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CRISTOLOGIA Trabajo
Enviado por Miguiel Quintanilla Oros TEOLOGÍA
SISTEMÁTICA III SEMTADEA,
2005
CAPITULO
I INTRODUCCIONAl
resucitar Cristo venció a la muerte de una vez y para siempre. La
muerte ya no tendrá dominio sobre Jesús, pues una vez que ha iniciado
su vida resucitado permanecerá así para siempre; por eso la resurrección
de Cristo es el único acontecimiento pleno, definitivo, escatológico
de toda la historia de la salvación, porque aunque es un hecho que se
da en el tiempo y en la historia, Sin embargo trasciende a la historia y
al tiempo, se hace eterno y entra en la dimensión de Dios. Si
la salvación significa para el hombre su comunión con Dios, entonces
en la resurrección de Jesús se da el máximo de la salvación que Dios
haya ofrecido al hombre, porque en la resurrección de Cristo su
humanidad trasciende junto a la divinidad y entonces se da una perfecta
unidad del hombre con Dios; esto significa que la humanidad de Jesús ha
sido totalmente conservada en su resurrección, porque fue divinizada. Por
eso la resurrección de Cristo es el acontecimiento principal de toda la
historia de la salvación. Todo lo sucedido antes de la resurrección
había sido provisional, comenzaba pero tenía un fin; así por ejemplo
el pueblo de Israel fue liberado de la esclavitud del Faraón y salió
de Egipto; ciertamente Dios intervino en ese acto, pero fue un
acontecimiento provisional porque más tarde Israel volvería a ser
esclavo, ya no de Egipto, pero sí de Asiria y Babilonia. Al
iniciar el estudio de la resurrección de Cristo es importante darnos
cuenta desde un principio de que se trata de un hecho sucedido en la
historia pero que tiene alcances hasta la eternidad; esto se ve con
claridad al comparar entre sí las narraciones que hacen los
evangelistas de la pasión y de la resurrección de Jesús. Hay
en todos los evangelios una concordancia en los hechos sucedidos en los
últimos días de la vida de Jesús; todos ellos los presentan en el
siguiente orden: Jesús entra en Jerusalén, la Ultima Cena, la oración
en el Huerto de los Olivos, el juicio del Sanedrín, Jesús ante Pilato,
ante Herodes, nuevamente ante Pilato, Barrabás, la crucifixión y la
sepultura. Esta claridad con que se encuentran descritas la pasión y la
muerte de Jesús se comprende porque son acontecimientos que han
sucedido y están dentro de la historia. En cambio, cuando los escritos
del Nuevo Testamento intentan describir la resurrección tienen que
recurrir a las más diversas expresiones para poder narrar la
experiencia que vivieron los testigos al ver a Jesús resucitado; y es
que este hecho no pertenece a la historia como la pasión y la muerte,
sino que se trata de una dimensión nueva jamás sucedida en el devenir
humano, y esta experiencia, única en su género, tiene que ser también
única en su expresión literaria. Antes
de analizar los diversos pasajes bíblicos que nos hablan de la
resurrección, nos detendremos a estudiar los últimos días de la vida
de Jesús, para comprender en donde está el valor de su muerte y así
entender por qué Dios lo resucitó de entre los muertos. CAPITULO IISU
MINISTERIO - LOS ACONTECIMIENTOS.
Veamos
ahora lo sucedido con Jesús y sus discípulos durante los últimos días
de la vida terrenal del Maestro, para ello seguiremos los pasos que nos
narran los evangelios, buscando la razón de ser de esos pasos; después
nos acercaremos a la experiencia personal de Jesús internamente,
tratando de ver cuales fueron sus sentimientos poco antes de morir, todo
esto hecho con el fin de valorar la muerte de Jesús en su significado
teológico. II.A.-
Los últimos días de Jesús sobre la tierra.
La
última etapa de la vida de Jesús comienza cuando llega con sus discípulos
a Jerusalén para celebrar la Pascua Judía (Cf. Mc 11.1-11 y
paralelos). Jesús es el Rabí (Maestro) de un grupo de discípulos
a los ha venido enseñando su doctrina y conviviendo con ellos desde
hace dos o tres años; ahora han llegado juntos a Jerusalén para la
celebración que se aproxima. Los discípulos han aprendido durante esos
años a entender las acciones de su Maestro y a escuchar su doctrina. En
Israel era frecuente encontrar grupos de maestros y discípulos como
este. Jesús
ha tenido la intención de fundar su propia Iglesia, por eso es que llamó
a sus discípulos y los enseñó con su comportamiento y su palabra.
Esta misión de fundar la Iglesia la fue descubriendo por ser Hijo de
Dios; al final .después de su muerte. resultaría hecha realidad, pero
en esos días de su pasión Jesús como hombre debió sufrir enormemente
la sensación de no haber cumplido su misión, la cual habría ido
descubriendo poco a poco y de la cual estaría ya plenamente seguro, tal
como se lo había demostrado a sus discípulos. Los
judíos celebran cada año la Pascua para conmemorar la intervención de
Dios que los salvó de la esclavitud en Egipto. Esta había sido la
mayor intervención de Dios en toda la historia del pueblo de Israel, y
por eso los judíos festejaban cada año en Jerusalén, donde se
encontraba el Templo, el recuerdo de la maravilla que Dios había obrado
con su pueblo. Jesús y sus doce discípulos llegaron a Jerusalén para
celebrar la Pascua y regresar a Galilea donde continuaría su predicación
y su enseñanza, pero todo habría de cambiar en unas cuantas horas; los
acontecimientos se desenvolvieron de tal manera y con tal rapidez que
todos quedaron desconcertados. II.A.1.-
Semana judía y semana actual.
Veamos
ahora en un cuadro los pasos seguidos por Jesús en Jerusalén,
considerando un des-fase entre los días de la semana judía y la
cristiana, pues en aquel tiempo los judíos contaban la duración de los
días a partir de una puesta del sol, y su terminación hasta la
siguiente. La
primera columna de la tabla siguiente nos indica el día judío; en la
segunda aparece el mismo día, pero dividido en dos partes, inicio y
fin, con el propósito de compararlo con las partes de nuestro día
actual. En la tercer columna se indican los días de nuestra semana
actual divididos también en dos partes: día, que comprende desde el
amanecer hasta que oscurece, y noche hasta un nuevo amanecer, ubicando
en ellos los últimos acontecimientos de la vida de Jesús en la parte
que les corresponde. Semana
Judía: Semana Cristiana: Sucesos: Jueves
Inicio: noche del miércoles. Fin:
atardecer del jueves: Por la tarde: La Ultima Cena. Oración en el
Huerto de los Olivos. Viernes
Inicio: jueves en la noche: Por la noche: Arresto de Jesús y Fin:
viernes al anochecer: juicio ante el Sanedrín I. (Lc 22,54; Jn
18,13-24). Por
la mañana: Juicio Sanedrín II (Mt 26,57-66; Lc 22,66-71). Jesús ante
Pilato I (Lc 23,2-7) Jesús ante Herodes (Lc 23,13-24) Jesús
ante Pilato II (Lc 23,13-24). Muerte en la cruz hacia las 3 PM. Sepultura,
antes de del anochecer. Sábado
Inicio: viernes en la noche. Jesús está en el sepulcro, sus dis- Fin:
sábado al atardecer. cípulos se encuentran escondidos. Domingo
Inicio: sábado por la noche. Jesús RESUCITA. Fin:
domingo al anochecer. Antes de analizar los diversos pasajes bíblicos que nos hablan de la resurrección, nos detendremos a estudiar los últimos días de la vida de Jesús para poder comprender en donde está el valor de su muerte, y así entender por qué Dios lo resucitó de entre los muertos. II.A.2.-
La Ultima Cena.
En
la tarde de nuestro jueves se reunió Jesús con sus discípulos en
Jerusalén para cenar, sería la última vez que lo hiciera. Para
entonces ya se había dado cuenta de que el Sanedrín lo buscaba. El
Sanedrín era la máxima autoridad religiosa y civil de Israel; estaba
formado por el Sumo Sacerdote, un grupo de saduceos, un grupo de
fariseos y algunos ancianos de la aristocracia laica. Como autoridad máxima
judía, el Sanedrín se vio obligado a intervenir por las
manifestaciones provocadas al llegar Jesús a la ciudad, y luego al
presentarse en el Templo. No lo hizo de inmediato porque sus miembros
tenían miedo a la reacción del pueblo sobre el cual Jesús ciertamente
ejercía influencia (Cf. Mt 21,14ss; Lc 19,47-48; Jn 12,19), pero una
vez decidido a intervenir tenía que hacerlo antes de que comenzara el sábado
en que se celebraba la Pascua, pues no hubiera sido po-sible hacerlo
durante la fiesta, por motivos religiosos. Entonces convinieron los
miembros del Sane-drín con Judas Iscariote su traición y la entrega de
su Maestro en un lugar apartado. II.A.3.-
En el Huerto de los Olivos.
Después
de cenar, Jesús y sus discípulos se dirigieron al Huerto de los Olivos
para orar, porque Jesús sentía preocupación y angustia (Mc 14,33),
tanto que llegó a exclamar en su oración "Padre, todo es
posible para tí, aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero,
sino lo que quieras tú" (Mc 14,36). Los
discípulos no comprendían lo que iba a suceder y se quedaron dormidos;
llegó entonces la gente armada que había enviado el Sanedrín a
prender a Jesús, y Judas lo entregó con un beso (Mc14,44-45). Jesús
quedó hecho prisionero y sus discípulos huyeron (Mc 14,50).
Después de esto Jesús tendría que caminar solo hacia la cruz. Es
importante darse cuenta de la traición de Judas, de la reacción de los
discípulos y de las posteriores negaciones de Pedro. En la reacción de
los discípulos se constata que todo lo que Jesús había enseñado y
hecho no fue suficiente para confirmarles la fe en que él era el Hijo
de Dios. Aparentemente, al menos por esos días, no estaban convencidos
de la divinidad de Jesús, y es que ella no era nada sencillo de
entender. El
pueblo de Israel había sido depositario de la revelación de Dios por más
de mil años, y estaba firmemente convencido de ser su pueblo elegido
(Ex 6,6ss), pero según la revelación con-tenida en el Antiguo
Testamento Dios era un ser trascendente, omnipotente, eterno, y por lo
mismo extraño y lejano para el mundo y para el hombre, al grado de que
los israelitas ni siquiera se atrevían a pronunciar su nombre. Es
cierto que Yahweh, Dios, se manifestó en varias ocasiones al pueblo de
Israel, pero nunca descendió en lo personal al mundo, sino que se
comunicaba con el pueblo a través de la nube, de los ángeles, del sueño,
etc. Ahora Jesús, con sus treinta años de edad, se presenta en medio
del pueblo predicando que es el Hijo de Dios, y dirigiéndose a él como
un niño se dirigiría a su padre, diciéndole Abbá, hablándole con
una de las palabras más familiares que los niños pequeños aprendían
a pronunciar. El que Jesús llamara a Dios Abbá era una verdadera
blasfemia, una locura y un escándalo, y el que un hombre se considerara
Hijo de Dios, y así lo predicara, era algo sencillamente insoportable
para los dirigentes religiosos del pueblo judío. Por
otra parte Israel esperaba, y espera todavía, un Mesías, si, pero de
una personalidad totalmente opuesta a la de Jesús; esperaba un Mesías
fuerte, a un hombre con poderes divinos que fuera capaz de llevar al
pueblo hacia su libertad independizándolo del dominio romano; que le
uniera política y religiosamente, que le diera prosperidad y bienestar;
y Jesús fue todo lo contrario. Esto explica la razón que tenía el
Sanedrín para tratar de acabar con la vida de Jesús, ya que encontraba
que su predicación y su persona se apartaban radicalmente de sus
expectativas religiosas. Jesús
rompía con todos los moldes, su mensaje no tenía cabida en el Antiguo
Testamento. Sería demasiado pedir que el Sanedrín pudiera comprender
lo que estaba sucediendo con Jesús; sus propios discípulos, que lo
conocieron y convivieron con él, y que le vieron hacer tantos milagros,
no lo comprendieron: Judas lo traicionó, Pedro lo negó, y los demás
lo abandonaron, ¿qué otra cosa iba a hacer el Sanedrín? Jesús
se quedó solo prácticamente desde el Huerto de los Olivos,
incomprendido por los apóstoles y por los judíos tendría que caminar
solo hacia la cruz y la muerte; desde ahora con-templamos el paso tan
difícil que debió dar Jesús. A
lo largo de la historia de la salvación Dios había pedido cosas difíciles:
a Moisés le pidió que liberara a todo un pueblo del poder del Faraón,
a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac, a María que aceptara ser la
madre del Hijo de Dios, etc., pero a todos ellos Dios los protegió; a
Jesús no, a Jesús nadie le acompañó hasta su muerte, y fue una
muerte horrible. En
el capítulo siguiente, al tratar sobre la actitud interna de Jesús en
los últimos días, veremos el significado de la traición de Judas, de
las negaciones de Pedro y de la cobardía de los demás discípulos. II.A.4.-
Arresto de Jesús.
"Todavía
estaba hablando, cuando de pronto llegó Judas, uno de los Doce, acompañado
de un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de
los escribas y de los ancianos. El que le iba a entregar les había dado
esta contraseña: Aquel a quien yo dé un beso, ése es, prendedle y
llevadle con cautela. Nada más llegar, se acerca a él y le dice: Rabbí,
y le dio un beso. Ellos le echaron mano y le prendieron" (Mc
14,34-46). El
pueblo judío había sido conquistado por el imperio romano desde el año
63 a.C.; con él, al igual que con todas sus colonias, la forma de
dominio seguida fue de un gran respeto hacia sus instituciones políticas
y religiosas, y en general hacia sus valores culturales, militares, etc.
La táctica romana de dominio consistía en tener un representante en el
país, llamado Procurador, y varias legiones de soldados encargados de
imponer y conservar la paz, tanto militar como diplomática-mente, para
que el pueblo pudiera trabajar y pagar sus tributos al Emperador. Por
eso el Sanedrín, como máxima autoridad civil y religiosa de Israel,
tenía cierta libertad de acción; contaba incluso con un pequeño ejército
con el cual podía imponer el orden entre los judíos, pero que era
insuficiente en número para enfrentarse a las legiones romanas. Junto
con sus soldados, el Sanedrín envió a un grupo de personas encargadas
de hacer aparecer el arresto de Jesús como consecuencia de una pequeña
revuelta callejera. II.A.5.-
Sanedrín I.
"Los
que prendieron a Jesús le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás,
donde se habían reunido los escribas y los ancianos... Entonces el Sumo
Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué os parece?
Respondieron ellos diciendo: Es reo de muerte" (Mt 26,57 y
65-66). "Caifás
era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo
hombre por el pueblo" (Jn 18,14). Jesús
fue llevado ante el Sanedrín por primera vez el mismo jueves en la
noche; a partir de entonces el procedimiento seguido para
juzgarlo fue totalmente ilegal. La legislación judía prescribía que
los delitos mayores, los merecedores de la pena capital, se examinaran
solamente de día, nunca en tiempo de fiestas y nunca en el transcurso
de solo día. Además, los judíos estaban auto-rizados para dar muerte
ellos mismos a un reo por blasfemia mediante el procedimiento de
lapidación (He 7,55s); sin embargo lo entregaron a Poncio Pilato para
ser crucificado, lo cual indica que la intención del Sanedrín era otra
que simplemente la de ejecutar a un blasfemo, y es que Jesús había
adquirido tal renombre que los judíos tenían miedo de echarse al
pueblo encima en caso de ordenar ellos que fuera lapidado, por eso les
era más conveniente hacer que lo condenaran los roma-nos por motivos
aparentemente políticos. El
mismo jueves por la noche el Sanedrín declaró a Jesús reo de muerte,
como lo comenta el evangelio de Mateo, y sus miembros discutieron acerca
de la acusación. La sentencia que reporta el evangelio de Juan en 18,14
nos da la clave del resultado: "...convenía que muriera un solo
hombre por el pueblo". Las
acusaciones presentadas contra Jesús fueron muchas: Considerarse Hijo
de Dios, considerarse el Mesías, correr a los vendedores y cambistas
del Templo, predecir la destrucción de su edificio, llamar Abbá a
Dios, pretender tener poder de perdonar los pecados, etc. La verdad es
que Jesús con su actuación ponía en tela de juicio toda la religión
judía, y esto resultaba intolerable para el Sanedrín, de allí la
frase del Sumo Sacerdote, era mejor que muriera Jesús y no que todo el
pueblo se viera afectado en la base misma de su religión. La primera reunión con Jesús esa noche fue para declararlo reo de muerte, pero el Sanedrín quiso que muriera crucificado por los romanos y no lapidado por los judíos. II.A.6.-
Sanedrín II.
"Llegada
la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo
celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Y después de atarle
le llevaron y le entregaron al Procurador Pilato" (Mt 27,1-2). El viernes por la mañana se reunió por segunda vez el Sanedrín para preparar la estrategia que seguirían para acusar a Jesús ante Poncio Pilato. En esta segunda reunión las acusaciones cambiaron totalmente respecto a las que se habían presentado la noche anterior: Acusarían a Jesús de no querer pagar los impuestos y de proclamarse Rey de los judíos, en oposición al Emperador romano; incurriría entonces en el grave delito de rebelión contra la autoridad imperial y merecería el castigo de morir en la cruz (Cf. Lc 23,2-3). II.A.7.-
Poncho Pilato I.
"Comenzaron
a acusarle diciendo: Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro
pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es
Cristo Rey. Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? El
le respondió: Si, tu lo dices. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a
la gente: Ningún delito encuentro en este hombre. Pero ellos insistían
diciendo: Solivianta al pueblo, ense-ñando por toda Judea, desde
Galilea, donde comenzó, hasta aquí. Al oír esto, Pilato preguntó si
aquel hombre era galileo. Y, al saber que era de la jurisdicción de
Herodes, le remitió a Herodes, que por aquellos días estaba también
en Jerusalén" (Lc 23,2-7). El
evangelio de Lucas nos informa de una primer comparecencia de Jesús
ante Pilato, quien lo encuentra inocente pero lo envía ante Herodes por
ser originario de Galilea; a su vez, Herodes no quiere juzgarlo y lo
regresa al Procurador Pilato. Los otros tres evangelistas condensan
estos hechos en una sola presentación ante Pilato, sin mencionar la
visita a Herodes. La actitud y las palabras de Pilato nos muestran que él no encuentra culpa en Jesús y que se ha dado cuenta de su inocencia desde el primer momento que lo vio, sin embargo como Procurador romano debe buscar la paz en su territorio, y un punto clave para ello es conservar las buenas relaciones con el Sanedrín; de allí su táctica evasiva de enviar a Jesús con Herodes, y luego de dar al pueblo a escoger entre la libertad de Jesús y la de Barrabás. Desde su posición como funcionario romano Pilato no cree que Jesús se haya rebelado contra el imperio, pero sí capta lo importante que es para el Sanedrín condenar a Jesús, por eso al final terminará lavándose las manos en señal de que el castigo impuesto ha sido por complacer a los judíos y no por las acusaciones hechas a Jesús. II.A.8.-
Herodes.
"Cuando
Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que
deseaba verle por las cosas que oía de él, y esperaba presenciar
alguna señal que él hiciera. Le preguntó con mucha palabrería, pero
él no respondió nada. Estaban allí los sumos sacerdotes y los
escribas acusándole con insistencia. Pero Herodes, con su guardia,
después de despreciarle y burlarse de él, le puso un espléndido
vestido y le remitió a Pilato" (Lc 23,8-11). A
la muerte de Herodes el Grande, en el año 4 a.C., el Emperador Augusto
hizo que se cum-plieran sus disposiciones testamentarias y dividió el
reino entre sus hijos, dando la zona nor-occidental a Herodes Filipo, la
Galilea a Herodes Antipas, y Samaria y Judea a Arquelao. En el año 6
d.C., ante la incapacidad de Arquelao como gobernante, se añadieron
Judea y Samaria a la pro-vincia de Siria y quedaron bajo el mando del
Procurador de Siria; es por eso que cuando ocurrió la pasión de Jesús
el sur de Palestina estaba gobernado por Poncio Pilato, mientras que
Galilea lo era por Herodes Antipas, aunque éste también estaba
sometido al Imperio Romano; todo esto nos lo confirma Lucas en 3,1:
"En el año quince del imperio de Tiberio César siendo Poncio
Pilato Procurador de Judea, y Herodes Tetrarca de Galilea...". Poncio Pilato, al saber que Jesús era de Galilea, y en un intento por disuadir al Sanedrín de sus acusaciones, envió al prisionero ante Herodes Antipas aprovechando que éste, como él mismo, se encontraba en Jerusalén con motivo de la fiesta de Pascua. Por su parte Herodes también se dio cuenta de la responsabilidad que le pasaba Pilato; él tenía poder para mandar lapidar a Jesús, pero en conciencia no podía hacerse cargo de ejecutar el plan del Sanedrín, por lo que decidió regresarlo al Procurador. II.A.9.-
Pilato II.
"Pilato
convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo y les
dijo: Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero
yo lo he interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre
ninguno de los delitos de que lo acusáis. Ni tampoco Herodes, porque
nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte. Así que
le castigaré y le soltaré. Toda la muchedumbre se puso a gritar a una:
¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás! Este había sido encarcelado por
un motín que hubo en la ciudad y por asesinato. Pilato les habló de
nuevo, intentando liberar a Jesús, pero ellos seguían gritando: ¡Crucifícale,
crucifícale..." (Lc 23,13-21). En
este pasaje vemos cómo Pilato, en su intento por no ejecutar a Jesús,
recurre a la cos-tumbre de dejar en libertad a un prisionero como regalo
romano a los judíos por la celebración de la Pascua, pues Pilato sigue
convencido de la inocencia de Jesús. Ante esta actitud, el Sanedrín se
encarga de difundir entre el pueblo instrucciones para que se grite
pidiendo la libertad de Barrabás y la condenación de Jesús; entonces,
cuando Pilato pregunta a la muchedumbre cuál de los dos prisio-neros
debe ser puesto en libertad, todos responden en favor de Barrabás. Tal
vez en otras circuns-tancias los judíos no habrían aceptado la
liberación de un asesino, sin embargo el Sanedrín veía en Jesús un
peligro mucho mayor que el que ofrecía Barrabás, ya que Jesús con su
doctrina cuestionaba todo el fundamento de la religión judía, según
la entendían los maestros de la Ley. Pilato,
habiendo agotado todos sus recursos, viendo la insistencia del Sanedrín
y teniendo como prioridad el salvaguardar la paz en la región a su
cargo, en un último intento preguntó: "Y ¿qué voy a hacer
con el que llamáis Rey de los judíos?". II.A.10.-
La crucifixión.
"Pilato
entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y
entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuera crucificado"
(Mc 15,15). La
crucifixión era el castigo que los romanos daban por los delitos más
graves, como la rebelión o el asesinato; lo aplicaban para hacer
desistir a la población de cometer esos delitos, y para ello los reos
eran puestos en el suplicio en sitios donde pudieran ser vistos por
mucha gente. Era común que antes de la crucifixión se diera a los
condenados un trago de vino con alguna droga que adormecería sus
conciencias y atenuaría su sufrimiento, pero Jesús lo rechazó; también
era una tradición que los soldados encargados de la ejecución se
repartieran las ropas de los condenados, como sucedió con Jesús. Estos
dos hechos adquirieron, vistos a la luz de las profecías de los Salmos
del Dolor (22,19 y 69,22), una especial importancia para los
evangelistas que vieron en ellos su cabal cumplimiento. También
era costumbre colocar sobre el crucificado un letrero en el que se
indicaba la causa de su condena. San Juan en 19,19 recuerda que la tabla
de la acusación de Jesús contenía una inscripción el hebreo, griego
y latín que decía: "Jesús Nazareno, el Rey de los Judíos".
Los
signos extraordinarios que según los evangelios acompañaron a la
muerte de Cristo quieren ser testimonio de que una nueva era ha
comenzado: Las tinieblas que se extendieron por todo el país y la
ruptura de la cortina del Templo que cubría al Sancta Sanctorum, lugar
santísimo donde solamente el Sumo Sacerdote podía entrar para ofrecer
el sacrificio expiatorio. Estas señales son expresión y símbolo de
que la Antigua Alianza había terminado y comenzaba un nuevo orden
divino (Cf. Heb 8,6-13). También es testimonio de ello la confesión
del centurión romano al pie de la cruz: "Verdaderamente este
hombre era Hijo de Dios" (Mc 15,39); en ella vemos que en el
momento en que el pueblo judío dejaba que su Mesías muriera en manos
de los romanos, surgió la confesión de que Jesús es el Hijo de Dios
en labios de uno sus verdugos. II.A.11.-
La sepultura.
Por
lo general la muerte de los crucificados ocurría después de largas
horas, cuando que-daban exhaustos. Normalmente eran sepultados en fosas
comunes ubicadas en sitios apartados, pero la valiente intervención de
José de Arimatea evitó que a Jesús le fuera dada esa clase de
sepultura: él fue donde Poncio Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús
para sepultarlo en una tumba de su propiedad, excavada en la roca (Cf.
Mc 15,42s).
La
relación que escribieron los evangelistas sobre la sepultura de Jesús
es sobria, concisa y objetiva, pero precisamente es así como la
sepultura se convierte en la confirmación oficial de su muerte. La
sepultura es una consecuencia de la muerte, es la muerte llevada a su
consumación perceptible para los sobrevivientes; el entierro manifiesta
en forma visible la partida del hombre de este mundo, su separación
definitiva de la sociedad humana; el entierro es la última despedida
que los sobrevivientes harán al difunto. Se trata de una separación
definitiva que fue vista por San Pablo como la ruptura final del hombre
con el pecado del mundo. II.B.-
Valor teológico de la muerte de Jesús.
II.B.1.-
Introducción.
Analizamos
en las páginas anteriores los últimos momentos de la vida terrena de
Jesús con-templados desde un punto de vista externo, es decir desde el
proceso seguido contra Jesús por el Sanedrín y por Poncio Pilato, y
las razones que los judíos y romanos tuvieron para condenarlo a morir
en la cruz. En esta sección se tratará de ver cómo sufrió Jesús su
muerte y qué experiencia humana le significó; de esta manera podremos
comprender, por una parte, la generosidad de Dios, y por la otra el
valor insustituible que tuvo la muerte de Jesús en la cruz para la
salvación de los hombres. Para descubrir esta experiencia interna de
Jesús hemos de recurrir a la figura del Siervo de Yahweh presentada en
el Antiguo Testamento. a).-
Los cuatro himnos del Siervo. La
figura del Siervo de Yahweh se encuentra escrita en el libro del profeta
Isaías, en la forma de cuatro himnos o cantos: Is 42,1-4; 49,1-6;
50,4-9; 52,13 a 53,12; de estos cuatro himnos es el cuarto el que está
más lleno de dramatismo y el que mejor delinea la figura del Siervo,
dice: "He
aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado
sobremanera. Así como se asombraron de él muchos, pues tan desfigurado
tenía el aspecto que no parecía hombre ni su apariencia era humana,
otro tanto se admirarán muchas naciones; ante él cerrarán los reyes
la boca, pues lo que nunca se les contó verán, y lo que nunca oyeron
reconocerán ¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de
Yahweh ¿a quién se le reveló? Creció como un retoño delante de él,
como la raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; y no
tenía aspecto que pudiéramos estimar". "Despreciable
y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno
ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta". "Todos
nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino y Yahweh
descargó sobre él la culpa de todos nosotros. Fue oprimido, y él se
humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado,
y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió
la boca". "Tras
el arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos ¿quién se
preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de
su pueblo ha sido herido; y se puso su sepultura entre los malvados y
con los ricos su tumba, por más que no hizo atropello ni hubo engaño
en su boca. Mas plugo a Yahweh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí
mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que
plazca a Yahweh se cumplirá por su mano. Por las fatigas de su alma,
verá la luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a
muchos y las culpas de ellos él soportará. Por
eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá
despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes
fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por
los rebeldes". Este
cuarto himno, así como los tres que le preceden, fueron escritos en una
de las épocas más difíciles de la relación que vivió el pueblo de
Israel con Dios. Yahweh había prometido a su pueblo darle una numerosa
descendencia, una tierra propia para que la habitara, un Rey, una Ley y
un Templo: Promesa
de descendencia numerosa: 1600 a.C. A Abraham. Promesa
de un territorio propio: 1200 a.C. A Moisés y Josué. Promesa
de una Ley: 1170 a.C. A Moisés. Promesa
de una gran dinastía: 1000 a.C.
A David. Promesa
de un Templo: 950 a.C. A Salomón. Todas
estas promesas le había cumplido Dios a Israel como pueblo, sin embargo
él no supo corresponder a esa generosidad, no cumplió la parte que le
correspondía, fue infiel a su Dios (Cf. Ez 16,23s). Por esa falta de
correspondencia Yahweh quitó a Israel todas las promesas que le había
cumplido; esto sucedió históricamente en el año 586 a.C., fecha en la
que Babilonia conquistó a Israel, destruyó el Templo de Jerusalén,
deportó a su Rey y a la mayor parte del pueblo apro-piándose su
territorio, le suprimió la Ley que había recibido Moisés y le obligó
a seguir la propia de Babilonia; finalmente hizo que los israelitas
tuvieran que casarse con babilonios, perdiendo así la pureza de su
raza. Fue en la amargura de este exilio cuando un profeta escribió los
cantos del Siervo de Yahweh. El
profeta Isaías expresa en estos cantos la experiencia dolorosa de un
pueblo que se ve abandonado por su Dios (Is 40-55). Los sufrimientos y
las calamidades del Siervo reflejan la situación que afronta el pueblo
de Israel al tener que vivir la amarga experiencia de su exilio en
Babilonia, la cual acepta como un castigo por su infidelidad. En ese
momento de dolor, abandono y sufrimiento, Dios la da a su pueblo una
esperanza que el Deutero-Isaías recoge en la figura del Siervo de
Yahweh. b).-
Contenido doctrinal de los cantos del Siervo de Yahweh. El
Siervo de Yahweh: 1.-
Es inocente, no tiene culpa (53,9). 2.-
Carga con las culpas de los demás (53,7): "Yahweh descargó
sobre él las culpas de todos nosotros". 3.-
No reclama (42,2): "No vociferará ni alzará el tono, y no hará
oír en la calle su voz". (50,6):
"Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban y mis mejillas a
los que mesaban mi barba" 4.-
Dios mismo le infringió este sufrimiento (53,6): "Yahweh
descargó sobre él la culpa de todos nosotros", (53,10):
"Mas plugo a Yahweh quebrantarle con dolencias". 5.-
Lo abandonaron los suyos (49,7): "Aquel cuya vida es despreciada
y es abominado de las gentes". 6.-
Dios mismo lo abandonó (49,4): "Pues yo decía: Por poco me he
fatigado, en vano e inú-tilmente mi vigor he gastado ¿De veras Yahweh
se ocupa de mi causa, y mi Dios de mi trabajo? 7.-
Y Dios le había encomendado una misión (42,3s): "Lealmente hará
justicia; no desmayará ni se quebrará hasta implantar en la tierra el
derecho, y su instrucción atenderán las islas. Así dice Dios..." 8.-
Su vida termina en el más completo abandono, sin haber podido descubrir
para qué lo había llamado Dios. Ya muerto es enterrado entre los
malhechores (53,9): "Y se puso su sepultura entre los malvados". c).-
Valor salvífico del sufrimiento del Siervo. El
sufrimiento del Siervo se convierte en causa de salvación para los demás,
y al padecer en favor de los otros lo hace también en favor suyo; al
cargar con la culpa, la anula; queda así puesta la condición necesaria
para la salvación designada metafóricamente como una curación: "El
soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido
curados" (53,5). La
salvación que da el Siervo de Yahweh consiste en un estado de
seguridad, que resulta del apaciguamiento ((shalom = paz)
instaurado en todos los ámbitos de la vida humana y que, como lo
muestran sobre todo las descripciones bíblicas del estado original y de
la salvación escatológica, se debe en último término a la paz con
Dios; y la paz, para la Biblia, es un estado de armonía de todas las
relaciones del hombre con Dios, con los demás seres humanos y con la
naturaleza. La
obra y la salvación del Siervo tendrán un éxito perdurable. Esta idea
del éxito final luego de pasar por todas las dificultades se encuentra
en los poemas del Siervo (42,2; 49,4; 50,7s) y culmina con la proclamación
de Yahweh en el Canto cuarto; en él, el Siervo obtendrá un éxito
inaudito e inesperado, para maravilla de los pueblos y reyes "subirá
y crecerá mucho" (52,13s). Este éxito se ilustra mediante dos
series de imágenes típicamente bíblicas: una pertenece al ámbito
militar por tratarse de una victoria en batalla, "le dará una
multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre";
la otra está tomada del ámbito forense y se refiere a la victoria de
su causa ante el tribunal, cuando finalmente el Siervo sea reconocido
como justo (53,11). La
exaltación, victoria o justificación del Siervo consiste en que "verá
la luz" (53,11). En el lenguaje de la Biblia y del Oriente
antiguo esto significa que vivirá y "prolongará sus años"
(53,10); el Siervo podrá incluso trasmitir la vida después de la
muerte: "Verá su descendencia" (53,10); así el Siervo
vuelto a la vida transmitirá esa vida , y siendo justo justificará a
Israel. En cuanto sea exaltado, ejercerá la misión de mediador entre
Dios y los hombres. II.B.3.-
La muerte de Jesús y la figura del Siervo.
La
muerte de Jesús nos hace ver que su misión no es otra que la descrita
para el Siervo de Yahweh, ya que él hizo realidad aquello que en el
libro del profeta Isaías era solamente una promesa. Jesús es el Siervo
de Yahweh, y su figura como tal ejerció un influjo notable en la
Cristología del Nuevo Testamento (Cf Mc 1,11; 10,45; Lc 22,37;
24,25-26; He 3,13-18; 8,26-36; I Cor 15,3; 2 Cor 5,21; Fil 2,7; Heb
9,28). Jesús,
al igual que el Siervo, es inocente; por eso Pilato se lava las manos.
Jesús carga con las culpas de los demás: "Cristo murió por
nuestros pecados" (I Cor 15,3). Jesús no reclama: "pero
no sea lo que yo quiero, sino lo que tu quieras" (Mc 14,36).
Dios mismo le infringe este sufrimiento: "¡Abba, Padre!; todo
es posible para ti; aparta de mí esta copa...". Lo abandonaron
los suyos, Pedro no negó (Mc 14,66-72), Judas lo traicionó, sus
demás discípulos se escondieron (Mc 14,50), Dios mismo parece haberlo
abandonado: "Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". La
muerte de Jesús tiene valor por haberse cumplido en ella la profecía
del Siervo de Yahweh y no por el sufrimiento físico que implicó, pues
muchos otros también sufrieron el dolor tremendo de ser crucificados, y
otras personas han padecido enfermedades muy dolorosas por un tiempo más
largo que el que duraba el tormento de la crucifixión. La vida y la
muerte de Jesús tienen un enorme valor por la confianza que durante
ellas demostró en su Padre Dios, una confianza sin límites llevada
hasta el extremo. Tratemos
ahora de comprender lo que pasaba en el interior de Jesús durante sus
últimos días. Jesús,
a medida que iba creciendo y desarrollándose, descubría su divinidad.
Este descubrimiento no debe haberle sido sencillo de aceptar, porque
como ser humano era igual a nosotros y por lo tanto tenía nuestra misma
anatomía y nuestra misma forma de pensar, de tal manera que para poder
juzgar algo necesitaba contar con elementos; su juicio era limitado pues
como humano no podía adivinar el futuro, ni predecirlo, ni conocer lo
que las personas sentían y pensaban. Era de nuestra misma condición en
todo, menos en el pecado. Como Dios, en cambio, lo sabía todo, podía
comprender las cosas presentes, las pasadas y las futuras; era
omnisciente y omnipotente. Cuando
Jesús comenzó a descubrirse como Dios, cuando comenzó a notar que
Dios estaba presente en él, tuvo que ir poco a poco aprendiendo a
traducir su divinidad a términos de su humanidad; es como el caso de un
místico que tenga una experiencia muy fuerte de Dios, que tiene que
aprender a expresarla con la lógica y dentro de las categorías humanas
para que sea comprensible a los demás. Jesús
siempre fue Dios, desde su nacimiento hasta su muerte, desde antes de
encarnarse hasta después de ser glorificado en la Resurrección, pero
como hombre verdadero tuvo que pasar por un proceso humano para
comprender su divinidad; podríamos decir que a medida que iba
creciendo, humanamente hablando, aprendía a comprender a Dios y a
convivir con él. El
conocimiento pleno de su misión en el mundo fue manifestado por Jesús
en la sinagoga de Nazaret, en una ocasión que ha sido recordada por
Lucas en 4,16-21: "Vino Jesús a Nazaret, donde se había criado,
y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día sábado, y se
levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías,
y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: 'El
Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar
a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado para proclamar la liberación
a los cautivos y dar la vista a los ciegos, para dar la libertad a los
oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor'. Enrollado el
volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los
ojos estaban fijos en él. Comenzó a decirles: 'Esta Escritura, que
acabáis de oír, se ha cumplido hoy" A continuación Jesús
manifestó a los presentes que en él se cumplía todo aquello
que el profeta Isaías había escrito muchos años antes. Se trata este
texto de una profecía de carácter mesiánico, y si Jesús se la aplicó
es porque tenía la certeza de ser el Mesías, el Salvador de los
hombres. Tomando
el cuenta que Jesús se había descubierto como el Hijo de Dios, a quien
llamaba Abba, el haberse identificado en la sinagoga como el Mesías
y Salvador profetizado por Isaías no puede reducirse a un momento de
emoción religiosa, sino a una realidad comprendida que también es
aceptada por Pedro en Mc 8,27-29 cuando Jesús pregunta "¿Quién
dicen los hombres que soy yo?. Ellos le dijeron, unos, que Juan el
Bautista; otros que Elías; otros que uno de los profetas. Y él les
preguntaba: y vosotros ¿quién decís que soy yo?. Pedro le contesta:
'Tú eres el Cristo..." A
lo largo de su vida Jesús se ha descubierto ser el Hijo de Dios y se ha
percatado de su misión como Mesías, sin embargo en el momento en que
se encuentre próximo a morir todo habrá de cuestionarlo, pues se verá
traicionado por Judas, negado por Pedro y abandonado por todos los
suyos. Ya desde su oración en el huerto de Getsemaní Jesús comienza a
sentir una terrible angustia humana, y se dirige al Padre: "Abba,
todo es posible para tí; aparta de mí esta copa..." (Mc
14,36). El hecho de que estas palabras hayan sido conservadas en arameo
es prueba de que se trasmiten tal como fueron dichas por Jesús; en
ellas manifiesta el horror tremendo que experimenta al ver que su
existencia terminará en la cruz, y lo que es peor, sentir que allí
fracasará su misión. Luego, en sus últimos momentos, apelará al
Padre pensando que también El le ha abandonado: "Eloi, Eloi, ¿lema
sabactani?", Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?, palabras que el evangelista Marcos conservó también en
arameo, la lengua madre de Jesús. La
muerte de Jesús es una tremenda desilusión porque implica que todo
aquello que había experimentado como Hijo de Dios venía a convertirse
en una mera ilusión; su muerte en la cruz implicaba que había
fracasado en el cumplimiento de su misión, que ni era el Hijo de Dios,
ni el Mesías, ni el Salvador. Esta desilusión es la que sentía Jesús,
el hombre, aquel viernes en que era sentenciado a muerte por Poncio
Pilato; pero sería el hecho de continuar hasta la cruz a pesar del
abandono de los suyos, de obedecer ciegamente a Dios a pesar de su
aparente abandono, lo que lo convertirá en el Salvador de los hombres,
en el Mesías, porque Hijo de Dios nunca dejó de serlo. La
cruz nos da una gran luz sobre el significado teológico de la vida y la
muerte de Jesús: Si Jesús pudo llegar hasta ella es porque durante su
vida pudo sentir su filiación divina y la cercanía de Dios. Fue para
él tan única la experiencia de descubrir a Dios en su propia persona
como lo fue única su muerte en la más completa soledad y abandono.
Ciertamente él sintió el abandono de Dios poco antes de morir, pero
sabía en el fondo de su ser que era verdad todo aquello que descubrió
en su vida, que era auténtica su filiación divina, que Dios se la
demostró permitiéndole hacer numerosos prodigios, y por eso creyó
contra toda esperanza. La
muerte en cruz de Jesús nos muestra el inmenso amor de Dios que se hizo
hombre en Jesús. Solamente por esta tan especial presencia de Dios en sí
mismo pudo llegar Jesús con fidelidad hasta su último momento. II.B.4.-
La muerte de Jesús y la actitud de sus discípulos.
La
actitud de los apóstoles habla también de lo difícil que fue para Jesús
terminar su vida terrena en la cruz. Aquella
trágica semana de su muerte los discípulos habían llegado a Jerusalén
con su Maestro para celebrar la Pascua, pero repentinamente los
acontecimientos hicieron que cambiara por completo el curso de la vida
de Jesús al ser apresado. Si Jesús pudo continuar solo después de su
captura fue porque había sido en su propia persona testigo de la más
grande manifestación de Dios: su Encarnación. Los discípulos de Jesús,
en cambio, no pudieron seguirlo. a).-
La traición de Judas. "Entonces
uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos
sacerdotes, y les dijo: ¿Qué queréis darme y yo os lo entregaré?
Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba
buscando la oportunidad para entregarle" (Mt 26,14-16). Todos
los datos que nos proporcionan los Evangelios sobre Judas se entienden
mejor si pensamos que entregó a su Maestro, más que por cualquier otra
razón, para poner a prueba su divinidad; por eso al ver que Jesús no
hacía nada por salvarse se asustó, fue a regresar las monedas que había
recibido y se ahorcó. Judas quería convencerse de que Jesús era el
Hijo de Dios, el Mesías, y con su lógica muy personal pensó que
entregándolo al Sanedrín lo obligaría a manifestar su poder para
liberarse; cuando Judas se dio cuenta de que no sucedía así, y que Jesús
sería crucificado, cayó en una profunda crisis de arrepentimiento por
la magnitud de la traición que había realizado. Judas nunca quiso que
su Maestro muriera, él lo que quería era que demostrara su poder
divino. "Entonces
Judas, el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado
por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas a los sumos
sacerdotes y a los ancianos, diciendo: 'Pequé entregando sangre
inocente'. Ellos dijeron: 'A nosotros, ¿qué? Tú verás'. El
tiró las monedas en el Sanedrín; después se retiró y fue y se ahorcó"
(Mt 27,3-5). Como se deduce de este pasaje de Mateo, la verdadera
intención de Judas no era cobrar el dinero por su traición sino
adelantar las cosas; quiso obligar a Jesús a que manifestara su
divinidad y por eso lo entregó. b).-
Las negaciones de Pedro. "Llevaron
a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y se reúnen todos los sumos
sacerdotes, los ancianos y los escribas. También Pedro le siguió de
lejos, hasta dentro del palacio del Sumo Sacerdote, y estaba sentado con
los criados, calentándose al fuego... Estando Pedro abajo en el patio,
llega una de las criadas del Sumo Sacerdote y al ver a Pedro calentándose,
le mira atentamente y le dice: 'También tu estabas con Jesús de
Nazaret'. Pero él lo negó: 'Ni se ni en-tiendo qué dices', y salió
fuera, al portal, y cantó un gallo. Le vio la criada y otra vez se puso
a decir a los que estaban allí 'Este es uno de ellos'. Pero él lo
negaba de nuevo. Poco después, los que estaban allí volvieron a decir
a Pedro: 'Ciertamente eres uno de ellos pues además eres galileo'. Pero
él, se puso a echar imprecaciones y a jurar ¡Yo no conozco a ese
hombre de quien habláis! (Mc 14,53-54; 66-71). Pedro
es el discípulo que más tiempo sigue a Jesús, le sigue hasta el
momento en que le llevan ante el Sanedrín por primera vez. Pedro
quiere hasta el último momento creer en su Maestro , se hace el
valiente y le acompaña, pero cuando ve que a él lo identifican como
uno de sus discípulos siente miedo de ser también condenado y niega a
Jesús, públicamente lo desconoce; pero los demás discípulos ni
siquiera intentaron seguirlo, corrieron a esconderse en cuanto lo
prendieron. II.C.-
Conclusión.
Una
cosa está clara entre todos estos sucesos de la pasión y muerte de Jesús:
nada de lo que él les enseñó a sus discípulos, nada de las
actividades que con ellos había realizado, ni siquiera sus numerosos
milagros, bastaron para convencerlos de la divinidad, del mesianismo y
de la salvación contenidos en su Maestro. A pesar de todo lo dicho y
hecho por Jesús sus discípulos lo abandonaron porque en los últimos
momentos de su vida dudaron de él. Esto
es muy importante para la Cristología, porque significa que la
verdadera confirmación de todas las pretensiones de Jesús está en su
resurrección. Sin el misterio de la resurrección la divinidad de Jesús
y su mesianismo seguirían siendo una realidad, pero sólo para Jesús
mismo, porque nadie más hubiera creído que era el Hijo de Dios, el Mesías
y el Salvador. La
resurrección viene a ser el acontecimiento pleno, definitivo y escatológico
que muestra el amor generosísimo del Padre para con el hombre. La vida
terrena de Jesús tiene también una gran importancia: era
verdaderamente tan imprescindible como se verá luego en el tema de la
Encarnación, ya que sin la experiencia personal de los discípulos que
convivieron con él nadie hubiera podido identificar a Jesús
resucitado, nadie hubiera podido ser testigo de este acontecimiento
fundamental de la Historia de la Salvación. LA
RESURRECCION DE JESUS
III.A.-
Introducción.
Unos
hombres, los once apóstoles, cuya existencia y actividad conocemos por
el Nuevo Testamento, atestiguan que han sido encontrados otro hombre,
Jesús, que ha vuelto de la muerte. Nuestros contemporáneos quisieran
juzgar con pruebas el valor de su testimonio, pero el testimonio que
versa sobre una experiencia única de fe no es en sí mismo verificable.
Para los hombres de la Biblia la verificación de los hechos no puede
descansar en Dios, que hace lo que quiere, sino sola-mente en el hombre,
que puede equivocarse. En
ninguna otra ocasión se ha acercado tanto Dios al hombre como en el
momento de la resurrección de Jesús, por eso mismo esa presencia suya
tan única y tan extremadamente fuerte desbarata cualquier lenguaje o
cualquier expresión humana que trate de englobarla; y así como Jesús
tuvo que aprender a expresar su divinidad en términos de su humanidad,
así también los Once tuvieron que expresar en términos convincentes
su experiencia de haber encontrado a Jesús, su Maestro, resucitado y
glorificado. Los
once apóstoles dudaron de la divinidad de Jesús en los últimos
momentos de su vida terrena porque no tenían ningún punto de
referencia o de comparación para creer en ella, solamente tenían la
palabra del hombre Jesús, que predicando y haciendo milagros los había
invitado a creer en él como el Hijo de Dios; luego vino su muerte y con
ella la desilusión total. Pero después el panorama cambió
radicalmente, porque los Once que anduvieron con él lo encontraron
vivo, resucitado, vencedor de la muerte; entonces sí creyeron en todo
lo que él les había enseñado. Esta
vivencia única de los apóstoles debieron trasmitirla primero a través
de la predicación oral y luego a través de sus escritos; es así como
encontramos en el Nuevo Testamento toda una serie de textos,
expresiones, y afirmaciones referentes a la resurrección de Jesús de
entre los muertos. El
Nuevo Testamento es hoy para nosotros expresión de lo que fue para los
once apóstoles el seguir a su Maestro por dos o tres años antes de su
muerte. Los once pudieron identificar a Jesús resucitado porque lo
conocían; de la misma manera para que nosotros podamos identificar la
presencia de Jesús resucitado en nuestras vidas necesitamos conocer la
experiencia de los once apóstoles expresada en el Nuevo Testamento.
Ahora bien, todo el material que habla sobre la resurrección de Jesús
en el Nuevo Testamento puede reducirse a tres categorías o géneros
literarios: apariciones, relatos de la tumba vacía y fórmulas de fe;
cada uno de estos géneros corresponde a diversas circunstancias y
contextos, de manera que para poder obtener una experiencia coherente de
la resurrección de Nuestro Señor necesitamos analizar cada uno de
estos tres géneros. Antes
de pasar al análisis de ellos, es útil ver en un cuadro sinóptico
todos los textos neotestamentarios clasificados según los tres géneros
mencionados. III.B.-
Cuadro sinóptico de los textos. III.B.1.-
Apariciones de Jesús resucitado.
a).-
Desde el punto de vista de Jesús: "Se
hizo ver" (Textos datados entre los años 33 y 70 d.C.) 1.-
I Cor 15,5 2.-
Mc 16,7 3.-
Mt 28,16-17 "Se
presentó" (Corporalización de Jesús. Textos datados entre
los años 70 y 100 d.C.) 1.-
Mc 16,9-20 2.-
Lc 24,13-35 3.-
Lc 24,36-49 4.-
Jn 20,19-23 5.-
Jn 20,24-39 6.-
Jn 21, 1-13 b).-
Desde el punto de vista de los testigos. Testigos
oficiales de la resurrección: Los once apóstoles. Testigos
no oficiales: a).- Pablo de Tarso. b).-
Todos los apóstoles, los 500 hermanos (I Cor 15,5-8), los dos discípulos
de Emaús (Lc 24,13-35), los dos discípulos (Mc 16,12). c).-
Las mujeres. III.B.2.-
Relatos de la tumba vacía. (Entre los años 60 y 100 d.C,)
1.-
Mc 16,1-8 2.-
Mt 28,1-20 3.-
Lc 24,1-10 4.-
Jn 20,1-18 III.B.3.-
Las fórmulas de fe. 1.-
I Cor 15,3ss. 2.-
I Tes 1,10; 4,14 3.-
Rom 10,5-8; 10,9 4.-
I Tim 3,16 5.-
Ef 4,7-10 6.-
I Pe 3,18-22; 4,6 El
testimonio más impactante desde el punto de vista psicológico, y el de
mayor valor histórico y teológico sobre la resurrección de Jesús, es
sin duda alguna el contenido en los relatos de las apariciones. Con el
objeto de poder estudiarlos mejor nos fijaremos primero en la forma en
que presentan esos relatos a Jesús resucitado, para luego ver a quienes
se les aparece y evaluar el testimonio de los diversos personajes que
presenciaron la resurrección. III.C.1.-
Las apariciones, vistas desde Jesús. Por
la forma en que se expresa la manera en que Jesús se presentó ante los
testigos de su resurrección, encontramos una evolución comprendida en
dos etapas bien identificables: Al principio, en los relatos escritos
entre el año 33 y el 70, los testigos describen su experiencia diciendo
que Jesús "se les hizo ver"; es hasta después del año 70,
cuando ya estaban escritos los evangelios de Marcos y Mateo, cuando se
comienza a corporalizar a Jesús resucitado. a).-
Se hizo ver.
1.-
En I Cor 15,3. San
Pablo, en su primer Carta a los Corintios, 15,3, escribe: "Os
trasmití, en primer lugar, lo que recibí: Que Cristo murió por
nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y resucitó
al tercer día, según las Escrituras, que se hizo ver de Cefas...".
La antigüedad de este texto está garantizada por la misma fecha de la
carta que se ubica entre los años 55 y 56, y sobre todo por la forma en
que Pablo hace la introducción "Os trasmito, en primer lugar,
lo que a mi vez recibí". Se trata del paso de una tradición
oral a escrita, donde trasmitir y recibir son términos técnicos
utilizados en el judaísmo para indicar la memorización y la comunicación
de un mensaje impor-tante como este que Pablo trasmite y que antes
recibió, el cual parece, por su origen, ser el texto más antiguo del
Nuevo Testamento, pues se le sitúa entre los años 40 y 42 d. C, apenas
unos siete después de la resurrección. Lo
más interesante de este texto es la forma en que Pablo describe la
aparición de Jesús diciendo que "se hizo ver"; en el
griego original es ophte, un aorismo pasivo del verbo arao,
que significa "ver". La utilización de esta expresión indica
que se trata de un hecho pasado, y la acción está expresada en forma
pasiva. Se hizo ver, algo que estaba oculto se hizo visible, pero
eso no depende del observador sino de Cristo resucitado; él es el
agente activo y de él depende que se le vea; esto significa que no
cualquier persona podía haberlo visto, sino solamente aquellas que él
quiso que le vieran. La
expresión "se hizo ver" desborda ampliamente el
aspecto sensible. Cuando Dios se hizo ver de Abraham y de Moisés, ellos
no lo percibieron de forma sensible porque nunca lo habían visto. Con
las apariciones de Cristo pasa lo mismo: la visión de aquellos que no
le conocieron no afecta sus sentidos, pero los discípulos que con él
convivieron sí lo sienten, sí lo ven y lo escuchan, y sí pueden hacer
sensible esa experiencia dándole forma y expresión. Pero repetimos: el
que Jesús se haga ver no depende de la voluntad de los discípulos, ya
que no se trata de un objeto físico que el que quiera puede ver, sino
que es el mismo Jesús quien produce un efecto tal en sus discípulos
que ellos se dan cuenta, sin lugar a dudas, que se trata de su Maestro
que ha dejado de estar muerto y ahora se nuestra nuevamente vivo ante
ellos. San Pablo, que encontró a Jesús en el camino a Damasco, no pudo
identificarlo porque no lo conocía; solamente sabía que estaba
presenciando la aparición de un ser extraordinario a quien preguntó ¿Quién
eres tú, Señor? Es
importante hacer notar que el hacerse ver de Jesús tiene por
objeto comunicar algo a quien lo ve, realizar alguna acción o enviar a
una misión, como veremos más adelante. 2.-
En Mc 16,6-7.
"No
os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha
resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde lo pusieron. Pero id a
decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a
Galilea; allí le veréis, como os dijo". Si
tomamos en cuenta que Mc 16,9-20 es un apéndice posterior a la redacción
original del evangelio de Marcos, hecho probablemente por la comunidad
primitiva con pasajes de los demás evangelios y del libro de Hechos de
los Apóstoles, como lo demostró V. Taylor en su obra "The Gospel
According to St. Mark" (Londres 1963, pag. 610-615), entonces lo único
que originalmente diría el evangelio de Marcos es: "allí le
veréis" (16,7). Esto no resulta extraño ya que el evangelio
de Marcos es el más antiguo y por eso, al igual que en las cartas de
Pablo, sólo se habla de Jesús resucitado con la expresión "se
hizo ver". En
Mc 14,27 dice Jesús a sus discípulos: "Todos os váis a
escandalizar, ya que está escrito: 'Heriré al pastor y se dispersarán
las ovejas. Pero después de mi resurrección, iré delante de vosotros
a Galilea". Esto lo dice Jesús cuando van de camino hacia el
Huerto de los Olivos, es decir, poco antes de ser hecho prisionero. Pensamos
que Marcos se refiere a una aparición de Jesús resucitado cuando dice
"allí le veréis"; de ser así, Marcos y Pablo cuando
hablan de las apariciones de Jesús solamente lo hacen en el sentido de
la expresión "se hizo ver", pues el "allí le veréis"
de Marcos es una acción que depende solamente de Jesús al hacerse ver
y reconocer, no depende de los que lo observan. 3.-
En Mateo 28,16-17. "Por
su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús
les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo
dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así..." Aquí,
como Marcos y Pablo, Mateo utiliza el verbo "ver" aplicado a
las apariciones de Jesús, sin embargo comienza ya a corporalizar al
resucitado pues lo presenta hablando con sus discípulos, cosa que no
sucedió con los otros, que escribiendo antes que Mateo solamente dicen
que Jesús se hizo ver. Más adelante veremos cuando y por qué se hizo
necesario "dar cuerpo" a Jesús resucitado en una forma más
clara en los evangelios de Lucas y Juan, que fueron los últimos en ser
escritos. La
mención de Galilea como el lugar donde los discípulos verían a Jesús,
tanto en Marcos 16,7 como en Mateo 28,16, se debe a una tradición que
menciona a Galilea como el lugar de donde debe partir la difusión del
Evangelio. 4.-
Conclusión. En
el encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos el acento recae en
las experiencias sensibles, como lo indica el significado del verbo
griego ophté que aparece en los textos decisivos: 4 veces en I
Cor 15,3ss; en Lc 24,34; y en He 9,17; 13,31; 16,9; 21,16. En los LXX
se utiliza este verbo para denominar la manifestación de Dios o de los
seres celestes, que normalmente son inaccesibles a los ojos humanos
porque no podrían soportarlos y porque a Dios no puede vérsele sino
cuando él mismo desea manifestarse. El verbo opthé dice, pues,
más que lo que significa una visión, ya que el punto de reconocimiento
no es del sujeto hacia el objeto, como en la visión común, sino del
objeto de la aparición al sujeto que ha de percibirla. Por
significar el verbo ophté la irrupción de lo oculto e invisible
en el ámbito de lo visible, resulta un término especialmente adecuado
para calificar el momento de la intervención de Jesús resucitado en la
historia humana. El uso de este verbo como el término más antiguo para
designar la última manifestación de Jesús, nos ayuda mucho a
comprender el significado que debe darse a la expresión "aparición",
pues como ya hemos dicho señala que el acto depende únicamente de Jesús
que sale al encuentro de quien él quiere, cuando él quiere, y como él
quiere, y no del testigo; pero debe quedar bien claro que el problema de
dar testimonio de su resurrección radica en poder reconocer en él al
mismo Jesús previamente conocido en su vida terrena. b).-
Se presentó..."
Encontramos
en el Nuevo Testamento una segunda etapa en lo que se refiere a la forma
en que se describen las apariciones de Jesús resucitado; en esta etapa
aparece alguna característica que indica que la figura aparecida
dispone de un cuerpo humano, la aparición se "corporaliza".
Recién ocurrida la resurrección de Jesús, esta segunda etapa no era
necesaria porque todavía vivían los testigos de su vida y sus hechos
(principalmente los once discípulos que podían identificar cualquier
manifestación de Jesús), pero con el tiempo unos fueron muriendo y
otros llegando a una edad avanzada, y las comunidades cristianas se iban
multiplicando mientras Jesús seguía actuando en la historia de la
Iglesia, haciéndose presente en ella como lo prometió cuando dijo
"Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo"
(Mt 28,19). La
pérdida de los testigos de la resurrección, por su muerte o su
avanzada edad, hizo que se fuera dificultando la identificación de Jesús
resucitado con Jesús crucificado, y es en ese momento cuando los discípulos
de los apóstoles comenzaron a convertir en expresión literaria lo que
para sus maestros había sido vivencia. Así, corporalizando la aparición
del resucitado, quedaba establecida para siempre la identidad entre el
Jesús que vivió, que fue hombre y murió crucificado, y el que se
apareció luego de haber resucitado. Sin esta corporalización que se da
en los evangelios de Lucas y de Juan habría existido el peligro de que
la identificación de Jesús no se hubiera hecho en la forma precisa;
entonces Jesús quedaría sin influir en la historia humana, porque
muertos los testigos de la resurrección la humanidad vendría a quedar
como si nunca hubiera resucitado. Jesús,
sin el testimonio de los apóstoles y la corporalización de sus
apariciones en los evangelios, ciertamente habría resucitado de entre
los muertos, pero ningún ser humano sobre la tierra podría haberlo
afirmado con certeza; por eso es que el papel de los once apóstoles es
fundamental para la vida de la Iglesia, porque son ellos los que nos
hablan de la resurrección, son ellos los que garantizan para todo el
futuro de la humanidad que el Hijo de Dios, Jesucristo, ha resucitado y
está presente en su Iglesia. 1.-
Marcos 16,14-15. "Por
último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les
echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído
a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo...". Este
apéndice al evangelio de Marcos contiene dos elementos de corporalización:
están los discípulos sentados a la mesa, y el resucitado les habla. El
primer elemento de corporalización, "estando a la mesa los once
discípulos", se encuentra también en Lucas 24,36 y en Juan
20,19. Juan nos da, además, un elemento interesante: "estando
cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se
encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos...";
dice el texto claramente que fue Jesús quien entró para encontrarse
con sus discípulos que estaban encerrados por miedo a que les hicieran
lo mismo que a su Maestro. Al igual que en los escritos de Marcos, Mateo
y Pablo, Jesús es quien se hace reconocer por sus discípulos; ellos
están inmovilizados por el miedo pero para Jesús resucitado no hay
obstáculos, no lo detienen las puertas cerradas; solamente él puede
hacer eso. El
segundo elemento de corporalización es hacer que la aparición de Jesús
hable a los discípulos, y este es un tema que ya habíamos visto al
estudiar a Mateo 28,16-17. El
habla es uno de los dones más espirituales que hay en el hombre, ya que
en el momento de hablar requerimos de una inteligencia humana capaz de
interpretar lo que nosotros decimos, por eso no es de extrañar que el
primer elemento de corporalización de Jesús resucitado sea
precisamente el habla. La
palabra es un elemento que tiene en toda la Sagrada Escritura una gran
importancia; ya desde el Génesis es la Palabra de Dios la que crea (Gn
1,3.6.9.11.14 etc.), y a todo lo largo de la Biblia encontraremos
ejemplos de la fuerza divina y humana contenida en la comunicación
oral. Así en el texto de Marcos que estamos comentando, lo que Jesús
resucitado dice a los discípulos, a con-tinuación, es la encomienda de
llevar su Evangelio a todas las gentes, pero este aspecto especial lo
veremos más adelante al estudiar a los Once como testigos oficiales del
triunfo de Jesús sobre la muerte. En
Marcos 16,12 dice el Evangelio lo siguiente: "Después de esto,
se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban camino a una
aldea". Aquí encontramos otro elemento de corpo-ralización,
"bajo otra figura", en el que no se precisa de qué se trata.
Es muy probable que Marcos se refiera a los dos discípulos de Emaús
mencionados en Lc 24,13ss porque también ellos se dirigían a una
aldea, y también ellos, como en la versión de Marcos, se volvieron
para comunicar la noticia a los demás. Trataremos sobre estos dos discípulos
más adelante, al estudiar a los testigos no oficiales de la resurrección
de Jesús, aquí solamente nos interesa el elemento de corporalización
que es citado escuetamente como "bajo otra figura". 2.-
Lucas 24,13-35. "Aquel
mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba
sesenta estadios (como dos kilómetros y medio)
de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado.
Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús
se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que
no le reconocieran. El les dijo: '¿De qué discutís entre vosotros
mientras vais andando?' Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de
ellos llamado Cleofás le respondió: '¿eres tú el único residente en
Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?' El
les dijo: '¿Qué cosas?' Ellos le dijeron: 'Lo de Jesús el Nazoreo,
que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de
todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le
condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería
él que iba a liberar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya
tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las
nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro,
y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una
aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también
algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres
habían dicho, pero a él no le vieron'. El les dijo: '¡Oh insensatos y
tardíos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No
era necesario que el Cristo padeciera esto y entrara así en su gloria?'
Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les
explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. Al acercarse
al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos
le forzaron diciéndole: 'Quédate con nosotros, porque atardece y ya el
día ha declinado'. Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que,
cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición,
lo partió y se los iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le
reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: '¿No
estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba
en el camino y nos explicaba las Escrituras?' Y, levantándose al
momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a
los que estaban con ellos, que decían: '¡Es verdad! ¡E Señor ha
resucitado y se ha aparecido a Simón!' Ellos, por su parte, contaron lo
que habían pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción
del pan". 2.a.-
El Resucitado. Esta
narración de la aparición de Jesús resucitado se apega a una tradición
que viene desde el Antiguo Testamento: se trata de un personaje divino
que toma forma humana para alternar con los hombres, y que desaparece en
el instante mismo en que su identidad se ha manifestado; así tenemos
que Yahweh se pareció a Abraham y se paseó con él adoptando la figura
humana (Gn 18,1ss); el ángel Rafael acompañó a Tobías sin ser
reconocido (Tob 5,4) y luego se volvió repentinamente invisible (Tob
12,21); es la misma situación que encontramos en Marcos 16,12 donde Jesús
se aparece con otro semblante, o en Juan 20,15 donde María Magdalena
confunde a Jesús con el hortelano. No
se trata de que Jesús se aparezca con distintos semblantes o con
diversos disfraces, sino que el problema es más bien de los testigos:
son sus ojos los que en un principio están imposibilitados para
reconocer a Jesús, y luego, cuando él así lo quiere, se abren y le
reconocen (Lc 24,16.31). Lucas "corporaliza" así a Jesús
resucitado no para que sea reconocido por los dos discípulos de Emaús,
sino para enseñar a los cristianos de su tiempo que el lugar del
encuentro con Jesús es en la Eucaristía. Vamos ahora a analizar este
relato en relación con la fracción del pan y más adelante
estudiaremos por qué surgió la necesidad de esta corporalización. 2.b.-
Lo reconocen al partir el pan. Si
comparamos la descripción de la Fracción del Pan que hace aquí Lucas,
con la narración de la Ultima Cena, nos daremos cuenta de la similitud
que existe entre ambas: Lc
24,30: Lc 22,19: "Y
sucedió que, cuando se puso a la mesa "Tomó el pan, y,
dadas las gracias, lo con ellos, tomó el pan, pronunció la bendi-
partió y se los dio diciendo...". ción, lo partió y se
los iba dando...".
La
manera de bendecir el pan, de partirlo y dárselo a los discípulos es
igual en uno y otro relatos. Parece ser que la intención de Lucas al
escribir este pasaje de la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús
fue el de mostrar que será en la Eucaristía donde los cristianos
encontrarán a Jesús resucitado; pero ese encuentro, por supuesto, no
será igual a la experiencia vivida por los once apóstoles. Ahora, si
comparamos el episodio de Emaús con los Hechos de los Apóstoles,
cuando Felipe el evangelizador de Samaria bautiza al eunuco,
encontraremos bastante concordancia en la forma: Lc
24,13-33: He 8,26-39: Lucas,
que escribió tanto su evangelio como el libro de los Hechos, estructura
con un mismo esquema las dos narraciones. En ellas tanto Jesús
resucitado como Felipe interpretan el texto del Antiguo Testamento en
función de Cristo; los peregrinos y el eunuco, por su parte, expresan
una demanda semejante: la aclaración de los hechos, y la Eucaristía y
el Bautismo constituyen el punto culminante de estos relatos. En ambos
episodios Lucas muestra cual debe ser el comportamiento cristiano:
encontrar a Jesús resucitado en el Bautismo y en la Eucaristía. 3.-
Lucas 24,36-49. "Estaban
hablando de estas cosas cuando él se apareció en medio de ellos y les
dijo: '¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro
corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que
un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo'. Y
diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen
de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: '¿Tenéis
aquí algo de comer?' Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó
y comió delante de ellos". 3.a.-
"Un espíritu no tiene carne ni huesos". Lucas
se propone aquí mostrar que la aparición de Jesús no es una simple
ilusión, que Jesús no es un espíritu ni un fantasma, porque en ese
tiempo se creía en los espíritus (Cf Mc 6,49; Mt 14,29), pues según
la mentalidad hebrea los espíritus de los muertos podían reaparecer,
siendo reconocidos porque no tenían cuerpo (Cf I Sam 28,13-14; 2 Sam
5,1; Gn 29,14); es por eso que Lucas quiere defender el mensaje de la
resurrección de Jesús contra quien pudiera argumentar que los discípulos
habían visto simplemente a un fantasma. La
expresión "no tiene carne ni huesos" significa que la
visión es real; esta es una forma lite-raria de distinguir el mundo
corpóreo del incorpóreo. Sin embargo Lucas no tiene la intención de
afirmar que el Resucitado tiene cuerpo, pues en su mismo evangelio dice
"Los hijos de este mundo toman mujer o marido, pero los que
alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección
de los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya
morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la
Resurrección" (Lc 20,36). También san Pablo habla del
"cuerpo espiritual del resucitado" en I Cor 15,42ss. 3.b.-
"Mirad mis manos y mis pies". Esta
expresión, Mirad mis manos y mis pies, se encuentra en forma
semejante en el evangelio según san Juan, 20,20: "Les mostró
las manos y el costado...", y es una expresión típica para
demostrar la identidad de Jesús crucificado con Jesús resucitado;
indica que el mismo hombre que fue crucificado, que tiene las señales
de la cruz, las huellas de los clavos en las manos y en los pies, y la
huella de la lanza en el costado, es el mismo que ahora está vivo y se
les aparece resucitado. La
corporalización o materialización de Jesús resucitado es propia de
los evangelios de Lucas y Juan, ambos escritos después del año 70, y
su intención es mostrar que la aparición presenciada no es la de un
fantasma ni la de un impostor, sino que se trata precisamente del mismo
Jesús de Nazaret que conserva las huellas de su pasión y muerte. 3.c.-
"Lo tomó y comió delante de ellos". En
la Sagrada Escritura el acto de comer tiene el significado de comienzo
de una nueva vida: Elías comió pan antes de emprender el camino hacia
el monte Horeb (I Re 19,1-8); Ester dispuso una fiesta cuando comprobó
que su pueblo había escapado del aniquilamiento; Job comió cuando supo
que su prueba había terminado (Job 42,11); el propio evangelio de Lucas
15,23 nos habla del banquete que el padre da a su hijo pródigo cuando
regresa arrepentido; por eso el hecho de que Jesús coma delante de sus
discípulos significa que ya no está muerto, que ha resucitado, que ha
iniciado una nueva existencia. La
resurrección marca el inicio de una nueva era para el hombre, porque al
haber resucitado Jesús surge la esperanza de que la existencia humana
no terminará con la muerte. 4.-
Juan 20,19-23. "Al
atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por
miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos,
se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: 'La paz sea con
vosotros'. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos
de alegraron al ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: 'La paz con
vosotros...". 4.a.-
"...el primero de la semana". La
aparición a los once apóstoles "al atardecer de aquel día, el
primero de la semana" y a Tomás ocho días después, no pueden ser
tomadas como indicaciones cronológicas estrictas sino como evocaciones
litúrgicas; se trata de la tradicional celebración de la Eucaristía
que en la Iglesia primitiva se efectuaba al atardecer de nuestro día sábado,
que para los judíos era ya domingo, coincidiendo con el oficio divino
que se celebraba en las sinagogas. 4.b.-
"estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas...". Si
Jesús se presenta entre los apóstoles estando las puertas cerradas, no
es para mostrar su capacidad de pasar a través de ellas, sino porque el
evangelista quiere hacernos ver que es Jesús resucitado quien sale al
encuentro de los discípulos. Ellos echaron los cerrojos a las puertas
por miedo a los judíos, pero Jesús se aparece libremente ante ellos
cuando quiere, sin que esos obstáculos puedan detenerlo. 4.c.-
"La paz con vosotros". Esta
frase aparece también en Lc 24,36. Al saludar a sus discípulos con
estas palabras Jesús no trata de darles el saludo acostumbrado entre
los judíos ni de expresarles un deseo, sino de otorgarles el don que
les había prometido en Jn 14,27.28, en su discurso de despedida: "Os
dejo mi paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se
turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: Me
voy al Padre y volveré a vosotros..." 4.d.-
"Les mostró las manos y el costado". Aquí
no muestra Jesús sus manos y sus pies como en el evangelio de Lucas,
sino sus manos y su costado, pero la intención del pasaje es la misma
en ambos evangelios: la de mostrar la identidad de Jesús crucificado y
resucitado. Esta razón de la identificación de Jesús explica el gozo
con que los discípulos aceptan la invitación de ver sus manos y su
costado, de otra manera sería ilógico que pudieran alegrarse de ver
las huellas del sufrimiento de su maestro. 5.-
Juan 20,24-29. "Tomás,
uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba entre ellos cuando vino
Jesús. Los otros discípulos le decían: 'Hemos visto al Señor'. Pero
el les contestó: 'Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no
meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su
costado, no creeré'. Ocho días después estaban otra vez los discípulos
dentro y Tomás con ellos. Se presenta Jesús en medio estando las
puertas cerradas, y dijo: 'La paz con vosotros'. Luego dice a Tomás:
'Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi
costado, y no sea incrédulo sino creyente'. Tomás le contestó: Señor
mío y Dios mío'. Dícele Jesús: 'Porque has visto has creído.
Dichosos los que no han visto y han creído". 5.a.-
Tomás. Tomás
no aceptó la palabra de los otros discípulos que habían visto a Jesús
resucitado; su obstinación en la incredulidad nos recuerda el relato de
la resurrección de Lázaro, en Jn 11,14-16, cuando, refiriéndose a la
muerte de su amigo, Jesús dijo a los apóstoles: "Me alegro por
vosotros de no haber estado allí, para que tengáis fe"; pero
para Tomás la resurrección seguía siendo imposible, por eso no
creyó que Jesús hubiera resucitado hasta que lo comprobó, y es su
incredulidad precisa-mente el tema que el evangelista toma para
dramatizar la realidad de la resurrección del Señor. 5.b.-
Dramatización de la duda. Al
exigir que se le deje examinar el cuerpo de Jesús, con dedos y manos,
Tomás pide más de lo que se dio a los otros discípulos, a los que Jesús
solamente mostró sus heridas. Los discípulos y Tomás asumieron dos
actitudes distintas ante la aparición de Jesús: Ellos, cuando lo
vieron, se sintieron movidos a reconocerlo, Tomás, en cambio, se sintió
llevado a la duda y quiso comprobar el milagro. El empeño de Tomás por
tocar el cuerpo de Jesús es una actitud realista que no deja ninguna
duda de que es la misma persona que fue crucificada la que allí se
mostró resucitada. 5.c.-
La fe de Tomás. Cuando
por fin Tomás disipa sus dudas expresa su fe con una fórmula muy
clara: "Señor mío y Dios mío"; la fuente de estos
dos títulos está en la misma Sagrada Escritura, en términos
utilizados en la traducción de los LXX: YAHWE
= KIRIOS = SEÑOR. ELOHIM = THEOS = DIOS. Lo
más cercano que encontramos en la Biblia a la confesión de fe de Tomás
es el Salmo 35,22.23, que dice: "...Señor, no estés lejos de mí;
despiértate, levántate a mi juicio, en defensa de mi causa, oh mi
Dios y Señor". Por tanto Tomás se dirige a Jesús con una
expresión tomada de la que el pueblo judío aplicó a Yahweh. 6.-
Juan 21,1-13. "Después
de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del
mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón
Pedro, Tomás, llamado Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de
Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dice: 'Voy a pescar'.
Le contestan ellos: 'También nosotros vamos contigo'. Fueron y subieron
a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció,
estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Díceles Jesús: 'Muchachos, ¿no tenéis pescado?' Le contestaron:
'No'. El les dijo: 'echad la red a la derecha de la barca y encontraréis'.
La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de
peces'. El discípulo a quien Jesús amaba díce entonces a Pedro: 'es
el Señor'. Cuando Simón Pedro oyó 'es el Señor', se puso el vestido,
pues estaba desnudo, y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron
en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de
tierra, sino unos doscientos codos. Nada más saltar a tierra, ven
preparadas unas brazas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús:
'Traed algunos de los peces que acabáis de pescar'. Subió Simón Pedro
y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y
tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice:
'Venid y comed'. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle:
¿Quién eres tú?, sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús,
toma el pan y se los da; y de igual modo el pez". 6.a.-
La pesca milagrosa. El
significado simbólico que se desarrolla en torno a la pesca milagrosa
en Jn 21,1-13 es el mismo que en Lc 5,10: la misión apostólica
figurada como "pesca de hombres"; este simbolismo de la misión
se lleva más lejos en el evangelio de Juan que en el de Lucas; ambos
coinciden en el gran número de los que habrían de ser ganados para la
misión apostólica, pero sólo Juan menciona los 153 peces, y el hecho
de que la red no se rompió a pesar del peso. La
cifra 153 simboliza la totalidad de los hombres a los cuales se dirige
la misión; según san Jerónimo, en su comentario a Ez 47,6-12, los
zoologos griegos habían encontrado 153 clases distintas de peces, por
eso es que este número indica la cantidad total. Que la red no llegue a
romperse significa que la comunidad cristiana no se rompe en cisma, a
pesar del gran número de las distintas razas que entran en ella, pues
el verbo que ha sido traducido como rompió es chizein está
relacionado con cisma o división, y a él se hace referencia en Jn
7,43; 9,16; 10,19. En este relato es Pedro quien dirige la operación de
sacar la red a tierra, de esta forma se confirma simbólicamente su
función de encabezar la misión apostólica. 6.b.
Simbolismo eucarístico de la comida. Cuando
Jesús ofrece el pan y el pescado a sus discípulos es cuando lo
reconocen. La des-cripción de esta comida, donde dice que Jesús tomó
el pan y se los repartió, y del mismo modo el pez, viene a ser un eco
del milagro de la multiplicación de los panes y los peces: "Tomó
entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió
entre los que estaban recostados y lo mismo los peces...". El
hecho de que ambas escenas, correspondientes a los capítulos 6 y
21, sean las únicas del cuarto evangelio que tienen lugar a orillas del
lago de Tiberíades, ayuda naturalmente al lector a establecer un nexo
entre ellas. En
todos los evangelios se han elaborado los relatos de las comidas
relacionadas con la multiplicación de los víveres conforme a un patrón
basado en la Ultima Cena, esto está hecho con intención de establecer
una conexión entre el milagro de la multiplicación y la Eucaristía;
podemos concluir de ello que la presencia de Jesús resucitado en la
Eucaristía es inagotable, pues del mismo modo como de unos cuantos
panes y peces pudieron comer miles de gentes, así de la Eucaristía se
pueden nutrir espiritualmente cuantos lo deseen. Por
otra parte, hay cierta semejanza entre la comida de Jn 21 y la descrita
en Lc 24,30.31 y 35 con motivo de la aparición de Jesús a los dos discípulos
de Emaús. La insistencia de Lucas en que los discípulos reconocieron a
Jesús al partir el pan, se entiende como una enseñanza eucarística
encaminada a instruir a la comunidad cristiana sobre la posibilidad de
un encuentro con Jesús resucitado en la fracción litúrgica del pan. c).-
Conclusión.
Al
terminar de analizar los diversos relatos de las apariciones de Jesús
resucitado, desde su punto de vista, surgen dos conclusiones: Por una
parte lo que implicó para la primitiva comunidad cristiana que Jesús
hubiera resucitado, y por otra la razón por la cual las apariciones
fueron corporalizadas. Veámoslas con detalle: c.1.-
Implicaciones de la resurrección de Jesús.
PASADO:
PRESENTE: FUTURO: Viendo
hacia el pasado, la resurrección de Jesús implica que en él se ha
cumplido lo que se había anunciado en el Antiguo Testamento, pues como
dice Lucas en el pasaje de la aparición a los peregrinos de Emaús,
"Y empezando por Moisés y continuando con todos los
profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras".
Por Moisés y los profetas entendían los judíos al Pentateuco, cuya
redacción se atribuyó a Moisés, y todo el resto del Antiguo
Testamento; pues bien, todo esto llega a su cumplimiento en Cristo Jesús
resucitado. También, en relación con el pasado, la resurrección
confirma a Jesús como el enviado del Padre y como el Hijo de Dios; al
respecto dice el evangelio de Juan, "Como mi Padre me envió,
también yo os envío". Viendo
hacia el futuro, la resurrección implica que el Hijo de Dios estará
siempre presente en la historia humana; una vez que ha resucitado y
vencido a la muerte ya no morirá más, así lo afirma san Pablo en I
Cor 15,26, y san Marcos concluye su evangelio diciendo "Y he aquí
que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". La
resurrección hace posible esta constante y permanente presencia de Jesús,
el Cristo, el Hijo de Dios, en la historia humana y en su Iglesia; la
resurrección implica también que se ha iniciado una nueva era en la
historia de la salvación, esto es lo que nos enseñan Lucas y Juan al
presentar a Jesús resucitado comiendo con sus discípulos. La
resurrección también implica que Jesús continuará estando presente
en la historia humana a través de la Eucaristía, que será para los
cristianos el lugar de encuentro con Jesús resucitado. c.2.-
Corporalización del Resucitado.
En
todos los relatos de apariciones de Jesús en los que se encuentran
elementos de corporalización aparecen también elementos de duda o de
incredulidad, en cambio en aquellos pasajes en que no hay elementos de
corporalización tampoco se menciona duda alguna por parte de los
testigos; esto nos ayudará a comprender por qué se comenzaron a
corporalizar las apariciones. CITA:
APARICION: DUDA: CORPORALIZACION: Apéndice
A María Magdalena: No le creyeron Se apareció con otra figura de
Marcos. A dos de ellos: No les creyeron (16,9-20)
A los Once: Les echó en cara Les dijo... su incredulidad y dureza de
corazón Mt
28,16-20 A los Once: Jesús se acercó a ellos y ellos sin embargo,
dudaron. Lc
24,13-35 A los dos de Emaús: Sus ojos estaban retenidos para que lo
reconocieran, Se les aparece en forma de un peregrino. Lc
24,36-43 A los Once: ¿Por qué se suscitan dudas en vuestro corazón?
Mirad mis manos y mis pies, tomó y comió delante de ellos. Jn
20,19-29 A los Once: Si no veo en sus manos la señal de los clavos,
Acerca aquí tu dedo y mira ...trae tu mano y métela en mi costado... Jn
21,1-13 A Pedro y otros ...Estaba Jesús en la orilla...Pero los discípulos:
no sabían que era Jesús les dice "venid y comed". He
16,12ss A Pablo: ¿Quién eres. Señor? una luz que me rodeaba a mí y a
mis compañeros...oí una voz que me decía en lengua hebrea: Saulo,
Saulo ¿por qué me persigues? Es
de esta forma como todos los relatos que de alguna manera incluyen la
corporalización hablan también de duda entre los testigos. Por otra
parte Marcos y Pablo, que no corporalizan las apariciones de Jesús
resucitado, tampoco mencionan dudas por parte de quienes las presencian.
Este detalle es significativo ya que tanto Marcos como Pablo escribieron
antes del año 70, en tanto que el apéndice de Marcos, Lucas, Juan y
Hechos fueron escritos después de ese año. La
explicación de este cambio consiste en que entre más tiempo pasaba más
envejecían los discípulos (incluso algunos ya habrían muerto), y con
ellos se perdía toda posibilidad de identificar a Jesús crucificado
con Jesús resucitado; por eso los autores se dieron a la tarea de
plasmar en letra escrita esta identidad para beneficio de las futuras
generaciones de cristianos. Corporalizando al Resucitado se hace
evidente esa identidad: el mismo ser que nació en Belén, que se crió
en Nazaret, que convivió con los discípulos, que fue crucificado y
conserva las señales de su crucifixión, es ahora el que está vivo y
se hace ver de los suyos. La
corporalización no tiene otra finalidad que la señalada, por eso es
que siempre que hay elementos de ella existen también elementos de duda
en los que en ocasiones surge la pregunta de quién será el aparecido.
El planteamiento de estas dudas es aprovechado por el autor para afirmar
la identidad de Jesús, pero esto no quiere decir que realmente Jesús
resucitado se haya presentado con su cuerpo físico, o que haya comido
con sus discípulos, sino que ellos no encontraron otra forma de
expresar en sus escritos que Jesús de Nazaret había vuelto a la vida. III.C.1.-
Las apariciones, desde el punto de vista de los testigos.
a).-
Testigos oficiales de la resurrección: los once apóstoles.
Según
vimos anteriormente, los únicos que podían identificar a Jesús
resucitado con Jesús muerto en la cruz eran los once apóstoles, y esto
debido a que habían convivido con él por varios años y le conocían
perfectamente. Esta calidad de los Once como testigos oficiales de la
resurrección se expresa en los textos del Nuevo testamento en varias
formas: 1o.-
La aparición de Jesús a los once apóstoles es la conclusión de los
cuatro evangelios, conforme a su redacción definitiva. 2o.-
Solamente a ellos se les
encomienda una misión en el momento mismo en que Jesús se les aparece:
"Id, pues, y haced discípulos en todas las gentes, bautizándolas
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt
28,19); "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda
la creación" (Mc 16,15); "y se predicará en su nombre
la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones"
(Lc 24,47); "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis
los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les
quedan retenidos" (Jn 20,22.23). 3o.-
Todos los demás testigos de la resurrección, los no oficiales, hacen
referencia a los Once: "Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos..."
(Mt 28,7); "Ella fue a comunicar la noticia a los que habían
vivido con él, que estaban tristes y llorosos..." (Mc 16,10);
"Regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los
Once y a todos los demás..." (Lc 24,9); "Fue María
Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había
dicho estas palabras..." (Jn 20,18); "Y levantándose
al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los
Once y a los que estaban con ellos" (Lc 24,33); "Se
apareció a Cefas y luego a los Doce" (I Cor 15,5). Jesús
resucitado sensiblemente hablando no tenía cuerpo, de allí el valor
que tiene el testimonio de los Once: son ellos los que le "dan
cuerpo" a la aparición de Jesús, son ellos los que, al darse
cuenta de que había vencido a la muerte, vuelven a recordar, y entonces
comprenden, todo lo enseñado por él. Con la resurrección de Cristo
ellos detectan la presencia máxima de Dios en la historia humana y la
traducen a categorías humanas, le dan forma, la hacen comprensible para
los hombres de su tiempo, y también para los hombres de todas las épocas
y de todas las latitudes. b).-
Los testigos no oficiales de la resurrección.
Como
dice Mateo al final de su evangelio, Jesús estará siempre presente en
la historia humana y en su Iglesia; esto indica que después de los Once
tuvo que haber otros testigos de la resurrección. La diferencia con
estos últimos es que aquellos hicieron la primera identificación de la
cual dependen todas las demás. Jesús se seguía haciendo presente,
pero todo aquel que lo descubría en su vida tenía que recurrir a
alguno de los Once para poder identificar como verdadera la presencia de
Cristo resucitado. b.1).-
Pablo de Tarso. La
situación de Pablo es muy singular, ya que al igual que los apóstoles
recibió la misión de predicar el Evangelio como fruto de su encuentro
con Jesús resucitado, pero a diferencia de ellos no tuvo la experiencia
de haber conocido a Jesús en su vida terrena, sin embargo en su carta a
los Gálatas da la impresión de no tener necesidad de recurrir a los
discípulos para instruirse en la fe cristiana: "Porque
os hago saber, hermanos, que en evangelio anunciado por mí no es de
orden humano, pues no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por
revelación de Jesucristo. Pues ya estáis enterados de mi conducta
anterior en el judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia
de Dios y la devastaba, y cómo sobrepasaba en el judaísmo a muchos de
mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las
tradiciones de mis padres. Mas, cuando Aquel que me separó desde el
seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a
su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir
consejo ni a la carne ni a la sangre, sin subir a Jerusalén donde los
apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví
a Damasco" (Gal 1,11-17). Habla
aquí Pablo de su misión entre los gentiles, pues para eso se le
apareció Jesús, para hacer que fuera a predicar el Evangelio entre los
paganos (Cf He 9,1-19; 22,6-21; 26,12-23). Dice también en esta carta
que el Evangelio lo recibió de Jesucristo sin mediación de hombre
alguno, y además dice que no fue a Jerusalén sino que de inmediato se
puso a predicar; pero la carta a los Gálatas fue escrita cerca del año
57, en cambio la fórmula de fe escrita por Pablo en I Cor 15,3ss,
"Porque os trasmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí...",
se puede fechar tres años antes, y en realidad es anterior a los
escritos de Pablo, posiblemente de los años 40 a 42, pero él la aceptó
y se incluyó entre los testigos de la resurrección ubicando antes de sí
a Pedro, que tiene un lugar primordial en la Iglesia, luego a los Doce,
probablemente contando entre ellos a Matías en lugar de Judas, a otros
quinientos hermanos, y a Santiago, el pariente de Jesús, que tuvo también
un lugar importante en la iglesia de Jerusalén. Si Pablo aceptó esta fórmula,
en la que se da clara importancia a los testigos oficiales, y que es
mucho más antigua que la carta a los Gálatas, entonces hay que pensar
que Pablo ha exagerado en lo escrito en ella. Es
cierto que Pablo es el apóstol de los gentiles y el gran difusor del
cristianismo, pero esto no significa que sea testigo oficial de la
resurrección. Se le apareció Jesús resucitado, como él mismo lo dice
en I Cor 9,1, "¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro?,
pero esto no le da la misma capacidad que tuvieron los discípulos
para identificarlo. Pablo
no parece ser tan independiente como se presenta en la carta a los Gálatas,
pues luego de su prodigiosa conversión tuvo que ir a Damasco a recibir
de Ananías la salud perdida de sus ojos y la imposición de manos que
habría de trasmitirle la presencia del Espíritu Santo, además de que
en la misma carta declara que tuvo que recurrir a los discípulos:
"Luego, de allí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a
Cefas y permanecí quince días en su compañía...", y en Gal
2,1-2 dice "subí nuevamente a Jerusalén con Bernabé, llevando
también a Tito. Subí movido por una revelación y les expuse el
evangelio que proclamo entre los gentiles .tomando aparte a los
notables. para saber si corría o había corrido en vano". Es
también muy significativo que Pablo haya tenido que recurrir a Pedro
para resolver la cuestión de la circuncisión de los paganos; He 15
describe lo que se ha dado en llamar el "Primer Concilio de la
Iglesia", originado porque Pablo fue a Jerusalén para discutir con
Pedro si la circuncisión debía exigirse o no a los cristianos
convertidos del paganismo: "Llegados a Jerusalén fueron
recibidos por la Iglesia y por los apóstoles y presbíteros, y contaron
cuanto Dios había hecho juntamente con ellos... Después de una larga
discusión, Pedro se levantó y les dijo..." (He 15,4.7). En
conclusión, podemos decir que Pablo ciertamente es testigo de la
resurrección del Señor, pero no como los discípulos que pudieron
identificarlo de inmediato, sino que Pablo tuvo que recurrir a Ananías,
a Pedro y a varios más de los apóstoles. b.2).-
Todos los apóstoles, los quinientos hermanos, los dos discípulos y los
peregrinos de Emaús. La
primera carta a los Corintios habla de que Jesús se hizo ver de todos
los apóstoles (15,6), habiendo mencionado antes a los Doce; esto
significa que Pablo toma la palabra apóstol con una acepción más
amplia, aplicándola también a los colaboradores en la predicación del
Evangelio, entre los que podemos citar a Bernabé, Andrónico, Junia,
Epafrodito, Tito, etc. Todos
los testigos de la resurrección que hemos mencionado (los apóstoles,
los quinientos hermanos, los dos discípulos y los dos de Emaús) lo
son, pero no con la misma calidad que los once apóstoles; a estos también
Jesús se les hizo ver, pero ellos no pudieron por sí mismos haberlo
identificado, sino que tuvieron que acudir a alguno de los Once para
estar seguros. Estos testigos no oficiales se colocan dentro del grupo
que recibe la promesa de Jesús de permanecer con ellos hasta el fin del
mundo; ya el Nuevo Testamento da testimonio de la presencia de Jesús
resucitado en todos aquellos que colaboran en la predicación del
Evangelio. El
Nuevo Testamento nos habla de que el Espíritu Santo fue enviado por Jesús
a sus discípulos, sin embargo no hace una distinción clara entre lo
que es la acción de Jesús resucitado y la acción propia del Espíritu
Santo; esta distinción la haría después la Iglesia a través de sus
primeros concilios ecuménicos, pero en adelante, y hasta el final de
los tiempos, Jesús resucitado seguirá haciéndose presente en la
historia de la humanidad, y para identificar su presencia será siempre
necesario acudir al testimonio de los once apóstoles. b.3).-
Las mujeres. La
situación de las mujeres con relación a la resurrección de Jesús
merece una mención aparte, porque la mujer en la antigüedad era
considerada como un ser humano de segunda categoría, y esta situación
social la descartaba como testigo de valor: las mujeres no podían
predicar la resurrección de Jesús simplemente porque no se les podía
creer nada de lo que dijeran. "y
se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete
demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con
él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había
sido visto por ella, no creyeron" (Mc 16,9-10). Aunque
las mujeres del grupo que seguía a Jesús lo habían conocido en vida
tan bien como sus apóstoles, la peculiar concepción antigua de la
mujer anulaba cualquier testimonio que pudieran proporcionar, por eso el
evangelio de Marcos señala el hecho de que a María Magdalena no le
creyeron. Pero si en la línea de la predicación la aparición de Jesús
a las mujeres no es tomada en cuenta por el Nuevo Testamento, en la línea
de "ser partícipes" de la salvación que está implicada en
la resurrección sí lo hace. Si consideramos como punto de comparación
la asunción de María a los cielos, que si bien es un dogma muy
reciente tiene bases bíblicas, veremos que a la Madre de Dios no
solamente se le apareció Jesús resucitado, sino que además la redimió
en cuerpo y alma. María
Magdalena participa también de la resurrección, ya que es mencionada
como testigo de ella por los cuatro evangelios, sobre ello nos dice el
de Juan: "Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Y
mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de
blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la
cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: 'Mujer, ¿por qué lloras?'
Ella les respondió: 'Porque se han llevado a mi Señor, y no se donde
le han puesto'. Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no
sabía que era Jesús. Le dice Jesús: 'Mujer, ¿por qué lloras? ¿a
quién buscas?'. Ella, pensando que era el encargado del huerto,
le dice: 'Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y
yo me lo llevaré'. Jesús le dice: 'María'. Ella se vuelve y le dice
en hebreo: 'Rabbuní' -que quiere decir: 'Maestro'- Dícele Jesús: 'No
me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis
hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro
Dios" (20,11-17). Es
muy interesante la forma en que Juan presenta a Jesús en este pasaje,
sin haber subido todavía al Padre; es claro que ya ha resucitado, pues
María Magdalena se encuentra con él junto al sepulcro y la tumba está
vacía, pero en los otros escritos del Nuevo Testamento se habla de que
Jesús ya había sido glorificado y se encontraba a la derecha del Padre
(He 3,26; Fil 2,6-11; I Tim 3,16). Pareciera como si Juan le hubiera
hecho un lugar a María Magdalena en su evangelio, colocándola en un
sitio muy especial al hacer una notable distinción en cuanto a su
testimonio: a los once apóstoles se les aparece después de haber sido
glorificado por el Padre, a María Magdalena se le aparece antes. III.D.-
LOS RELATOS DE LA TUMBA VACIA III.D.1.-
Situación a la que responden.
Es
de extrañar que san Pablo no mencione en sus cartas el descubrimiento
del sepulcro vacío a causa de la resurrección de Jesús, sobre todo
por la importancia que los cuatro evangelios dan a este tema; la única
explicación que puede darse es que los relatos evangélicos hayan
nacido después de que Pablo escribió sus cartas, y que este pasaje
haya sido redactado en respuesta a una tradición surgida del judaísmo,
que intentaba desvirtuar la resurrección afirmando que los discípulos
robaron el cadáver de Jesús para poder fingir que había resucitado,
así lo dice el evangelio de Mateo: "Mientas
ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los
sumos sacerdotes todo lo que había pasado. Estos, reunidos con los
ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los
soldados, advirtiéndoles: 'Decid: Sus discípulos vinieron de noche y
le robaron mientras nosotros dormíamos. Y si la cosa llega a oídos del
Procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones'.
Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones
recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de
hoy" (28,11-15). III.D.2.-
Los relatos y su contenido.
Los
relatos de la tumba vacía se encuentran en Mateo 28,1-20; Marcos
16,1-8; Lucas 34,1-10 y Juan 20,1-18, su contenido es muy sencillo: el
domingo algunas de las mujeres fueron al sepulcro y encontraron movida
la piedra que tapaba la entrada, luego se les apareció un ser celeste
que les dijo que Jesús no se encontraba ya en el sepulcro. Comenzaremos
por ver el contenido del mensaje que da origen a la figura celeste, y
luego analizaremos los demás detalles proporcionados en estos relatos
de la tumba vacía. a).-
El mensaje del ser celeste.
El
mensaje del ángel es prácticamente el mismo en los cuatro evangelios,
y es muy semejante a los discursos de predicación de la Iglesia
primitiva que se encuentran consignados en los Hechos de los Apóstoles: Hechos
4,10: Marcos 16,6: Mateo 28,5.6: Lucas 24,5.6: Ha
sido por el nombre ¡No os asustéis! Bus- ¡No temáis! Se que ¿Por qué
buscáis al que esta vivo entre los muertos? Hechos
4,10: Marcos 16,6: Mateo 28,5.6: Lucas 24,5.6: y
a quien Dios resucito, resucitó, resucitó,
resucitó, de entre los muertos. Se
presenta éste aquí no está aquí. no está aquí. sano
delante de vosotros. ved
el lugar donde recordad cómo os habló. le
pusieron. yacía. En
las frases de los evangelios que se citan la resurrección es anunciada
por un mensajero celeste, un ángel, en términos muy parecidos a los
del kerigma (= predicación) de la Iglesia primitiva tal
como se leen en He 4,10. La afirmación de que Jesús resucitó se
relaciona aquí con la muerte confirmada por el sepulcro donde su cuerpo
fue depositado; dicho de otro modo, la resurrección es vista como
victoria sobre la muerte, y su símbolo es la piedra removida. En los
tres evangelios sinópticos la ausencia del cadáver se convierte cada
vez más en un testimonio tangible de la resurrección de Jesús. b).-
El descubrimiento de la tumba vacía.
En
las narraciones del descubrimiento de la tumba vacía se encuentra un
esquema apocalíptico de cuatro puntos muy bien definidos: 1.-
Una figura celeste de apariencia humana se hace presente con luz (Dn
8,15; Ez 1,26-28). 2.-
La persona vidente se llena
de terror (Dn 8,12; Ez 2,1). 3.-
La figura celeste con
apariencia humana toca al vidente (Dn 8,10; Ez 2,1). 4.-
La figura celeste comunica su mensaje (Dn 8,19; Ez 2,2). La
finalidad de este esquema es crear una introducción para resaltar al
mensaje, de manera que el lector se de cuenta de que es muy importante,
que viene de parte de Dios a través de una figura celeste. También
podemos encontrar este esquema de cuatro puntos semejantes comparando el
Apocalipsis con los relatos de la tumba vacía en los evangelios: Apocalipsis:
Esquema apocalíptico: Relatos de la tumba vacía: 1o.-
1,13-16: "Vi como un
Hijo de hombre Figura celeste con apariencia humana ...
y su rostro, como el sol (Mc
16,5; Lc 24,4). Figura angélica cuando
brilla con toda su fuerza
apariencia humana (Mt 28, 1;
Jn 20,12). 2o.-
1,17: "Cuando lo ví,
caí a sus pies Los guardias tiemblan y se quedan como
muerto..." como muertos
(Mt 28,4). Las mujeres se quedan atónitas (Mc 16,5; Lc
24,5). Apocalipsis:
Esquema apocalíptico: Relatos de la tumba vacía: 3o.-
1,17: "El puso su
mano derecha sobre mi.. Acercamiento del ángel con figura humana (Jn
20,17). La figura celeste les habla (Mc 16,6; Mt 28,5; Lc24,5). 4o.-
1,17-19: El mensaje del
Hijo del Hombre El
mensaje de la figura celeste con apariencia humana. El
mensaje tiene carácter divino, de allí que provenga de la figura
celeste. c).-
La fecha.
Todos
los relatos fijan este acontecimiento en el primer día de la semana,
que hoy es el domingo. Mateo 28,1 y Lucas 16,2 precisan que ocurre en la
madrugada. d).-
Las mujeres en el sepulcro.
Varían,
según el autor, tanto el número como el nombre de las mujeres que
acudieron al sepulcro la mañana del domingo de resurrección: son tres
mujeres en Marcos, dos en Mateo, tres y las demás en Lucas, solamente
una según Juan. Los evangelistas no se preocuparon por armonizar estos
datos, lo que nos hace pensar que no tuvieron otra intención al
mencionar a las mujeres que la de enlazar el relato del sepulcro vacío
con los discípulos, que estaban escondidos y por tanto no podían haber
sido ellos los que descubrieran que Jesús ya no estaba en su tumba; las
mujeres en cambio si podían, porque no siendo muy creible su testimonio
corrían poco peligro de ser apresadas por los judíos para evitar que
hablaran, por eso ellas solamente se encargaron de avisar a los apóstoles,
y luego fueron ellos los que verificaron la información y pudieron dar
fe de que Jesús había resucitado. e).-
La intención de ir al sepulcro.
Los
evangelios citan dos motivos por los cuales las mujeres fueron al
sepulcro aquella mañana: según Marcos y Lucas para ungir el cadáver;
según Mateo y Juan para lamentar la muerte de Jesús. La primera de
estas dos intenciones es difícil considerarla históricamente
aceptable, ya que todo hace suponer que el cadáver de Jesús había
sido embalsamado antes de sepultarlo con apego a la tradición, como lo
dice el evangelio de Juan. Parece que el motivo real es el que presentan
Mateo y Juan: la simple intención de estar cerca del ser querido. f).-
La piedra removida.
Los
cuatro relatos dan mucha importancia al hecho de que la piedra que
tapaba la entrada al sepulcro había sido apartada, pero en realidad
este dato solamente confirma de una manera más plástica que la muerte
de Jesús fue real, que Jesús fue verdaderamente sepultado, y que su
cuerpo verdaderamente resucitó y no quedó oculto dentro de la tumba. g).-
Valor histórico de los relatos de la tumba vacía.
Varios
son los elementos que nos llevan a pensar en una elaboración tardía de
estos relatos: en primer lugar el hecho de que san Pablo no mencione
nada al respecto; luego está el mensaje del ángel, que según hemos
visto es muy semejante a lo que se predicaba en la Iglesia primitiva;
también tenemos que el descubrimiento de la tumba vacía se explica según
un esquema apoca-líptico, y finalmente encontramos discordancia en las
versiones evangélicas respecto al nombre y al número de las mujeres. Es
muy probable que estos relatos fueran elaborados tardíamente para
responder a la problemática planteada por los judíos, en el sentido de
que el cadáver había sido robado por los propios discípulos para
aparentar que había resucitado, tal como nos lo hace saber Mateo en
28,11-15; esta tradición negativa nacería desde el momento mismo de la
resurrección, pero sólo después de varios años comenzaría a hacer
mella entre los cristianos. Por otra parte, también es lógico pensar
que los evangelistas elaboraron estos relatos partiendo de datos históricos,
como el que señala el día de la semana en que las mujeres fueron al
sepulcro; es además muy natural que las personas que acompañaron a Jesús
en el momento de su muerte fueran a visitar el sepulcro una vez pasado
el sábado. Los
apóstoles no habrían sentido la necesidad de poner por escrito el
relato de la tumba vacía porque fueron testigos presénciales de la
resurrección de Jesús, y su experiencia es mucho más importante y
convincente que la de encontrar vacía la tumba. El sepulcro vacío es
un testimonio físico de la resurrección, pero solamente de una manera
indirecta; lo primero es haber sentido la presencia de Jesús vivo
mediante sus apariciones. III.E.-
Las fórmulas de fe.
Durante
los cuarenta años que separan la muerte de Jesús de la redacción de
los primeros evangelios la Iglesia naciente vio circular entre sus
fieles numerosas tradiciones, sobre todo fórmulas en las que se
expresaba su fe común. La elaboración de estas fórmulas nació de las
necesidades vitales de la comunidad, sea para condensar lo esencial de
la fe cristiana, sea para instruir a los neófitos, sea para asegurar la
autenticidad de la fe contra las herejías y en los tiempos de
persecuciones, o para mantener en la liturgia la unanimidad de los
participantes, etc. Estas fórmulas se centraron rápidamente en el
acontecimiento principal de la existencia de Jesús de Nazaret: su
resurrección de entre los muertos. III.E.1.-
I Cor 15,3-5.
"Porque
os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió
por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que
resucitó al tercer día, según las Escrituras; que fue sepultado y que
resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a
Cefas...". La
antigüedad de esta cita bíblica está garantizada por la fecha en que
se escribió la Carta, entre los años 55 y 56 d.C., por la alusión que
contiene de la visita anterior hecha por el apóstol a Corinto, hacia en
año 51, y por el modo como Pablo introduce estas palabras: al decir que
él mismo las ha recibido deben ser anteriores a la época de su
conversión, se deben haber originada entre el año 40 y el 42 de
nuestra era. La fórmula de Pablo contiene dos afirmaciones paralelas:
una sobre la muerte de Jesús y otra sobre su resurrección. a).-
Sobre la muerte de Cristo. Cristo
conoció perfectamente el fin de su vida, con el que compartió la
suerte normal de los mortales; pero apenas se supo que había muerto
cuando su muerte cobró sentido teológico: no murió a causa de sus
pecados sino para borrar los nuestros; la resurrección hizo que su
muerte fuera una acción redentora que no solamente alcanza a Jesús de
Nazaret, sino también a todos los hombres que han sido liberados por él
(Cf He 2,36; 4,11-22). Como
ya hemos visto, el carácter redentor de Jesús estaba profetizado desde
tiempo atrás en los cánticos del Siervo de Yahweh de Isaías 53,4-12. b).-
La resurrección de Jesús. En
la Primer Carta a los Coríntios se utiliza el verbo griego egeiren
(= despertar) para designar la acción de la resurrección de Jesús,
dando a entender que Jesús fue despertado de la muerte. Por su parte,
verbo que expresa la muerte está en el tiempo aoristo (apethanen=
murió) y el que expresa la resurrección en tiempo perfecto (egergetai
= ha resucitado y sigue resucitado). El tiempo perfecto del verbo
significa que el interés no se dirige hacia una acción pasada, sino
sobre el efecto que ésta tiene en el tiempo presente: Cristo murió (en
aoristo, que indica sólo una acción que se da en el pasado) y ha
resucitado (en tiempo perfecto, que indica que sigue estando
resucitado). El contraste verbal es intencionado, tanto mas que Pablo
utiliza el mismo tiempo perfecto en otras seis ocasiones dentro de la
misma carta. Pablo
nos dice que Jesús resucitó al tercer día según las Escrituras. En
esta expresión hace uso de una forma habitual de presentar un
acontecimiento decisivo que es inminente, por ejemplo Abraham vio al
tercer día el lugar en donde debía sacrificar a su hijo (Gn 22,4);
significa este detalle la intención de destacar que la resurrección de
Jesús es un acontecimiento de capital importancia. Lo mismo hay que
decir de "según las Escrituras", expresión que hace
referencia al Salmo 16,10 sin que podamos considerarla simplemente como
una cita; la resurrección de Jesús da cumplimiento a una larga espera
del pueblo de Israel, por eso es que la frase de Pablo debe referirse a
toda la Escritura, a todo el Antiguo Testamento, y no solamente a una
profecía III.E.2.-
Otras fórmulas de fe: I Tes 1,10; 4,14; Rom 10,9.
Se
encuentran en las obras de Pablo otras fórmulas de fe más cortas que
la que ya hemos visto, pero que conservan la doble afirmación de la
muerte y resurrección de Jesús: "y esperar así a su Hijo Jesús
que ha de venir de los cielos, a quien resucitó de entre los muertos..."
(I Tes 1,10). "Porque si creemos que Jesús murió y resucitó..."
(I Tes 4,14). "Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es Señor
y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los
muertos, serás salvo" (Rom 10,9). Desde
los orígenes de la Iglesia, y en forma unánime, los cristianos
expresan su fe mediante la fórmula "Dios resucitó a Jesús de
entre los muertos", en ella afirman que la resurrección tuvo
lugar en el pasado y ocurrió a un hombre bien determinado;
especialmente quieren proclamar con ella que Jesús resucitó y está
vivo para siempre. De
entre dos maneras de hablar de la resurrección, con el lenguaje judío
forjado para los últimos tiempos, "Dios hace que se levanten los
muertos" y "Dios hace que vivan los muertos", los
cristianos han escogido la primera para comunicar su experiencia que
es única, completamente nueva. Aplicando a un momento preciso del
tiempo una frase que es válida para los últimos días de la humanidad
los primeros cristianos pasaron de lo escatológico a lo histórico,
porque un hecho anunciado para el fin de los tiempos ocurrió en el
curso de la historia humana. BIBLIOGRAFIA
Bornkamm
G., "Jesús de Nazaret",
en especial las páginas 23 a 54 del capítulo 'Tiempo y ambiente';
también las páginas 174 a 192 del capítulo 'El viaje de Jesús a
Jerusalén'. Turín, 1968. AA.
VV., "Textos de la época
del exilio: El Siervo de Dios". Tomo I, páginas 167 a 190. H.
Urs von Balthasar, "Camino
de la cruz". Tomo II, páginas 195 a 233. s/a “La vida de Cristo, www.edoctusdigital.netfirms.com/newpage80.htm Flores,
José “El Hijo Eterno” Edit. Clie, Barcelona, 1983
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