DANZA SAGRADA EGIPCIA La Danza del Vientre
La danza del vientre, más que una
forma de exhibicionismo posee una dimensión terapéutica y espiritual que se
remonta a un pasado lejano, cuando se practicaba en los templos sagrados de
Egipto y de la India. El desbloqueo de tensiones y emociones, y la aproximación
de la mujer a su propia identidad, son algunos de los beneficios que aporta a
sus practicantes.
RELACION CON EL SOL Y LA FECUNDIDAD
Hace más de 5.000 años, en el interior
de un templo, una joven iba a vivir uno de los momentos más importantes de su
vida: danzar en honor al dios Ra y ofrecerle sus largos cabellos que se
cortaría durante la danza sagrada. La joven nunca hubiera sospechado que sus
movimientos corporales servirían en un futuro lejano para otros fines no
religiosos, convertidos en exhibición o coreografía folclórica.
Afortunadamente, su esencia original ampliada por otros conceptos espirituales
e incluso terapéuticos ha vuelto a ser revitalizada por personas que buscan
rescatar otras culturas y, principalmente, los movimientos del vientre, centro
sagrado de energía femenina.
La danza del vientre, con el
verdadero nombre en árabe de Raks el Chark ("Danza del sol" o de
"Ra"), surge en el Egipto predinástico (anterior a los faraones)
relacionada a varios cultos y rituales de fertilidad femenina. La diosa Isis
ejercía un importante papel interventor en esos rituales. Isis era la hermana y
esposa de Osiris, y madre de Horus. Resucitó a su esposo, asesinado por su
hermano Seth. Era la expresión máxima del poder creador y recreador femenino en
una sociedad aún plena de elementos matriarcales, por lo menos hasta la
ascensión de los faraones.
Las mujeres usaban entonces el
"bastón de mando" (símbolo de poder) en sus danzas rituales, y aún
hoy se conserva en los bailes folclóricos de Egipto.
Según la mitología egipcia, el
vientre descubierto de la bailarina captaba la energía del sol (el dios Ra), un
elemento masculino, que simboliza la fecundación. Esa "cópula" con el
dios Sol era algo sagrado y exigía entrega total de las mujeres que eran
predestinadas a pasar su vida en los templos dedicados a Isis y Ra.
La danza del sol o del vientre
también se conoce como danza de los siete velos, o simplemente "del
velo" porque sus danzarinas -que representaban a Isis en la tierra- se
revelaban paulatinamente al dios Sol quitándose los velos, costumbre que se
mantiene hoy en día.
Se cree que la danza del vientre
surgió en la India, como homenaje al dios Shiva, cuyas constantes iconográficas
son el tercer ojo de la frente, sus cuatro manos y el tocado con la luna y las
serpientes. Shiva, a la vez, es creador y destructor del mundo. Esa danza
sagrada entre los hindúes proporcionaba a sus practicantes la captación de la
energía cósmica o prana a través de los movimientos sutiles hechos con las
manos y el vientre: se atrae hacia el vientre o plexo solar y se devuelve hacia
fuera, al entorno terrestre, a la naturaleza, incluido el ser humano, a modo de
ofrenda.
No obstante, la danza del vientre
parece tener carácter universal, puesto que ha sido practicada por varias
civilizaciones del pasado. Las danzas pélvicas existían entre los celtas y
ocuparon gran parte de Europa. Es posible que en el neolítico ya hubiera alguna
forma menos desarrollada de este tipo de danza aunque los vestigios encontrados
hasta este momento no permiten llegar a una conclusión definitiva.
En Polinesia también eran
conocidas las danzas pélvicas, como se aprecia en las mujeres danzarinas del
hula-hula. En la región amazónica de Brasil, las mujeres de la nación Gé‚
practicaban una especie de danza del vientre siempre en la primera noche de
luna llena a la que relacionaban con la fertilidad femenina. La luna, en casi
todas las culturas, simboliza lo femenino, la fertilidad y la regeneración.
La danza del vientre que nos llega
hoy en día procede de Egipto tras numerosas modificaciones. Después del período
faraónico (donde siguió practicándose con carácter sagrado en los templos) los
árabes tergiversaron en parte su forma y contenido al atribuirle un significado
más erótico que espiritual. Las bailarinas del harén de los sultanes procuraban
conquistar a su amo a través de sus movimientos de forma sensual-sexual para
obtener privilegios sobre las demás. Más tarde, los turcos otomanos aportaron
nuevas técnicas a la danza sin modificar mucho su contenido.
La danza del vientre salió de su
círculo restringido de admiradores en Oriente y llegó a Occidente gracias a la
divulgación teatral proporcionada por la pieza Salomé‚ de OSCAR WILDE y, sobre
todo, por la ópera Sherezade de RICHARD STRAUSS, con música de RIMSKY KORSAKOV,
o los inolvidables personajes del cine de Hollywood recreados por MARIA MONTES,
RITA HAYWORTH, o MARIA FELIX. Todas esas referencias evocan un erotismo mágico
asociado a las pasiones intensas y a los ambientes exóticos y lejanos del
aburrido Occidente.
TRABAJO CORPORAL.
En todas las culturas, la danza,
en sus raíces mas auténticas, es una expresión de la vida misma. De esto no se
escapa la danza del vientre, que busca imitar los movimientos de las olas del
mar, de las hojas que caen de los arboles, el vuelo de las palomas, el caminar
del camello o de la serpiente... en fin, es una emulacion estilizada de los
movimientos que se encuentran en la naturaleza.
"Es imposible concebir la
vida sin el movimiento, pues movimiento es vida. El conjunto de movimientos
armonicos es la expresion mas sublime de uno mismo, de su mundo de sensaciones
y emociones. Si el cuerpo esta tenso, descuidado, ignorado, tambien se ignora
el espiritu que es parte de Dios mismo en nosotros", cuenta ARISTIDES
(TECHI) LEON, psicopedagoga dedicada a la danza del vientre.
"La danza del vientre es un
trabajo corporal completo que ayuda a la mujer a descubrir su propio cuerpo y a
valorarse. La danza puede beneficiar a los órganos internos de las mujeres,
principalmente el sistema digestivo y sexual, además de facilitar el proceso
del parto al producir mayor flexibilidad del útero".
Según algunos expertos, la danza
del vientre puede diluir las corazas musculares preconizadas por WILHEM REICH,
y que constituyen segmentos del cuerpo humano que concentran tensiones,
emociones y sentimientos reprimidos que alteran la estructura y postura
corporal. Al proporcionar el desbloqueo de tales corazas, la danza se refleja
tambien en el comportamiento del individuo que pasa a sentirse mas libre y mas
feliz.
ENERGIA SEXUAL.
La energía sexual es lo libera
primero la danza del vientre, al igual que ocurría en el pasado entre los
egipcios y los hindúes. Para estos últimos, la danza del vientre acciona la
energía, kundaline (energía sexual), que circula del séptimo al primer chakra
(torbellinos invisibles de energía situados a lo largo del cuerpo humano), o
sea, de la base de la columna hasta lo alto de la cabeza.
LA DANZA DEL VIENTRE
El resurgir de lo femenino.
En los últimos años, la danza del
vientre se ha revelado como un instrumento eficaz para ayudar a la mujer a
explotar su condición femenina.
La danza del vientre, ese baile
sensual y sinuoso que a los occidentales siempre nos ha trasladado a países
fascinantes como Egipto, Turquía, Siria o Marruecos, se ha impuesto en los
últimos años en Europa y América y lo ha hecho dando un giro a la idea
tradicional que se tenia de ella. Ya no se contempla tanto como un espectáculo
para hombres o turistas, en el que la bailarina exhibe el cuerpo y mueve sus
caderas en un alarde erótico, sino como una de las formas mas naturales y
bellas de mover el cuerpo femenino, con enormes beneficios terapéuticos en el
plano físico y psicoemocional.
Los movimientos lentos pueden
practicarse aisladamente: dibujar olas con los hombros, mover el cuello o el
torso (el paso del camello)... Todo ello se combina con movimientos de caderas,
en forma de ochos o símbolos de infinito. La finalidad es dar un repertorio de
pasos y de transiciones para que cada bailarina pueda interpretar la música y
realizar por si misma una coreografía, improvisando e imprimiendo su sello
personal, algo muy importante en esta danza.
En las clases se viste con prendas
cómodas, aunque pueden incorporarse pañuelos con flecos o sonajas atados a las
caderas para realzar los movimientos del baile, o los mágicos velos, que se
convierten en una extensión del propio cuerpo. Los tradicionales tops de
pedrería y las faldas largas de colgantes, que dejan el ombligo al desnudo,
suelen reservarse para las actuaciones.
AUTOAFIRMACION A TRAVES DEL BAILE.
Esta es una de las pocas danzas
con que las mujeres conseguimos disfrutar con nosotras mismas, nos
autoafirmamos, y logramos placer y alegría al hacerlo. La exquisitez de los
movimientos, la belleza de las ondas dibujadas con el cuerpo, la delicadeza de
los ritmos, todo ello configura un escenario mágico en el que la mujer descubre
la esencia de si misma, dejando fluir un erotismo natural y vivo que resulta
cautivador para cuantos la admiran. La mente en blanco, los pensamientos
liberados a través de la suave música, traducidos en gestos por un cuerpo que
tiene ganar de hablar, de contar sus sentimientos...
Hay pocos bailes en el mundo tan
íntegramente femeninos, tan dedicados a que la mujer disfrute de su cuerpo y
espíritu. No importa si la mujer que expresa con esos sinuosos y delicados
movimientos es joven o madura, alta o baja, delgada o llenita. Ser mujer -y
esta danza lo descubre desde la primera sesión- es una esencia que a veces se
guarda celosamente en un frasco cerrado y que podemos atrevernos a destapar.
Aceptar el propio cuerpo, desplegar la propia femineidad y disfrutar de ser
mujer.
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