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CAPÍTULO OCTAVO: SIN FUGA Entre [ ] pensamientos En cursiva cambio de Idioma <<< <<< Escena en Gris (Escena del Pasado) <<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<
- Controla tus respiraciones, tus pulsaciones… - susurraba el hombre tras el adolescente - Observa a tu víctima… todos y cada uno de sus movimientos… - se acercó más al joven - Apunta… - el joven se aferró más al arma – directo al corazón… o justo entre ceja y ceja… y cuando le tengas, - una pequeña pausa, que sirvió para remarcar aún más lo que seguía - … solo cuando estés seguro de que le tienes, dispara…
Un único disparo, eficaz, limpio e insonoro.
- Justo entre ceja y ceja… - sonrió satisfecho y observó al chico duramente – Tienes 20 segundos para no dejar ni rastro de que has estado aquí…
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Ranma estaba tumbado sobre la cama, moviendo de forma circular un arma sobre su dedo índice, y de vez en cuando deteniendo los giros bruscamente y apuntando a un blanco imaginario sobre el techo. Aunque había intentado dejar de pensar en lo que había sucedido la noche anterior con Akane, le era imposible. Estaba incumpliendo una regla vital. Vital en el más estricto sentido de la palabra, por que un solo indicio de que estaba sintiendo fuese lo que fuese por ella, solo eso sintiendo… y estaría muerto, por que simplemente les sería inservible.
Pero lo que le carcomía era, el sencillo hecho de que estaba consiguiendo sentir… ¿Cómo era eso posible? El no había sido hecho para sentir, como ellos decían, ‘Eres perfecto y la perfección en ti no permite sentimientos, por que la corrompe’. Era la idea que le habían inculcado desde…desde…
- ¿Desde cuándo? – susurró intentando recordar.
Dos golpes en la puerta le hicieron dejar por un momento sus pensamientos, advirtiéndole de la cuenta atrás. Giró la cabeza y observó el reloj que había sobre la mesa y el suyo propio. Perfectamente coordinados. Ahora solo debía esperar 10 minutos más.
Se levantó, dejando el arma sobre la cama, con dirección al armario. Abrió la parte superior y cogió una bolsa deportiva de color negro, la llevó hasta el lado de la cama y la dejó en el suelo. Se giró y observó el tiempo que quedaba. Abrió la bolsa y la vió. Sonrió, sin duda era una de las mejores armas que había tenido nunca en sus manos… Comprobó que todas las partes estaban bien, y se centró en localizar una posible desviación, por pequeña que fuese, del cañón. Todo estaba en orden. Se cercioró de que todo el material necesario estaba en los bolsillos delanteros de ésta. Volvió a mirar el reloj. Cerró la bolsa, cogió las llaves del coche, una vieja tarjeta de crédito y una gabardina. Una vez colocada, cogió la pesada bolsa y echó un último vistazo a los planos colocados sobre la mesa blanca. A continuación, salió de la casa.
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- ¿Cómo va todo? – preguntó Nobu, dando a continuación una amplia calada al cigarrillo. - Por mi parte va bien… Tzen sigue apretándome las tuercas cuando puede, pero es algo recíproco – dio un trago al licor – yo también se las aprieto cuando puedo… - Eso está bien… - sonrió mientras afirmaba levemente con la cabeza - ¿Cómo va lo demás? ¿Ya sabes quién es ese cabrón? – preguntó Kuno con aplastante ira contenida - Dentro de un par de horas… Sólo déjame reunirme con mi contacto… - Estoy deseando pillarle… ¿Qué hay de las cuentas? ¿Tienes los códigos? - Kuno, sabes perfectamente que eso lleva bastante tiempo, además Tzen se las guarda muy bien, detrás de un código, hay al menos 20 más… - Otra profunda calada al cigarrillo – Pero tu y yo sabemos quién puede tener esos códigos ¿verdad? - Si… - sonrió triunfante - … pero aún así, me gustaría joder directamente a Tzen… Pero eso, a lo que te refieres… - tomó un trago - eso tendría que ser lo último que viese, antes de ‘encerrarle’ para siempre… - Tienes una curiosa forma de llamar a las cosas ¿sabías? – dijo sarcástico - A veces me inspiro hermano… - de un último trago acabo con la copa - … A veces… Localízame cuando tengas la Información.. - Eso está hecho. En tres horas te llamaré… Y hazme un favor – se levantó – no conviertas esto en una competición de ratón y gato… Por que tienes todas las de perder con Tzen… No te subleves y anda con cuidado, al menos hasta que le tengamos por dónde más le duele… - De acuerdo, de acuerdo… - se levantó – Me controlaré... - Eso está mejor – un toquecito en el hombro como despedida momentánea
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Ranma aparcó justo tras el deportivo de Ryouga, en uno de los callejones cercanos al lugar clave. Bajó del coche, no sin antes colocar su arma en la parte trasera de la cintura del pantalón. Caminó hasta la altura de la puerta del conductor, donde Ryouga tecleaba en el PC portátil. - 10 Segundos… Ranma contó mentalmente 8 segundos antes de que aparecieran por la entrada del callejón, 4 hombres más. El chico de cabello castaño bajó del coche dirigiéndose al maletero, mientras terminaban de acercarse los demás. - Bien… - comenzó frío - … nada de presentaciones, todos sabemos para qué estamos aquí y qué es primordial… Estaremos todo el tiempo en contacto con esto – Ryouga entregó a cada uno un auricular-micrófono del tamaño de un pequeño botón, fueron colocados en el oído. Después de una prueba para comprobar que todo era correcto, prosiguió – Seguid los horarios que os indique y cada cual que se preocupe de sí mismo hasta nueva orden. Al terminar os quiero a todos aquí. Id a vuestras posiciones iniciales, ahora os indico vuestra situación.
Los 4 marcharon de allí, mientras Ranma se dirigió a su coche y cogió la bolsa negra, echándosela al hombro, para a continuación dirigirse fuera del callejón pero la voz de Ryouga interrumpió su caminata. - Tú – dijo frío – Cuidado… - y ese cuidado tenía un significado mucho más profundo que el hecho de ‘que él tuviese cuidado’. Un significado que Ranma entendió a la perfección. - Cierra la boca – dijo de la misma forma, desapareciendo calle abajo.
Cuando cruzó la esquina, vió a los demás. Haciendo un ligero gesto con la cabeza y susurrando ‘Comenzamos’ para que Ryouga le escuchase, todos empezaron a desplazarse a las posiciones que el chico de cabello castaño les había dado anteriormente.
- Vamos allá… - dirigió Ryouga – Espera un poco… - mientras tanto Ranma observaba el edificio que tenía frente a él, situado ligeramente a la derecha del objetivo – Listo… cámaras fuera… Ranma cruzó la calle y se adentro en el edificio. Mientras subía las escaleras, la única forma de llegar hasta su posición, lo más rápido posible y sin llegar a llamar la atención, se colocó unos guantes de látex y sacó la tarjeta de crédito. Llegó al séptimo piso, observó el largo y oscuro pasillo y preguntó: - ¿Cuál? - 1056 – fue la respuesta. Jugueteando con la tarjeta entre sus dedos, se dirigió hasta la puerta del apartamento número 1056. Introduciéndola en la pequeña ranura de la puerta, haciéndola girar de forma magistral y precisa. Empujó pero no abrió. Finalmente metió la mano en el bolsillo y sacó la copia de la llave de la casa que tenía. - Que puta costumbre tienes… - se escuchó a Ryouga - Uhm… - murmuró Ranma insinuando ‘Ya lo sabes’. Por probar no perdía nada, excepto unos 5 segundos… Y por lo general le sobraba al menos 1 minuto antes del tiempo previsto. Le encantaba hacerlo, o al menos intentarlo, de la manera tradicional…
Entró en el apartamento. - Tenéis 5 minutos – fue el primer aviso. Ranma observó el comedor del piso, memorizando cada objeto y posición del mismo. Una vez hecho esto se dirigió hasta la ventana y dejó la bolsa en el suelo. Abrió la cremallera y saco su magnífica arma. Hacia tiempo que no la usaba… Se deleitó observándola unos segundos.
Se arrodilló frente a la ventana, cargó el arma con dos balas, resbalando después las manos ayudado de los guantes hasta sostenerla por la parte trasera y dejar rozando el cañón contra el suelo. Corrió la hoja derecha muy suavemente, sin hacer ruido, lo justo para apoyar el rifle sobre el alféizar y metal de aluminio del cuerpo de la ventana. Comprobó la mira y de nuevo el cañón, y deslizó su mano derecha… agarrando con el índice el frío gatillo… todo listo, ahora era su turno. Afianzó sus rodillas contra el suelo y apoyó su hombro derecho contra la columna que había a ese mismo lado, reafirmando así su posición. Volvió a apuntar observando a través de la mira.
- Dos minutos… - escuchó susurrar a Ryouga
Relajó los hombros y los músculos de la espalda. << Controla tus respiraciones…>> Comenzó a obligarlas a seguir un ritmo constante, igualándolas en duración e intensificación. Dominándolas…. <<…tus pulsaciones…>> Mentalmente comenzó a medirlas y a doblegarlas, 60… 58… al ritmo de su respiración… 55…53…50. Y entonces, estuvo listo, solo esperó a su objetivo.
- Prepárate… - volvió a decir Ryouga - … Ahí viene…
Y le tuvo, justo en punto de mira. Contuvo la respiración cinco segundos, evitando así cualquier tipo de movimiento en su cuerpo mientras continuaba marcando a su objetivo. <<… solo cuando estés seguro de que le tienes … >> Diez segundos sin respiración, de control, sin un milímetro de desplazamiento de su cuerpo … Diez segundos sin vida… <<…dispara…>> y así lo hizo. << Justo entre ceja y ceja… >> Su objetivo se desplomó en el suelo con todo su peso muerto.
- Bang… - susurró complacido y con una fría semi-sonrisa. - Terminado… Largo… - ordenó Ryouga y evidentemente no era para él, si no para todos los demás.
Ranma se retiró de la ventana en menos de un segundo, sacó la bala reserva que aún estaba en el arma, la dejó dentro de la bolsa, cerró la cremallera, corrió la hoja de la ventana y se levantó para marcharse.
Mientras tanto los transeúntes, al ver como se desplomaba, se arremolinaron alrededor del objetivo caído para ver que había ocurrido. Al presenciar el espectáculo algunas mujeres gritaron y algunos llantos de niños se esparcieron por el aire, mientras miles de murmullos se hicieron presentes. - ¡¡Que alguien llame a la policía!! – se escuchó gritar a un hombre que se había arrodillado al lado de la víctima. Otros comenzaron a observar las calles y a buscar con la vista al que había realizado aquél terrible acto. Mientras un charco de sangre comenzaba a formarse bajo la cabeza del caído.
El joven de ojos azules salió del apartamento, cerrando con la llave y dando las exactas vueltas que había cuando entró. - Las cámaras se activarán en un minuto - avisó Ryouga. Se echó la bolsa al hombro y bajó las escaleras rápidamente. Cuando llegó al portal algunos residentes estaban allí, descolocados por los gritos y el jaleo que se había formado a causa de las personas arremolinadas. Murmuraban ‘¿Qué ha ocurrido?’ ‘Quién habrá podido hacer algo así’ ‘Oh, Dios mío, el mundo está loco’. Ranma, para pasar desapercibido, se coló por detrás de las personas que estaban en la acera, y salió hacia el callejón de donde habían partido. Evidentemente, los otros 4 hombres salían de diferentes edificios, de la misma forma que él. Habían sido anzuelos, su misión era únicamente vigilar que él no fuese descubierto…
Se quitó los guantes una vez guardó la mochila en la parte trasera de su coche. Los demás hombres llegaban con idénticas bolsas a él. - Todo perfecto… Pueden irse a casa, un placer trabajar con ustedes – indicó Ryouga. Los 4 hombres se observaron, después afirmaron con un leve gesto de cabeza, dándose media vuelta se perdieron calle abajo, no sin antes echar un último vistazo al autor de aquella, catalogada por ellos mismos mentalmente, magnífica obra de precisión y control.
- Bien hecho – intentó felicitar Ryouga una vez se quedaron solos.
Ranma le miró fríamente apoyado en su coche y con las manos en los bolsillos, sin ningún tipo de expresión en su cara o en sus ojos. Ryouga se detuvo a observarle. Por lo general, siempre tenía una mirada satisfecha cuando los trabajos salían bien, pero ahora no y eso le ‘preocupaba’ o lo que él entendía por preocupación. Sus ojos azules se desviaron hacia la pared de enfrente dos segundos, después su cabeza y cuerpo acompañaron a sus ojos que fueron directamente a la manilla de la puerta de su coche. Despegándose de él, abrió la puerta y entro. Miró de nuevo a Ryouga a través de la oscuridad y del escaso reflectante cristal, encendió el motor haciéndolo rugir un par de veces. Prendió las luces y se marchó de allí tan rápido como pudo.
[No hagas eso Ranma…] – pensaba el chico, allí parado en el callejón, vistiendo un tres cuartos negro, y al lado de su deportivo – [No hagas eso…]
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- Llegamos tarde… ¡¡Por tu culpa!! – decía Akane andando apresuradamente por el jardín trasero del Campus - Perdona… ¡¡Tu estabas dormida!! – gritaba un Ranma exasperado - ¡¡Y tu el que empezó a meterme mano en la cama!! – paró en seco, provocando que el chico casi se chocase con ella. - Y ahora ¿por qué te paras? – dijo algo molesto - ¿Por qué me estabas metiendo mano en la cama? No es que me importe, quiero decir… -corrigió rápidamente - ¡¡Son las 8 de la mañana!! – preguntó seria y terminó medio gritando - Jajaja – riendo echó a andar seguido de Akane - ¡¡Solo te hacia cosquillas!! – abrió la puerta dejándola pasar – Para que espabilaras… Te estuve llamando como 10 minutos… - Mentiroso… - susurró pasando a su lado. Y acto seguido recibió un azote en el trasero - No vuelvas a decirme eso – dijo gutural, frío… serio. A continuación sonrió tierno, como siempre lo hacía con ella, pasó por su lado y echó a correr - ¡¡Llegamos tarde!! - Serás… ¡¡Vuelve aquí!! – gritó juguetona
Corrieron por los pasillos de la facultad, esquivando a algunas personas que iban retrasadas a las clases como ellos. Cuando llegaron al aula, la puerta estaba abierta Ranma paró en seco en el umbral haciendo que Akane chocase con el al no esperar que frenara de esa manera tan brusca.
- Auch… ¿Qué haces? – dijo frotándose la nariz. El chico se giro y le sacó la lengua, después se hizo a un lado para que ella viera el aula. - Ho…Hola… - susurró ella - ¿Podemos entrar? – preguntó tímida y algo avergonzada por el reciente comportamiento de ambos. - Adelante… Faltabais vosotros nada más… Tomad asiento – era un hombre de unos 30 años, vestía un traje marrón y llevaba unas gafas plateadas, casi inapreciables. - Gracias – agradecieron a la vez. Los dos entraron y subieron las escaleras para ocupar sus respectivos asientos. - ¿No nos tocaban matemáticas? – preguntó ella aturdida sentándose en la silla - Sí… Eso creo… - Que raro… - susurró ella volviendo la vista al hombre - Bien chicos – dijo el hombre – Me llamo Dan y seré vuestro nuevo profesor de matemáticas A.
Un murmullo se hizo presente en la sala, parecía que eso no les era agradable…
- Lamento comunicaros… - hizo una pequeña pausa y echó una mirada general - que el Dr. Martín falleció anoche… - de nuevo murmullos, acompañados de gestos sorpresivos e incrédulos. Les volvió a observar - … a causa de un infortuno disparo… - el colapso fue general.
Exceptuando… a dos personas…
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- Joder… aún no puedo creerlo… ¿Pero en qué mierda de País vivimos? – dijo Ukyo removiendo el café - ¡¡Ya no puedes ir ni a cenar tranquilamente…!! Es increíble… - Así está el mundo… - agregó Ryouga, quién a continuación echó una mirada a su compañero.
Ranma mantenía la vista perdida sobre la mesa, jugueteando con una moneda entre sus dedos, totalmente aislado de la conversación y de las personas que allí estaban.
- Con estas cosas me da miedo salir de casa… - susurró Akane, sentada al lado del chico de ojos azules - … de veras que me da miedo… Pensar que cualquier persona puede llevar encima un arma, que cualquier desquiciado psicópata puede matarte mientras vas andando por la calle… O como el profesor Martin que salía de cenar…
Ranma detuvo la moneda bruscamente, haciendo que los tres le mirasen. Recuperó el control sobre su vista perdida, clavándola sobre su puño y por un momento, recordó el momento en el que apuntó y apretó el gatillo; y vió su mano cubierta de sangre. Esa imagen desapareció en menos de un segundo, pero le aturdió lo suficiente como para levantarse y marcharse sin decir nada, mientras su nombre se perdía en el aire y ruido ambiental de la sala.
Recorrió el pasillo que daba salida hacia los jardines interiores de la Facultad. Una mezcla de angustia y furia invadían su cuerpo. Mientras una de tantas ideas predominaba en su cabeza [No puedo estar volviéndome esquizofrénico] Empujó con rabia y con una sola mano, la puerta de grueso cristal; y cuando por fin salió del edificio, pareció que sus vías respiratorias se abrieron de golpe. Una gran inhalación, que había contenido desde el mismo momento en que salió de la cafetería. [¿Por qué he visto eso? ¿Por qué he visto mi mano llena de sangre? Joder… No, no puedo estar volviéndome esquizofrénico…¡Maldita sea!.... No pueden alejarme de ella…]
Frotó su cara con su mano izquierda, en un vano intento de contener su ira. Notó que sus pulsaciones estaban casi desbordadas, con la consecuencia de que le costaba mucho más respirar y debía hacerlo más frecuentemente… Y de repente, una pregunta cruzó su mente; una pregunta que hizo que prácticamente todo su interior se paralizase durante un segundo [¿Soy un psicópata?] De nuevo su mirada se perdió, pero esta vez sobre el arenoso suelo.
- Desquiciado psicópata… - susurró, tan débilmente que la voz apenas pudo salir de su garganta
[No, no… no confundas términos…] se dijo así mismo, pero por alguna razón, aquello no le convencía del todo… [¡A la mierda!… Joder…] tomó plena conciencia de que algo no iba bien, de que algo en él estaba mal […cálmate, solo ha sido la imaginación; me ha jugado una mala pasada… Sólo eso… Nada de esquizofrenia…] Controló el estado de sus pulsaciones, que bajaban gradualmente… [Tranquilo…]
Auto-control.
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- Solo tienes que decirle a tu cerebro que esto, no está doliendo… - susurró el hombre sobre el chico, - … tu cerebro controla tu cuerpo y tú tienes que aprender a controlar tu cerebro, NUNCA él a ti. TÚ eres su dueño, TÚ eres tu cerebro, TÚ lo controlas…
Y una descarga eléctrica atravesó el brazo del chico, continuó por su hombro y se deslizó por la espalda. Explotando después, haciendo temblar todo su cuerpo, una vez recibida e introducida la terrible tensión; mientras una mueca de intenso dolor se dibujo en su cara. Escupió la protección bucal, y dejó caer la cabeza.
- ¡¡No vuelvas a hacer eso, gilipollas!! – gritó el hombre - ¡¡Ni se te ocurra volver a escupirlo, NO ME SIRVES SIN LENGUA MOCOSO!! – abofeteó al chico.
Conteniendo los últimos calambres de dolor, mordió su labio inferior, dejándose escapar unas gotas de sangre, que intento de mala forma esconder… el liquido, rojo y brillante, resbaló por su barbilla... Sudor frío envolvía su cuerpo, ligero temblor en sus extremidades, su corazón a rebosar… dolía tan solo el hecho involuntario de respirar… Y en un último intento susurró:
- YO controlo mi cuerpo… - y todo se volvió negro.
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- ¡¡RANMA!! – una voz familiar le sacó de su ensoñación, su mirada lentamente se volvió hacia ella – Llevo llamándote desde la cafetería, persiguiéndote por el pasillo… No estás en una carrera de coches… ¿sabes? - dijo Akane lo más sarcásticamente posible, mientras recobraba el aliento. Entonces posó sus ojos sobre los de él, y fue cuando observó detenidamente su cara - Tienes mala cara… estás pálido… - él identificó en sus ojos ocres, ese sentimiento que llamaban ‘preocupación’ - ¿Estás bien? – susurró la chica, llevando la mano a su frente – No parece que tengas fiebre… - acarició su mejilla, dulcemente… - Estoy bien… - susurró él - … he dormido mal hoy… - Eso no justifica que te largases así de la cafetería… ¿Es por lo del Profesor Martin, verdad? - ¡No es por eso! – levantó la voz y se alejó un poco de ella. Eso sorprendió a Akane. - Ranma, no se que te unía a él, pero se que os conocíais de antes… Y si a todos nos ha afectado, imagino que a ti aún más… - habló lo más calmada y tierna que pudo, al ritmo que se acercaba a él para abrazarle.
El correspondió el gesto, de forma sincera. Y de alguna forma aquello le hizo sentirse mejor… [Si supieses que no es eso lo que me está atormentando Akane…] Apretó un poco más el abrazo, tomándola por sorpresa. Ella sonrió, se acurrucó en él y besó su cuello.
- Ranma… si necesitas contarme algo… sabes que puedes hacerlo… - susurró en su oído - Lo se… - [Aunque tengo prohibido hacerlo] - … gracias… - [de todos modos…]
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