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CAPÍTULO CUARTO: ENTRENAMIENTO. COMIENZO. Entre [ ] pensamientos En cursiva cambio de Idioma <<< <<< Escena en Gris (Escena del Pasado) Akane, Ukyo y Ranma estaban en clase de Matemática A. Su tercera hora de clase. Mientras Ukyo estaba más dormida que despierta, los demás tomaban apuntes de una nueva fórmula algo compleja. - ¿Y Ryouga? – preguntó intrigada Akane - Dijo que hoy no venía a clase, estaba cansado… - Ranma echó una mirada a Ukyo, dormida sobre la mesa. Akane la miró también y una risita nerviosa surgió de sus labios. - Mucha juerga anoche… - afirmó su amigo. - Ya veo… Continuaron tomando apuntes y prestando atención al Profesor Martin. Un alumno interrumpió el ritmo de la clase, preguntando una duda a cerca del nuevo ejercicio. Akane miraba y escuchaba muy interesada. Ranma la observaba de reojo. [Vaya que esta chica es guapa…] – sus pensamientos fueron interrumpidos por la vibración de su teléfono móvil [¡Mierda!] – metió la mano en el bolsillo del pantalón, Akane le observó. Sacó el pequeño teléfono plateado y descolgó. Una voz seca y fría se oyó al otro lado, pronunciando clara y pausadamente: ‘Problemas’. El chico no tardo más de 5 segundos en recoger todo. - ¿Qué pasa? – preguntó Akane sorprendida ante la reacción de Ranma. - Tengo que irme – fue la respuesta seca y contundente, antes de levantarse y bajar las escaleras del aula, hacia la puerta. Los demás compañeros le observaron aturdidos, el profesor Martin continuó con la clase, ignorando, adrede, la salida del joven de ojos azules.
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Ranma subió las escaleras de su casa rápidamente, hasta la habitación de Ryouga. Abrió la puerta, su amigo ya le estaba esperando. - La dirección… - dijo Ryouga entregándole un papel blanco doblado 2 veces – y lo más importante… - le entregó un arma envuelta en una tela negra. Sonrió. - Tiempo. - Se estima unos 30 minutos. Ranma guardó el arma en la parte trasera del pantalón, ocultando el cañón por la parte interior y la culata cubierta por la camisa. Y se dirigió a la puerta. - Oye – interrumpió - ¿Cómo estaba Ukyo? - Extasiada… - dijo cerrando la puerta a su vez, tras de sí.
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Dentro del coche, Ranma esperaba impaciente frente a un lujoso y caro restaurante. Dando pequeños golpecitos con las manos en el volante, observaba cada detalle de la zona. La carretera, los comercios, las calles cercanas, las mujeres viendo escaparates y paseando con sus hijos. Sus hijos…
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- ¡ESTÁS SOLO! ¿ENTIENDES? NO TIENES NI PADRES, NI HERMANOS, NI AMIGOS, ERES ÚNICAMENTE TU ¿ME ESCUCHAS? - ¡Sí Señor! - TU ÚNICA FAMILIA SOMOS NOSTROS Y NI SIQUIERA PODEMOS OPTAR A ESE RANGO POR QUE DEBES – el hombre se acercó al chico maniatado en la silla, que respiraba con dificultad – BORRAR DE TU CABECITA CUALQUIER TIPO DE ENLACE CON… – dijo apuntándole con un arma en la sién – ESE TÉRMINO. SI NO… YA SABES LO QUE TE OCURRIRÁ ¿VERDAD? – el hombre cargó el arma - ¡¿VERDAD?! – gritó aún más fuerte sobre los labios del chico. - ¡Sí Señor! - Dime que te ocurrirá… - susurró apretando más contra la sien del chico el arma - ¡¡DILO!! – gritó. - Me matará… - su respuesta fue fría y sombría, pero contundente. Sin dudas.
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Ranma apreció movimiento en la salida del restaurante. Giró la vista y su mirada se volvió aún más gélida y distante. Salió del coche. Un hombre vestido de traje negro, con algo más de su peso ideal y con una edad aproximada de 50 años apareció, anduvo por la acera sorteando a algunos transeúntes. Ranma le siguió hasta estar cerca del callejón trasero del restaurante. Aceleró el paso y le atrapó del brazo. Le obligó a llegar hasta el interior de la calleja y le empujo de cara contra una de las paredes. El hombre emitió un quejido y su tez se volvió blanca como la nieve. Un ligero sudor recubría su abundante frente. Se giró temblando.
- ¿John Namura?
El hombre observó al chico. Su mandíbula y sus manos temblaban como gelatina. Quería gritar, pero sabía que no tenía escapatoria ninguna. Todo intento sería inútil. Contemplando esos gélidos ojos comprendió.
- S-s-s-sí… - susurró preso del pánico.
Ranma dio 2 pasos hacia atrás y de un rápido movimiento sacó el arma, apuntó en lo que fue menos de medio segundo y disparó. El hombre se desplomó, yaciendo muerto.
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Aparcó el coche en la parte delantera de su casa. Cogió el arma y la limpió con la tela negra con la cuál luego la recubriría después de haber vaciado el cargador. La guardó en su mochila y salió del coche. Buscó las llaves de la casa y entró. Bruscamente paró en la entrada. Apreció que algo estaba mal, diferente… Por unos segundos se mantuvo quieto y sin respirar. Observó detenidamente la cocina, la encimera, las sillas, los muebles y por último el techo. Desvió, en la misma línea continua, la mirada hacia el techo de la entrada y las paredes. Y ahí estaba el fallo. [Gilipollas…] Ranma adelantó una pie y volvió a quedarse quieto. Metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó una pequeña navaja. Girando solo la parte superior de su cuerpo, sin llegar más adelante de dónde se encontraba su pie, raspó un poco de yeso de la pared. Una vez en su palma, sopló. El polvo se deslizó en el aire dejando al descubierto algunos, a simple vista, transparentes hilos rojos de varios láser. Ranma esbozó una media sonrisa afectada. Después sus facciones se volvieron rígidas y carentes de cualquier ápice de emoción. - ¡¡RYOUGA!! – gritó colérico. - ¡¡MUY BIEN!! – gritó su compañero desde arriba. - ¡QUITA ESTA PUTA MIERDA! Unos segundos de silencio. - ¡YA! – se escuchó Ranma sopló el resto de yeso que quedaba en su mano y efectivamente no había rastro de hilo rojo. Subió las escaleras hasta la habitación de Ryouga. Se apoyó en el marco de la puerta, observando a su compañero tecleando en el PC. - ¿Fin? – preguntó el chico de cabello castaño. - Fin – declaró rotundo – Ahí la tienes – dijo tirando la mochila sobre la cama – Me voy. - Bien. - Por cierto… No vuelvas a hacerme eso – declaró amenazante - Revisión – recalcó cada una de las sílabas. - ¿Cuándo? - Aún no está concretado. Ranma continuó su camino. Debía volver a Clase.
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- Oh Dios mío… - imploró Ukyo que lucía unas elegantes gafas de sol - … Que dolor de cabeza… Gracias por el café, Akane. - No hay de qué. Anoche si que lo tuviste que pasar bien… Por que mira que llegar a casa media hora antes de que empezasen las clases… - Ni te lo imaginas… - Ukyo removió el café con pesadez. Tenía la cabeza apoyada sobre su brazo estirado en la mesa – Estoy molida. - Se nota – reafirmó Akane. Dio un sorbo a su té helado - ¿Mucha caña? - ¡Oh! – Levantó la cabeza sonriente, mirando directamente a su amiga a través de los cristales negros - Es increíble Akane… Es… - Vale, vale. Sin detalles – interrumpió precipitadamente a su amiga. Ukyo volvió a ponerse seria y volvió a la misma posición de antes. - No iba a dártelos de todos modos… - bebió café - ¡Puahg! Qué coño has pedido ¿alquitrán? - Espabila anda… Que ya es hora pequeña zorra… - ¡OYE! – gritó Ukyo. Inmediatamente se llevó las manos a la cabeza y un tremendo gesto de dolor se dibujó en su rostro – Mierda… - masculló – No me hagas gritar, joder. Tengo la cabeza a punto de explotar. Akane rió - [Sin remedio…] – pensó. A continuación sacó unos apuntes de clase, los dejó sobre la mesa y comenzó a repasarlos, bebiendo pequeños sorbos de té. Ukyo seguía removiendo el café, con muy pocas ganas por cierto, y luchando para no quedarse dormida sobre la mesa de la cafetería. Observó a su amiga leyendo interesada.
- ¿Mucha materia? – preguntó algo preocupada. - No, no mucha. Pero a mi me ha resultado algo complicada – continuó leyendo. - Ya me lo explicarás…
De nuevo silencio entre ellas. Ukyo volvió a dar un trago al amargo y cargado café. Su gesto fue de completo asco y sintió ganas de salir corriendo y vomitar.
- Vaya mierda de café que me traes… - susurró - ¿Qué? – preguntó Akane que no llegó a escucharla - ¿Dónde están los chicos? – preguntó curiosa – Juraría que Ranma estaba cuando me arrastré dentro de clase. - Tu lo has dicho estaba – Ukyo notó el modo molesto en que Akane hablaba – Pero se largó, sin más.
La chica cambió de posición. Cruzó las manos sobre la mesa y apoyó la barbilla en ellas, no sin antes bajarse ligeramente las gafas de sol para contemplar, y también intimidar, a su mejor amiga.
- ¿Qué te pasa? – dijo con ligera burla y una irónica sonrisa – ¿La nena se ha enfadado por que el nene la ha dejado? Akane levantó lentamente la vista de los papeles. - No – dijo rotunda. - Ya… - su sonrisa se acentuó victoriosa.
A Akane no le gustaba ese tipo de sonrisas ‘victoriosas’, las odiaba, especialmente las de Ukyo. No le gustaba que la gente supusiera cosas de ella así cómo así, sin escuchar su opinión antes de que sacasen una conclusión. Y ella, Ukyo, era la más idónea y especialista en esa materia.
Unas manos taparon sus ojos y fueron acompañadas de un sensual susurro - Hola preciosa…
[Ranma] – pensó Akane. Un atisbo de alegría recorrió su cuerpo, para luego pasar a un ligero pero fácilmente notable enfado. El chico retiró las manos y se sentó al lado de ella sonriendo. Akane le miró durante dos segundo y después volvió la vista a los papeles y dejó escapar un seco ‘Hola’.
- ¡Hey Ukyo! – dijo el recién llegado elevando algo el tono de voz - ¡AAH! Me cago en… - la chica castaña llevó las manos de nuevo a su cabeza – Vete a la mierda Ranma… - Lo siento… No sabía que también andabas de resaca… - ¿También? – preguntó incrédula - Si… - la miró fijamente - … a parte de cansada y… extasiada – le guiñó un ojo. Ukyo se limitó a sonreír ligeramente y a volver a posar su cabeza sobre su brazo. Ranma desvió la vista hasta la aplicada Akane. - ¿Qué es eso? – preguntó curioso - Apuntes. - ¿De qué? - De la clase esa en la que te has ido…
Ranma miró a Ukyo, intentando encontrar una posible señal de la amiga de Akane. Inútil, Ukyo estaba en otro mundo, concretamente en el mundo de Morfeo.
- Tenía asuntos que arreglar… Papeleo… - Ah – dijo intentando no aparentar que le importara - Papeleo de Rusia, por mi Padre. La dura mirada de Akane hacia las letras del papel, cambió a una de arrepentimiento. Miró al chico. - Ah… - endulzó su tono de voz - ¿Todo está arreglado ya? - Si, todo arreglado, por ahora… - Ranma esbozó una pequeña sonrisa – Oye ¿A qué hora quedamos esta tarde? - ¿Uh? – preguntó algo confusa - Te recuerdo que ayer prometiste ser mi compañera de entrenamiento durante una semana… Y a cambio, te dejaría conducir mi coche… - Ya, ya… no se, cuando tu puedas, yo estoy libre toda la tarde. - Bien, entonces ¿te parece a las 6? - Vale – dijo sonriente. - Entonces nos vemos esta tarde – dijo levantándose - ¿No vas a clase? – preguntó extrañada - Yo no tengo clase ahora… Te veo luego – Ranma miró a Ukyo, luego observó a Akane - ¡Kuonji Ukyo!
Ukyo dio un respingo en la silla, asustada y desconcertada. - ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? – miró hacia todos lados, hasta toparse con un Ranma sonriente. Luego miró a Akane, que estaba ligeramente roja y conteniendo una gran carcajada. Volvió a observar a Ranma – Maldito Gilipollas… - masculló quitándose las gafas. El chico levantó los hombros con Indiferencia y susurró: - Yo también te quiero… - afirmó sarcástico. Luego miró a Akane – Te veo a las 6. Hasta luego. - Hasta Luego – dijo Akane viéndole irse. Después giró la cabeza hacia Ukyo.
Ya no pudo contener más la risa.
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Akane estaba terminando de preparar su bolsa de entrenamiento, cuando la silenciosa Yuka llegó hasta su habitación. - Akane… - ¿Sí? – dijo volteándose con una amistosa sonrisa - Ha llegado esto para ti – se acercó a ella y le entrego un sobre blanco, alargado. - ¿Para mi? – preguntó extrañada cogiendo el sobre, lo abrió y leyó el principio - ¡¡Es de mi padre!! Gracias Yuka. - No hay de qué ¿A que hora te vas? - He quedado a las 6. - ¡Diviértete! Y Dale una paliza – dijo levantando la palma de la mano y guiñándola un ojo. - Hecho – chocó su mano con la de su nueva amiga.
Yuka salió de la habitación dejando a una Akane especialmente feliz…
- Una carta de Papá… - susurró apretándola contra su pecho. Se sentó en la cama y continuó leyéndola.
Al cabo de unos minutos, la alarma de su reloj comenzó a sonar. Ella lo observó por un momento, después cogió la carta y la guardó en el primer cajón de su escritorio. Apagó el reloj y cogió la bolsa, colgándosela de un hombro. Bajó brincando las escaleras cruzándose fugazmente con Sayuri quién gritó:
- ¡¡Pásalo bien y haz muchas travesuras!! - ¡Sayuri! – reprochó algo avergonzada Akane saliendo de la casa.
Una vez en el porche cayó en algo [¿Cuándo les he dicho yo a esas dos que iba a entrenar con Ranma?] – Akane dio un par de pasos, cuando su gesto se endureció [¡¡UKYO!! La mato…la mato…la mato…] se iba repitiendo a la vez que se acercaba hacia la casa de enfrente. Paró justo al lado del coche.
- Vaya cochazo… - susurró embelesada, apreciando cada detalle de la negra carrocería. - Eso mismo me pasó a mi cuando lo ví.
Akane se giró para ver al dueño de esas palabras [Y vaya dueño…].
- No es para menos… - Tranquila… ya te queda poco para cogerlo… - dijo yendo hacia la parte del conductor. - ¿Y por qué no me dejas cogerlo ya? – refunfuñó Ranma negó con la cabeza – Ni lo sueñes preciosa… - dijo burlón - Hicimos un trato ¿recuerdas? - Vale, vale… - levantó las manos – Espero que no se te olvide – entre-cerró sus ojos. - Nunca se me olvida lo que me interesa recordar… - mirándola fijamente y de forma seductora susurró – Te aseguro que esto me interesa mucho…
Akane se ruborizó y fijo su vista en el suelo, entendiendo a la perfección la indirecta de su acompañante. Ranma sonrió ante la timidez de ella. Ambos entraron en el coche. - Y… ¿Dónde vamos? – preguntó curiosa - A las instalaciones del Campus. Tienen un buen Gimnasio y a estas horas no suele haber mucha gente. Así que no habrá mirones ni nadie que pueda incordiar. - Bien… Tengo ganas, hace tiempo que no entreno. - A mi me viene bien cambiar de ‘alumno’... - ¡Oye! – dijo en tono ofendido.
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- Bueno… - Ranma se ajustaba las muñequeras y el Obi de su Gi negro, mientras andaba hacia la parte contraría del Dojo – Espero que estés en forma… - Eso habría que discutirlo seguramente… - afirmó ella mojándose el pelo y echándoselo hacia atrás – pero da igual… por que conduciré tu coche…. – dijo divertida y con un deje de entonación de canción. - Desde luego… - reprochó girándose y comprobando el agarre de su trenza - … ¿quieres casarte con mi coche? - ¡Já! No me importaría… Seguro que es mejor que algunos que he conocido… Ranma arqueó una ceja. Ella apretó sus labios evitando echarse a reír. - Vale… - susurró irónico y abriendo ligeramente sus ojos. El chico se colocó en posición Rei. Akane inmediatamente le imitó. Ambos se saludaron tradicionalmente y tomaron su posición: la mano derecha delante del cuerpo en posición defensiva, y la izquierda pegada a la cintura preparada para atacar. Los pies ligeramente separados, adelantado el derecho. Así ambos estudiaron al contrario pos unos segundos, percatándose de que los dos parecían ser diestros. Ranma sonrió de medio-lado, adelantó ligeramente su tórax hacia delante y susurró: - Ataca… A Akane le irritó especialmente esa sonrisa. [¿Cree que está delante de una niña? Ahora verá] Se lanzó, con el puño izquierdo, directamente a la cara. La mirada del chico cambió radicalmente, a un frío helador. Con la mano derecha, retiró el puño y alejó a Akane de él, presionando con su mano izquierda, sobre el estómago de ella. Ésta se tambaleó hacia atrás y creyó perder por un segundo su equilibrio. Cuándo lo recuperó, lanzó una patada con la pierna izquierda impactando en el pecho de él. El chico ni siquiera se tambaleó. Al ver esto, Akane lo intentó con su puño derecho. Él interceptó el golpe de Akane, parándolo con la mano izquierda, y antes de que ésta pudiese darse cuenta, le había aplicado una llave haciéndola presa de su agarre. Akane tenía sus dos brazos en la espalda, sujetados por las manos de Ranma. - Me gusta… - susurró él. La soltó empujándola hacia delante, para alejarla – Me toca. Ella se preparó. El puño de Ranma rozó la cara de Akane. Ésta se alejó hacia la derecha [Vaya…si que es rápido] Ni siquiera había terminado de pensarlo cuando el pie del chico rozaba su costado, ella lo retiró con el antebrazo y lanzó su puño contra el hombro de su oponente. Ranma se escurrió hacia el suelo y apoyándose en una mano hizo un barrido a los pies de Akane. Ella saltó evitándolo. Su respiración era sonora y arrítmica. Cuando asentó sus pies de nuevo sobre el suelo, él ya estaba preparado para el ataque. Se lanzó a ella. Akane advirtió que el siguiente golpe iba dirigido a su estómago, así que protegió su tórax. En el último momento, Ranma elevó el puño hacia la cara de la chica. Ella se preparó para recibir el golpe, cerrando sus ojos. Golpe que se transformo en una corriente de aire chocando contra su mejilla.. Abrió de nuevo sus acaramelados ojos y miró a su oponente unos metros frente a ella sonriendo ligeramente. Akane se enfureció. - ¿No me tomas en serio? – preguntó molesta. - Al contrario, muy en serio – dijo cambiando su semblante divertido por uno distante. - ¿Entonces? Por que ese puño no se ha clavado en mi cara – cruzó los brazos sobre su pecho. - Porque estamos entrenando, no luchando. Akane meditó eso último por un momento. Sonriendo maliciosamente dijo - Te vas a enterar…
De nuevo se enzarzaron. Akane lanzó una patada al estómago de él, Ranma la paró con la mano pero ella inmediatamente apoyó esa pierna en el suelo e intento el golpe con la otra. Ranma la bloqueo con la rodilla y ‘suavemente’ estiró la pierna y empujó a Akane al suelo con el pie. Ella estaba enfurecida, no había sido capaz de tocarle ni una sola vez. Para su sorpresa Ranma fue de nuevo al ataque. Lanzo varios puños a ambos lados de la cara de Akane, alternándolos con algunas patadas, también a ambos lados de sus costados. A Akane parecía costarle defenderse de caderas hacia abajo. . Ella solo tenía un posibilidad, intentar engañarle. Así que, se lanzó con el puño derecho hacia el estómago de él con intención de desviarlo (antes de que él lo atrapase) hacia uno de sus hombros, pero no pudo hacerlo. Ranma interceptó ese brazo ‘antes de tiempo’ y aplicándole la misma llave que al principio, dejó su brazo a la espalda, la rodeó con el otro el cuello, apoyando la mano en el hombro de ella, y la atrajo contra él. Las respiraciones de ambos eran pesadas, sus músculos estaban en todo su auge, cubiertos por una fina capa de sudor, haciéndolos más brillantes y a la vista más poderosos y sensuales. Akane sintió un cosquilleo por todo el cuerpo, al sentir el aliento de Ranma acariciando su cuello. - Cena conmigo esta noche… - susurró sensual.
Akane creyó desfallecer. Esa sensación de dominio, por parte de él, le producía verdadera excitación en esos instantes. No sabía por qué, pero era así. Posiblemente por la forma en que la tenía agarrada, por la forma en que sentía su aliento sobre su cuello, enfriándolo a causa del sudor, y por la manera en que le había susurrado esas palabras… Completa armonía para sus sentidos.
- ¿Y todo esto para tener una cita conmigo? – susurró - Es posible… - se acercó más a ella – Contéstame… - aquello fue una orden. Una deliciosa orden. Dejando escapar el aire de sus labios, dejo a su vez fluir una palabra – Vale…
Ranma la soltó. La sensación de satisfacción recorrió su cuerpo. Se acercó hasta el otro lado del Dojo, se agachó y abrió la cremallera de su bolsa de deporte. Cogió las llaves del coche y las meció con dos dedos. - Tu premio… - afirmó sonriente. Akane apoyó las manos en las caderas y también sonrió; con ligera malicia. - Vamos a las duchas… - dijo cogiendo la bolsa. - ¿No querrás ir conmigo, verdad? – preguntó ella divertida, siguiéndole. - No me importaría pero… No sería correcto. - Tampoco iba a dejarte. - Tampoco te lo pedí – dijo el sacándole la lengua de forma simpática. Ella respondió de la misma forma, solo que Akane frunció ligeramente su ceño al hacerlo. Duchas de mujeres a la derecha, la de los hombres a la izquierda. Ambos se miraron y como si lo hubiesen preparado antes, dijeron al unísono: - 10 minutos… Cada uno tomó el camino que le correspondía.
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Akane encendió el motor. Notó como la adrenalina se le disparaba y por acto reflejo apretó las manos contra el volante. - Solo una advertencia… - dijo Ranma - … cuidado con el acelerador, es demasiado sensible así que por el momento no le dispares… Primero con calma. - Ya, ya… - Akane sonó impaciente. Le echó una mirada a su compañero, el cual estaba serio mirando hacia delante. Continuó mirándole hasta que el chico se giró y le sonrió. [¡Si!] se dijo así misma, eso era lo que le faltaba para ponerse en macha. Quitó el freno de mano y… - ¡Joder! – exclamó Ranma haciéndose con el control del volante con una mano, girándolo bruscamente y tirando del freno de mano, provocando así un derrape y giro del coche de 180 grados.
Akane estaba pálida, blanca como el mármol y con la vista clavada al frente. No podía quitarse de la mente la pared en la que casi empotra el coche. Quería llorar, llorar y llorar… Vergüenza, pánico y miedo a un posible rechazo abarcaron toda su mente. Para su sorpresa escuchó las risas ahogadas de su ‘amigo’. Giró la cabeza para observarle, aún manteniendo los ojos igual de abiertos que cuando casi vio la pared sobre ellos. No los abrió más por que eso era Imposible. Aquello era totalmente surrealista.
- Te dije que tuvieses cuidado… - su tono era tranquilizador - ¿Estás bien? – preguntó con una tenue sonrisa.
[Pero...Pero…¿No me ha gritado?] Bien, para Akane aquel chico NO era normal [Después de que casi le estrello el coche ¿no me grita? No se pone como un loco a decirme ¡¡¡Casi estrellas mi coche maldita inútil!! Por que… eso es lo que haría cualquiera… Y después preguntar si estás bien ¿verdad? Sí, claro… eso es lo normal, aunque no sea lo lógico…]
- ¿Akane? – preguntó Ranma pareciendo preocupado. - ¿Qué? – dijo ella por inercia – Sí, sí… E-estoy bien – Akane no despegaba las manos del volante. - Vaya… Creo que tendremos que ir a otro sitio para que lo conduzcas. Al menos hasta que le cojas el truco a ‘ese’ acelerador – dijo señalando al pedal en cuestión. - Yo…yo… - parpadeó rápidamente - … Lo… ¡Oh Dios mío! – Akane abrió la puerta y salió del coche, apoyándose en él. Necesitaba aire. Puso sus manos sobre la cara a la vez que luchaba con todas sus fuerzas por tomar control sobre sus nervios.
Ranma salió del coche, con toda tranquilidad se puso delante de Akane y la agarró de las muñecas tirando de ellas, para poder mirarla cara a cara. Ella intentó forcejear, no quería que la viese llorar, llorar de rabia… Él clavó sus ojos sobre los cristalizados y asustados de ella.
- Tranquila, tú estás bien y yo estoy bien ¿De acuerdo? Así que no quiero que te pongas así por una tontería… - ¡¿Tontería?! ¿Llamas tontería a que casi estampo tu coche? ¡¡Sí no se como tengo la tan poquísima vergüenza de mirarte a la cara! ¡¡Por el amor de Dios…!! - Sí… Tontería por que ni a ti ni a mi nos ha pasado nada y por que… - La agarró de los hombros y la retiró del coche, la obligó a dar unos cuantos pasos y después la hizo girar, quedando su vista clavada sobre el Porsche - … el coche está en perfecto estado ¿Lo ves? Bien, ahora, quiero que entres ahí por que tú y yo nos vamos a cenar esta noche. Estar aquí suponiendo ‘que hubiese pasado si…’ nos hace perder el tiempo, y además… - Ranma la llevó hasta el asiento del co-piloto - … me aburre increíblemente. Y prefiero estar cenando contigo que no discutiendo… - el chico bordeó el coche. Akane le observó. Definitivamente ese chico era… [Increíble…]. Él entró y ella le imitó. Ranma arrancó el coche e hizo la maniobra pertinente para coger el camino hacia sus casas. El silencio se mantuvo durante unos minutos.
- Lo siento… - susurró ella - ¡Bah! No, otra vez no… Akane… - dijo en tono cansado. Ahora, sus palabras fueron bañadas por la amabilidad - Mañana si quieres te llevo a un sitio dónde te enseñaré a controlarlo… Pero prométeme que te olvidarás de…de… bueno lo que sea que haya pasado… Akane ocultó una risa nerviosa y agradecida. - ¡Hey! Eso me gusta más… Me encanta verte sonreír… Deberías hacerlo más a menudo… - susurró en un áspero pero sensual deje de voz.
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El hombre de cabello largo, liso y negro, cubierto por una bata de seda roja y bordados orientales negros, observaba el anochecer sobre el océano, sentado en un gran sillón colocado frente a uno de los ventanales de la cálida habitación en la que ahora se encontraba, una de las varias de su mansión en un acantilado de la costa. Una pequeña y redonda mesa estaba colocada al lado de ese sillón de cuero marrón, dónde reposaban un cenicero de brillante cristal con un cigarro consumiéndose y al lado una copa de Whiskey. Su respiración era pausada, calmada y profunda, casi al ritmo de la dulce melodía del hilo musical clásico. Tomó el cigarro y dio una amplia calada, a continuación tomó el vaso, dejó el cigarrillo, expulsó todo el humo de sus pulmones de forma elegante y sutil, y dio un buen trago de Whiskey.
- Señor… - un hombre de mediana edad, ataviado con un jerséy negro y un vaquero del mismo color irrumpió en la habitación, dentro de lo que cabe cortésmente - … señor… - ¿Sí? – preguntó dejando sobre la pequeña mesa el vaso. - Namura ha muerto – declaró. El hombre sonrió satisfecho, sin apartar la vista del amplio y ahora negruzco océano. - Felicita a los chicos de mi Parte… - dijo cogiendo de nuevo el cigarrillo - … que prosigan con los planes iniciales. - Sí Señor ‘Tzen’… - el hombre se marchó, cerrando las grandes puertas cobrizas tras de sí. - Con ellos de mi lado, ganaré… - se levantó con el vaso de Whiskey, dejando el cigarrillo en el cenicero. Se aproximó a la gran chimenea rústica. Observó con nostalgia y preocupación los troncos secos que allí yacían. Una sonrisa, tierna, demasiado tierna para su osco gesto, asomó en su rostro – Espero que mi gran inversión no se eche a perder… - tomando el último trago de Whiskey, arrojó el vaso con furia en la chimenea, destellando sus ojos ocre tormentosa rabia contenida. Dándose media vuelta, regresó a su asiento, observando de nuevo el océano y encendiendo otro cigarrillo.
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Ranma detuvo el coche justo frente a la casa de Akane. Ambos estuvieron callados por unos segundos… - Gracias por la cena… - susurró Akane – Hacía tiempo que no disfrutaba tanto…. - Un placer… - el chico miró hacia Akane, quién estaba jugueteando con sus dedos sobre su regazo. Ranma acarició con la vista todo el cuerpo de ella, desde sus manos, pasando por sus pechos, sus hombros, su cuello y su rostro. Allí, en la oscuridad de la noche, con tan solo las farolas proporcionando una luz anaranjada que daba calor a la calle, sentada frente a el, con ese vestido color vino de tirantes, dejando apreciar sus sensuales hombros y su fino cuello, con un llamativo pero a la vez discreto escote, la luz jugando y delineando sus suaves rasgos, rasgos exóticos, cautivadores … con su elegancia y sencillez, su timidez y su ternura, ella le pareció un verdadero ángel. [Vas por mal camino, amigo…] Se dijo así mismo [Muy mal camino…Recuerda la maldita misión]
Akane le sorprendió observándola detalladamente. Dio un ligero respingo al encontrarse con esa mirada azul-cobalto, sensual y cálida, clavada en ella. Sonrió tímidamente, sin ella quererlo. Realmente estaba muy nerviosa.
- Bu-bueno… - consiguió decir – Yo… - Tienes que irte… - susurró Ella asintió con la cabeza, de forma sutil. - Sí… mañana… - Akane no paraba, no, no podía dejar de mirarle - tenemos clase y… - Ranma mordió su labio Inferior, intentando al parecer, ser discreto - …bueno…es…un poco… - Tarde – terminó él. - Aham… - ella se acomodó en el asiento. - De acuerdo entonces… - Ranma se acercó un poco a ella.
Akane retrocedió unos milímetros casi instintivamente, sin desear hacerlo. Él no quería besarla ¿o si? [Venga Akane… ¿A qué esperas? Con un beso tampoco le entregas tu vida…] pensaba la chica.
Ranma no dejaba de mirarla, esperaba la reacción de ella. Si se marchaba, entonces no había salido tan bien como debería haber salido. Si le besaba significaba un éxito casi 100% asegurado de la primera parte del plan.
- Bueno… que…descanses… - [No, no puedo besarle…] Akane tiró de la manilla de la puerta, la empujó ligeramente… - [¡Bah! ¡Al diablo!] se giró, le sonrió y le besó. Un beso fugaz e inesperado. Se separó despacio, para no romper la armonía e intimidad del pequeño momento. - Vaya… - susurró él - …eso me ha gustado mucho… - dijo divertido - Si quieres más… - dijo siguiéndole el juego - …Gánatelos… - su tono fue una mezcla de reto y sensualidad. Al mismo tiempo, salió del coche y cerró la puerta. Dejando a un Ranma en su Interior con varias sensaciones y conclusiones confusas. Demasiado confusas. Pero había algo distinto que empezaba a gustarle. Y que no debería gustarle.
Akane bordeó el coche y andó por el camino del jardín hacia la casa. Ranma la siguió con la mirada, no se iría hasta verla entrar. Ella se giró ligeramente casi justo en la puerta y miró hacia atrás, hacia el coche, ofreciéndole de nuevo una dulce y cómplice sonrisa, (la cuál fue correspondida), para luego entrar delicadamente en su casa.
El chico echó la cabeza hacia atrás. En tres segundos recuperó su mirada, tan fría, poderosa e intimidante como un inmenso glaciar. Aceleró el coche y aparcó en el garaje de su casa; la casa de enfrente. Cerró el coche y se dirigió al interior, mientras una mirada bronceada le observaba. Entró y cerró la puerta con cautela. El dueño de esa mirada canela estaba de pie, justo en frente suya de brazos cruzados. Su mirada era igual de distante y fría que la de Ranma. - ¿Cómo fue? – preguntó brusco - Hecho. Ryouga sonrió de medio lado. Fue una sonrisa cargada de malicia y satisfacción. - Perfecto… Ranma levantó la vista, hasta interceptar la de su interlocutor. Ryouga abrió ligeramente los ojos al descubrir esa mirada en los ojos de Ranma; esa mirada significaba muchas cosas. Esa mirada significaba problemas… Problemas ‘internos’. - Largo – ordenó Ranma. Ryouga obedeció sin dilación.
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