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La Doctrina de la Expiación Monografía presentado por: Juan Calla J. SEMTADEA,
La Paz – Bolivia, 2005 I.
Introducción y La
Expiación en el A.T. II.
El Origen Del
Sacrificio.
III.
La Naturaleza Del
Sacrificio.
IV.
El Propósito De Estos
Sacrificios:
V.
La Realidad O Verdad De
La Expiación.
VI.
La Necesidad De La
Expiación.
VII.
La Muerte De Cristo
VIII.
Propiciación.
IX.
La
Redención
I.
INTRODUCCIÓN Y LA
EXPIACIÓN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO El
término “Expiación” significa “Cubrir sobre”, es así cuando
eran cubiertos sus pecados en el A.T. La palabra “Expiación”
significa en Griego “KAPHAR” que también traducido
en la Biblia es perdonar(Sal. 65:3 Lv. 16.6 Is. 28.18) ¿Por
qué es preciso ocupar tiempo y espacio en la descripción de los
sacrificios del Antiguo Testamento?. Por
la sencilla razón por el sacrificio y muerte de nuestro Señor
Jesucristo. Muchas teorías modernas se han ofrecido para explicar esa
muerte, pero cualquier explicación que excluye el elemento expiatorio
de Jesús, es anti - bíblica, puesto que nada es más señalado en el
Nuevo Testamento que el empleo de términos expiatorios para dar a
conocer la muerte de Cristo. Es
describible como “Cordero de Dios”, es decir que su sangre limpia
del pecado y compra la redención, el enseñar que murió por nuestros
pecados, todo esto equivale a decir, que la muerte de Jesús era un
sacrificio verdadero por el pecado. Puesto
que la muerte de Jesús es descripta con vocablos relacionados
con los sacrificios del Antiguo Testamento, el conocimiento de los términos
empleados para los sacrificios facilita considerablemente su
interpretación. Los
sacrificios (además de proporcionar un ritual de adoración para los
israelitas) eran señales proféticas (tipos o símbolos) que señalaban
al sacrificio perfecto; en consecuencia, un entendimiento claro de las
señales conducirá a un mejor conocimiento del Sacrificado. No
solamente fueron estos sacrificios profecías relativas a Cristo, sino
que sirvieron también para
preparar al pueblo de Dios para una dispensación o era de mayor
importancia, que comenzaría con la Venida de Cristo. Nosotros,
sin embargo, que vivimos miles de años después de estos
acontecimientos, y que no hemos sido educados en el ritual mosaico,
necesitamos estudiar la cartilla, por así decirlo, por la cual Israel
aprendió a deletrear el gran mensaje: Redención por medio del
sacrificio expiatorio. De esta manera se justifica esta sección
respecto del origen, historia, naturaleza y eficacia del sacrificio de
Antiguo Testamento. II.
EL ORIGEN DEL
SACRIFICIO. Ordenado
en el cielo La
expiación no fue un expediente tardío o pensamiento de último momento
de parte de Dios. La caída del hombre no tomó a Dios por sorpresa, no
necesitó pasos rápidos para remediarla. Antes de la creación del
mundo, aquél que sabe el fin desde el comienzo hizo provisión o tomó
medidas para la redención del hombre. De
la misma manera que una máquina es concebida en la mente del inventor
antes de ser construida, así también la expiación residía en la
mente y en los propósitos de Dios antes de su verdadera realización.
Se describe a Jesús como el “Cordero, el cual fue muerto desde el
principio del mundo”. Apocalipsis 13:8. El Cordero Pascual era
“predestinado” varios siglos antes de ser muerto (Éxodo
12:3,6): de igual manera Cristo, el Cordero sin mancha ni
contaminación había sido “ya ordenando de antes de la fundación del
mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor a
vosotros.” 1 Pedro 1:19,20. Adquirió para el hombre vida eterna, que
Dios prometió “antes de los tiempos de los siglos”. Tito 1:2. El
que hubiera un grupo de personas santificadas por este sacrificio fue
decretado “antes de la fundación del mundo”. Efesios 1:4. Pedro les
comunicó a los judíos que aunque por su ignorancia habían crucificado
a Cristo con manos malvadas, no obstante habían cumplido el plan eterno
de Dios, puesto que había sido “entregado por determinado consejo y
providencia de Dios.” Hechos 2:23. Es
evidente así que el cristianismo no es una nueva religión, que comenzó
hace diez y nueve siglos, sino la manifestación histórica de un propósito
eterno. Instituido
en la tierra Puesto
que centenares de años transcurrirían antes de la consumación del
sacrificio, ¿qué debía el hombre pecador hacer mientras tanto? Desde
el comienzo Dios ordenó una institución que prefigurara el Sacrificio,
y asimismo se convirtió e un medio de la gracia para el arrepentimiento
y creyente. Nos referimos a los sacrificios de animales, una de las más
antiguas de las instituciones humanas. La
primera mención de un animal sacrificado ocurre en el tercer capítulo
del Génesis. Nuestros primeros padres,
después de haber pecado, tuvieron conciencia de su desnudez física,
la cual era indicio exterior de la desnudez de conciencia. Fueron en
vano sus esfuerzos de cubrirse exteriormente con hojas, y por dentro con
excusas. Luego leemos que le Señor Dios tomó las pieles de animales y
los cubrió. Mientras que el registro nos dice en palabras que se
trataba de un sacrificio, sin embargo al reflexionar con respecto al
significado espiritual del acto, uno no puede impedir llegar a la
conclusión de que tenemos aquí una revelación de Jehová el Redentor,
tomando disposiciones para la redención del hombre. Vemos
a una criatura inocente que muere con el objeto de que la culpabilidad
sea cubierta. Ese es el objeto principal del sacrificio, una cubierta
divinamente proporcionada para la conciencia culpable. El primer libro
de la Biblia presenta una criatura inocente que muere por el culpable, y
el último libro de la Biblia habla del Cordero inmaculado muerto con el
objeto de liberar al culpable de sus pecados. Apocalipsis 5:6-10. III.
LA NATURALEZA DEL
SACRIFICIO. Esta
institución original del sacrificio explica con toda probabilidad por
qué la adoración por medio de los sacrificios ha sido practicada en
todas las edades y tierras. Aunque desnaturalizado en lo que respecta al
patrón original, los sacrificios paganos se basan en dos ideas
fundamentales: adoración y expiación. 1.
El hombre reconoce que está bajo el poder de una Deidad, que tiene
ciertos derechos sobre él. Como reconocimiento de estos derechos, y
como señal de rendición personal, ofrece un don o sacrificio. 2.
Con frecuencia, sin embargo, al tener conciencia de que el pecado ha
perturbado la relación, reconoce instintivamente que el mismo Dios que
lo hizo tiene el derecho de destruirlo, a menos que se haga algo para
preparar la relación rota. El que el sacrificio de la víctima y el
derrame de su sangre impediría o conjuraría la ira divina y aseguraría
el favor divino era una de las creencias más firmes y antiguas. ¿Pero
cómo aprendieron todo esto? El apóstol Pablo nos dice que hubo una época
cuando conocían a Dios. Romanos 1:21. De la misma manera que el hombre
caído lleva las marcas o distintivos de su origen divino, así también
los sacrificios paganos lleva las marcas o distintivos de su origen
divino, así también los sacrificios paganos llevan marcas o características
de una revelación original divina. Después
de la confusión de lenguas, (Génesis 11:1-9) los descendientes de Noé
se esparcieron por todas partes, llevando consigo el conocimiento
verdadero de Dios, pues no había aún registro alguno de idolatría. Lo
que ocurrió con le paso de los años se describe brevemente en Romanos
1:19-32. Las naciones se apartaron de la adoración pura a Dios, y
pronto perdieron de vista la Divinidad. Esta separación dio como
resultado la ceguera espiritual. En
vez de ver a Dios en los cuerpos celestes, comenzaron a dorar a
esos cuerpos de calidad de deidades; en vez de ver al Creador en los árboles
y animales, comenzaron a adorarlos como si fueran dioses, en vez de
reconocer que el hombre fue hecho a la imagen de Dios, comenzaron a
hacer un dios a la imagen del hombre. De manera entonces que la ceguera
espiritual conduce a la idolatría. La idolatría no era asunto
meramente intelectual. La adoración de la naturaleza, que forma la base
de la mayor parte de las religiones paganas, llevó a hombre a deificar
o divinizar sus propias concupiscencias, y el resultado de ello fue la
corrupción moral. Y
sin embargo, a pesar de esta perversión, la adoración efectuada por el
hombre ostentaba débiles marcas que indicaba que había existido una época
cuando sabía lo que debía hacer, o cómo comportarse. En las
religiones de Egipto, la India y China, hay reminiscencias de la
creencia en un Dios verdadero, el Espíritu Eterno que hizo todas las
cosas. Cuando
la oscuridad espiritual se cernió sobre
las naciones, de la misma manera que la corrupción moral había asolado
el mundo ante- diluviano, Dios comenzó de nuevo con Abraham, de la
misma manera que lo había hecho anteriormente con Noé. El plan de Dios
consistía en hacer de Abraham el progenitor de una nación que
devolviera al mundo el conocimiento de la gloria de Dios. En el monte
Sinaí, Israel fue separada de las demás naciones, a fin de ser
constituida en nación santa. Con el objeto de dirigirlos en una vida de
santidad, Dios les dio a los israelitas un código de leyes que
gobernaban su vida moral, nacional y religiosa. Entre ellas figuraban
las leyes del sacrificio (Levítico, capítulos 1-7)las cuales enseñaban
a la nación la manera justa mediante la cual uno debe allegarse a Dios
y adorarle. Las naciones observaban una adoración pervertida. Dios
restauró a Israel la adoración pura. Los
sacrificios mosaicos fueron medios por los cuales los israelitas cumplían
con su obligación principal hacia el Hacedor, es decir, la adoración.
Se ofrecían esos
sacrificios con el objeto de alcanzar la comunión con Dios, y remover
todos los obstáculos de esa comunión. Por ejemplo, si un israelita
pecaba y perturbaba de esa manera las relaciones entre él y Dios, tría
una ofrenda de pecado o expiación, el sacrificio de la expiación. O,
si había hecho algún mal a su vecino, traía la ofrenda por la culpa,
el sacrificio de la restitución, levítico 6:1-7. Ahora que el hombre,
había arreglado sus cuentas con Dios y con el hombre había arreglado
sus cuentas con Dios y con el hombre, y deseaba consagrarse de nuevo,
ofrecía un holocausto, el sacrificio de adoración. Levítico 1. Estaba
así preparado para gozar de una feliz comunión con Dios, que le había
perdonado y aceptado, de manera que presentaba una ofrenda de paces, el
sacrificio de comunión. Levítico 3. IV.
EL PROPÓSITO DE ESTOS
SACRIFICIOS El
propósito de estos sacrificios de sangre se cumple en Cristo, el
sacrificio perfecto. Su muerte es descripta como la muerte por el
pecado. 2Corintios 5:21. Dios hizo del alma de su Hijo “expiación por
el pecado,” (Isaías 53:10); canceló la deuda que nosotros no habríamos
podido cancelar, y borró el pasado que nosotros no podríamos haber
borrado. El Señor es nuestro holocausto, puesto que su muerte es
presentada como acto de perfecta consagración. Hebreos 9:14; Efesios
5:2. El Señor es nuestra ofrenda de paces, puesto que él mismo
describió su muerte como medio de compartir o sea darnos comunión con
la vida divina Juan 6:53-56; Levítico 7:15,20. ¿Hasta
qué punto eran eficaces los sacrificios del Antiguo Testamento? ¿Qué
beneficios aseguraban para el oferente? Estas preguntas son de vital
importancia, pues comparando y contrastando los sacrificios levíticos
con el sacrificio de Cristo, estaremos capacitados para comprender mejor
la eficacia y perfección de este último sacrificio. La
materia es tratada en la carta a los Hebreos. El escritor se dirige a un
grupo de cristianos hebreos quienes, desalentados por la persecución,
están tentados a retornar al judaísmo y a los sacrificios del templo.
Las realidades en las que creen son invisibles, mientras que el templo
con su suntuoso ritual parece tan tangible y real. Con el objeto de
apartarlos de la idea de seguir tal conducta, el escritor hace una
comparación entre los pactos Nuevo y Viejo, demostrando que el Nuevo
Pacto es mejor que el Antiguo, puesto
que el Antiguo es imperfecto y transitorio, mientras que el Nuevo es
perfecto y eterno. El retornar al templo con su sacerdocio y sacrificios
sería dejar la sustancia por la sombra, la perfección por la
imperfección. El argumento es el siguiente: el Antiguo Pacto era bueno
para su época, y para los fines para los que fuera designado, pero el
Nuevo Pacto es mejor. Cada
día ministrando y ofrecido muchas veces los mismos sacrificios, que
nunca pueden quitar los pecados. Pero éste, habiendo ofrecido por los
pecados un solo sacrificio para siempre, está sentado a la diestra de
Dios”. Hebreos 10:11,12. Un
asunto más queda por considerarse. Es cierto que la gente fue
verdaderamente justificada antes de la obra expiatoria de Cristo.
Abraham fue justificado por la fe (Romanos 4-3) y entró en el reino de
Dios (Mateo 8:11; Lucas 16:22); Moisés fue glorificado (Lucas 9:30,
31); y Enoc y Elías fueron trasladados. Había sin duda un elevado número
de piadosos israelitas que alcanzaron la estatura espiritual de estas
personas dignas. Admitiendo que los sacrificios animales eran
inadecuados, y que el sacrificio de Cristo fue el único sacrificio
perfecto, ¿sobre qué bases fueron justificados estos santos del
Antiguo Testamento? Fueron
salvados en anticipación del futuro sacrificio, de la misma manera que
la gente en la actualidad es salvada en consideración al sacrificio
realizado ya. La prueba de la verdad se halla en Hebreos 9:15 (compare
así mismo Romanos 3:25) que enseña que la muerte de Cristo fue en
cierto sentido retroactiva y retrospectiva, en otras palabras, tenía
eficacia en relación con el pasado. En
Hebreos 9.15 se nos sugiere la siguiente línea de pensamiento: al
Antiguo Pacto era impotente de proporcionar una redención perfecta.
Cristo clausuró este Pacto y inició el Nuevo Pacto con una muerte que
realizó la “remisión de las rebeliones que había bajo del primer
testamento”. En otras palabras, cuando Dios justificó creyentes del
Antiguo Testamento, lo hizo en anticipación de la obra de Cristo, “a
crédito”, por así decirlo. Cristo pagó todo el precio en la cruz, y
canceló la deuda. Cristo pagó todo el precio en la cruz, y canceló la
deuda. Dios les dio a los creyentes del Antiguo Testamento una posición
que el Antiguo Pacto no podía comprar, y lo hizo así en vista del
futuro pacto que podía efectuar todo esto. Si
uno pregunta si los creyentes del Antiguo Testamento durante su vida
gozaron de los mismos beneficios que los que vieron y viven en la época
del Nuevo Testamento, la respuesta debe ser negativa. No había el don
permanente del Espíritu Santo (Juan 7:39) que siguiera a su
arrepentimiento y fe; no disfrutaban de un cono cimiento amplio respecto
de la inmortalidad, sacado a luz por Cristo (2 Timoteo 1:10), y en
general se vieron limitados por las imperfecciones de la era o
dispensación en la que vivían. Cuando más, sólo podían preguntar
las cosas venideras. V.
LA REALIDAD O VERDAD DE
LA EXPIACIÓN EN EL N.T. La
expiación que fue preordinada o predeterminada en la eternidad y simbólicamente
prefigurada en el ritual del Antiguo Testamento, fue históricamente
realizada en la crucifixión de Jesús, cuando el propósito redentor de
Dios fue consumado. “¡Consumado el!” Los escritos del evangelio
describen los sufrimientos y muerte de Cristo con una minuciosidad que
no tiene paralelos en la narrativa de otros acontecimientos de la vida
de Cristo, y al referirse al cumplimiento de las profecías indican su
sentido de la importancia del acontecimiento. Algunos
escritores de la escuela liberal mantienen que la muerte de Cristo fue
un accidente y una tragedia. Comenzó con esperanzas brillantes de éxito,
dicen, pero se vio enredado
en una red de circunstancias que condujeron a la destrucción que no había
previsto, y a la cual no podía escapar. Más ¿qué nos dicen los
evangelios con respecto al asunto? De acuerdo a su testimonio, el Señor
Jesús sabía desde el principio que el sufrimiento y la muerte eran
parte de su destino divinamente designado. En su declaración de que
convenía o era menester que le Hijo del Hombre sufriera, ese vocablo
“convenía” indicó vocación divina y no suerte imprevista e
inevitable. A
su bautismo escuchó las palabras siguientes: “Este
es mi hijo amado, en el cual tengo contentamiento.” Estas
palabras fueron tomadas de dos profecías, la primera de las cuales
declaraba la deidad del Mesías y su dignidad de Hijo (Salmo 2:7)
mientras que la segunda describe el ministerio del Mesías en calidad de
Siervo del Señor (Isaías 42:1). Ahora bien, el Siervo mencionado en
Isaías 42:1 es el Siervo Sufriente de Isaías 53. Se llega a la
conclusión de que aún en su bautismo, el Señor Jesucristo estaba
consciente de que el sufrimiento y la muerte eran parte de su llamado.
Su rechazo de las ofertas de Satanás en el desierto indica que había
llegado a la trágica encrucijada de su labor, puesto que escogió la
senda difícil del rechazo, antes que la fácil de la popularidad. La
realidad misma de que el Santo se reuniera con el resto de la
gente (Lucas 3:21) y
sometiera a bautismo, era un acto de identificación con la humanidad
pecante, a fin de sobrellevar la carga de sus pecados. El siervo del Señor,
de acuerdo con el capítulo 53 de Isaías debía ser nombrado o contado
entre los transgresores. El bautismo de Jesús debía de considerarse
como el gran acto de comunión amorosa con nuestra miseria, puesto que
en esa hora se identificó a sí mismo
con los pecadores, y de esta manera, en cierto sentido, comenzó
su obra de la expiación. Muchas
veces durante el curso de su ministerio el Señor se refirió en forma
velada y desfigurada a al forma de su muerte futura (Mateo 17:10-12;
Mateo 17:22,23; Marcos 9:12,13; Marcos 9:12,13; 14:18:21); mas un Cesárea
de Filipo, les manifestó con toda claridad a sus discípulos que debía
sufrir y morir. Desde ese momento en adelante trató de inculcar en sus
mentes el hecho de que debía sufrir, de manera que al ser advertidos de
antemano, su fe no naufragaría a raíz del golpe de la crucifixión.
Marcos 8:31; 9:31; 10:32. Les explicó asimismo el significado de su
muerte. No la debían de considerar como algo infortunado e imprevisto,
una tragedia a la cual debían resignarse, sino que debían considerarla
como una muerte con fines expiatorios. El Hijo del hombre había venido
para dar su vida en rescate por muchos. En
la última cena les dio instrucciones s sus discípulos referentes a la
futura conmemoración de su muerte, acto supremo de su ministerio. Ordenó
un rito que debía conmemorar la redención de la humanidad del pecado,
de la misma manera que la Pascua había conmemorado la redención de
Israel del territorio egipcio. Sus
discípulos, que estaban aún bajo la influencia de las ideas judías
con respecto al Mesías y su reino, no estaban capacitados para
comprender la necesidad de su muerte y con dificultad se podían
reconciliara con ese pensamiento. Empero después de la resurrección y
ascensión los discípulos extendieron, u desde ese momento afirmaron
que la muerte de Cristo era el medio divinamente señalado de expiación.
“Cristo murió por nuestros pecados,” constituía su testimonio
consecuente. VI.
LA NECESIDAD DE LA
EXPIACION La
necesidad que se sentía de la expiación se desprende
de dos hechos, a saber: la santidad de Dios y la pecaminosidad
del hombre. La reacción de la santidad de Dios contra la pecaminosidad
del hombre es conocida como su ira, que puede evitarse por la expiación.
De manera entonces que la clave de nuestra discusión será como sigue:
Santidad, pecaminosidad, ira y expiación. SANTIDAD.
Dios es santo en lo que a naturaleza respecta, lo cual significa que es
justo en carácter y conducta. Estos atributos de su carácter quedan
manifiestos en su trato con su creación. “El ama justicia y
juicio.” Salmo 33:5. “Justicia y juicio son el asiento de tu
trono.” Salmo 89:14. Dios
ha constituido al hombre y al mundo de acuerdo con leyes
definidas. Sus leyes forman el fundamento mismo de la personalidad del
hombre, al ser escritas en el corazón o naturaleza del hombre (Romanos
2:14,15) antes de ser escritas en tablas de piedra. Estas leyes atan al
hombre a su Creador en una relación personal, y forman la base de la
responsabilidad humana, y forman la base de la responsabilidad humana.
“Porque en él vivimos, u nos movemos y somos”, (Hechos 17:28), se
dijo de la humanidad e general. El pecado perturba la relación
expresada en este versículo, y finalmente el pecador no arrepentido es
arrojado eternamente lejos de la presencia de Dios. Se trata ésta
muerte segunda. En muchas ocasiones, esta relación
fue reafirmada, ampliada e interpretada según un acuerdo conocido con
el nombre de pacto. Por ejemplo, en el monte Sinaí Dios reafirmó la
condición en virtud de la cual él podía tener comunión con el hombre
(la ley moral) y luego promulgó una serie de reglamentos por medio de
los cuales Israel podía observar estas condiciones en la esfera de la
vida nacional y religiosa. El
guardar el pacto equivalente mantener la relación justa con Dios, o
estar en la gracia, puesto que el Justo solamente puede mantener comunión
con los justos. “¿Andarán dos
juntos, si no estuvieren de concierto?” Amós 3:3. y el mantener
comunión con Dios significa vida. Desde le comienzo al fin, las
Escrituras declaran esta verdad, de que la vida y la obediencia marchan
juntas. Génesis 2:17; Apocalipsis 22:14. PECAMINOSIDAD.
Esta relación está empañada por el pecado, que es
una perturbación de la relación personal entre Dios y el
Hombre. Es violencia hecha en la constitución, por así decirlo, bajo
la cual Dios y el hombre viven, de la misma manera que la infidelidad
viola el pacto según el cual viven marido y mujer. Jeremías 3:20.
“Mas vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro
Dios.” Isaías 59:2. El
dar cumplida satisfacción por el quebrantamiento de la ley y reparar
las relaciones interrumpidas entre Dios y el hombre constituye la función
de la expiación. IRA.
El pecado es esencialmente un ataque contra el honor y la santidad de
Dios. Es rebelión contra Dios, pues al pecar voluntariamente, el hombre
escoge su propia voluntad en vez de la de Dios, u por el momento, se
convierte en ley para sí mismo,. Mas si Dios
permitiera que su honor fuera atacado, luego dejaría de ser Dios
permitiera que su honor fuera atacado, luego dejaría de ser Dios. Su
honor demanda satisfacción
de la ley violada. Su santidad reacciona contra le pecado. Esta reacción
se describe como ira. Empero
esta reacción divina no es automática. No siempre reacciona instantáneamente
como lo haría el fuego en la mano que lo toca. La ira de Dios está
gobernada por consideraciones personales. No se apresura a destruir la
obra de sus manos. Le ruega al hombre, espera, a fin de ser
misericordioso. Demora el castigo con la esperanza de que su bondad
conducirá al hombre al arrepentimiento. Romanos 2:4; 2 de Pedro 3:9.
Empero el hombre interpreta erróneamente las demoras divinas, y se
burla de la idea de castigo. “Porque no se ejecuta luego sentencia
sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en
ellos lleno para hacer mal.” Eclesiastés 8:11. Empero aunque demora, la retribución
vendrá finalmente, puesto que en el mundo gobernado por leyes, debe
haber un día de rendición de cuentas. “No os engañéis: Dios no
puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también
segará”. Gálatas 6:7. Esta verdad fue demostrada en el Calvario,
donde Dios manifestó “su justicia, atento a haber pasado por alto, en
su paciencia, los pecados pasados.” Romanos 3:25. Un erudito en el
estudio de Sagradas Escrituras hace al siguiente traducción: “Esto
era para demostrar la justicia de Dios, en vista de que los pecados
cometidos previamente durante el tiempo de la paciencia de Dios habían
sido pasados por alto.” Otro hace una paráfrasis de las palabras de
la siguiente manera: “Difirió el castigo del pecado durante ese
periodo anterior, el periodo de su paciencia, teniendo en cuenta la
revelación de su justicia bajo esta dispensación o era, cuando él,
mientras seguía siendo un juez justo, puedan en realidad absolver al
pecador que fundamenta su alegato en la fe en Jesucristo.” En épocas
pasadas parece que Dios pasó por alto los pecados de las naciones. El
hombre continuó pecando, pero al parecer no cosechó el resultado de su
pecado. Y surgió entonces la pregunta siguiente: ¿Pasa Dios por alto
el pecado? Mas la crucifixión reveló la enormidad del pecado,
representando en forma vívida el terrible castigo que le corresponde.
La cruz de Cristo declara que Dios jamás fue indiferente al pecado del
hombre, no lo es ni lo será jamás. En
el Nuevo Testamento se nos enseña que la expiación es tanto posible
como necesaria. Es posible, porque Dios es misericordioso y también
justo; necesaria, porque Dios es justo a la vez que misericordioso. Los
dos errores a que nos hemos referido son exageraciones relativas a dos
verdaderas con respecto al carácter de Dios. La primera recalca
sobremanera su justicia, excluyendo la gracia; la segunda recalca hasta
el exceso su gracia, hasta excluir su justicia. La expiación hace
justicia a ambos aspectos de su cede tanto con justicia como con
misericordia. Al tratar con el pecado, necesita demostrar su gracia,
puesto que no desea la muerte del pecador; y sin embargo al perdonar el
pecado, necesita revelar su justicia, puesto que la estabilidad misma
del universo depende de la soberanía de Dios. En
la expiación, Dios hace justicia a su carácter en calidad de Dios
misericordioso. En virtud de su gracia, Dios p un plan para el perdón
del pecado. Al mismo tiempo, hace justicia
a su carácter de Dios justo. Dios no se haría justicia a sí
mismo si desplegara compasión hacia los pecadores en una forma que no
diera importancia al pecado, que no lo tomara en serio, que pasara por
alto sus realidades trágicas. La gente podía pensar que Dios era
diferente o indulgente hacia el pecado. En
el Calvario, la pena por el pecado fue pagada y honrada la ley divina.
Dios podía de esa manera ser misericordioso sin ser injusto, y justo
sin demostrar falta de misericordia o bondad. “Cristo
fue muero,” expresa la verdad histórica de la Crucifixión; “por
nuestro pecados,” interpreta el hecho. ¿En qué sentido murió el Señor
Jesucristo por nuestros pecados? ¿De qué manera se explica esta verdad
en el Nuevo Testamento? La respuesta se hallará en las siguientes
palabras claves que se aplican a la muerte de Cristo: Expiación,
Propiciación, Substitución, Redención, Reconciliación. Expiación.
El vocablo expiación significa literalmente “cubrir” en el idioma
hebreo, y se traduce en nuestras Biblias castellanas, entre otros, con
los siguientes significados: expiación, aplacamiento, reconciliación,
purificación y limpieza. El
vocablo expiación, en el original, incluye la acción de cubrir tanto
los pecados (Salmos 78:38; 79:9; Levítico 5:18) como el pecador. Levítico
4:20. El expiar por el pecado significa ocultarlo de la vista de Dios, a
fin de que pierda el poder de provocar su ira. Cuando
el sacerdote aplicaba la sangre sobre las altas, el israelita tenía la
confirmación de que la promesa que fuera hacha a sus antepasados, se
cumpliría para él. “Y veré la sangre, y pasaré de vosotros.”
Exodo 12:13. ¿Cuáles eran los efectos de la
expiación o cubierta?. El pecado era borrado o deshecho (Jeremías
18:23; Isaías 43:25; 44:22), quita, (Isaías 6:7), borrado, (Salmo
32.1), echado en la profundidad del mar, (Miqueas 7:19), echado tras las
espaldas de Dios (Isaías 38:17), perdonado, (Salmo 78:38). Todos estos
vocablos sugieren que el pecado es cubierto, de manera que quedan
anulados sus efectos. Indican asimismo que se lo
aparta de la vista, se lo invalida, se lo anula. Jehová no lo ve
ya, y no ejerce sobre él influencia alguna. VII.
LA MUERTE DE CRISTO Fue
una muerte expiatoria porque quitó o deshizo el pecado. Hebreos
9:26,28; 2:17; 10:12-14; 9:14. Fue una muerte inmoladora, o sea una
muerte con relación al pecado. ¿Qué relación existía? “El cual
mismo llevó nuestro pecados
en su cuerpo por el madero.” 1 Pedro 2:24. “Al que no conoció
pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos
justicia de Dios en él.” 2 Corintios
5:21. El expiar por el pecado significa cargar con él, quitarlo del
corazón del trasgresor, quién
queda entonces justificado de toda injusticia, limpio de contaminación
y santificado para pertenecer al pueblo de Dios. Muere para el pecado,
con el objeto de vivir para Cristo. VIII.
PROPICIACIÓN El
vocablo propiciación procede, según se cree, de la palabra latina
“prope” que significa cerca. De ahí que el vocablo signifique
reunir, crear un ambiente favorable para la reconciliación, lograr con
éxito la reconcialización. El sacrificio de la propiciación aproxima
al hombre a su Dios, lo reconcilia con él, expiando sus transgresiones
y ganando el favor y la gracia divinos. Dios, inspirado de misericordia,
acepta el don de la propiciación y restaura el pecador a su amor. Este
es también el sentido del vocablo griego empleado en el Nuevo
Testamento. Propiciar significa apaciguar la justa ira de un Dios santo,
mediante el ofrecimiento de un sacrificio expiatorio 3:25;
1 Juan 2:2; 4:10. El pecado mantiene al hombre a distancia de
Dios, empero Cristo ha tratado de tal manera con el pecado, a favor del
hombre, que su poder de separación ha sido anulado. Por lo tanto, el
hombre puede ahora acercarse a Dios en el hombre de Cristo. El acceso a
Dios, el más sublime de todos los privilegios, ha sido comprado a gran
precio, la sangre de Cristo. El Dr. Jaime Denney dice lo siguiente: Y
así como en el tabernáculo antiguo todo objeto sagrado empleado en la
adoración tenía que ser rociado con la sangre de la expiación, así
también todas las pares de al adoración cristiana, todos nuestros
acercamientos a Dios deben fundamentarse en la expiación. Uno debe
estar consciente de que esos acercamientos son un privilegio
inapreciable, y deben de emprenderse con
un sentido de la pasión de Cristo, y del amor con el cual nos amó
cuando sufrió por los pecados, una vez por todas, el justo por los
injustos, a fin de que pudiere acercarnos a Dios. El
vocablo “propiciación” de Romanos 3:25 es el mismo vocablo empleado
para traducir propiciatorio en el idioma griego. En el hebreo,
propiciatorio significa literalmente cubierta, y tanto en el griego como
en el hebreo, los vocablos sugieren la idea de un sacrificio expiatorio.
Se hace referencia al arca del pacto (Exodo 25:10-22) la cual estaba
compuesta de dos partes: primera, el arca, que representaba el trono del
justo Rey de Israel, y contenía las tablas de la Ley como expresión de
su voluntad justa; segunda, la cubierta o tapa, conocida como el
propiciatorio, adornado de figuras angélicas conocidas con el nombre de
querubines. Este objeto sagrado enseñaba dos cosas sobresalientes, a
saber: primero, las tablas de la ley indicaban que Dios era justo, que
no pasaría por alto el pecado, y que debía poner en vigor sus decretos
y castigar a los malvados. Pero ¿cómo podía una nación pecaminosa
vivir ante él? El propiciatorio, que cubría la ley, era el lugar donde
la sangre se rociaba una vez al año a fin de hacer expiación por los
pecados del pueblo. Era el lugar donde se cubría el pecado, y enseñaba
la lección de que Dios, quien es justo, puede consecuentemente perdonar
el pecado debido a un sacrificio expiatorio. Por medio de la sangre
expiatoria, aquél que era trono de juicio se convierte en trono de
gracia. El arca y el propiciatorio ilustran
el problema resuelto por la expiación. El problema y su solución son
enunciados en Romanos 3:25, 26, donde leemos que el Señor Jesucristo ha
sido “propuesto en propiciación (sacrificio expiatorio) por la fe en
su sangre (recibida por la fe) para manifestación de su justicia,
atento a hacer pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados
(para demostrar que las demoras aparentes en lo que respecta a castigo
no significan que Dios pasa por alto el pecado); con la mira de
manifestar su justicia en este tiempo (su manera de hacer justos a los
pecadores): para qué el sea el justo (inflija el castigo por el
pecado), y el que justifica (remueva o destruya el castigo debido al
pecado) al que es de la fe de Jesús.” ¿De qué manera puede Dios al
mismo tiempo infligir realmente y cancelar en verdad el castigo por el
pecado? En la persona de su Hijo, Dios mismo tomó la pena, dejando asó
el camino expedito par el perdón de culpable. Su ley fue reverenciada,
respetada, y el pecador fue salvado. Se expiaba el pecado, y se
propiciaba la ira divina. El nombre puede entender de qué manera
Dios puede ser justo en el castigo, y misericordioso en el perdón,
pero no puede comprender cómo puede ser Dios justo en el acto de
justificar al culpable. El Calvario resuelve el problema. Debe recalcarse el hecho de que la
propiciación era una verdadera transacción, pues hay algunos que
afirman que la expiación era simplemente una demostración del amor de
Dios y de Cristo, destinado a inspirar al pecador al arrepentimiento. Es
ése en realidad uno de los efectos de la expiación (1Juan 3:16), pero
no la expiación toda. Por ejemplo, podríamos arrojarnos al río y
morir ahogados en la presencia de un pobre hombre a quien queremos
convencer de nuestro afecto hacia él, pero ese acto de sacrificio no le
pagaría el alquiler ni la cuenta del almacenero. La obra expiatoria de
Cristo fue una verdadera transacción que quitó el obstáculo que se
interponía entre nosotros y Dios, y pagó o canceló la deuda que
nosotros jamás podríamos haber satisfecho quien ordena los sacrificios
expiatorios; es Dios el Padre que envía a su Hijo y lo da en calidad de
sacrificio para la humanidad. Dios
mismo es el autor de la redención del hombre.
Aunque su majestad ha sido ofendida por el pecado del hombre, y
naturalmente su santidad debe reaccionar contra él, no obstante no está
deseoso que el pecador perezca (Ezequiel 33:11) sino que se arrepienta y
se salve.
Pablo no dice que Dios se reconcilió con el hombre, sino que
Dios hizo algo con el objeto de que fuera el hombre quien se
reconciliara con Dios. Este
acto de reconciliación es una labor consumada, terminada; es una obra
que se ha realizado en favor del hombre, de manera que a la vista de
dios el mundo entero se ha reconciliado ya. Le
corresponde ahora al evangelista proclamarlo, y al individuo recibirlo.
La muerte de Cristo ha hecho posible la reconciliación de la
humanidad con Dios; a cada individuo le corresponde ahora hacerla una
realidad en su vida. Esta
es la esencia del mensaje del evangelio: la muerte de Cristo era una
obra consumada de reconciliación, lograda independientemente de
nosotros, a un costo infinito, y a la cual obra el hombre es llamado
mediante el ministerio de la reconciliación. ¿Qué
hace para el hombre la obra expiatoria de Cristo? ¿Qué produce en su
experiencia? Perdona
la trasgresión
Por
medio de su obra expiatoria, Jesucristo pagó la deuda que nosotros no
podíamos pagar, y aseguró la remisión de pecados pasados.
El pasado pecaminoso no pende más como peso muerto sobre el
creyente, puesto que sus pecados y han sido borrados,
levados, cancelados. Juan
1:29; Efesios 1:7; Hebreos 9:22 – 28; Apocalipsis 1:5.
ha comenzado la vida de nuevo, confiado
de que los pecados del pasado no se le serán recordados el día
del juicio. Juan 5:24. Por
medio de la expiación el creyente no
está libre solamente de la culpabilidad de sus pecados pasados,
sino que también puede ser libre del poder del pecado.
La materia está considerada en Romanos, 6 al 8.
Pablo se anticipa una objeción que algunos de sus oponentes
deben de haber hecho con frecuencia, es decir, que si la gente se
salvaba creyendo simplemente en Jesús, pensarían con ligereza del
pecado, diciendo: “Perseveraremos en pecado para que la gracia
crezca” romanos 6:1. Pablo repudia aún el pensamiento y señala que
aquél que cree realmente en Cristo se ha separado decididamente, en
virtud de su fe, del pecado, una separación tan decisiva que se puede
describir de muerte. La fe
viva en el Salvador crucificado da como resultado la crucifixión de la
antigua naturaleza pecaminosa. El
hombre que cree con todo el
poder de su alma (y eso precisamente es lo que significa la verdadera
creencia) que Cristo murió por los pecados, tiene tal convicción de lo
terrible del pecado que lo repudia con todo su ser.
La cruz significa la muerte o ruina del pecado en su vida.
Empero el tentador acosa continuamente al hombre y la naturaleza
humana es frágil, de ahí que sea necesaria una vigilancia constante y
la crucifixión diaria de los impulsos pecaminosos.
Y la victoria es segura. “Porque
el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley,
sino bajo la gracia.”. (Isaías
53) leemos lo siguiente: “Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades, y sufrió nuestros dolores... Mas él herido fue por
nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra
paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados”.
Todas estas expresiones presentan al Siervo de Jehová llevando
el castigo que otros merecen, a fin de justificar a muchos, pues “él
llevará las iniquidades de ellos2. Cristo,
por ser el Hijo de Dios, podía ofrecer un sacrificio de valor infinito
y eterno. En virtud de haber
asumido la naturaleza humana, podía identificarse a sí mismo con la
humanidad y sufrir así su pena. Murió
en nuestro lugar, por nosotros. Cargó
sobre sus espaldas el castigo que nos
correspondía, a fin de que nosotros no lo sufriéramos.
Ello explica el grito de “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me
has desamparado?” Aquél
que era perfecto por naturaleza, que jamás había cometido pecado
alguno en su vida, se hizo pecador , (Ï
ocupó el lugar del pecador). Según
las palabras de Pablo, “al que no conoció pecado, hizo pecado por
nosotros”, (2 Corintios 5:21); según Pedro, “el cual mismo llevó
nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”. 1 Pedro 2:24. IX.
REDENCIÓN
El
vocablo “redimir”, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento,
significa comprar algo de nuevo, mediante el pago de un precio; liberar
de la esclavitud mediante el pago de un precio; comprar en el mercado y
sacar del mercado. El
Señor Jesucristo es un Redentor, y su obra expiatoria se
califica de redención. Mateo
20:28; Apocalipsis 5:9; 14:3, 4; Gálatas 3:13; 4:5; Tito 2:14; 1 Pedro
1:18. La
ilustración más interesante de la redención es la ley del Antiguo
Testamento relativa al pariente redentor.
Levítico 25:47 – 49. En
virtud de esta ley, un hombre que hubiera vendido su propiedad y a sí
mismo como esclavo, debido a alguna deuda contraída, podía recuperar
tanto su tierra como su libertad en cualquier momento con la condición
de que fuera redimido por un hombre que poseyera los siguientes
requisitos o condiciones: primero, que fuera pariente del interesado;
segundo, que estuviera dispuesto a redimirlo; tercero, debía poseer el
dinero necesario. El Señor
Jesucristo reunía todas estas condiciones: se hizo pariente nuestro al
tomar nuestra naturaleza; estaba dispuesto a darlo todo para redimirnos,
(2 Corintios 8:9) y por ser divino, estaba capacitado para pagar el
precio, su propia sangre. La
realidad de la redención nos recuerda que la salvaciones costosa, y por
lo tanto, no debe considerársela con superficialidad.
Cuando algunos creyentes corintios descuidaron su manera de vida,
Pablo les hizo la advertencia siguiente. “¿O ignoráis que... no sois
vuestros? Porque comprados sois por precio: glorificad pues a Dios en
vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”
1 Corintios 6:19, 20. El
Señor Jesucristo dijo en cierta oportunidad: “Porque
¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y
perdiere su alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma? Quiso
decir que el alma, o la verdadera vida del hombre, podía ser perdida o
arruinada, esta no podía
existir compensación. Bibliografía Extracción
del documento: Pearlman,
Myer. Teología Sistemática. Edit. Vida, Florida, 1989
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