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Serena y soberbia apareci� la Luna exhort�ndote a caminar. Llegaste a un sendero con adoquines y verdes per�metros, que al iluminarse con flores y antorchas iban desatando un insospechado laberinto.
Te transportabas en el hechizo de una m�sica que se filtraba entre la resonancia de tus pasos, tus pensamientos y el silencio. Tu sombra te recordaba un pasado, mientras el tiempo parec�a quedar suspendido en aquel aroma de eucaliptos. Al final del camino, se abri� un claro por el cual proven�an diversas voces. El escenario se transform� en un verdadero cuento de hadas, hasta ten�a una fuente a la que se le pod�an pedir deseos. Desconozco cu�les formulaste en esa ocasi�n, pero probablemente s� los podr�s llegar a cumplir. Continuaste el recorrido. Al fondo, circundado por un lago y m�s jardines, sobresal�a un monumental palacio con imponentes torres, vitrales y estandartes que ondeaban desde lo alto, donde posaba arrogante la Luna (pas� por tu mente la idea que t� la estabas acompa�ado). Tus pies con decisi�n te condujeron a trav�s del puente hasta la escalinata e instintivamente subiste por ella.
Los guardianes de relucientes armaduras, levantaron sus espadas y con una reverencia te dieron la bienvenida. El port�n se abri�. Era un lujoso y extravagante carnaval de disfraces con un espl�ndido banquete, en medio de candiles, �banos, alabastros, sedas y toda clase de reliquias que hablaban de otras �pocas. Te incomodaste, lo not� en tu mirada. Juzgaste que te tachar�an como "gente intrusa", en lugar de simplemente dejar desahogar tu curiosidad. Sin embargo, prefer�ste no encarar el bochorno de que te exigieran retirarte o que te se�alaran por no haber recibido invitaci�n, pero justo antes de que salieras escuchaste que una de esas m�scaras te llamaba por tu nombre. Por un momento pensaste que te llamaban a ti y luego que se trataba de una coincidencia, hasta que se te puso enfrente S�crates y te lo repiti� con MAYOR FUERZA: , de inmediato le peguntaste qui�n era, de d�nde te conoc�a, aunque de alg�n modo te era familiar. La m�scara ri� a carcajadas, sin tu imaginar qui�n era �l en realidad. Asumiste que no te revelar�a su identidad, pero como te conoc�a tal vez podr�as quedarte sin mayor problema. �Val�a la pena!. Sentiste un mayor alivio cuando otros personajes acudieron a saludarte: Galileo, Marie Curie, Mishima, Lady-D y Orwell. As�, platicaron amplia y amenamente contigo, bailaron, comieron, bebieron, disfrutaron el momento y rieron. Ya, sin darte cuenta participabas como los dem�s en el evento.
En un carrusel se presentaban todos, con ingenio y sensibilidad.
Gandhi, Lincoln, Plat�n y Juana de Arco: se dieron la libertad de pasar a comer a la cocina.
Einstein, Borges y Escher: dise�aban laberintos.
Leonardo Da Vinci: estaba buscando una musa para expresar su creatividad.
Anne Sullivan y Hellen Keller: aprovecharon para disfrutar de la vida.
Rembrandt, Miguel Angel y Haring: retocaban con pinceles las m�scaras de Cleopatra y Helena, que estaban escandalosamente embrujadoras.
Jessie Owens: olvidaba su dieta (los antojitos mexicanos eran imperdonables).
Mahoma, Jes�s, Mois�s y Confucio: discut�an sobre c�mo mejorar el mundo.
Chaplin y Freud: jugaban m�mica con los presentes.
Kepler, Pit�goras y Cop�rnico: estaban muy borrachos sumando las estrellas.
Shakespeare, Dante y Cervantes: escribieron haikus en sus servilletas.
Mendelev y Pasteur: hac�an pruebas selectivas (con los dedos) para inferir los ingredientes contenidos en el enorme pastel de choco-chanti-fresa.
... (�Eran muchos m�s!).
: contaste unos de lo sue�os m�s interesantes.
Todos se conoc�an y trataban cordialmente, hablando un mismo idioma con sonrisas sinceras. Dominaban las habilidades de escuchar y preguntar. No hab�a competencias, ni cr�ticas. Sin alegatos, ni presunciones. Sus comentarios estaban fuera de cualquier tipo de queja.
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Cada personaje se identificaba plenamente con su papel. Aprend�as y disfrutabas de ellos y ellos de ti. El intercambio de ideas te traslad� a su sentir. Era algo �nico, digamos: m�gico.
Curiosamente los retratos de esos personajes estaban colocados en diversas galer�as, con mirarlos a los ojos era como ver un libro abierto (ellos tambi�n parec�an observarte). A su vez, se exhib�an objetos antiguos como mapas, candelabros, compases, joyas, libros. De hecho los cimientos del palacio estaban s�lidamente apuntalados en esos libros y sus palabras.
Franklin luc�a alegre por algo que estaba leyendo en un peque�o libro blanco, que sac� de un ba�l con un extra�o caparaz�n de tortuga. Te asomaste sin comprender lo que las p�ginas con garabatos le dec�an. S�lo alzaste las cejas y encogiste los hombros. Tu asombro se intensificaba, entre tanto ruido, distinguiste la cacofon�a que emit�a Stradivarius al afinar un Stradivarius. Tu boca permanec�a abierta y tus ojos m�s atentos que nunca. Avanzaste por el pasillo m�s estrecho y sin querer te tropezaste con Rodin cuando sal�a del sanitario, ambos se disculparon simult�neamente. El mencion� algo relativo a los postulados de Newton y se alej� apenado. Te reincorporaste cuando tuviste frente a frente a Marco Polo que, motivados por el mismo inter�s, se unieron para explorar el lugar. Ascendieron por escaleras, rampas y pasajes secretos. Contemplaron aquella geometr�a de estructuras y espacios, columnas y arcos, mientras el barullo quedaba atr�s. Cada secci�n se sumaba a la fascinaci�n de las dem�s.
En particular te llam� la atenci�n una habitaci�n que estaba acondicionada para condecorar a los h�roes desconocidos de la historia. En uno de los rincones estaban las leyendas de los inventores y descubridores ins�litos de: la rueda, el fuego, el hilo negro, el agua tibia, las minifaldas (�bueno, despu�s de todo, nos hacen m�s placentera la existencia!).
Marco Polo se qued� revisando algo con Darwin y tu seguiste subiendo. Poco antes de llegar a la c�spide, en un retrato me reconociste. Tu incredulidad te hizo tallarte los ojos para rectificar. Y, �S�!, era a m� a qui�n ve�as, inmediatamente te preguntaste, �Qu� hac�a yo ah�?.
Volteaste y ah� estaba yo. Creo que te dio gusto verme, me lo dijo tu mirada. Lo que te alter� fue lo que yo te indicaba con orgullo, era algo que considerar�as a�n m�s sorprendente y halagador, justo a mi lado estaba tu retrato, �ERAS TU!. Ah� vi c�mo te perdiste en ti por un largo instante. Te cuestionaste:
"�Qu� hac�as ah�?. �Acaso no estaba reservado s�lo para las grandes celebridades?. �Necesitar�an m�s?. �C�mo lograrlo?". Pensabas que a�n no hab�as hecho nada para que se te otorgue tal privilegio, que lo �nico que aportaste en la fiesta fueron tus sue�os - s�lo eso.
Ahora lo sab�as. Sab�as que ten�as que realizar esos sue�os. Naci� en ti el deseo de compartirlos, de llevarlos a la acci�n. Ya nada te podr�a detener.
Repentinamente, por el balc�n penetr� una luz de brutal energ�a, cuyos rayos derritieron cristales y barandales, mientras te atrajo su magnetismo hacia ella. Llegaste a o�r distantemente la voz de Caruso: "... trinfar�s-r�s-r�s-�s �s-s- ...". Te arrastr� hacia la Luna y ca�ste antes de poder tocarla, tu cuerpo se resist�a al aire, al polvo de las estrellas, parec�as flotar en una melod�a hacia el precipicio, ... milagrosamente el agua amortigu� la ca�da. Apareciste inconsciente. Aferr�ndote al borde de la tierra. T� rostro parec�a cambiado, quiz�s por el lodo y algo de sangre en tus mejillas, en tanto que de la fuente brotaron las l�grimas que formar�an tu llanto, tu vida.
Ten�as ahora que enfrentar tus realidades, tu rapsodia. El horizonte comenzaba a te�irse. Cuando miraste hacia atr�s no encontraste el camino, ni los jardines, la fuente o el palacio. Las antorchas y tus memorias se iban borrando, hasta que te quedaste sin palabras. T� desafiante retorno ten�a un sentido. Ya estaba amaneciendo, cuando alguien te nombr� y al fin despertaste.
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GALERIA DE HEROES.
G�nero: cuento corto. Tema: encontrar que tus sue�os son comparables con los de los grandes personajes de la historia (pero los tienes que realizar). Tipo: divertido, motivante y para reflexionar. Tama�o: tres cuartillas. Premios: primer lugar del XIII Festival de las Artes MSM. Autor: Enrique S. Agradecimientos: por supusto que a t�, . Derechos reservados. Versi�n WWW: primavera 2000.