Taoismo
Introducción
A Lao zi
(Lao Tse), supuesto autor del Tao te ching, pilar del taoismo, se lo considera
tradicionalmente como contemporáneo de Confucio (551-479 a.C.), y se da como
fecha aproximada de su nacimiento el año 604 a.C.
Zhuang zi,
autor de la obra más extensa del pensamiento taoista, vivió por lo años 300
a.C. y se da como fecha de su muerte el año 275 a.C.
A mediados
del siglo II a.C. el pensamiento filosófico taoísta se modifica en contacto con
prácticas alquimistas.
En el año
142 d.C. Zhang Daoling en el oeste de China, y en el año 184 Zhang Jue, al
este, dan origen al taoísmo religiosos con la fundación de la Secta del Maestro
Celeste, por parte del primero, y de la subsecta de los Turbantes Amarillos,
por parte del segundo.
El taoísmo
religioso, llamado también taoísmo popular no será tema de esta página por
tratarse de una religión en la que se han conjugado prácticas rituales de
diversos orígenes con elementos heterogéneos a la concepción filosófica del
tao. Tal es así que, mientras la religión taoísta quedo confinada al área
geográfica y cultural de extremo oriente, el taoísmo filosófico a alcanzado
proyección universal. Quede claro entonces, que al hablar del taoísmo siempre
nos referiremos a las enseñanzas de los maestros Lao zi y Zhuang zi y a los
aportes que han realizado sus discipulos a lo largo de la historia, como
asimismo a los seguidores contemporáneos y a los sinólogos y estudiosos que han
aportado a la comprensión, profundización y desarrolo de la doctrina del tao.
Antes de
poner punto final a esta introducción,debo referirme a lo siguiente: para la
transcripción alfabética de los nombres chinos usaré la romanización oficial de
uso en la República Popular China (que se conoce con el nombre de pinyin) pero
me apartaré de ella toda vez que por tradición occidental o por mayor semejanza
fonética con el castellano, convenga seguir usando otras romanizaciones
anteriores. Es por ello que, debiendo escribir en la actualidad Dao y no Tao,
uso esta última transcripción; de igual forma, escribo a la usansa tradicional
Tao Te Ching, debiendo escribirlo en pinyin como Dao De Jing
A su vez
es oportuno recordar que existen numerosas y variadas interpretaciones de las
enseñazas de los maestro taoístas, originadas en sus diferentes traducciones a
las lenguas occidentales. Emplearé distintas traducciones, según estime cual es
la más conveniente para comprender el significado de cada texto citado,
seleccionando siempre aquellas que son más fieles a los textos chinos, teniendo
en cuenta que la expresión literal de la legua china ha tenido en la antigüeda
un marcado carácter sincrético.
El Tao
"El
tao que puede expresarse con
palabras no es el tao permanente. El
nombre que puede ser nombrado no es el nombre permanente",
es decir:
"Del
Tao se puede hablar, pero no del Tao eterno. Pueden nombrarse los nombres, pero
no el Nombre eterno".
Es esta la
primera enseñanza de Lao zi contenida en el Tao te ching, libro canónico del
taoísmo filosófico. He apelado a dos traducciones distintas del texto original
chino para dejar más allá de toda duda que el propio Lao zi descree de todo intento de dar una definición del
tao. ¿De que hablamos entonces, cuando
hablamos del tao? ¿Y porque llamarle "tao" si no es su verdadero
nombre ?
Hay una cosa confusamente formada,
anterior al cielo y a la tierra.
¡Sin sonido, sin forma!
de nada depende y permanece inalterada,
se la puede considerar el origen del mundo.
Yo no conozco su nombre,
lo denomino tao.
Forzado a darle otro nombre lo llamaría lo grande
O en otras palabras:
Había Algo indefinido pero completo en sí mismo,
nacido antes del Cielo-y-Tierra.
Silencioso e ilimitado, único e inmutable,
aunque impregnándolo todo sin excepción,
puede considerarse como la Madre del mundo.
No conozco su nombre;
lo denomino Tao
y, a falta de mejor palabra, lo llamo Lo Grande
Como puede
apreciarse el tao reúne muchos de los atributos que suelen predicarse de Dios:
es en si mismo la razón de su existencia, es infinito y eterno, es trascendente y omnipresente, y origen y destino
de todos los seres.
Pero el
tao siendo razón y ley de la evolución cósmica hace su obra infinita sin salir
de su perfecta quietud. Su condición de
inmutable y su trabajo silencioso lo califican como muy distinto del Dios
personal y providente a que estamos acostumbrados.Semejante Dios patriarcal,
concebido de diversas formas por la religiones teístas de occidente y medio
oriente, es ajeno al pensamiento filosófico taoísta.
El resto
de la grandes escuelas filosóficas chinas (Confucio, Mo Di, Mencio) han dado al
concepto de dios un lugar central en sus doctrinas, con el nombre de Di o Tian,
pero las escasísimas veces que lo mencionan los maestros taoístas Lao zi y
Zhuang zi ubican a este concepto en una
jerarquía subordinada al tao.
El Tao ¿Es lo Absoluto?
En su afán
de conocer el sentido del universo y el de su propia existencia, el hombre no
ha encontrado sosiego hasta hallar una
idea que le permita deneter su pensamiento y no le demande ninguna pregunta
ulterior acerca de su origen: algo que tenga en si mismo la razón plena de su
ser y de todo cuanto de él se derive.
En
occidente, ninguno de los grandes filósofos ha sido ajeno a esta búsqueda de lo
Absoluto, pero el compromiso intelectual con el rigorismo lógico impone al
pensamiento occidental un límite infranqueable.
Después de
arribar, de la mano de la propia lógica, a conclusiones tales como que "el
Ser puro sin más determinación, es el vacío, la mera indeterminación, la
Nada" y que por tanto "el Ser puro y la Nada pura son lo mismo",
la más de las veces no se han extraído de ello las enseñanzas correspondientes,
y se ha optado por minimizar su real significación.
Pero para
la cosmovisión taoísta la identidad del Ser y la Nada como diferentes aspectos
de lo Absoluto, es de importancia crucial, porque nos obliga a concluir que el
pensamiento lógico y el filosofar
discursivo encuentra aquí su límite, y que cualquier aproximación a lo
Absoluto deberá prescindir de la guía
de la lógica.
Siendo la
referencia al tao, la referencia a lo Absoluto, se comprende porque Lao zi
descree de la posibilidad de definirlo, o como brillantemente lo ha apuntado
Toshihiko Izutsu en su tesis "Sufismo y taoísmo":
Decir que
el Tao o lo Absoluto en su absolutidad no tiene nombre, que no admite
"nombre" alguno, es decir que transciende cualquier comprensión
lingüística , lo que equivale a decir que el Tao está fuera del alcance del
pensamiento y de la recepción de los sentidos. La naturaleza del Tao es tal que
la Razón no puede concebirla, ni los sentidos percibirla. En otras palabras, es
un Transcendente absoluto.
Los aspectos del Tao: Ser y No-ser
Deberemos
recordarlo insesantemente: las referencias al Tao han de ser siempre
paradojales, contradictorias. No hay modo de significar lo absoluto sin forzar
el lenguaje hasta enfrentarlo con la lógica. Ya hemos reconocido que, si
despojamos a la realidad fenoménica -al ser- de todas sus determinaciones, con
el propósito de llegar a la idea del ser puro, del Ser con mayúcula,
terminaremos por toparnos con más absoluta indeterminación: la Nada. Surge
entonces la prengunta: ¿Es el Tao la no-existencia que conceptualiza la
metafísica de occidente como la Nada? Ya podría anticipar a esta pregunta una
respuesta negativa, pero una exacta comprensión de la cuestión requiere profundizar
en la significación que tienen los caracteres Wu y You en chino y, más
especificamente, en el contexto del Tao te ching. El doctor José Ramón Alvarez,
de la Universidad de Fujen, Taipei, Taiwan, explica esto con suma claridad:
"Encontramos
aquí dos conceptos claves en el taoísmo: el Wu y el You. A la hora de
traducirlos se presenta un problema, porque los términos No-ser y Ser, que
ordinariamente se usan, se presentan a equívocos, ya que su estructura
metafísica no coincide con los conceptos de Ser y No ser (Nada) de las
filosofías occidentales.
Wu y You
no se niegan, sino que se complementan. Entre You y Wu no existe prioridad
ontológica, y Wu no es la carencia de You. Wu y You no son más que dos aspectos
metafísicos del Tao.
You (Ser)
representa el aspecto del Tao en cuanto principio del mundo fenoménico y como
tal es el comienzo y vida de todos los seres, es la madre de todo el universo.
Desde el punto de vista del You conocemos las apariencias, las manifestaciones
de lo real, lo fenoménico en cuanto fenoménico.
Wu
(No-ser) representa el aspecto del Tao en cuanto origen y fundamento oculto de
todo lo real, que se manifiesta en lo fenoménico. Desde el punto de vista del
Wu conocemos las maravillas de la realidad, la esencia, lo no fenoménico de lo
fenoménico.
Pero, You
y Wu no son dos principios distintos ni opuestos, sino que tienen el mismo
origen y son solo dos nombres distintos de una misma y unica realidad: el
Tao."
De la cita
efectuada surgen dos precisiones. Por una parte, lo que el pensamiento taoísta
conceptualiza como No-ser (Wu), no es la Nada, entendida como no existencia.
Hablamos de No-ser por cuanto está más alla de cualquier determinación
particular del Ser, y porque, precisamente por ello, se torna insondable para
el pensamiento lógico. Sólo en ese restringido sentido de no poder ser
imaginado o lógicamente conceptualizable, el No-ser, como aspecto del Tao, se
podría identificar figurativamente con la Nada.
Por otra
parte, el doctor Alvarez da su interpretación en el sentido de que el Tao es
abarcativo del Ser (You) y del No ser (Wu), porque ambos sólo son aspectos
diferentes del Tao. Afirmar esta identidad del Tao con Wu y You, es tomar una
posición particular dentro de la crítica taoístas. Otros comentaristas del Tao
te ching, como bien lo recuerda el profesor José Ignacio Preciado Ydoeta, han
deducido la identidad del Tao solamente con el Wu, negándole la doble
naturaleza (tal el caso de Yang Rong-guo). Pero coincidente con la postura del
Dr. Alvarez, el Profesor Preciado Ydoeta, escribe, en referencia al pensamiento
del filósofo contemporáneo profesor Ren Ji-yu:
"....
el dao [tao] es wu ming (no tiene nombre) y wu xing (no tiene forma); lo que
tiene forma (you xing) y por tanto puede tener un nombre (you ming) son las
cosas concretas limitadas. El dao, aunque sin forma y sin nombre, es la raíz de
todas las cosas con forma y con nombre. Por eso dice [Ren] que el dao también
es you"
Introduciéndonos
en la cosmovisión taoísta
En toda la
extensión de la obra taoísta se hace referencia al tao con variadas
denominaciones. Ello puede parecernos contradictorio, por cuanto, al iniciar
nuestro discurso sobre el tao lo calificamos como innombrable, pero,
precisamente por ser lo Innombrable, ninguna etiqueta particular lo abarca, y
se hace necesario recurrir a distintos apelativos para significar los apectos
diferentes de su naturaleza. Con ello no se supera la dificultad apuntada al
comienzo, pero, admitiendo la polisemia básica del discurso taoísta, y no
esperando que los términos empleados sean portadores de significados
conceptuales rígidos, se puede avanzar en la aproximación comprensiva de la
cosmovisión taoísta.
No debe
perderse de vista, que textos como el Tao te ching se hallan inspirados en
experiencias extáticas y no son el resultado de un esfuerzo especulativo
deliberado. Por tanto, en tal contexto, las palabras tienen como función
primordial testimoniar lo experimentado y, solo secudariamente comunicar algo
mentado. Y es en este sentido que los diferentes términos empleados para
testimoniar la vivencia interior del tao, no son un mero recurso expresivo, no
son sinónimos, sino que cada uno apunta a una dimensión significativa distinta.
Esta
constelación semántico metafísica, hilvanada sistemáticamente, es la que
permite hablar de una cosmovisión taoísta. Si esta cosmovisión implica en algun
sentido una referencia al origen y evolución del universo -desde una
perspectiva cosmológica, temporal-, o si sólo debe ser concebida como de
alcance puramente metafísico -desde una perspectiva ontológica, atemporal-, no
debiera esto constituirse en asunto polémico. En mi opinión, en la cosmovisión
taoísta hay indiscutibles referencias a la temporalidad que dejan entrever una
vocacion cosmológica; de igual manera que, al hablar de la realidad del tao en su
identidad con lo Absoluto, debe hacerselo desde lo supratemporal, en sentido
metafísico. Es por esto que, sin entrar en esta polémica por ahora, pasaremos a
referirnos a la constelacion de conceptos que conforman el núcleo de la
cosmovisión taoista.
El tao
primigenio: Misterio de misterios y Puerta de todas las
maravillas.
En la
cosmovisión metafísica taoísta se destacan tres aspectos primarios de lo
Absoluto: xuan, wu y you.
Ya hemos
intentado explicar por qué se predica del tao el No-Ser (wu) y el Ser (you).
Intentaremos ahora referirnos al aspecto más trascendente y fundamental del
tao, al que no podemos acceder por la vía lógica, porque trasciende a la razón
misma y no puede ser significado por el lenguaje: se le denomina xuan,
misterio.
Como bien
lo observa Toshihiko Izutsu, se emplea la palabra xuan toda vez que Lao Zi se
refiere al "Tao en su aspecto de Absoluto metafísico, incógnito e
incognosible, más allá del Ser y del No-ser". Este es el punto de partida
de la cosmovisión taoísta. Partimos del Misterio de los misterios, del aspecto
primigenio del tao, del que nada podemos decir, e iremos avanzando hacia la
existencia de todas las cosas que pueblan el universo.
Por que
partiendo de El emergerán todas las cosas que pueblan el universo y el propio
espacio-tiempo que lo contiene, Lao zi le llama "Chung miao zhi
men",Puerta de todas las maravillas y "Xuan pin" Hembra
misteriosa. El tao en su fase xuan es también el punto de retorno de toda
especulación cosmológica. ¿Por qué afirmamos que el tao, en este estadio
primordial, está por encima del Ser y del No-Ser?. Siguiendo a Zhuang zi
admitimos que el Ser se origina en el No-ser, a partir de aquello que no admite
ninguna determinación particular y que como tal, podemos calificarla como Nada
; luego el Ser, lo manifestado, lo determinado, es la negación de ese estado
que calificamos como Nada; el Ser en su génesis es No-Nada. Pero concebir lo
Absoluto, como Misterio de misterios, es ir más allá de estos conceptos duales,
negandólos a ambos, superándolos: ¿cabe que hablemos, como lo haría Zhuang zi,
de la No-No-Nada, o su equivalente el No-No-No-Ser? Es evidente que la
conceptualización lógica no es la vía idónea para acceder al estadio primigenio
del tao.
El Tao y el Universo
El Uno: la Unidad primordial
Si
inciamos el camino desde la absoluta indeterminación del tao, como Misterio de
los misterios, hacia el mundo fenoménico, debemos transitar el proceso de
determinación que de cuenta de la actividad creadora del tao en cuanto origen y
sustento de todas las cosas existentes.
En esta
perspectiva, la metafísica taoísta se refiere al tao como Unidad Primordial ,
como fase en que la totalidad del Ser, en sus múltiples determinaciones, se
halla latente como pura posibilidad. No podemos aún hablar del Ser, y es en
este sentido que el tao se manifiesta a la comprensión ontológica como El Uno,
como el absoluto metafísico que abandonando su condición de No-ser y sin
admitir aún ninguna determinación particular, se dirige positivamente hacia el
Ser como potencialidad.
El El Uno
se asemeja a la fase paradojal a la que arriba la metafísica tradicional cuando
ante la carencia total de determinaciónes particulares del Ser absoluto, se
encuentra conceptualmente ante la Nada misma. Es que en la fase en que el tao
es aprehendido como la Unidad Primordial, se viviencia el No-ser, lo
Innominable, concluyendo como tal para dar paso al Ser, sin haber entrado aún
en la fase de su manifestación. Se caracteriza El Uno como un estado latente,
como un caos predominante carente de toda determinación particular. Este es el
sentido ontológico que el taoismo da al Uno: es la Unidad Primordial y previa a
todo lo existente.
El Dos: Cielo y Tierra
Siguiendo
el despliegue del tao para explicar la fase correspondiente al principio del
universo y la posterior formación de todas las cosas (a las que los chinos
llaman wan wu = los diez mil seres), Lao Zi a dicho del tao:
Sin nombre
es principio del Cielo y de la Tierra
y con
nombre es la madre de los diez mil seres
y al
exponer la dialéctica correspondiente a esta fase creativa del tao, leemos en
el Tao te ching:
El
tao engendra el Uno
El
Uno engendra el Dos
El
Dos engendra el Tres
y el Tres
engendra los diez mil seres
Para el
pensamiento cosmológico taoista el universo existe a partir de la autodivisión
de la realidad unificada del tao . El Uno, caos originario, clausurando el
estadio de No-ser, fase del tao sin nombre, da paso al mundo del Ser desdoblado
en dos aspectos o soplos (qi) vitales: yang qi y yin qi . Sin esta distinción
originaria que, como ya mismo veremos, se simboliza también con el concepto
dual de Cielo y Tierra, no podría explicarse el surgimiento de la multiplicidad
que caracteriza a los seres existentes. Y será necesario que, seguidamente al
surgimiento de la dualidad , el Dos engendre el Tres como aspecto contrapuesto
y armónico que garantizando la unidad esencial del mundo del Ser, de paso a la
diversidad fenoménica que caracteriza a la variedad de los seres que
constituyen la realidad inmediata.
Es en este
contexto de la cosmovisión taoista, para significar la dualidad intrínseca a
toda manifestación de lo real, base de toda concepción dialéctica y exigencia
de todo movimiento y cambio, el taoísmo filosófico designa al cosmos, al
universo, con un concepto dual: Tian Di = Cielo y Tierra.
Tian Di
(que también se transcribe como T'ien Ti), es la totalidad de la naturaleza en
el sentido del mundo material, pero sin oponerse al mundo del pensamiento,
porque, en el pensamiento taoísta, tanto el ámbito de lo espiritual,
singnificado por Tian = Cielo = esencia celeste, como el ámbito de la
materialidad, significado por Di = Tierra = sustancia terrestre, son atributos
de una misma identidad cósmica: el tao en su aspecto fenoménico.
Y este
concepto dual con el que caracterizamos en esta fase al conjunto del mundo del
Ser desde su consideración cosmológica, es también inmanente a todos y cada uno
de los seres que conforman la realidad, puesto que Cielo y Tierra aluden en el
plano metafísico a los dos aspectos actuantes en todo cuanto existe: yang y yin
.
La
dualidad Yin Yang
La
dualidad yin yang es quizá el tema de la fisolofía china más difundido en
occidente. Por ser patrimonio común a distintas escuelas de pensamiento, este
concepto adquiere diferentes matices interpretativos, según se lo considere en
el marco doctrinal del taoísmo metafísico o fuera de él. Aquí nos limitaremos a
desarrollar el significado que encierra la dualidad metafísica yin yang en la
cosmovisión taoísta, y no haremos referencia por el momento a los otros
desarrollos que adquiere este principio en el Libro de los cambios (I ching), o
asociado a la teoría de los Cincos Elementos (Wu Hsing).
Como
encuadre histórico cabe decir que la llamada escuela yin yang (yin yang chia)
se originó en el seno de las primitivas artes ocultas chinas (fang shi), pero
significó un avance del pensamiento por liberarse de la superstición y la magia
en la comprensión de la naturaleza. En tal sentido vale recordar las palabras
del filósofo contemporáneo Feng Youlan, quien en "Breve Historia de la
Filosofía China" expone:
"El
ocultismo o magia, desde luego está basado en la superstición, pero ha sido a
menudo origen de la ciencia. Las artes ocultas comparten con la ciencia el
deseo de interpretar la naturaleza en forma positiva, y conseguir los servicios
de la naturaleza por medio de su conquista por el hombre. El ocultismo se
convierte en ciencia cuando renuncia a su confianza en las fuerzas
sobrenaturales y trata de interpretar el universo sólo en función de las
fuerzas naturales. Los conceptos sobre estas fuerzas naturales pueden parecer
más bien simples y toscos en un principio, pero en ellos encontramos los
comienzos de la ciencia. Tal ha sido la contribución de la escuela yin yang al
pensamiento chino. Esta escuela representa una tendencia científica en ese
sentido....."
Queda
claro, entonces, que al hablar de la dualidad yin yang no estamos hablando de
principios osotéricos, sobrenaturales, sino de aspectos reconocibles en el
mundo fenoménico, en la naturaleza.
Tampoco
debemos interpretar yin yang, desde una postura materialista ingenua, como dos
entidades o como dos sustancias primigenias. Si bien es admisible referirnos a
ello en términos de energía cósmica, el variado significado que adquiere este
término y el riesgo de hablar de yin yang como de dos energías, puede ser
fuente de confusión.
Yin yang
es la dinámica polar inherente a todas las cosas existentes, es la forma dual
en que se explicita la Unidad Primordial en el campo del Ser.
El Uno,
nombre que hemos dado a la fase del tao en que se opera la transición del
No-ser al Ser -concebido como posibilidad de la existencia del mundo
fenómenico-, tensa su pasividad originaria para dar paso al movimiento, a la
manifestación, a la exteriorización: "Un yin, un yang, esto es el Tao"
se ha expuesto en el Libro de los Cambios.
El
Universo es el producto de la polaridad emergente de la Unidad primordial, y
todo cuanto está en él contiene a la polaridad como dinámica esencial de su
existencia. Reposo y movimiento, contracción y expansión, condensación y
dispersión, retroceso y avance...: desde sus manifestaciones más simples y
universales, hasta las más complejas y particulares, en todo ser manifestado se
expresará esta polaridad originaria.
Y es a
partir de esta interrelación yin yang de los aspectos polares constituyentes
del Ser, que se generan todas las cosas que animan el Universo.
Hasta aquí
me he resistido a utilizar como ejemplos de la polaridad yin yang cierto
conceptos complementarios que habitualmente se mencionan; veamos por qué. Es tradicional
que se diga: "lo oscuro es yin, lo luminoso yang,... lo negativo es yin,
lo positivo es yang... lo femenino es yin, lo masculino es yang... la luna es
yin y el sol es yang....", etcétera.
Por
supuesto que, los caracteres chinos representativos de yin y yang aluden,
respectivamente, al valle del norte como lugar sombreado y a la ladera del sur
como lugar soleado, pero en dicha metáfora esta implícita la unidad del paisaje
como elemento esencial, y también está significado en ella la variación de intensidad
de luz y sombra en el monte y en el valle durante el transcurrir del día. Este
acento sobre la unidad esencial, de la cual yin yang son sólo aspectos polares
manifestativos es lo que suele quedar oculto en tales ejemplificaciones
corrientes y vulgares. Y ocultada la unidad, facilmente se puede caer en
simples dicotomías que, inmediatamente, nuestos ábitos occidentales de
pensamiento, nos llevan a considerar como confrontación de opuesto en
conflicto.
Yin yang
es una polaridad dinámica complementaria y armónica: la razón de la sombra la
hallamos en la luz existente, y lo esencial de la luz es que disipa la
obscuridad; de igual modo, retroceder es desandar lo avanzado o expandirse es
abandonar un estado de contracción. El significado de cualquiera de ellos
deviene de la relación con su opuesto complementario.
El
predominio momentáneo de yin sobre yang o viceversa, y las mutaciones del uno
en el otro, para explicar todos los fenómenos naturales y las circunstancias de
la propia existencia humana, responde a otros desarrollos teóricos de este
principio del yin yang, que van más alla de la cosmovisión del taoísmo
filosófico y que sin pertenecer originariamente a la doctrina de Lao Zi y
Zhuang Zi, han pasado a formar parte del taoísmo posterior. De momento no
entraremos en tales consideraciones que pueden llevarnos a perder de vista la
cuestión esencial:
a) en la
visión orgánica del universo que sustenta el taoísmo filosófico toda
manifestación del ser es dual y encierra los contrastes y tensiones implícitos
en toda interacción de polaridades, no pudiendo existir un aspecto del fenómeno
sin su opuesto complementario.
b) de la
relación de aspectos opuestos complementarios, tal que no se puede concebir la
existencia del uno sin la del otro, ni la modificación del uno sin el cambio
del otro. sólo cabe esperar estados de equilibrio dinámico y no la imposición
definitiva de uno sobre el otro, o la aniquilación de uno de ellos por la
acción del otro.
Digamos
para cerrar este tema, que el principio yin yang se lo simboliza
tradicionalmente con el círculo dividido en dos mitades por una línea sinuosa
en forma de S con una mitad de color negro y la otra de color blanco; el
círculo evoca la unidad del universo constituído por los aspectos yin (negro) y
yang (blanco) inseparables en toda manifestación de la totalidad; dentro de la
mitad de cada color hay un círculo menor del color opuesto en posición central,
indicativo de que cada uno de los dos aspectos, en el punto culminante de su
despliegue lleva en germen a su opuesto polar para operar su transmutación.
El Te
Hemos
llegado hasta aquí en el desarrollo de la cosmovisión del taoísmo filosófico,
explicitando el significado de conceptos que, por su vasta generalidad
pareciera que eluden la experiencia cotidiana, la cual está caracterizada por
la diversidad. El mundo esta poblado por los "diez mil seres", todos
ellos muy diferentes los uno de los otros. El tao es inmanente a todos ellos,
por cuanto todo lo que existe tiene al tao como fuente originaria. Pero en el
mundo fenoménico, los distintos seres exhiben naturalezas diferentes y,
consecuentemente, comportamientos específicos.
A este
núcleo ontológico de cada cosa que la hace diferente de las demás, el taoísmo
le ha dado un nombre: te.
Te es lo
que cada ente recibe del tao, y en virtud de lo cual cada ente particular se
manifesta en el mundo fenoménico tal como es, con sus características y
propiedades específicas. Desde otra perspectiva también podría afirmarse que te
es el modo propio en que cada cosa participa del tao, o como lo hallamos
definido en el Capitulo XII del Zhuang Zi, luego de enhebrar los conceptos que
hemos venido desarrollando:
Cuando
nació el Uno existía éste sin forma. Cuando las cosas obtuvieron aquello que
las hizo existir, ello fue llamado te.
La palabra
te, ha dado lugar a algunas controversias interpretativas, por cuanto el
significado habitual de te en el idioma chino es el de "virtud" en su
significación ética, y se ha soslayado su otro significado:
"energía", "fuerza", "influencia",
"poder". Ello ha llevado a interpretar incorrectamente la
significación de te en el propio título del Tao Te Ching, creyendo encontrar en
el "Libro del tao y de su virtud" (como lo traduce Gastón Soublette)
o en el "Tratado sobre la virtud del Tao" (en la versión de Samuel
Wolpin"), una referencia ética, moral. Pero esta no es la intención que
anima a traducir te como virtud; vale que demos paso a la sintética pero muy
clarificadora explicación que da Juan Fernández Oviedo en el prólogo a su
versión:
La palabra
Te (...) significa eficacia, manera de adaptarse a (Tao). Ha sido traducida por
virtud (en el sentido del latín clásico virtus cuya raíz vis = fuerza, del
sanscrito var, no tiene connotación moral) y también por poder, términos que
hemos empleado en nuestra versión segun los casos.
Digamos
con Wolpin que, "la transformación de su sentido en virtud moral, o bien
obrar aparece recién después, por impulso de los letrados confucianos". En
idéntico sentido Richard Wilhelm ha observado en su versión: "La habitual
traducción de "virtud", apropiada para ciertos tratados morales
posteriores no conviene para Confucio y aún conviene menos para Lao Tse".
No obstante, para quien se incia en la literatura taoista es conveniente saber
que se encontrará con textos que acentúan la significación moral de las
enseñazas contenidas en los clásicos del taoísmo.
A fin de
reafirmar lo dicho hasta aquí, recurrimos a la autoridad del filósofo chino
sontemporáneo Feng Youlan, quien en "Breve historia de la filosofía
china", expone:
Según Lao
Zi, del tao nacen todas las cosas. En este proceso de nacimiento, cada cosa
individual obtiene algo del tao universal, y este algo es llamado te. Te es una
palabra que significa "fuerza" o "virtud", tanto en el
sentido moral como en el sentido extra-moral de la segunda acepción. El te de
una cosa el lo que naturalmente es. Lao Zi dice: "Todas las cosas respetan
el tao y aprecian el te." (Cap. 51) Esto es porque el tao es aquello de
donde nacen las cosas; y el te es aquello por lo que son lo que son."
El Hombre
Consideraciones
preliminares.
En las
páginas anteriores hemos desarrollado los temas centrales de la cosmovisión
taoísta. Ahora nos referiremos a la visión antropológica del taoísmo
filosófico, pero un elemental sentido de prudencia, impone algunas aclaraciones
previas.
Destacados
estudiosos del pensamiento oriental, y del taoismo en particular, han observado
con insistencia lo inapropiado que puede resultar el uso de ciertos términos
para la correcta comprensión de las doctrinas orientales. Adjetivos tales como
"filosófico", "antropológico", "metafísico",
"ontológico", de uso corriente en la filosofia occidental, pueden
llegar a desnaturalizar lo más original del pensamiento que pretendemos
comprender.
El
lenguaje que empleamos para la descripción de cualquier ámbito de la realidad,
siempre posee un fuerte poder estructurante, el que se manifiesta, tanto por
los sistemas categoriales de clasificación de los objetos y de las
experiencias, como por el sistema de relaciones lógico-significativas que pone
a nuestra disposición.
Así las
cosas, debemos reconocer que hemos tratado la cosmovisión taoísta,
contaminándola en parte, con el lenguaje propio de los interrogantes que se
plantea la problemática filosófica occidental. Y tal es así, que nos hemos
visto tentados -y en cierta forma obligados- a hilvanar temporalmente fases
categoriales de la conceptualización del mundo, las que, en rigor, debiéramos
haber sustraído de toda concatenación temporal.
Es muy
propio de nuestra lógica narrativo-comprensiva hacernos la imagen de que
primero fue el Tao y luego el Uno y tiempo después el Dos (Cielo y Tierra) y
sucesivamente el Tres y por último los Diez Mil Seres, y entre ellos el Hombre.
La
cuestión de fondo es, cómo establecer comunicación entre concepciones diferentes
del mundo, si no nos aproximamos a la nueva concepción utilizando como
herramientas ciertas analogías, que hagan de dicha cosmovisión un
"pensamiento asimilable" a nuestra manera peculiar de interrogar la
realidad. En otras palabras: cómo dotar de sentido a un discurso que propone un
sentido totalmente nuevo a la comprensión del mundo.
Al
profundizar en la nueva manera de interrogar al mundo, propia del pensamiento
taoísta, veremos que, no se trata de suplantar los siete días de la creación
del Génesis, por la secuencia Tao, Uno, Dos, Tres, Diez Mil Seres...., sino
que, en esta cosmovisión la conceptualización apunta a aspectos metafísicos de
lo existente.
Si he
expuesto estas consideraciones bajo este título de "El Hombre", es
porque, muy probablemente, se nos han de interponer dificultades de este orden
en la descripción de la visión antropológica taoísta. Es decir, nos vamos a
sentir obligados a responder desde el taoísmo, no sólo a los interrogantes que
el taoísmo se formula sobre la existencia humana, sino también a los
interrogantes, -muy distintos por cierto-, que se plantea el hombre occidental
de nuestro tiempo.
Intentaremos
dar respuesta a todo ello, y lo haremos, en lo posible, sin abusar del uso de
la terminología a que nos tiene habituado la antropología filosófica
occidental. Vamos pues a ello.
El imperio de tianli
Conocemos
ya el término "tian" con el cual se designa al Cielo en el contexto
de la cosmovisión taoísta. Cuando "tian" va acompañado del vocablo
"li", que significa el "principio que rige todas las cosas"
o " la razon natural de los acontecimientos", se forma la expresión
"tianli" con la cual se designa la Ley Natural. Con significado
similar encontraremos también la expresión "tianming" -Mandato del
Cielo- para significar aquello que naturalmente debe acontecer de cierta manera
y que por ello resulta inmodificable.
Estamos ya
tentados a preguntar: ¿Tianli es el Destino?; y es aquí donde se corren los
riesgos apuntados en las consideraciones preliminares a este capítulo. Evitemos
por todos los medios intentar comprender una doctrina estableciendo sinonimias
de este tipo.
Cuando los
maestros taoístas recurren a la mención de tianli están significando que nada
ocurre en el ámbito del Ser que no sea manifestación del tao, y que por tanto,
todo fenómeno existente, esta sustentado y se desarrolla, según tianli, según
el principio que rige todas las cosas, con arreglo a Ley Natural.
Si así no
fuera, si habría lugar para "acontecimientos caprichosos" que no
tuvieran fundamento alguno o evolucionaran erráticamente, entonces quebraría
toda posibilidad de asignación de sentido a los acontecimientos, sean estos del
mundo inanimado como del mundo de la vida, incluído el hombre y su historia.
Es
imprescindible entender el imperio de tianli sobre todos y cada uno de los
procesos del universo, para poder comprender los rasgos específicos de la
visión antropológica taoísta.
No sería
pertinente introducir aquí, forzadamente, la dicotomía
determinismo/indeterminismo, para rotular al taoísmo en una u otra posición,
pero vale recordar que la cosmovisión taoísta se inspira en la percepción de un
orden natural que comprende la totalidad del universo, incluídos los fenómenos
naturales y acontecimientos históricos, aunque estos, a veces, se manifiesten
aparentemente caóticos.
También
vale aclarar, que la afinidad del pensamiento taoísta con el orden natural, no
debe llevarnos a asociar el concepto de "orden" con implicaciones
éticas como la idea de lo "bueno".
Tianli
esta operante en todas las cosas porque todas son manifestaciones del tao, y
nada puede escapar al imperio de su necesidad por que el tao todo lo abarca y
nada queda fuera de él.
Ahora
bien, si se identifica al tao como el Camino de la Naturaleza, (expresión usada
por Alan Watts en sus cuantiosas conferencias de difusión de las enseñanzas
taoístas), comprobaríamos una vez más, que todos los conceptos que vamos
introduciendo para explicar el funcionamiento del mundo, ya estan comprendidos
en el tao como idea originaria y fundante de toda la doctrina.
Pero es
saludable que reflejemos aquí una importante controversia planteada por
Toshihiko Izutsu, al expresar que cometeríamos un grave error si imagináramos
que la Vía -Tao- concebida (o, mejor dicho, "encontrada") por los
sabios taoístas era un Absoluto puramente metafísico. Para él, el Tao ha sido
considerado también como un Dios personal, y las referencias al tao como
"Hacedor-de-cosas" no debe ser considerada como expresión metafórica
o figurativa del Principio metafísico. Es en esta línea de pensamiento que las
expresiones Tianli y Tianming, contienen el vocablo "tian"
significando el aspecto "personal" que adquiere el tao en el mundo
del Ser, y que daría a ambas expresiones el valor de "Ley divina" y
"Mandato divino".
La
controversia queda planteada. Carmelo Elorduy, en sus Sesenta y cuatro
conceptos de la ideología taoista de Lao Tse y Cuang Tzu comparte esta
posición, y si bien se lamenta que en solo cuatro oportunidades, los Maestros
usaron un léxico categórico para referenciar su creencia en Dios, deja sentado:
"Estaban acostumbrados, más que nosotros, a personificar los seres
cósmicos, por ejemplo el Cielo. (...) Es un hecho que el Tao no es sólo la
razón u ordenamiento de los seres. Tiene existencia firme en sí mismo(...).
Nuestro Dios es muy amoroso y gusta que se le ame. El Tao es un Dios más frio
en su olímpica eminencia."
Quizás
esta polémica esté contaminada por nuestra insistencia en querer rotular el
pensamiento de Lao zi y Zhuang zi en términos de deísmo/ateísmo, más relevantes
para nosotros que para ellos mismos. Pero de todas maneras, sea tianli ley
impersonal coincidente con el tao mismo, o mandato del tao personalizado, en
ningun caso el taoísmo concibe a tianli como dando lugar a acotecimientos
infundados o caprichosos.
Hay que
insistir en esto, porque sólo es posible entender la "tragedia
humana" -como la califica T. Izutsu-, desde la perspectiva taoísta, si
estamos dispuestos a erradicar (o al menos a suspender o dejar entre
parentesis) la actitud opuesta: el voluntarismo.
La unidad hombre-naturaleza
y las falsas dicotomías
De lo
expuesto hasta aquí podría implicarse, erróneamente, que estamos ante una
visión antropológica que no le otorga a los seres humanos otra calidad que la
de automatas, ciegamente sometidos a las fuerzas cósmicas. Parecería ser ésta
la implicancion forzosa luego de haber afirmado que nada de lo que acontece
escapa a la Ley Natural, tianli.
Sin
embargo, asociar el concepto de tianli en la esfera de la conducta humana, con
el comportamiento automático, tal como si fuéramos marionetas del destino,
responde a una lectura del mundo desde un paradigma filosófico muy arraigado en
nuestra cultura pero extraño al pensamiento que estamos analizando.
Cuando la
únidad hombre-naturaleza que experimentamos cotidianamente, la desmembramos a
nivel del pensamiento por presiones ideológicas (filósoficas, religiosas,
morales, etc.), oponiendo al ámbito humano de la la voluntad y la
responsabilidad, el ámbito natural de la causalidad mecánica y la fatalidad,
generamos un serio problema intelectual: ¿cómo restablecer la vinculación entre
el hombre y la naturaleza separados por semejante abismo ontológico?.
En la
historia de la filosofía occidental, fue Descartes quien instaló tal perpectiva
dualista de la realidad humana, de la cual no hemos logrado liberarnos hasta
hoy. Esto nos dificulta la comprensión de las visiones antropológicas que, por
sustentar la únidad originaria hombre-naturaleza no la viven como problemática.
Desde la
visión del dualismo cartesiano, en el hombre hallamos dos realidades
confrontadas: su ser corporal exterior (animal) sometido fatalmente a las leyes
naturales (entendidas como coherciones externas) y su ser mental interior, que
piensa, siente, desea y orienta su voluntad. En esta visión dual, la mente es
un fantasma emplazado en un cuerpo y la filosofía debe explicarnos cómo es
posible que uno influya sobre el otro.
Para el
pensamiento taoísta nuestro comportamiento no se halla vinculado a la Ley
Natural por "estar aprisionados en un cuerpo" . No es por el hecho de
"tener un cuerpo" que la Ley Natural mos condiciona desde fuera de
nostros mismos, permitiéndonos ser de cierta manera e impidiéndonos ser de otra
distinta.
El hombre
no "tiene" un cuerpo, ni "tiene" una mente.
el hombre
es una unidad psico-física inescindible de la totalidad de la naturaleza.
De alli
que, la Ley Natural como modalidad intrínseca de la manifestación del tao, no
puede vivirse como exterior al hombre mismo. No tiene sentido postular algo
exterior al tao.
Ya lo
hemos señalado con anterioridad y reaparece aquí: el sentido metafísico del Uno
como condición de toda existencia. Y no pudiendo haber dualidad de naturalezas,
en la visión antropológica taoísta no tiene cabida lo mental (aislado de lo
corporal), como un ámbito en que supuestamente se atenúaria el imperio de
tianli para dar lugar al libre arbitrio.
No hay
para el taoísmo filosófico un ambito mental en el cual elejimos y decidimos con
total arbitrio la conducta a seguir, y otro ámbito bio-físico, corporal, en el
que deben armonizarce los mecanismos naturales con nuestras intenciones
previas: Cuerpo y mente son aspectos de una misma unidad.
Tanto en
el proceso de la toma de decisiones como en el de su ejecución podemos observar
con igual relevancia aspectos mentales como corporales y tanto los unos como
los otros se ajustan a la forma específica de manifestación de la Ley Natural
en cada campo.
Descartada
la necesidad de recurrir al paradigma de la dualidad cartesiana para comprender
al hombre, estamos en condiciones de afirmar que cada uno de nosotros es una
unidad en la Gran Unidad.
Desde este
punto de vista, afirmar que la Ley Natural rige los acontecimientos humanos no
significa en modo alguno que fuerzas exteriores al hombre le impone los pasos
que debe dar.
Recurramos
a un ejemplo: si Juan es un agricultor de bajos recursos, con familia numerosa,
que ha vivido episodios muy traumáticos en su niñez y esta hoy acediado por una
sequía inusual, que le crea dificultades económicas y desaveniencias con otras
personas. Juan se comportará, ante la situación que le aflije, como lo que el
es: como un agricultor de bajos recursos, con familia numerosa, que ha vivido
episodios muy traumáticos en su niñez, etc. etc.
Ninguna
imposición exterior, desde fuera de lo quee es, le obliga a actuar como lo
hace. Ni tampoco él podra actuar a su absoluto arbitrio independientemente de
su lugar en el mundo. Parafraseando a Ortega diríamos que Juan es Juan y su
circunstancia, y por tanto, Juan solo puede actúar desde lo que es.
Ahora
bien, si Juan no puede a capricho llevar a cabo lo que haría un granjero rico,
que ha tenido una infancia feliz, que no padece ninguna calamidad, etc., etc.,
es porque Juan no es ese granjero que tal vez hubiese deseado ser.
Libre
arbitrio y necesidad; indeterminación y fatalidad, son conceptos que nos
presentan falsas alternativas del comportamiento humano. Si tales términos
dicotómicos los referimos a la unidad de la persona en si y los consideramos
desde la perspectiva de la unidad originaria hombre-naturaleza, pierden su
falsa apariencia de opuestos contradictorios, y se tornan meros reflejos
mentales de una realidad que los supera.
El Camino
El Camino
es el camino de la vida misma
y hay que
irlo descubriendo de manera intuitiva,
ya que no
puede ser encontrado mediante la aplicación del intelecto;
se revela
en el vivivr real y concreto,
en el acto
de ver el camino en cada momento de la vida.
Anne Bancroft
Comenzamos con esta cita por dos motivos
fundamentales. El primero de ellos es que ya ha llegado el momento de
referirnos al denominado estilo de vida taoista, al que yo preferíria no
llamarle "estilo", sino simplemente actitud ante la vida.
Muchos
lectores de esta página, preguntan: ¿qué hace un taoísta? ¿cómo vive? ¿en qué
cree?... y la respuesta suele desconcertarlos: La práctica del Tao, del Camino,
"es el camino de la vida misma"; es el cotidiano vivir, pero no ya
con una actitud soberbia y desafiante ante la naturaleza y las circunstancias
que nos rodean, sino en una actitud diferente. La práctica del Tao es el
reencuentro cotidiano con la vida en la plenitud que nos ofrece cada instante
presente, y no ya con aquella constante ansiedad e insatisfacción que nos
produce el apego a deseos, a sentimientos superlativos, a rencores, envidias,
etc.
El otro
motivo que me lleva a destacar la cita de Anne Bancroft, es el de resaltar, una
vez más, que la comprensión del tao no es una labor intelectual sino una
experiencia vital.
Es verdad
que hasta este momento hemos hablado del taoísmo intentando un abordaje
intelectual, pero estamos tocando sus límites. Lo hemos hecho así porque es la
única manera de trazar un puente entre dos actitudes diferentes de experimentar
el mundo: oriente y occidente. Pero basta volver al comienzo de estas páginas
para recordar que todo cuanto pueda decirse sobre el tao sólo habla de sus
apariencias.
Para
conocer el tao hay que experimentarlo directamente. Resulta ilustrativo la
analogía que presenta Raymon Smullyan cuando en su maravilloso libro
"Silencioso Tao: reflexiones de un científico al otro lado del espejo",
nos dice:
"¿Cómo
se percibe directamente el Tao? Bien, ¿Cómo se percibe directamente una
melodía? ¿Mediante el sentido de la audición? ¡No exactamente! El proceso de
audición física evidentemente tiene un papel básico , pero no es todo. La
persona con poco oído musical puede tener un equipo auditivo tan bueno como el
músico, pero el músico experimenta la melodía mientras que el otro no. Por lo
tanto lo que llamamos oir una melodía implica el uso de la palabra oir en un
sentido más amplio y sutil que el de oir sonidos. La clave está en que la
melodía es más que un grupo de sonidos; es la conjunción de estos sonidos con
algún tipo de patrón o superestructura que de algún modo está
superpuesta".
"Algunos
dirán que el Tao no es más que el universo físico. Pero esto sería tan erróneo
como decir que la melodía no es más que un grupo de sonidos. Sería mejor decir
que el universo tiene el mismo tipo de relación con el Tao como el grupo de
notas de una melodia con la melodía misma."
Viniendo
de un lógico matemático, como lo es Smullyan, debiera ser suficiente esta
analogía para que los lectores que abracen el positivismo como postura
epistemológica, no crean que al hablar de los límites del intelecto para
comprender el tao, estamos entrando en una zona oscurantista en la que se
reniega de la objetividad del conocimiento. Este ha sido uno de los ataques más
corrientes que sufren las doctrinas orientales.
También se
intenta poner bajo sospecha de incongruencia, la propuesta de un Vía o Camino
taoísta como perspectiva personal y social de vida. Se argumenta que, si todo
tiene su raiz en el tao , no queda nada por elegir ni nada por hacer. A esto ya
nos hemos referido en el tema anterior, pero nos quedó pendiente hacer
referencia a lo que anticipamos como "falsa conciencia" del mundo.
Nuestra
conciencia del universo, de lo que acontece en él, y más específicamente, de lo
que sucede en nuestro entorno más inmediato, no escapa al ámbito del tao, pero
no por ello, tiene que coincidir con la verdad. La realidad es una, pero las
imágenes que nosotros percibimos de la realidad, las experiencias que tenemos
(cada uno desde su peculiar lugar en el mundo) y las deducciones que hacemos
sobre las características de esa realidad (que suponemos común a todos), son
imágenes múltiples. Y cada una de esas imágenes es en mayor o menor grado una
falsa conciencia del mundo.
Precisamente,
hace a la sabiduría que se busca en el Camino taoísta, el superar las
perspectivas personales para obtener una conciencia de la realidad más
universal, más proxima a la verdad, menos distorcionada por nuestros intereses,
nuestras apetencias, nuestras capacidades y habilidades disímiles. Si no fuere
así, el taoismo sería una cosmovisión comprensiva pero no propositiva. No
dejaría enseñanza alguna para el quehacer humano y estaría totalmente
divorsiada de la vida social y política.
Para
destacar que el Camino taoista, en cuanto senda personal y social, es la
consecuencia coherente de la cosmovisión que venimos desarrollando desde el
primer artículo publicado, creo oportuno hacer una brevísima síntesis de lo
anteriormente expuesto, permitiendonos de manera fluída retornar al punto en
que estamos. Me valdré para ello de fragmentos de la versión y comentarios de
Antonio Medrano sobre el "Tao te king - El Taoismo y la Inmortalidad"
(Biblioteca funadamental Año Cero, 1994). Cito a Medrano por la claridad y
sencillez de su exposición y por afinidad de estilo:
Todo el
orden natural, junto con todas y cada una de las cosas que forman parte de él,
es una manifestación, expresión o revelación del Tao (...) Es el Tao el que
susurra en las hojas de los árboles cuando estas son mecidas por el viento; es
el Tao el que canta en el trino de los pájaros; es el Tao el que borbotea en el
murmullo de las fuentes; es el Tao el que calla en el silencio de las altas
cumbres o en la inmensidad de los desiertos...
La ley que
lo rige todo es la ley de la interdependencia o interrelación universal: todas
las cosas están relacionadas entre sí; todo influye en todo; cualquier acción o
alteración, por mínima que sea, repercute en el conjunto. Hay unas conexiones
sutiles entre los diversos planos y ordenes de la realidad: lo que ocurre en un
momento o un lugar tiene su repercusión más o menos perceptible en momentos y
lugares distantes (...). Cualquier cosa que haga el ser humano incide en el
orden del cosmos.
El destino
de los seres es circular por ese curso circular universal, hay que acoplarse a
él sin rebeldía ni retiscencia, fluir en armonía con él y seguir relajadamente
su trayectoria, renunciando a cualquier impulso egocéntrico. Cuando las cosas
creadas desertan de ese su destino, cuando se sublevan y tratan de salirse de
tal círculo para establecer su propio orden, se rompe el orden natural...
En
cosecuencia el Taoismo es una forma de vida, una manera de ser y de actuar, un
modo de ver la realidad y de estar en el mundo (...). Su objetivo fundamental
es transfromar la vida humana para unirla al orden cósmico del que forma parte
y hacerla una fiel expresión del Tao...
La meta de
la Vía taoista es conocer la Realidad Suprema, y a través de ese Comocimiento
supremo, conocer la profunda verdad del ser humano y la ley que rige el orden
universal, lo que supone descubrir el vínculo que une a ambos.
Al Taoismo
no le interesa un conocimiento puramente mental, abstracto y teórico,
desvinculado de la vida, como es el que domina la vida del hombre occidental
moderno. El Conocimiento que busca la Vía del Tao es un conocimiento
realizativo (...). El Conocimiento del Tao tiene que ser vivido para ser comprendido
(...). Es una verdad para ser vivida con la totalidad del ser, que para ser
realizada exige una participación de la persona entera: con su cuerpo y su
alma, con su inteligencia y con su sentimiento, con su estómago y sus
pulmones.....
Wu Wei
Wu wei es
un concepto central de la actitud taoísta ante la vida y el mundo. Si
persistimos en hablar de un estilo de vida taoísta, este estaría caracterizado
por wu wei. En esencia, el Camino, la Vía taoísta, es la práctica de wu wei.
¿Qué debe
entenderse por wu wei? Las muy variadas interpretaciones que ha suscitado la
conjunción de estos dos caracteres ha llevado a significaciones equivocas.
Expongamos primero cuales han sido sus diferentes traducciones: no acción, no
obrar, no interferencia, no esfuerzo, no aserción.... Parodógicamente la más
difundida de ellas, "no acción", es la que más se aparta de su
significado pleno. Todas las versiones autorizadas del Tao te ching, contienen
advertencias sobre las interpretaciones equívocas. A modo ilustrativo veamos lo
expresado por Francois Jullien en el prólogo a la traducción del Tao te ching
efectuada por Anne Helene Suárez, publicada bajo el título Libro del curso y de
la virtud:
"Si
hay un tema que parece caracterizar este libro es la no acción (wu wei). Pero
hay que cuidarse de entenderla equivocadamente, como a menudo se ha hecho, de
leerla como un desentendimiento respecto al mundo, una renuncia quietista, en
definitiva, como un llamamiento a la pasividad. La fórmula debe leerse en su
versión completa: "No hacer nada, pero que nada quede sin hacerse".
Si uno se guarda de actuar, efectivamente, no es porque se desiterese del mundo
(...), más vale dejar que las cosas vengan naturalmente, "por si
mismas", sin cargarlos con el peso de nuestros proyectos, con lo arbitrario
de nuestras voluntades. Si el sabio se guarda de actuar, es para dejar
acontecer y, por tanto, lograr con más facilidad: para dejar que la viabilidad
de las cosas obre por si misma...."
Y en igual
forma se manifiesta John Blofeld en "Taoismo, la búsqueda de la
inmortalidad":
"Wu
wei, principio cardinal de los taoístas, significa literalmente "no
accion" pero no en el sentido de quedarse sentado todo el día como un
tronco muerto o un bloque de piedra; sino en el de evitar la acción que no sea
espontánea, en el actuar de lleno y con destreza, pero sólo y de acuerdo con la
necesidad presente, siendo vivaz cuando se requiere, pero nunca forzado y
tenso, huyendo de la acción artificiosamente calculada y de toda actividad que
arranque de un motivo de provecho interesado."
Queda
claro entonces, en palabras de J.C. Cooper, que "Wu wei no es el cese de
toda acción, sino el cese de la acción motivada... es el cese de la acción
inducida por los deseos y por el apego al reino de la ilusión de los
sentidos". Todo esto puede parecer imposible de realización concreta en un
mundo en que se han desquiciado las relaciones del hombre con la naturaleza y
de los hombres entre sí. Pero la vía del wu wei no es un Camino social o
políticamente ineficaz. Su eficacia puede que sea eclipsada por el sentimiento
de soberbia que alimenta la modernidad. La sociedad moderna, víctima del
espejismo que le produjo el desarrollo de la ciencia y la tecnología, impuso la
creencia de que todo objetivo, por pretensioso que fuera, podría ser alcanzado,
a través de un desarrollo social de progreso ininterrumpido. La gran capacidad
de operar sobre la realidad en numerosos campos de actividad, transformando las
condiciones naturales, indujo a pensar que ninguna manipulación del entorno le está
vedada a la voluntad humana, y esto ha traído aparejado un sentimiento de
soberbia que ha hecho olvidar por completo nuestra relación de interdependencia
con la totalidad de la que somos parte.
La
emergencia ecológica a la que no escapa ningún lugar del planeta, es el
resultado más contundente de la perniciosa "afirmación" del hombre
"enfrentado" a la naturaleza.
Las
calamidades sociales que se viven en vastas regiones del mundo, contrastando
con la opulencia de otras, es indicativo de que el desarrollo de la humanidad
es forzado por carriles impuestos, y como tal, inarmónico y profundamente
asimétrico. Pero dejaremos para más adelante la proyección social y política
del Camino taoísta.
En lo que
hace al ámbito personal, digamos, citando nuevamente a Cooper, que wu wei
"se trata de la tranquila aceptación de la vida en el mundo tal como es y
como viene; de aguardar el momento y la oportunidad, sin forzar nunca el
resultado, sino que este se despliegue a su tiempo según su naturaleza".
Es que la única acción que se necesita es estar acorde con el tao. Para nada se
trata de una conducta fatalista que nos imponga una resignación piadosa, sino
la humilde actitud de no oponer la acción deliberada por sobreencima del
conocimiento de la naturaleza real de las cosas, teniendo en cuenta, además,
que para comprender la verdadera naturaleza hay que apaciguar las tensiones que
sucitan los deseos y que alimentan la falsa conciencia de la realidad. Lin
Yu-tang lo ha sintetizado en estos términos: "Es el secreto de dominar las
circunstancias sin afirmación de uno mismo contra ellas".
Seguramente,
el lector podrá pensar que con semejante actitud, nada de lo que hoy nos ofrece
el mundo se podría haber logrado, y que de habernos atenido al dictado del wu
wei hubiésemos superado escasamente el mundo de extrema necesidad en que
vivieron generaciones anteriores. Esta presunción surge de creer que la base de
todo progreso es el esfuerzo, el desafío, la confrontación de la civilización
oponiéndose y venciendo a la naturaleza.
De más
está decir que en la visión taoísta el hombre jamás podrá ir más allá de donde
la naturaleza se lo permita, y si registra progresos en términos de bienestar
es porque ha sabido armonizar su actividad con las oportunidades que la
totalidad pone a su disposición, de la misma forma que también aporta con su
acción al acontecimiento de futuras catástrofes cuando se deja conducir por
intereses mezquinos o delirios de grandeza.
Las
discrepancias entre taoístas y voluntaristas encierran siempre una distinta
valoración de lo que es la felicidad, y en este punto, quiero ceder la palabra
a una de los mas brillantes ascetas cristianos contemporáneos que nos ha
ayudado a los occidentales a comprender la esencia del Camino. Thomas Merton
reflexiona para nosotros:
Yo no
puedo decir si lo que el mundo considera "felicidad" es o no es
felicidad. Todo lo que sé es que cuando considero el camino que muchos recorren
tratando de conseguirla, los veo correr precipitadamente, amargados y
obsesionados, con las prisas generales del rebaño humano, incapaz de detenerse
a sí mismo o cambiar de dirección. Y todo ello mientras proclaman que están a
punto de conseguir la felicidad.
Por mi
parte, no puedo aceptar su forma de ver las cosas, tanto si se trata de la
felicidad como de la desgracia. Me pregunto si, al fin y al cabo, su concepto
de la felicidad tiene algún sentido.
Mi opinión
es que nunca nadie alcanzará la felicidad hasta que deje de buscarla. Mi mayor
felicidad consiste precisamente en no hacer absolutamente nada que esté calculado
para obtener la felicidad. Y esto para mucha gente es la peor conducta.
Yo quiero
mantenerme fiel a la frace que dice: "La alegría perfecta es estar sin
alegría. La alabanza perfecta es no ser alabado".
Si alguien
pregunta "qué debería hacerse" y "qué no debería hacerse"
en el mundo para conseguir la felicidad, mi respuesta es que esas preguntas no
tienen respuesta. No hay forma de determinar esas cosas.
Pero, al
mismo tiempo, si ceso de esforzarme en buscar la felicidad, lo
"correcto" y lo "erróneo" se hacen aparentes de inmediato
por si mismos.
Alegría y
bienestar se hacen posibles de inmediato en el momento en que uno cesa de
actuar con la vista puesta en ellos, y si uno practica el no-hacer (wu wei)
tendrá ambas cosas, felicidad y bienestar."
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