| Distribución Gratuita |
FCM-UNA |
Octubre 2003 |
| Número 6 | ||
| Publicación digital | ||
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Para una chica El enamorado (3er curso, Medicina) |
El amor. El amor llegó a mí inesperadamente como un rayo que no
conoce su camino pero si su destino, la soledad no la acompañaba, era la
dueña de mi alma. El amor. Protegido por el sufrimiento se manifestaron
por las lágrimas de la tristeza, que secaron mi corazón al caer de mis
ojos, testigos embusteros de mi dolor, que me mostraron no solo el
esplendor de ella, sino el camino de la pena, el cual a pesar de seguir
al amor tiene destino incierto. Extraño amor, que a pesar de ser algo
tan bello, traiga tantas amarguras, como queriendo alejar a uno, por
fortuna, escondidas entre los secretos del amor se encuentran… La infiel
felicidad, que a veces anuncia su llegada, a mí… todas las veces que
ella me obsequio una mirada, liberando la locura, alentadora del amor.
La pasión, que clavó en mí, cuando me dijo ¡Hola!, como si ella fuera
una rosa y sus palabras las espinas… alimentos de mi corazón. Ella
inocente, pero única culpable de mis padecimientos, quiero llegar con
estas palabras, para que me conduzca a su corazón.Sentado en una banca con palabras que tenían que estar en mi cabeza descansando en mi mano... apareció ella… pero no fue la primera vez que la vi, esta vez no solo aprecié su ser con mis ojos, sino acompañado con el más frío estremecimiento de mi piel, oyendo en ese momento solo los sordos latidos de mi corazón que suplicaba una mirada de sus ojos… los ojos que se convertirían en mi alegría y en mi tristeza, como un tesoro temporal, como un fugaz amanecer que quisiera ver todo el día, escondiéndose de mi, como una triste noche que descarga su rabia sobre mi, fortaleciendo mis penas, ayudadas por mi timidez que no teme mostrar su presencia, condenándome a sufrir en silencio… deseando en vano una pequeña señal que reavive mi vida. Caminando en los pasillos con rumbo perdido al sentir su divina presencia, tragando no solo saliva sino la valentía que gane pensando en ella, encontré en ese momento el dulce instante de una felicidad que corría de mí, ella se aproximaba cada vez más, con sus tiernos labios que antecedían el origen de la más calida voz que podían oír mi frió ser, queriendo expresar en ellos lo que no podía hacerlo con palabras, sentí… cómo la felicidad ganó esta batalla, escapando de mí con la alianza de la tristeza que ocupó su lugar, al no percibir más su esencia, con la esperanza de un nuevo día, en mi optimismo que estaba perdida en la hipocresía. El encuentro. La existencia del destino, provocó encuentros con ella… sentado en algún lugar, parado en cualquier lugar, dirigiéndome a ningún lugar, pensando en otro lugar, como el sol que no detiene su marcha, se alejó de mí, quise verla con mis ojos, pero me alumbro con su belleza, solo pude sentir su presencia, solo me dejo sentir su calidez, quise acariciarla con mis manos pero solo logre ilusionarme. Escondiéndose inocentemente como lo hace el sol de la luna, ella esta siempre lejos de mí, enterrándose solamente en mi memoria y aunque la engañosa noche represente la inexistencia del sol, pretendiendo ocultarlo con el tiempo, solo con saber que existe, solo con saber que vive, solo con saber que respira… ella ilumina mi inexistente vida, sin la cual sería solo un cuerpo opaco en el medio del cielo, como si pudiera haber Luna si no existiera el Sol. La pena. Como un ladrón libre, robe para mis recuerdos los pequeños detalles que la hacen especial ante mis ojos, ocultándome como peregrino entre la multitud, que vive inadvertida, perdiéndose cada segundo de la extraordinaria belleza que seduce suavemente mi voluntad, guardando sin permiso: La encantadora sonrisa que crearon sus
labios… |