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Vi en el cielo otra señal grande
y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en
ellas se consumaba la ira de Dios.
Vi también como un mar de vidrio
mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y
su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio,
con las arpas de Dios. (Apocalipsis 15:1-2)
Estos hombres
están en la presencia de Dios, en el trono celestial y su destino es reinar con
Jesucristo en la tierra: “Y has hecho de ellos para nuestro Dios reyes y
sacerdotes y reinarán sobre la tierra” Apocalipsis 5:10
Y
ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del
testimonio de ellos y menospreciaron sus vidas hasta la muerte. (Apocalipsis
12:11)
Y cantaban el cántico de Moisés
siervo de Dios; y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son
tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de
los santos. (Apocalipsis 15: 3)
Y el reino va a
ser dado a los santos:
Yo
estaba, pues, observando en la visión nocturna, y he aquí que venía entre las
nubes del cielo uno que parecía el Hijo del hombre, quien se adelantó hacia el
Anciano de días, y le presentaron ante él. Y dióle esta potestad, el honor y el
reino; y todos los pueblos, tribus y lenguas le servían a él; la potestad suya
es potestad eterna que no le será quitada, y su reino es indestructible.
(Daniel 7: 13,14)
Hasta
tanto que llegó el Anciano de días, y sentenció a favor de los santos del
Altísimo, y vino el tiempo, y los santos obtuvieron el reino.
Y
se celebrará juicio, a fin de que se le quite el poder (al gobierno
humano) y sea destruído y perezca para siempre. Y para
que el reino, y la potestad, y la magnificencia del reino, cuanta hay debajo de
todo el cielo, sea dada al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es
reino sempiterno, y a él le servirán y obedecerán los reyes todos (Daniel 7:
22, 26-27)
Quién no te temerá, oh Señor, y
glorificará tu nombre, pues solo tú eres santo; por lo cual todas las naciones
vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado. (Apocalipsis 15:
4)
Acontecerá en
lo postrero de los días, que el monte en que se erigirá la Casa de Jehová,
tendrá sus cimientos sobre
la cumbre de todos los montes, y se elevará sobre los collados, y correrán a
ella todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos y dirán: Vamos, subamos al
monte de Dios, y a la casa del Dios de Jacob, y él nos mostrará sus caminos y
por sus sendas andaremos; porque de Sión saldrá la ley y de Jerusalén la
palabra del Eterno.
Y el será juez entre las
naciones, y reprenderá a muchos pueblos; los cuales forzarán sus espadas en
rejas de arado y sus lanzas en azadones, no alzará más espada nación contra
nación ni se adestrarán más para la guerra. (Isaías 2:2-4)
Después de estas cosas miré, y
he aquí fue abierto en el cielo el templo del tabernáculo del testimonio; y del
templo salieron los siete ángeles que tenían las siete plagas, vestidos de lino
limpio y resplandeciente, y ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro.
Y uno de los cuatro seres
vivientes dio a los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios,
que vive por los siglos de los siglos.
Y el templo se llenó de humo por
la gloria de Dios, y por su poder, y nadie podía entrar en el templo hasta que
se hubiese cumplido las siete plagas de los siete ángeles. (Apocalipsis 15:
5-8)
Oí una gran voz que decía desde
el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de
la ira de Dios. (Apocalipsis 16:1)
Y se airaron las naciones, y tu
ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus
siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños
y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra. (Apocalipsis
11:18)
Haced morir, pues, lo terrenal en
vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y
avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los
hijos de desobediencia. (Colosenses 3:5)
Fue el primero y derramó su copa
sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que
tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen. (Apocalipsis 16:2)
El segundo ángel derramó su copa
sobre el mar, y este se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser
vivo que había en el mar. (Apocalipsis 16:3)
El segundo ángel tocó la
trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar;
y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Y murió la tercera parte de
los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue
destruida. (Apocalipsis 8:8-9)
Con las trompetas; se inicia la ira de Dios y con
las copas se consuma ésta, ya que, como dice aquí, una tercera parte del mar se
convierte en sangre al sonar la segunda trompeta, y luego con la segunda copa
todo el mar es destruido, pero Dios va a regenerar todas las cosas:
¡Cuán innumerables son tus obras
oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus
beneficios. He allí el grande y anchuroso mar, en donde se mueven seres
innumerables , seres pequeños y grandes. Allí andan las naves; allí este
leviatán que hiciste para que jugase en él.
Todos ellos esperan en ti, para
que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; abres tu mano, se sacian
de bien.
Escondes tu rostro, se turban;
les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son
creados, y renuevas la faz de la tierra. (Salmos 104: 24-30)
El tercer ángel derramó su copa
sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre.
Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y
que eras, el Santo porque has juzgado estas cosas. Por cuanto derramaron la
sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre;
pues se lo merecen. También oí a otro, que desde el altar decía: ciertamente
Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos. (Apocalipsis
16:4-7)
El tercer ángel tocó la trompeta,
y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la
tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. Y el nombre de la estrella
es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos
hombres murieron a causa de estas aguas, porque se hicieron amargas.
(Apocalipsis 8:10-11)
El cuarto ángel derramó su copa
sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se
quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder
sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria. (Apocalipsis 16:8)
La luz de la luna será como la
luz del sol, y la del sol será siete veces mayor que sería la luz de siete
días. (Isaías 30:26)
El quinto ángel derramó su copa
sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas y mordían de
dolor sus lenguas, y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por
sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras. (Apocalipsis 16:10-11)
Pero, ¿dónde está este trono de la bestia?
Pero al cabo del tiempo, el rey
del sur contenderá con el rey del norte, y vendrá sobre él a manera de una
tempestad con tropas y gente de a
caballo y muchas naves, y entrará a la tierra gloriosa en sus provincias e
inundará y pasará adelante, y serán destruidas muchas gentes y solamente se
librarán de sus manos Edom y Moab y la parte principal de los hijos de Ammón.
Y se apropiará de las provincias
y no escapará el país de Egipto. Se hará dueño de los tesoros de oro y plata y
de todas las preciosidades de Egipto, y los de Libia y Etiopía le seguirán.
Pero rumores del norte y el
oriente le conturbarán y saldrá con gran ira para asolar y dar por entero a
muchos a la destrucción y plantará las tiendas de su palacio entre los mares,
en el ínclito y santo monte, pero después padecerá y no habrá quien le ayude
(Daniel 11:40-45)
El cuál se opone y se levanta
contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en
el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. (2Tesalonicenses 2:4) Vea: La
Abominación de la desolación
El sexto ángel derramó su copa
sobre el gran río Éufrates; y el agua de este se secó, para que estuviese
preparado el camino a los reyes del oriente. (Apocalipsis 16:12)
Esto recuerda la invasión al reino de Babilonia en
el año 539 A.C. cuando Ciro, el rey de Persia y Dario el rey de la Media, ambos
procedentes del oriente, hicieron desviar el curso del Éufrates.
El sexto ángel tocó la trompeta,
y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de
Dios, diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: desata a los cuatro
ángeles que están atados junto al gran río Éufrates.
Y fueron desatados los cuatro
ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a
la tercera parte de los hombres. Y el número de los ejércitos de los jinetes
era doscientos millones. Yo oí su número. (Apocalipsis 9:13-16)
Un ataque nuclear lanzado sobre el trono de la
bestia, desde el Éufrates.
Pero rumores del oriente y del
norte le conturbarán y saldrá con gran ira para asolar y dar por entero a
muchos a la destrucción y plantará las tiendas de su palacio entre los mares,
en el ínclito y santo monte, pero después padecerá y no habrá quien le ayude
(Daniel 11:40-45)
El Éufrates se encuentra al oriente y al norte
(noroeste) de Jerusalén, el rey del norte, la bestia, se entera de un ejército
de doscientos millones reunidos y preparados para atacarlo desde el río
Éufrates, y ellos son los que lanzan el ataque nuclear posteriormente.
Y vi salir de la boca del
dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres
espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen
señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la
batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.
He aquí yo vengo como ladrón.
Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y
vean su vergüenza. (Apocalipsis 16: 13-15)
Mirad también por vosotros
mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y de embriaguez y de
los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque
como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de la tierra.
Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis dignos de escapar de todas estas
cosas que vendrán, y de estar de pie delante del Hijo del hombre. (Lucas
21:34-36)
Y los reunió en el lugar que en
hebreo se llama Armagedón. (Apocalipsis 16:16)
Har-Megido, la colina de Megido, lugar de reunión de
ejércitos, se encuentra a unos 75 km al noreste de Jerusalén, donde tendrá
lugar la mayor reunión de ejércitos jamás vista en la historia, y llevada a
cabo por obra de demonios: “pues son espíritus de demonios, que hacen señales,
y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de
aquel gran día del Dios Todopoderoso.” Apocalipsis 16:13
Salid fura y venid y congragaos,
¡oh naciones todas cuantas seáis!; allí derribará el Señor por el suelo a todos
vuestros campeones. Levántense las gentes y vengan al valle de Josafat (el valle de la decisión); porque allí me
sentaré yo a juzgar a todas las naciones puestas a la redonda. (Joel 3:11-12)
El séptimo ángel derramó su copa
por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo:
Hecho está. Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de
tierra, un terremoto tan grande, cual no hubo jamás desde que los hombres has
estado sobre la tierra.
Dios hace temblar la estructura física y moral
humana por no estar basada en la estructura de la ley y principios del Dios
Eterno.
Y la gran ciudad fue dividida en
tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino
en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira.
De tan grandes proporciones será este terremoto que
todas las ciudades del mundo se vienen abajo.
Y toda isla huyó, y los montes
no fueron hallados. Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como
del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del
granizo; porque su plaga fue sobremanera grande. (Apocalipsis 16: 17-21)