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C-U-L-P-A-B-L-E. | ||||
Caminaba por una calle empedrada cuando comenz� la tormenta. No hab�a refugio alguno, ni siquiera una peque�a cornisa para cubrirme. Apret� el paso mientras ca�a la noche. Ven�a la gente apresurada en contraflujo, dando empujones. Los esquivaba entre roces y traspi�s. No entend�a lo que dec�an, ni por qu� manoteaban. Parec�an irritados, confusos. Me dirig� a un callej�n que me llev� a una plaza. Estaba resbaloso y hediondo. En un abrir y cerrar de ojos ces� la lluvia. Se trataba de un paraje en el cual ni mi sombra me era familiar. Extra�amente ya no hab�a una sola alma. Me encontr� desconcertado, perdido y empapado. El silencio se romp�a con el eco de mis pisadas y el latido de mi coraz�n. Caminaba con cautela, a la expectativa. Ten�a que orientarme en la penumbra. Miraba hacia atr�s constantemente, a la defensiva. Y nada. Se me dificultaba tragar saliva y exhalaba vapor en exceso. Estaba seguro que algo iba a suceder en cualquier momento. La sensaci�n de ser observado crec�a. De repente un fulminante rayo atraves� el cielo, con una furia tal que parec�a resquebrajarlo todo. Su estruendo cimbr� el subsuelo. En ese instante pude ver un escenario repleto de personas, perplejas. Estaba yo arrinconado, al borde de un abismo. La oscuridad regresaba. Mi v�rtigo se precipitaba. No hab�a forma de escapar. Fue entonces cuando una voz se alz� contundente y arrebatadora, para dictaminar mi condena. Inmediatamente despert� en medio de un grito, haciendo movimientos bruscos, exaltado, sudoroso, quiz�s con fiebre.

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El juicio era decisivo, aplastante. Yo representaba un gran fraude para la sociedad, que se atrev�a a contradecir a la Perfecci�n. Por lo cual, mi castigo no s�lo ser�a callar, sino desdecirme. Echar abajo mis convicciones, esfuerzos y desvelos. Sab�a que de ah� en adelante ser�a se�alado, orillado y enterrado en vida.
Pero, �Qui�n era yo, para causar tanto alboroto?. C�mo un simple observador de la naturaleza y en parte alquimista pod�a amenazarlos. Mis demostraciones los ofend�an antes siquiera de nombrarlas, les eran inaceptables y hasta viles. En un principio mis inventos, en lugar de ser aplicados para el entendimiento, fueron usados para la guerra. Mi "traici�n" desmoronaba su mundo y confrontaba a la instituci�n m�s poderosa de la Historia.
La presi�n era tal que recurrentemente tuve diferentes pesadillas, sin poder distinguir fronteras entre sue�o, delirio y fantas�a. Vi aparecer la imagen de un verdugo que al descubrir su rostro, me mostraba que era el m�o. Suced�a algo similar con una m�scara que le arrancaba al juez y a cada uno de los miembros del jurado. Me sent�a constantemente acosado, amenazado por una fuerza oculta que me hac�a despertar con sobresaltos. No obstante, lo que m�s me aterraba era verme reflejado en un espejo portando mi propia m�scara: no ten�a la audacia para quit�rmela y ver en mi interior.
Resultaba ir�nico, en el momento m�s intenso de mi vida, era obligado a exiliarme para poder sobrevivir. C�mo podr�a callar lo innegable. Los pensamientos giraban en un torbellino del cual en ning�n caso saldr�a bien librado, hasta que mir� perplejo al vac�o y as� comprend�. Yo era el �nico que pod�a decidir salvarme o hundirme. Mi error me rebasaba. �Nac� fuera de tiempo!. �Me adelant� a mi �poca!.
Tomando en cuenta que me avejent� abruptamente, desde que comenzaron las pesadillas, acept� el menor de los males para recuperar mi libertad. Pronunci� lo que quer�an escuchar mis ejecutores. Admit� p�blicamente mis supuestas injurias y falsedades. Y, aunque qued� marginado, era el precio que deb�a pagar para vivir en mi mundo.
Poco despu�s perd� la vista. Lo que necesitaba ver, ya lo hab�a observado. Por fortuna se trataba de una ceguera distinta a la de mis contempor�neos. Es m�s, todav�a tuve la oportunidad de terminar de concebir la belleza que guarda la geometr�a en la naturaleza.

Tuvo que transcurrir m�s de un siglo y medio para que fueran consideradas mis palabras y, con ello, se reconoci� la fragilidad del Hombre. Ninguno de los que me enfrentaron en el juicio estuvo ah� para escucharlo. En cambio a m�, me concedieron un poco de eternidad.
C-U-L-P-A-B-L-E.
G�nero: Historia - ficci�n. Tema: reflexiones de un personaje c�lebre. Tipo: reflexi�n. Tama�o: dos cuartillas (incluye m�sica). Premios: un poco de eternidad. Autor: Enrique S. Agradecimientos: GG, NC e Ikram Antaki. Derechos reservados. Versi�n WWW: primavera 2000.