DANZAS SAGRADAS SEGUN LAS ENSEÑANZAS DEL PROFESOR GEORGE GURDJIEFF
La danza sagrada ha estado
considerada como una materia principal de estudio en todas las escuelas
esotéricas del Oriente, tanto en tiempos remotos como actualmente, preservando
su profundo significado religioso y científico en su sentido real. Los
movimientos que las componen tienen un doble propósito; expresan y contienen
cierto conocimiento, una dimensión desconocida que revela lo que está oculto
para el hombre ordinario y, a la vez, sirven de método para obtener un estado
armónico del ser. Las combinaciones de estos movimientos expresan diferentes
sensaciones, producen varios grados de concentración de pensamiento, crean
esfuerzos necesarios en diferentes funciones y muestran las posibilidades de la
fuerza individual.
Según la enseñanza del profesor Gurdjieff, en el ser humano
existen dos polos. Un polo corresponde a su potencial, a sus posibilidades
reales. El otro corresponde a la forma en que vive; en estado de hipnotismo. Se
contenta con una vida tolerable, al mínimo, haciendo lo posible por olvidar el
drama de su mortalidad y de su no saber. Su vida gira entorno de un conjunto de
intereses insignificantes y superficiales. Está esclavo del automatismo que
gobierna sus pensamientos y sentimientos, estando esto estrechamente ligado con
los movimientos y posturas que adopta. Es necesario, dice, que el individuo
comprenda su condición actual. Intentar despertar de este sueño debería ser la
dirección de su vida a cada momento.
Si fuéramos capaces de pasar de
nuestro nivel ordinario a uno superior, significaría que algo en nosotros ha
cambiado. Los cambios están gobernados por leyes cósmicas definidas y el
conocimiento de estas leyes existe y puede ser descubierto.
Los Movimientos y Danzas Sagradas
que Gurdjieff nos legó proveen condiciones especiales para el trabajo de
transformación y es un método de estudio que ayuda a los bailarines a despertar
este potencial, el Yo permanente y unificado. Según él, introducen una serie de
nuevas posturas procedentes de una humanidad consciente; provenientes de un
conocimiento real, que puede abrirnos a un orden diferente dentro de nosotros,
ayudándonos a salir del estrecho círculo de automatismo y hábitos. Nos dan una
nueva cualidad de atención y presencia que puede devolvernos a la conciencia de
la fuente de energía que yace detrás de toda la existencia y a las capacidades
latentes que pertenecen a la parte desconocida de nuestra naturaleza.
El lenguaje de estas Danzas es
matemático, de acuerdo a una medida exacta. Cada movimiento tiene su lugar
específico, su duración y su peso. Las combinaciones y secuencias son
matemáticamente calculadas. Las posturas y las actitudes están definidas para
producir emociones predeterminadas. En este tipo de movimiento, aquel que
observa puede también participar, puede leerlas como si de un libro se tratara,
en el cuál una mente y una emoción de grado superior toma lugar. En la creación
de estos movimientos, cada detalle tiene su significado. El más pequeño
elemento es tomado en cuenta y nada se deja al azar o a la imaginación. Existe
sólo un gesto, una postura y un ritmo posible con el que representar una
situación humana o cósmica determinada. Otro gesto, postura o movimiento no
sería verdadero. Si se produce la más mínima falta de cálculo en la composición
de un movimiento, la danza sería profanada y la fantasía tomaría el lugar del
conocimiento. Durante toda su vida, Gurdjieff se dedicó a estudiar estas danzas
sagradas, dominando sus principios, lo que constituye una rama del arte
objetivo. Comprendiendo los principios, Gurdjieff fue capaz de transmitir
verdades a través de estos movimientos.
Vistos como ejercicios o como
danzas, los Movimientos tienen como meta el re-equilibrio del
cuerpo-mente-emociones y un nuevo orden de sus funciones. Revelan la existencia
de una ciencia sagrada, una ciencia exacta capaz de abrirnos a la experiencia
de otra dimensión, de otra fuente de vida, adquiriendo su significado real sólo
cuando la aparición de una energía más alta nos revela otro nivel del ser.
Para acercarse a esta fuente
vital, es necesario atravesar un proceso, ver el estado de dependencia mental
que nos divide, que limita nuestro campo de consciencia y nos hace dudar e
incluso olvidar nuestro propio poder de liberarnos. Es sólo después de haber
sufrido, después de reconocer la limitación, que puede aparecer una profunda
aceptación y apertura. El ser interno se vuelve permeable a una acción de un
orden totalmente diferente. En la práctica de los Movimientos nuestra apertura a
esta acción es puesta a prueba constantemente y éste, es el ejercicio esencial.
Mme. De Dampierre dio una
descripción muy interesante de lo que es observar los Movimientos en su
práctica: "cuando ves una actuación de estos movimientos, comprendes que son
algo más que simples ejercicios rítmicos acompañados de la música apropiada.
Observas que son una serie de ejemplos de belleza, que siguen patrones de
acuerdo con leyes estrictas. Se puede sentir que demandan una profunda
concentración por parte de los bailarines. En realidad, lo que demandan es la
constante coordinación de varias posturas corporales y mentales, en motivos
siempre cambiantes. Estos movimientos deben ser practicados con absoluta
precisión, con gran rapidez y sutilidad. Esto requiere una gran atención del
participante. En todo momento el bailarín se tiene que relacionar con lo que
supone la necesidad de una atención interna, con la posibilidad de estar en
contacto con un estado de ser en el cuál, la enseñanza puede ser despertada en
él."
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