LA LITURGIA
EN LA IGLESIA (I)
CENTRO MARIANO
1997
1- INTRODUCCIÓN
2-¿QUÉ ES
ADORACIÓN?
3- LITURGIA Y
ADORACIÓN
4- AÑO LITÚRGICO
5-
LITURGIA Y DEVOCIÓN
6- LITURGIA DE LAS
HORAS
LA LITURGIA EN LA IGLESIA (I)
1- INTRODUCCIÓN
Lo más importante en la liturgia es encontrarse con Dios,
adorar a Dios, convertirse a Dios.
El motivo esencial y válido por el
cual existe la liturgia es la realidad de Dios y la necesidad que tenemos los
seres humanos de amarlo, de conocerlo, de expresar nuestra fe y amor, de
adorarlo.
Dios existe y nosotros deseamos expresarle nuestro
reconocimiento y nuestro amor. Para expresar este agradecimiento y este amor, lo
hacemos mediante un lenguaje, unos signos, unos gestos, unas palabras.
Lo más profundo de la liturgia es adorar a Dios. Todo acto litúrgico apunta en
su finalidad esencial y primordial a llevarnos a la adoración de
Dios.
2- ¿QUÉ ES ADORACIÓN?
Adorar es amar de
una forma ilimitada, sin poner ningún obstáculo de nuestra parte, con una
confianza plena y total entregándose sin reservas a Dios.
Podemos
adorar porque tenemos fe. La fe es creer que Dios existe, está vivo y actúa en
nuestras vidas y nuestra historia.
Pero si de verdad creemos en Dios,
si le respetamos como tal, entonces nos vemos impulsados, llamados, atraídos a
adorarlo.
Porque el amor a Dios debe desembocar en la adoración. No es
simplemente un amor humano o a alguna creatura, como puede ser al amor a la
naturaleza, el amor a la música, el amor a la pintura.
Es el amor a
Dios, ante el cual no podemos poner ningún requisito, sino que al contrario, nos
vemos sobrecogidos, sobrepasados, arropados, en un misterio tan inmenso que lo
que nos queda es callar y adorar. El amor a Dios lleva obligatoriamente a la
adoración.
Y es solamente en la adoración a Dios que puede crecer
nuestro amor a Dios y nuestro conocimiento de Dios a la plenitud que estamos
llamados a vivir.
Nosotros somos libres si adoramos a Dios. El acto de
más profunda libertad que puede tener un ser humano y de mayor liberación, es el
acto de adoración.
Cuando adoramos, somos y nos hacemos nosotros
mismos, nos vamos haciendo personas, reales, con tiempo y espacio, con historia
propia, y dejamos de ser simplemente masa.
Podemos citar aquí los
ejemplos del Antiguo Testamento de aquellos hombres que de verdad fueron
adoradores de Dios, como es el caso primordial de Abraham, del cual decimos que
todos los hombres somos hijos en la fe, como Moisés, tan recordado hasta hoy,
que introdujo los famosos Mandamientos de la Ley de Dios; como David el Rey,
como Salomón el sabio, y tantos otros que por ser verdaderos adoradores de Dios
dejaron de ser masa y marcaron la historia, abriendo vías para que millones de
personas caminaran y encontraran a Dios en su vida. También podemos decir lo
mismo de las personas del Nuevo Testamento, comenzando por supuesto por el mismo
Jesucristo, el más perfecto adorador del Padre en espíritu y en verdad,
obediente al Padre hasta la muerte y una muerte de cruz. también María, la más
humilde y perfecta adoradora de Dios, la Sierva del Señor, por la cual nos vino
el bien más infinito de la humanidad, que fue la encarnación del Verbo de Dios.
También podemos citar a Pedro, Pablo y todos los apóstoles, verdaderos
adoradores de Dios que marcaron hasta hoy nuestra historia, tanto así que nos
llamamos como ellos.
La manera que tiene Dios de ayudarnos más
profundamente es mediante la adoración, porque en ella Dios se da en su
verdadera dimensión de Dios y nosotros lo recibimos en nuestra verdadera
dimensión de personas humanas.
El ser humano está creado a imagen y
semejanza de Dios. Esto quiere decir entre otras cosas, que existe para amar.
Todo hombre y toda mujer están llamados al amor, y cuando viven un verdaero amor
de pareja, realizan una unión que los hace ser una sola persona, que los
construye como personas, que los alimenta y les da sentido a sus vidas. El fruto
de este amor unitivo son los hijos, que nacen de la mezcla inextrincable de los
genes del padre y de la madre. Así decimos muchas veces: “tiene los ojos de su
papá pero el pelo es de su mamá”. Una sola persona verdadera, reflejo de la
unión de amor entre la pareja.
Así mismo los religiosos, sacerdotes,
religiosas, viven esa unión pero básicamente en la adoración a Dios y luego en
el amor a los hermanos, en los cuales encuentran, sirven y adoran a
Dios.
Y todo el pueblo creyente está llamado por Dios a vivir esa
misma unión, porque nuestro sentido más profundo se realiza en la medida que
realizamos esa relación-unión con Dios.
3- LITURGIA Y ADORACIÓN
Decíamos entonces
que el motivo fundamental de la liturgia es vivir la adoración a Dios.
El sacerdote junto con los servidores de canto, lectores, etc, deben ayudar a
toda la asmblea reunida a realizar ese culto de adoración, de amor sin medida a
Dios.
En la Santa Misa se realizan una serie de ritos, oraciones,
lecturas, aclamaciones, etc. Todos son códigos de lenguaje, acuerdos comunes
para ayudar a realizar el culto a Dios.
Todo está al servicio de ese
encuentro entre Dios y las personas humanas. Al final de todo la gente debe
haber tenido un encuentro con Dios, en comunidad. Y esto es lo que más alimenta
y refuerza la vida cristiana.
3.A- MIEMBROS EN LA LITURGIA
En la
Eucaristía, o Misa, tenemos presente a Cristo que hace el culto agradable al
Padre. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, nace directamente de Jesús, de su
costado, de la voluntad del Padre, de la acción del Espíritu Santo.
La
Iglesia en la liturgia está presente con el Sacerdote, Ministro Ordenado, Ungido
por el Obispo, que representa a Cristo Cabeza. Lo que hace el sacerdote en la
Misa es Cristo mismo quien lo está haciendo. El sacerdote es Cristo en forma
sacramental, así como el pan y el vino es el Cuerpo y la Sangre de Cristo en
forma sacramental.
También en la misa está presente el Pueblo de Dios
laico, que representa el Cuerpo de Cristo, los miembros de su Cuerpo. Así en la
liturgia está presente Cristo, Cabeza y Miembros, haciendo el culto de adoración
agradable al Padre. Ambos juntos forman la Iglesia.
El sacerdote es el
Liturgo, él lleva la dirección de la celebración. Él es el responsable, hace el
papel de Cristo, no como un teatro, sino que ocupa el lugar de Cristo,
representándolo en medio de su pueblo.
Todos en la Misa deben
participar, con un amor encendido, así como la esposa participa del amor con el
esposo, la Iglesia es la Esposa y Jesucristo es Esposo. Pero cada cual debe
dscubrir su exacta posición, para que puedan participar en libertad y plenitud
de amor, al mismo tiempo sin chocar los unos con los otros.
Es
importante que en cada parte de la misa se guarden las posiciones, los gestos,
los sentimientos adecuados. Por ejemplo, no se puede tener la misma actitud
cuando le estamos pidiendo perdón a Dios por nuestros pecados que cuando estamos
cantando el gloria. Es importante que el pueblo responda cuando tiene que
responder; cada “amén”, o cada “y con tu espíritu”, son importantes. El pueblo
debe responder con participación auténtica.
En la Misa hay varias
partes en las cuales la participación es diferente, es bueno conocer cómo
participar en cada parte de la Misa.
3.B- PARTES DE LA MISA
La Santa Eucaristía o
Misa, tiene varias partes, en grande se divide en la Liturgia de la Palabra y la
Liturgia de la Eucaristía.
La Liturgia de la Palabra se da al
comienzo, en ella se leen las lecturas tanto del Antiguo como del Nuevo
Testamento, luego el sacerdote predica la homilía, se termina con el Credo y las
peticiones.
La Liturgia de la Eucaristía, que significa “acción de
gracias”, es la segunda y última parte de la Misa; en ella se vive de nuevo el
momento en que Jesús realizó la Última Cena, haciendo los gestos y las palabras
que Él mismo instituyó, y la comunión en su Cuerpo y Sangre, como Él mismo lo
realizó y pidió conmemorar por parte de sus Apóstoles.
PARTES EN DETALLE
LA ENTRADA: Al comienzo de la Misa
hay un Canto de entrada, un Himno.
El contenido de este himno varía
según el tiempo litúrgico y según la fiesta que se esté celebrando.
El
año a nivel cristiano va pasando por varias épocas, donde se recuerdan aspectos
de la vida de Jesús, como es la Pascua, la Cuaresma, el Adviento, la Navidad.
Además hay fiestas especiales de Jesús como la Epifanía, Cristo Rey, la
Transfiguración, etc; otras fiestas como la Santísima Trinidad, y las fiestas de
María y de los santos.
El himno de entrada debe tener relación con la
celebración que se conmemora, las lecturas también lo tienen, por lo tanto el
himno junto con los otros cantos y las lecturas, hacen un conjunto armonioso que
ayuda a los fieles a encontrarse con Dios en ese ambiente especial de esa fiesta
determinada que se está celebrando.
En el himno de entrada todos los
fieles deben participar cantando con alegría, con agradecimiento, con
entusiasmo. Es el comienzo de un encuentro con Dios, en comunidad, para amarlo y
adorarlo, para relacionarse con Él, para darle gracias por la vida y pedirle por
el futuro. En este himno de entrada el coro debe cantar un canto que conozca el
pueblo; no debe cantar un canto bonito y desconocido, sólo para que lo oigan y
digan: “este coro si canta bello”.
SALUDO, TEN PIEDAD Y
GLORIA
Luego el sacerdote saluda al pueblo, en Dios, e invita a
reconocerse como pecadores. De esta manera se está ubicando a cada quien en su
lugar; nosotros somos débiles y pecadores y estamos acudiendo al único Dios vivo
y verdadero, al Santo de los santos.
Esto nos recuerda al episodio de
Moisés con la zarza ardiente, donde Dios le dice: “Quítate las sandalias proque
la tierra que pisas es sagrada” (Ex 3, ). Delante de Dios no pdemos mentir ni
creer que somos más que Él. Todos delante de Dios somos pecadores y para estar
en su presencia es preciso que pongamos las cosas en su lugar; es necesario que
nos desnudemos de nuestras maldades y máscaras y reconozcamos humildemente lo
que somos.
En el fondo estamos acudiendo a Dios porque lo
necesitamos, porque queremos que Él nos salve, y para eso nos reconocemos
delante de Él como débiles y pecadores, lo que en realidad somos. Después le
pedimos piedad.
Luego el sacerdote entona el himno del gloria, rezado
o cantado, donde todo el pueblo debe participar, porque se está glorificando a
Dios con las mismas palabras que los ángeles alabaron a Dios cuando nació Jesús.
(Lc 1, ).
Una vez terminado el Gloria, el sacerdote hace una oración
donde recoge las intenciones de oración de toda la asamblea reunida. Después se
realizan las lecturas.
LECTURAS
Para realizar las
lecturas se debe escoger personas que lean bien, con voz clara e inteligible,
que se equivoquen lo mínimo posible. Esto es porque als lecturas son para ser
escuchadas, y el leer es un servicio que se debe realizar lo mejor posible, para
que las lecturas lleguen a todos en la forma más adecuada. Cuando el lector va a
comenzar las lecturas no debe decir: “primera lectura”, o “segunda lectura”, o
“salmo responsorial”, sino directamente comenzar a leer o a cantar el salmo. Ya
el orden define xuál es la primera y segunda lecturas, sin necesidad de
recalcarlo.
La asamblea debe estar escuchando profundamente, con el
corazón, como María lo hacía (Lc 1, ), en silencio. El coro también debe estar
escuchando; el coro debe participar igual que todos los fieles en la Eucaristía,
respetando lo que se celebra, sin interrumpir ni distraer, al contrario,
realizando el servicio de la música y el canto, para que la Liturgia sea lo más
hermosa posible. La posición de los del coro es más exigente que los demás,
proque tienen el reto de asistir de verdad a la eucaristía y ayudar a los demás
en esta misma eucaristía.
Las lecturas son varias, la primera es del
Antiguo Testamento, de los Profetas, la Sabiduría, el Génesis, el Éxodo,
etc.
Luego viene el Salmo Responsorial, que si se hace cantado es
mejor. La parte del salmo reponsorial que se responde debe ser respondida de
verdad por todos. Si es cantada, puede animar a la asamblea, porque como decía
San Agustín, el que canta ora dos veces. La parte que el lector lee del salmo
debe ser oída con toda la atención por la asamblea.
La Segunda Lectura
es del Nuevo Testamento, de las Cartas de San Pablo, de San Pedro, del
Apocalipsis, de los Hechos, etc.
Después viene el Aleluya antes del
Evangelio, donde todos deben cantar ese aleluya o algún canto que lo sustituya,
y el coro hace las estrofas o el que introduce el aleluya.
Después el
sacerdote lee el Evangelio.
Luego viene la Homilía, donde toda la
asamblea debe estar escuchando con el corazón, con atención y amor, respetando
al que está dando la homilía. Es Cristo mismo quien les habla. Es muy importante
que el coro también escuche y participe. Los instumentos ya deben estar afinados
antes de la Misa y los cantos ya ensayados y preparados. Solamente cantar y
tocar cuando deben hacerlo. Esto es importante pos dos razones; una es para que
los miembros del coro puedan participar con la misma libertad e intensidad que
el resto de los fieles, y la otra es para no perturbar al resto de la asamblea
con distracciones inútiles y así poder realizar el servicio lo mejor posible.
CREDO:
Después de la
Palabra se recita el Credo, no es una oración, sino que es una ratificación del
pueblo fiel; creemos en Dios, creemos en Jesucristo, creemos en el Espíritu
Santo, creemos en la Iglesia, creemos en la Comunión de los Santos, creemos en
el Perdón de los pecados, creemos en la Vida Eterna. Es la fe que la Iglesia ha
tenido desde el comienzo, desde los primeros siglos de su existencia.
Es como ratificar un contrato, hemos escuchado la palabra de Dios con nuestro
corazón, y le decimos a Dios: “creemos en Ti”, para ratificar que todo lo que
hemos oído lo estamos aceptando y trataremos de llevarlo a la práctica.
PETICIONES:
Una vez dicho
el credo se hacen las peticiones; las introduce el liturgo, y las pueden hacer
miembros de la asamblea. Toda la asamblea debe pedir de corazón, porque Dios
escucha las oraciones y súplicas de su pueblo. Normalmente se pide primero por
la Iglesia, por el Papa, por los Obispos, Presbíteros (Sacerdotes), Diáconos,
Religiosas y Religiosos, Laicos Consagrados y el Pueblo de Dios en
general.
Después se pide por los gobernantes, por el país, luego por
diversas necesidades; al final el sacerdote recoge todas las intenciones y
peticiones en una oración, por medio de Cristo.
En la Misa las
oraciones siempre están dirigidas al Padre, pocas veces a Jesucristo. Cuando se
nombra a los santos y a María no es dirigiéndose a ellos directamente.
LITURGIA DE LA EUCARISTÍA
La liturgia de la eucaristía consiste básicamente en hacer de nuevo lo que Jesús
realizó en la Última Cena, que se conecta directamente con el sacrificio del día
siguiente en el Calvario.
Jesús cuando realizó la Última Cena estaba
haciendo la Cena de Pascua. Esta costumbre todavía hoy la relizan los judíos.
Era el centro de la experiencia religiosa de Israel. En esa Cena de Pascua se
recordaba aquella noche en que Dios sacó a Israel de Egipto. Le mandó matar un
cordero y pintar con su sangre el marco de la puerta, de esta manera la
maldición que el mismo Faraón había invocado, que era la muerte de todos los
primeros nacidos, no se iba a dar en las casas de los israelitas. Cuando el
Faraón vio que sus hijos estaban muriendo y los de los israelitas no, se asustó
mucho y los liberó. Fue la noche de Pascua, la noche de la liberación de la
esclavitud.
Y Jesús estaba con sus discípulos celebrando esa noche, Él
también era judío. Pero Jesús no utilizó un cordero para la cena, sino que
solamente usó el pan y el vino, y nos dijo que ese era su cuerpo y su sangre,
que sería derramada al día siguiente, Él mismo era el Cordero que se iba a
inmolar para nuestra liberación del pecado, del mal, de la muerte, del demonio.
Nosotros en la Eucaristía celebramos lo mismo que Él hizo, porque Él mismo nos
mandó que lo hiciéramos en su conmemoración, que significa no un mero teatro, no
solamente una representación, sino un volver a entrar en ese momento único y
eterno, creado por Jesús, donde se realizaría el sacrificio definitivo que nos
llevaría a la salvación.
Así mismo como Dios dijo “hágase la luz” (Gen
1, ) y se hizo la luz, para siempre, así mismo Jesús, por ser Hijo de Dios, creó
ese momento de la Cena, para siempre, donde entramos en su entrega salvadora
cuando la conmemoramos. Es la Pascua de la Nueva Alianza, para siempre.
OFERTORIO
El ofertorio no
debe distraernos demasiado, porque el verdadero ofertorio es cuando Cristo se
ofrece con su Cuerpo y su Sangre al Padre. Sin embargo en el ofertorio se ofrece
el pan y el vino, que representa toda la vida humana, con sus sufrimientos, sus
alegrías, sus angustias y sus consuelos, su esfuerzo continuo en el vivir y
perfeccionarse cada día más como personas, como hijos de Dios, como
profesionales, como familias, etc.
Si se usan algunos objetos en el
ofertorio es bueno que se relacionen con la vida de las personas, para que éstas
puedan entrar más profundamente en la celebración litúrgica, como por ejemplo,
se llevan unos libros para ofrecer el esfuerzo de los estudiantes, un balón para
los deportistas, una escardilla para la gente del campo, una olla para las amas
de casa, frutos del campo, comida para compartir, etc.
El canto de
ofertorio debe ayudar a la asamblea a afrecerse junto con Cristo al Padre, y así
vivir a mayor plenitud la celebración eucarística, entrando de corazón en ese
misterio tan grande de amor que es el sacrificio de Jesucristo.
PLEGARIA EUCARÍSTICA
Esta
es una oración larga que hace el sacerdote, donde se recuerda la historia de la
salvación. Se llega al Santo.
El SANTO debe cantarlo todo el
mundo, es un reconocimiento a la santidad de Dios, junto con todos los seres del
universo; debemos proclamarlo o cantarlo de todo corazón. El coro debe cantar un
santo que ayude a penetrar en el misterio y no al contrario. A veces se utilizan
músicas y ritmos que no ayudan, hay que tener cuidado. También depende si es un
evento especial, una misa con jóvenes u otra ocasión.
El sacerdote
invoca el Espíritu Santo (Epíclesis) sobre el pan y el vino para que sean cuerpo
y sangre de Cristo, luego repite las palabras y los gestos de Jesús en la Última
Cena, donde Jesús se entrega por medio del pan para nuestra salvación, la
liberación, la remisión de los pecados. Es la Nueva Alianza entre Dios y los
hombres, por medio del sacrificio no ya de animales sino del mismo Hijo de
Dios.
La asamblea debe estar en profundo silencio receptivo, con todo
el amor del mundo, en una aceptación adorante profunda. Ese “sí “ de María, es
el “sí” de la Iglesia. El coro debe estar en la misma actitud, sin hacer ruido
con los instrumentos, formando parte igual de la asamblea eucarística.
Hay una segunda invocación del Espíritu Santo (Epíclesis) sobre la asamblea,
para que sean Cuerpo de Cristo.
Luego el sacerdote sigue la plegaria
eucarística, pidiendo por la Iglesia, por la comunión con el Papa, los Obispos y
todo el pueblo, luego pide por las intenciones de la misa, por los vivos y por
los difuntos, invocando a la Virgen, a los apóstoles y a los santos.
Al final culmina con la doxología, la glorificación: “Por Cristo, con Él y en
Él.....” que es la oración más intensa donde con el mismo Señor presente en su
Cuerpo y Sangre en el pan y el vino, se reconoce, entrega y devuelve todo al
Padre por Cristo en la unidad del Espíritu Santo. Todo el pueblo responde o
canta de corazón el amén.
Es el climax de toda la plegaria
eucarística, donde el sacerdote invoca a la Santísima Trinidad, la glorifica, la
alaba; se asoma allí el misterio de la Santísima Trinidad y nosotros como
Iglesia participando de él gracias a Jesucristo.
PADRE NUESTRO
Después de
esta doxología el sacerdote invita a rezar el Padre Nuestro. Es la oración más
perfecta, enseñada por el mismo Jesús, y que todos debemos rezar. Es un
reconocimeinto y una entrega por parte del pueblo de Dios para con su Padre,
después de haberse asomado al misterio de la Santísima Trinidad y haber
percibido que todo lo hacemos por el Padre y para el Padre; toda la Misa es, en
el fondo, una búsqueda del Padre, un querer retornar a Él, un intento de
encontrarlo y adorarlo Si se canta el Padre Nuestro debe hacerse con un canto
sencillo que todos participen. Sería lo más equivocado usar un canto donde
solamente cante el coro, totalmente antilitúrgico.
En el Padre Nuestro
debemos tener la actitud y los gestos adecuados, como estar de pie, todos de
verdad orando, con las manos abiertas, o puede ser también tomándonos de las
manos como un gesto de hermandad en nuestro Padre Dios.
LA PAZ
El sacerdote nos
invita a darnos la paz. Es la paz de Cristo, aquella que tiene que ver con la
vida eterna de Dios, con el amor, con el cariño y amistad sincera, con la pureza
del corazón.
La paz no es el momento para saludarse y preguntar todas
las cosas imaginables. Tampoco es la ocasión para abrazarnos con aquellos que
nos atraen. Es Cristo quien debe estar entre las dos personas cuando se dan la
paz. Incluso hay que dar la paz con más razón a las personas con las cuales
tenemos dificultades.
LA COMUNIÓN
Es el momento
de comer el Cuerpo de Cristo; todos deberían participar; es como ir a una cena
de un amigo importante y decirle allí: “no, gracias, no quiero comer”.
En la comunión se puede cantar un canto que ayude a profundizar la entrega. Que
tenga un coro fácil que la gente repita sin mucho esfuerzo, y luego las
estrofas, las puede cantar el coro y el pueblo oirlas en el silencio del
corazón.
Después se tiene un momento de silencio para dejar que la
experiencia de comunión penetre más hondamente el corazón.
DESPEDIDA
Al final el
sacerdote da algún aviso, anima a seguir, exhorta a la comunidad, da la
bendición y la despide hasta la próxima Asamblea Litúrgica.
El Canto
de salida es de acción de gracias, de despedida, todos deben cantarlo, es un
canto de alegría y para sentirse reforzados y animados a continuar.
4- EL AÑO LITÚRGICO
Se llama así porque
durante el año hay tiempos especiales para la Iglesia, donde la liturgia tiene
sus variaciones.
El centro de todo el año litúrgico es la celebración
de la Resurrección de Jesucristo. Se celebra el sábado de Pascua por la noche,
en la vigilia del Domingo de Resurrección, después de concluida la Semana
Santa.
Cada Domingo se celebra esa Resurrección del Señor, en la Santa
Misa, donde se conmemora el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de
Jesús.
Luego alrededor de esa fecha primordial, que es el Domingo de
Resurrección, se van organizando diversas épocas litúrgicas.
Está el
Adviento, que son cuatro semanas antes del día de Navidad. Es un tiempo de
espera, de purificación, de penitencia, de prepararse para recibir al Señor, por
eso el sacerdote se viste de morado.
Luego viene el tiempo de
Navidad.
Otro tiempo fuerte es el de Cuaresma, que son los cuarenta
días antes de la Pasión de Jesús. es un tiempo aún de mayor penitencia y
reconciliación, de preparación para vivir con un corazón abierto el gran
misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, que es el centro de
toda la vida cristiana. Se celebra la Semana Santa. Después viene el tiempo
Pascual, hasta el día de Pentecostés, donde el sacerdote se viste de blanco, que
significa la gloria de Dios, el triunfo de su gracia.
Entre estos
tiempos está el tiempo Ordinario, donde el sacerdote se reviste con color verde,
que implica la esperanza. Tiempo de preseverancia en la fe.
En las
diversas celebraciones especiales de la Virgen y de los santos se utilizan
colores de acuerdo a si fue un mártir (rojo), o con la Virgen normalmente
blanco. El domingo queda siempre con prioridad para celebrar al Señor
Jesucristo.
El año litúrgico da un ritmo de oración, de experiencia de
Dios, que ayuda al pueblo cristiano a profundizar en el misterio de la salvación
a la vez que le permite no saturarse de una sola experiencia, pasando de una a
otra época, y así variando lo que se contempla y se medita.
5- LITURGIA Y DEVOCIÓN
La Iglesia, el pueblo
de Dios, la Esposa de Cristo, debe estar siempre en vela en ese amor a
Jesucristo.
La Liturgia es el alimento fuerte, donde acude toda la
comunidad.
La devoción es como una pequeña liturgia, algo que sirve
para prolongar el efecto de la liturgia y a la vez para prepararse a la próxima
liturgia.
Si en un hogar rezan el Rosario en familia, ésto les abre
más el corazón para que puedan participar de la Santa Misa mucho mejor, al mismo
tiempo les ayuda a prolongar la liturgia pasada.
La devoción
normalmente se da en la familia, y es una forma para ayudar a que cada hogar sea
un templo del Espíritu Santo.
Es una forma para hacer que Dios esté
presente en cada hogar y pueda limpiar del mal esos hogares.
El
Rosario, el Viacrucis, las Procesiones, los Novenarios, son todas
devociones.
Las devociones no pueden sustituir a la liturgia. Todo se
debe ordenar a la liturgia, cuyo motivo primordial es siempre adorar a Dios.
6- LA LITURGIA DE LAS HORAS
Es la oración
que toda la Iglesia realiza para mantenerse en oración cotidiana, se dividen en
Laudes, Vísperas, Completas, etc. Se rezan en las comunidades religiosas, en
familias compenetradas con la Iglesia, los sacerdotes, laicos comprometidos y
consagrados, toda la Iglesia universal.
Es una liturgia porque es para
adorar a Dios y se realiza a diversas horas determinadas. No es simplemente
devoción, se utiliza la Biblia; los Salmos, la Palabra de Dios.
Esta
oración continua es como el hilo del Rosario que ayuda a perseverar despiertos
en la espera del Señor.