancia, a los latidos de un gran corazón.

Quizás durante el Siglo V AC el corazón de la Historia del planeta Tierra dio un latido. ¿No se animarían a investigarlo?

En fin; creo que me fui un poco por las ramas. Perdónenme el desvío pero esta cuestión me ha apasionado desde hace años. Es muy posible que, en algún momento, me descuelgue con algo sobre el Siglo V AC. Pero volvamos a Grecia.

El "Siglo de Oro" terminó en el 404 AC con la derrota de Atenas por los espartanos.

El oro del siglo quedó manchado con mucha sangre. Pero no nos extrañemos. Eso es algo que con bastante frecuencia pasa con el oro.

V. Los Macedonios

Si Atenas, a pesar de sus guerras, fracasó en la tarea de unir a toda Grecia en un solo gran imperio, habrá que decir en honor a la verdad que, luego de derrotarla, Esparta tampoco lo hizo mucho mejor.

Para principios del Siglo IV AC Grecia estaba desangrada. Habrá todavía toda una serie de luchas intestinas y batallas entre las distintas ciudades pero tanto Esparta como Atenas se encuentran ya al final de su energía política.

En el 359 AC Filipo II de Macedonia accede al trono. A partir de este momento, los destinos de Grecia pasarán a manos de los macedonios, esos primos hermanos del norte que tuvieron los griegos y que llegaron quizás un poco tarde a la cultura griega pero que, curiosamente, fueron los que probablemente más hicieron por difundirla y expandirla. Quizás un poco hasta sin querer.

En el 342 AC Aristóteles se traslada a Macedonia para servir de maestro a Alejandro, el hijo de Filipo II, y cuatro años más tarde los macedonios derrotan a atenienses y tebanos en la batalla de Queronea constituyéndose en los árbitros de la Grecia Continental. En el 336 AC Alejandro sucede a su padre y en escasos 13 años hasta su muerte en el 323 AC conquista un enorme territorio que incluyó a Persia y Egipto llegando hasta la India.

Este formidable imperio es efímero en cuanto a su duración política y militar. Desde el punto de vista cultural, sin embargo, la cultura griega se difunde por todo el mundo conocido de la época y llegará a inspirar a Roma que conquistará a Grecia por las armas pero que, a su vez, será conquistada por ella en lo cultural.

Pero la de Roma ya es otra historia.

 

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