Ravenloft Madness

 
   

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El diario de Rhiannon Chernaya

Anécdotas

Capitulo I

¡Hola!

No sé cómo empezar... acabo de comprar este libro exclusivamente con el fin de desahogar mis pensamientos, puesto que he pasado por tantas cosas que ya no sé que pensar...

Extraño a mis amigos, me acabo de enterar que desaparecieron en Barovia, mientras seguían un rastro. No sé qué rastro haya sido, si lo supiera sería todo mucho más fácil... debo ser cuidadosa con lo que escribo, siempre existe la posibilidad de que esto caiga en malas manos, pero, ¡estoy tan confundida!

Quizá sea mejor que comience por presentarme ante este libro, y por supuesto, le asigne un nombre.� Quizá de esta manera sienta que se trata de un amigo o amiga, y mis pensamientos sean más ordenados.

Nyar:

Soy Rhiannon Chernaya, una halfling de manos hábiles y pies ligeros. Soy pequeña y ligera, comparada con mis acompañantes (¡mido menos de 1 metro y peso 17 kilos!), razón por la cuál les encanta cargarme en un saco cuando protesto por alguna razón. Soy muy joven aun, acabo de cumplir los 18 años, pero he pasado por más aventuras que algunos ancianos de mi pueblo... soy muy joven y ya tengo enemigos poderosos.

Físicamente, soy bonita, o eso decía mi padre. Tengo cabello castaño, y bastante largo, pero siempre lo traigo recogido en coleta, o hecho rodete en la cabeza... como recuerdo de mi madre. Heredé de ella los ojos color café, y el carácter explosivo, pero de mi padre tengo su habilidad manual, y ¡créeme Nyar! que eso ya me ha salvado la vida varias veces.

Como ya he mencionado, he corrido muchas aventuras, pero quizá sea mejor relatarte todo desde el principio.

Todo comenzó hace ya más de un año. Recuerdo ese día perfectamente, yo vagaba por el mercado de mi pueblo, Mal-Erek, en Sithicus, cuando vi la manzana más apetitosa que te puedas imaginar... sabiendo que no tenía dinero para comprarla, y que no le podía pedir a mi madre (tenemos un manzano en el patio de la casa), decidí robarla... además no sería la primera vez, y ¡nunca me habían atrapado!� Esperé a que el vendedor se distrajera atendiendo a una señora que le regateaba el precio de algunas verduras, y rápidamente tomé la manzana y salí corriendo... con tan mala suerte que me estrellé contra la esposa del vendedor, quién en un instante se dio cuenta de dónde había salido la manzana que yo tenía en la mano... se armó todo un alboroto y el vendedor me persiguió gritando "¡Alto ahí, bribonzuela!�� ¡Deténganla, es una ladrona, me acaba de robar!" Por supuesto que, aunque le reventaran los pulmones gritando que me detuviera, yo no le iba a hacer caso, así que corrí hasta perderlo de vista.

Cuando estuve segura de estar a salvo, me senté bajo un árbol, y me dispuse a disfrutar de mi "merecido premio" por la gran carrera que acababa de dar, y más tarde, volví a casa.

Mi madre me preguntó que dónde había andado, y contesté que por ahí... no me sentía mal de mentirle en ese momento, ¡yo no sabía nada de la vida! Almorzamos juntos, y después mi padre bajó a seguir trabajando. ¿Te mencioné que mi padre es herrero? De él aprendí a manejar el cuchillo y el arco, decía que era para que me supiera defender si llegaba el momento (¡cuánta razón tenías, padre mío!), aunque nunca se mostró muy contento de que lo haya aventajado rápidamente... además, yo lo observaba cuando se ponía a trabajar, para aprender de él. Pero regresemos a los sucesos de ese fatídico día, yo estaba ayudando a mi madre a recoger la mesa, cuando escuchamos ruidos abajo, en la herrería. Mi madre me ordenó quedarme a limpiar, pero mi curiosidad fue más fuerte y me asomé por la escalera.

Era Azrael, el senescal de Lord Soth, el gobernante de mi tierra.� Azrael es un enano malvado y muy feo, y como descubrí ese día, también es un monstruo.� Había llegado a pedir el impuesto, y amenazaba a mi padre con matarlo si no le daba el dinero.� Mi padre decía que ya había pagado 10 monedas de oro ese mes, y que ya no tenía nada más, y entonces Azrael lo golpeó, lo estrelló contra el yunque sin que mi padre pudiera hacer nada para defenderse, vi la sangre correr por su rostro y la furia me cegó...

Saqué la daga que siempre llevaba conmigo, y bajé rápidamente las escaleras.� Azrael no se dio cuenta de mi presencia, ocupado como estaba en seguir golpeando a mi padre.� Me coloqué a sus espaldas... y ¡le clavé la daga profundamente, con deseos de matarlo!

Ante mis asombrados ojos, Azrael se dio la vuelta rápidamente, y su horrible rostro comenzó a cambiar, vi como sus manos se transformaban en afiladas garras, y salí corriendo por mi vida, con él a mis espaldas... no recuerdo cuanto corrí, pero sí sé que en lo único en lo que pensaba era en alejarlo de mi familia, y de mí.� Cuando lo por fin logré perderlo, noté que me encontraba en un bosque desconocido por mi, había oscurecido, y yo estaba sola e indefensa.

Me subí en un árbol, tratando de calmarme para decidir qué hacer... ya no podría volver a mi casa, y temía que hubiera alguna represalia contra mis padres por mis acciones, pero era demasiado tarde para arrepentirme.� No tenía dinero, ni un arma, y no tenía a dónde ir... los más negros pensamientos pasaban por mi cabeza, cuando de pronto escuché un ruido que me sobresaltó. Parecían gritos de terror, y dudé entre acercarme a averiguar lo que pasaba o quedarme entre las ramas, donde me sentía más segura... pero no tuve problemas en decidirme unos minutos después, cuando comencé a escuchar otros ruidos detras de mi.

Me acerqué hacia donde había escuchado los gritos anteriormente, ¡por Ezra! ¡Era una escena espantosa la que tenía ante mí!� Era, no, había sido una familia de comerciantes viajando en carreta, pero ahora todos estaban muertos, con marcas de uñas y dientes en todas las partes visibles del cuerpo, y una expresión aterrorizada en sus caras.� No podía hacer ya nada por ellos, así que revisé la carreta por si encontraba un arma, no quería que aquello, lo que fuese, que los mató, regresara y me encontrara indefensa.� Además, (no se me puede culpar demasiado), cogí todo el oro que me encontré entre sus pertenencias, así como algunos objetos que me podrían servir.

Dudaba entre quedarme en la carreta, junto a los cuerpos, o seguir el camino, pero volví a escuchar los ruidos de antes, y salí corriendo por tercera vez en ese día.� Escuchaba como "algo" me iba dando alcance, y por la cantidad de ruido, parecían ser muchos "algo", pero mi pobre cuerpo ya no podía más, estaba agotada, y no había comido desde en la mañana, aparte de haber pasado por demasiados sobresaltos.� Tuve que detenerme a recuperar el aire, y procuré encontrar un lugar para ocultarme, o por lo menos, ponerme fuera del alcance de lo que me estuviera siguiendo, cuando vi por primera vez a mis perseguidores... ¡eran cadáveres andantes!�

El miedo nubló mis sentidos, y me quedé temblando al pié de un árbol.� Los cuerpos (más tarde me enteré que se llaman "zombis") me rodearon, y ya extendían sus manos putrefactas hacia mí, cuando mi instinto de supervivencia pudo más que mi miedo, y grité con todas mis fuerzas mientras cerraba los ojos.� Escuché una explosión, golpes y juramentos, y de pronto todo quedó en calma.

Me atreví a abrir los ojos, y descubrí a un par de humanos viéndome.� Eran un hombre y una mujer, Jean Paul y Jean Marie.� Paul extendió su mano hacia mí, y me preguntó si me encontraba bien... creo que me enamoré de él en ese instante, ¡era un héroe que había llegado a salvarme de las garras de la muerte!� Después descubrí que él y Marie eran novios, así que me conformé con ser su amiga (¡claro, además somos de diferentes razas, y no pierdo la esperanza de encontrar al halfling de mis sueños!)� En ese momento Marie me preguntó si yo era parte de la familia de la carreta, y al recordar la escena, no pude evitar soltarme a llorar.� Les mentí, dije que eran mis padres, porque no quería que me hicieran preguntas, pero al observarme mejor se dieron cuenta del engaño (Si, como no, ¡una halfling hija de humanos!), aunque me dejaron que fuera yo quien les relatara todo en cuanto me sintiera lista.

Me llevaron con ellos, después de mucha insistencia de mi parte, porque no quería quedarme sola nuevamente, y no tenía dónde ir.� Me cuidaron y entrenaron mis habilidades, me dieron un techo y comida, ¡y siempre le estaré eternamente agradecida!

 

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Actualizado: 02.08.05 - Contador
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