La  abominación
 

 

 

 

de la desolación
 

 

 


(Basado en “El medio Oriente en profecía”

presentado por Mario Hernández)

Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin (Mateo 24: 14)

 
 

 


                                        Y será predicado este evangelio del reino en todo

                                          el mundo, para testimonio a todas las naciones; y

entonces vendrá el fin

 

 

Por tanto cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de la que habló el profeta Daniel (el que lee entienda), entonces los que están en Judea, huyan a los montes.

 

El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa.

 

Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días!

Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.

 

Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.

 

Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis.

 

Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuera posible, aun a los escogidos.

 

El conflicto actual entre israelíes y palestinos por poseer la tierra de Jerusalén, llegará al punto en que se desalojen a los musulmanes del lugar santo.

 

La primera destrucción del templo de Dios fue cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, conquistó Jerusalén en el año 586 A.C.

Hacia el año 539 A.C, Ciro, rey de los persas, permite el regreso de los judíos para la reconstrucción del templo y reinicien los sacrificios que habían sido suspendidos.

 

En el año 614 D.C, los persas conquistaron Jerusalén y destruyeron las iglesias; en el año 638, seis años después de la muerte de Mahoma, los musulmanes toman Jerusalén; en el año 691 se construye el domo de la Roca (La mezquita de Omar).

 

En este lugar fue edificado el templo que Salomón dedicó a Dios, y donde se llevaban a cabo los sacrificios continuos. Vea: Éxodo 29

Pero vemos que en un futuro no lejano, el pueblo de Israel retomará los antiguos mandamientos, volviendo a ofrecer los sacrificios; lo que vendrá a llamar la atención del mundo entero.

 

 

 

La abominación desoladora

profetizada por Daniel

 

Y se engrandeció hasta contra el príncipe de la fortaleza, y fue quitado el sacrificio continuo, y abatió el lugar de su santificación (Daniel 8: 11)

 

Daniel, en el capítulo 8, ve en visión, un carnero con dos astas, y después un macho de cabrío, que al principio tiene una sola asta, y luego le nacen cuatro, el cual vence al carnero. El primero señala al rey de los medos y los persas (Ciro el grande), y el segundo al rey de los griegos (Alejandro Magno, sus cuatro astas son los cuatro generales que se dividieron el reino). Anuncia también el levantamiento de un rey cruel.

 

Y de entre ellos (los generales de Alejandro Magno) salió aquella raíz perversa, Antíoco Epífanes. (I Macabeos 1: 11)

 

Y después de haber asolado Egipto, volvió Antíoco en el año ciento cuarenta y tres, y se dirigió contra Israel. (I Macabeos 1: 21)

 

Por causa de ellos huyeron los habitantes de Jerusalén, viniendo ésta a quedar morada de extranjeros; y como extraña para sus naturales; los cuales la abandonaron. Su Santuario quedó desolado como un yermo. (I Macabeos 1: 40,41)

 

El rey envió sus comisionados a Jerusalén y por todas las ciudades de Judá, con cartas para que abrazasen las leyes de las naciones gentiles, y se prohibiese ofrecer en el templo de Dios holocaustos, sacrificios y oblaciones por los pecados, y se impidiese la celebración del sábado y las solemnidades. Mandó además que se profanasen los lugares santos y el pueblo santo de Israel. Dispuso que se sacrificase sangre de cerdos y animales inmundos.

(I Macabeos 1: 46-50)

 

El día quince del mes de Casleu del año ciento cuarenta y cinco, colocó el rey Antíoco sobre el altar de Dios el abominable ídolo de la desolación, (la estatua de Júpiter Olímpico) y por todas partes se erigieron altares en todas las ciudades de Judá.

 

Y despedazando los libros de la ley de Dios, los arrojaban al fuego, y a todo hombre en cuyo poder hallaban los libros del Testamento del Señor, y a todos cuanto observaban la ley del Señor, los despedazaban en cumplimiento del edicto del rey. (I Macabeos 1: 57-60)

 

Este primer sitio de Jerusalén ocurrió en el año 167 AC, y tres años después (164 AC) los macabeos derrotaron a los sirios y volvieron a purificar y dedicar el templo. Como estaba profetizado por Daniel:

 

Y oí a uno de los santos que hablaba; y dijo un santo a otro que yo no conocí, y que estaba hablando: ¿Por cuánto tiempo durará lo que significa en la visión acerca del pecado de la desolación, y en orden a ser hollado el santuario y la tierra fuerte?

 

Y le respondió: Por espacio de dos mil y trescientos días de tarde y mañana, y será purificado el santuario. (Daniel 8: 13,14)

 

Dos mil trescientos días, sumando tardes y mañanas, lo que es mil ciento cincuenta días, que corresponden a tres años.

 

Pero el hecho de gran trascendencia es que esto volverá a ocurrir en el futuro, Jerusalén estará rodeada de ejércitos y hollada por espacio de tres años y medio, y será puesta en el santuario la abominación desoladora, en ésta ocasión será la imagen de la bestia y el falso profeta. Este es el tiempo de la gran tribulación, la persecución de la iglesia; tal y como ocurrió con Antíoco Epífanes, éste es figura del anticristo.

 

Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá (Jesucristo) sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.

(II Tesalonisenses 2: 3,4)

 

Pero el patio  que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses. (tres años y medio) (Apocalipsis 11: 2)

 

Cómo podemos saber con certeza que esto ocurrirá en un futuro, recordemos las palabras de Jesucristo:

 

Por tanto cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de la que habló el profeta Daniel (el que lee entienda), entonces los que están en Judea, huyan a los montes. (Mateo 24: 15)

 

Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas (Lucas 21: 20-22)

      

Y además, el ángel Gabriel le declara a Daniel  que han de parecer algunos santos y serán purificados hasta el tiempo señalado, y le indica que aun queda otro plazo:

 

Y los brazos estarán de su parte, y contaminarán el santuario de la fortaleza, y quitarán el sacrificio continuo, y sustituirán la abominación de la desolación. (Daniel 11: 31)

 

Y parecerán de los sabios, para que sean acrisolados y purificados, y blanqueados hasta el tiempo señalado; porque aun quedará otro plazo. (Daniel 11: 35)

                                 

Y oí a aquel varón de las vestiduras de lino, que estaba en pie sobre las aguas del río, el cual habiendo alzado su diestra y su siniestra hacia el cielo, juró por aquel que siempre vive, y dijo: En un tiempo, y dos tiempos y la mitad de un tiempo. (tres años y medio)

 

Yo oí esto, mas no lo comprendí. Y dije: ¡Oh Señor mío!, ¿qué es lo que sucederá después de estas cosas?

Mas él me dijo: Anda, Daniel, que estas cosas son recónditas y selladas hasta el tiempo determinado.

 

Muchos serán escogidos y blanqueados, y purificados como por fuego. Los impíos obrarán impíamente; ninguno de los impíos lo entenderá; mas los sabios lo comprenderán.

 

Y desde el tiempo que será quitado el sacrificio perpetuo, y será entronizada la abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. (tres años y medio)  Daniel (12: 7-11)

 

Bienaventurado el que espere y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. Mas tú, Daniel, anda hasta el término señalado; y reposarás, y gozarás de tu suerte al fin de los días (Daniel 12: 12,13)

 

El ángel Gabriel le dice a Daniel que llegado el fin de los días será resucitado, después de estos tres años y medio; y señala como bienaventurados los que lleguen a más de estos tres años y medio porque tendrá lugar entonces el retorno de Jesucristo cuando se haya tocado la séptima trompeta.

 

 

 

 

Jerusalén rodeada de ejércitos

 

Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas (Lucas 21: 20-22)

 

Pero al cabo del tiempo, el rey del sur contenderá con él, y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad con carros y gente de a caballo y muchas naves.

 

Y entrará en la tierra gloriosa, y muchas provincias caerán, mas estas se escaparán de su mano: Edom y Moab y la mayoría de los hijos de Ammón. (Daniel (11: 40,41)

 

El rey del sur correspondía a los países árabes y el rey del norte a los europeos en tiempos de las cruzadas. Ammón corresponde al país de Jordania. En un futuro, Europa volverá a ser la que intervenga en Israel, ésta será una restauración del sacro imperio romano.

 

Y se apropiará de las provincias, y no escapará el país de Egipto. Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto, y los de Libia y de Etiopía le seguirán.

 

Pero noticias del oriente y del norte lo atemorizarán, y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos.

 

Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares (entre el mar Muerto y el Mediterráneo), sobre el monte glorioso y santo, y subirá hasta su cumbre. (Daniel 11: 42-45)

 

Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.

(II Tesalonisenses 2: 3,4)

 

Y yo reuniré a todas las naciones para que vayan a pelear contra Jerusalén, y la ciudad será tomada, y derribadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de los ciudadanos serán llevados en cautiverio, y el resto del pueblo permanecerá en la ciudad.

 

Y saldrá el Señor, y peleará contra aquellas naciones, como peleó en el día de batalla. (contra Faraón y Egipto)

 

Pondrá él en aquel día sus pies sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén, al oriente; y se dividirá el monte de los Olivos por en medio hacia levante y hacia poniente con una enorme abertura; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur. (Zacarías 14: 2-4)

 

Y en aquel día no habrá luz, sino frío y hielo. Y vendrá un día que es conocido del Señor que no será ni día, ni noche; mas al fin de la tarde aparecerá la luz.

(Zacarías 14: 6,7)

 

La plaga con que el Señor herirá a todas las gentes que han peleado contra Jerusalén será ésta; consumiránsele a cada uno sus carnes, estando en pie, y se les pudrirán sus ojos en sus concavidades, y se les deshará en la boca su lengua. (Zacarías 14: 12)

 

 

 

La batalla de Armagedón

 

 

Y vi salir de la boca del dragón, y del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso (Apocalipsis 16: 13,14)

 

Y los reunió en el lugar que en el hebreo se llama Armagedón.

(Apocalipsis 16: 16)

 

Porque en aquellos días y en aquel tiempo, cuando yo habré libertado a Judá, y a Jerusalén del cautiverio, he aquí yo reuniré todas las gentes y las conduciré al valle de Josafat (entre Jerusalén y el monte de los Olivos), y allí disputaré con ellas a favor de mi pueblo, y a favor de Israel, heredad mía, que ellas dispersaron por estas y las otras regiones, habiéndose repartido entre sí mi tierra. (Joel 3: 1,2)

 

Bien podéis pregonar en alta voz entre las naciones: Aparejaos para la guerra, animad a los valientes, vengan, pónganse en marcha los guerreros todos; transformad vuestros arados en espadas, y en lanzas vuestros azadones; diga el débil: Fuerte soy.

 

Salid fuera y venid y congregaos, ¡oh naciones todas cuantas seáis allí derribará el Señor por el suelo a todos vuestros campeones. Levántense las gentes y vengan al valle de Josafat; porque allí me sentaré yo a juzgar a todas las naciones puestas a la redonda.

 

Echad la hoz, porque están ya maduras las mieses; venid y bajar, porque el lagar está lleno: rebosan los lagares, ha llegado ya a su colmo la malicia de ellos. (Joel 3: 13)

 

Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas están maduras.

 

Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios.

 

Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios. (Apocalipsis 14: 18-20)

 

Pueblos, pueblos, en el valle de la mortandad, porque cercano está el día del Señor, al valle de la matanza. Oscurecerse han el sol y la luna, y las estrellas retirarán su resplandor. (Joel 3: 9-14)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1