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ESCRIBIENDO EL FUTURO. | ||||
Era uno de esos domingos en la tarde en los que uno se cansa de no-hacer-nada y, para el colmo, llov�a. As� fue como decid� ir a la bodega a buscar mi vieja guitarra sin ni siquiera imaginar lo que me esperaba. Baj� la escalera. Abr� la puerta. El olor a encerrado y el polvo me hicieron retroceder. Entr� a tientas y encend� la luz. El foco colgaba de los cables iluminando la habitaci�n con un color �mbar que al contraste con las sombras dibujaba un escenario sereno y abrasador. Estaba en el que fue mi escondite secreto hace ya algunos lustros.
Mov� cajas. Me top� con diversos objetos como aquellas fotograf�as que no fueron dignas de ser guardadas en un �lbum; los aparatos que fueron refacciones de otros aparatos que tambi�n terminaron como refacciones; y con algunos de los jugetes con los que mis hermanos y yo no s�lo jug�bamos, sino con los que tambi�n entablamos feroces batallas, que finalizaron como parte de una guerra olvidada.
Los objetos que miraba
me miraban, aquellos que tocaba me tocaban y de alguna manera me llevaron a otros tiempos. Me sumerg� en el pasado y en los futuros que ese pasado proyectaba. Al cabo de un rato despert� desconcertado. Llegu� a considerar que al salir del desv�n podr�a en realidad haberme transportado a otra �poca, hasta que vi la guitarra sobre el-ba�l-del-abuelo y record� lo que buscaba.
Sin embargo, mi atenci�n se concentr� en el ba�l. Al que de peque�o le tuve miedo (como algo prohibido a mi curiosidad). Era un ba�l robusto, de maderas finas, con armaduras oxidadas y con una cubierta que se asemejaba al caparaz�n de una tortuga. Siempre me atrajo su presencia, su magnetismo. Pero esta vez me llamaba, me invitaba a que lo abriera. Me acerqu� a �l. Cuidadosamente quit� la guitarra y la recargu� en la pared. Levant� la cubierta cuando a�n reverberaban aquellas cuerdas que no estaban chimuelas. Las bisagras rechinaban con ecos cada vez m�s distantes, mientras que del interior sal�a un resplandor. Ah� estaba yo, inclinado hacia el interior del ba�l observando todo el espacio reservado para un libro blanco que yac�a en el fondo.
�S�lo un libro! - exclam�. �Tanto misterio durante tantos a�os para encontrar un libro!. Lo saqu� del ba�l y me fui a sentar en un escal�n para examinarlo.
El lenguaje que ten�a me pareci� como un dialogo en un idioma �ntimo. En las primeras hojas hab�a una serie de diagramas que esquematizaban un �rbol geneal�gico. Recorr� cada una de sus vertientes, en las cuales aparec�an nombres, caracter�sticas y hasta ilusiones de cada uno de mis antepasados: generaciones que no conoc�a pero que cre�a recordarlas. Hab�a de todo, predominando comerciantes, artistas, cient�ficos, borrachines, fil�ntropos, h�roes y embusteros - bueno, la familia no se escoge. La lectura del libro se volvi� un deleite para m�, entre m�s le�a m�s fascinante se volv�a. Fue al final de los diagramas en donde encontr� mi nombre. Recuerdo que tragu� saliva y ya mero me atraganto. Ahora iba a leer sobre m�.
Mi vida estaba ah�, escrita, contenida en unas hojas. En cada palabra me reflejaba. A�n estoy asombrado de las narraciones de esa especie de diario, ya que mencionaba mis sue�os, lo que he querido ser y hacer. Los relatos eran mejores de lo que yo mismo pod�a recordar: me ratificaba mis haza�as, errores, travesuras y desventuras. Desconozco cu�nto tiempo estuve leyendo, hasta que llegu� a un p�rrafo en el que se me ocurri� ir a buscar mi vieja guitarra al desv�n. Ah� sent� como si me virtieran un balde con agua helada en la cabeza, con todo y hielos. El coraz�n se me quer�a salir. Esas palabras, su posibilidad me sacudieron. Impulsivamente adelant� la p�gina y estaba la escena en donde encontr� mi nombre escrito y casi me atraganto. No pude m�s. Cerr� el libro. Los latidos del coraz�n no me dejaron o�r mis pensamientos por un buen rato. Cerr� los ojos para tranquilizarme. Me reclin� panzarriba en la escalera a esperar que el torbellino que giraba en mi interior se detuviera. De ese modo llegaron a mi mente m�ltiples interrogantes y reflexiones en torno al libro.
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�Por qu� y desde cu�ndo estaba escrito?. �Qui�n lo hizo?. �C�mo sab�a tanto de m�?. �Por qu� estaba ah�? ... Me contuve a especular sobre la diversidad de alternativas que habr�a, si podr�a asomarme a conocer mi destino: �qu� pasar�a si no fuera quien yo deseara?, �habr�a oportunidad de cambiar o lo escrito no se podr�a borrar?. Ten�a que poner en la balanza las bondades del libro, aunque sab�a que por el simple hecho de leerlo, estar�a viviendo bajo el yugo de lo que me dictaminara. �Realmente disfrutar�a de mi vida si tengo garantizadas mis metas?.
�Ah!. Conociendo el futuro podr�a salvar vidas o anticiparme a los mercados de valores. El libro ser�a m�s que un hor�scopo personalizado. Podr�a incluso transformarme en otra persona si me revelara cu�ndo ser� mi �ltimo d�a. Era el momento para regresar a las preguntas b�sicas sobre el sentido de la existencia y nuestra fragilidad. Sent� el pavor del aniquilamiento completo, no dejar huella, como una sombra en la oscuridad. Pens� que el mundo se podr�a paralizar o que seguir caminando sin haberme notado, ser�a a lo m�s un recuerdo que despu�s de un tiempo desaparecer�a; y que finalmente me reunir�a con los que se han ido. Esas y tantas otras consideraciones giraron en mi mente. El libro deb�a tener las respuestas.
�Pero qu� me estaba pasando?. Vivir sin riesgos ni dudas ser�a equivalente a abandonar los retos. Ya no habr�an para m� tempestades ni bonanzas, dejar�a de crecer, como una m�quina totalmente programada. No soportar�a desaparecer ante mis ojos. As�, comprend� que es injusto conocer nuestro futuro; que es preferible irlo armando con las herramientas con las que disponemos en el presente; que el desaf�o es enfrentarlo a cada instante; hacer lo que nos gusta sin desperdiciar el tiempo; y, avanzar con entusiasmo para alcanzar esa meta para la que fuimos creados, aunque sea hoy el �ltimo amanecer.
Finalmente llegu� a una resoluci�n: el libro deb�a ser guardado nuevamente en el-ba�l-del-abuelo. Fue entonces cuando, al ponerme de pie, cay� el libro al suelo con las pastas abiertas sobre una hoja, en la que despu�s de un p�rrafo ya no hab�a nada escrito. Instintivamente mis ojos recorrieron esas �ltimas l�neas, donde el texto describ�a que al ponerme de pie hab�a tirado sin querer el libro y que me hab�a dado cuenta del p�rrafo que actualizaba estos hechos. �S�!. �Al final s�lo quedan p�ginas en blanco!. Muchas p�ginas que todav�a pod�an ser vividas tal como yo las fuera escribiendo. Me apresur� a guardar el libro. Recog� la guitarra y sal� de la casa para sentir el viento y la lluvia en mi cara. No ten�a tiempo que perder.
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ESCRIBIENDO EL FUTURO.
G�nero: cuento corto. Tema: encontrar tu diario escrito por "alguien". Tipo: reflexi�n sobre el tiempo y la vida. Tama�o: tres cuartillas. Premios: otro segundo lugar del XII Certamen Literario CDI. Autor: Enrique S. Agradecimientos: a los grandes escritores de todos los tiempos. Derechos reservados. Versi�n WWW: primavera 2000.