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El trono
celestial
Después
de esto miré y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí,
como de trompeta, hablando conmigo, dijo: sube acá, y yo te mostraré las cosas
que sucederán después de estas.
Y
al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el
cielo, y en el trono, uno sentado.
Y
el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de
cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la
esmeralda. (Apocalipsis 4: 1-3)
Toda
dádiva buena y todo don perfecto es de arriba, porque desciende del Padre de las
luces, y con él no hay sombra de variación (Santiago 1:17)
Y
alrededor del trono había veinticuatro tronos, y vi sentados en los tronos a
veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus
cabezas. (Apocalipsis 4: 4)
Y él hizo que
fuéramos un reino, sacerdotes para su Dios y Padre.
Al que venza
le concederé sentarse conmigo en mi trono.
Serán
sacerdotes de Dios y del Cristo, y reinarán con él mil años. (Apocalipsis 1:5;
3:21; 20:6)
El antiguo sacerdocio judío estaba organizado en 24 divisiones,
por ello aquí se encuentran 24 turnos de sacerdotes, cada uno integrado por
6,000. (6,000 X 24 = 144,000 comprados de entre la humanidad).
Y
del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete
lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.
Y
delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al
trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y
detrás.
El
primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un
becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un
águila volando. (Apocalipsis 4: 5-7)
Y
en medio de aquel fuego se veía una semejanza de cuatro animales; la apariencia
de los cuales era la siguiente: había en ellos algo que se parecía al hombre.
Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas.
Sus
pies eran derechos, y las plantas de sus pies como la planta del pie de un
becerro, y despedían centellas, como se ve a un acero muy encendido. Debajo de
sus alas, a los cuatro lados había manos de hombre; y tenían caras y alas por
los cuatro lados.
Y
juntábanse las alas del uno con las del otro. No se volvían cuando andaban,
sino que cada uno caminaba adelante según la dirección de su rostro.
Por
lo que hace a su rostro, todos los cuatro lo tenían de hombre, y todos cuatro
tenían cara de león a su lado derecho; al lado izquierdo tenían todos cuatro
una cara de buey; y en la parte de arriba tenían todos una cara de águila.
(Ezequiel
1: 5-10)
Estos cuatro seres vivientes corresponden a los
querubines que resguardan el templo de Dios.
Y
había entalladuras de querubines y de palmas, pues entre querubín y querubín
había una palma; y cada querubín tenía dos caras.
La
cara de hombre vuelta hacia la palma a un lado, y la cara de león hacia la otra
palma al otro lado, esculpidas de relieve por todo el rededor del templo.
(Ezequiel 41: 18-20)
El mar de vidrio, que arriba se hace mención ,
corresponde al firmamento, que a su vez representa los ángeles de Dios. Vea: Las estrellas del cielo
Y
sobre las cabezas de los animales, había una semejanza de firmamento, que
parecía a la vista un cristal estupendo, el cual estaba extendido arriba por
encima de sus cabezas. (Ezequiel 1: 22)
Y
los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro
estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo
es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.
(Apocalipsis 4: 8)
En cuanto a
Jehová, sus ojos están discurriendo por toda la tierra para mostrar su fuerza a
favor de aquellos cuyo corazón es completo para con él. (2 Crónicas 16:9)
Los ojos de
Jehová están en todo lugar, vigilando a malos y a buenos. (Proverbios 15:3)
Y
siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al
que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los
veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, al
que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono,
diciendo:
Señor,
digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas
las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas. (Apocalipsis 4: 9-11)