(Capitulo 4)
FRUSTRACIÓN
Ya no estaban en el mismo lugar que antes, era una especie de
desierto y la brisa traía consigo cantidades de polvo.
- “¿Que paso…? recuerdo que…” - Serena se levantaba al mismo tiempo que
las demás.
…Noooooo!!....
Luego la vista se nubla….
- “No entiendo… fue como si de pronto estuviera inconsciente… ¿Qué nos
pasó?” - Serena se frotaba la cabeza intentando razonar. Nadie le respondió,
solo se limitaron a negar con la cabeza - “Lo peor de todo es que… no se el destino en el que fue a parar esa
desconocida… me siento tan frustrada… mi relación… mi vida de Sailor Moon… todo
ha fracasado… ¿que puedo hacer?... no pude salvarla… es mi primera derrota…
creo que esto es solo el principio de una racha de mala suerte…”
- “Serena, lo mejor es hacer una
letetransportación todas juntas y así volver” – Propuso Michiru.
- “En este punto la computadora no funciona,
ha perdido toda señal” – Comunicó Amy angustiada.
Así como Michiru lo propuso
las demás se transformaron y se tomaron de las manos para teletransportarse.
La tarde pasó muy rápido,
nadie conversaba mucho… al parecer todas se sentían de igual manera… frustradas
e impotentes. Así tal cual como pasó la tarde pasaron los días y algunas
semanas. Supongo que no es fácil llevar una vida como la que lleva en este
momento Serena… pero al menos tiene los que otros no: Amigas incondicionales…
Pero ese sentimiento de fracaso
siguió a Serena y a las demás por el resto de las horas ¿era la primera vez que
un enemigo les ganaba? De todos modos no volvieron a saber nada de ningún
ataque, a lo mejor solo tenían la misión de llevarse a esa joven.
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Tiempo presente
Siglo XXXIX
- “Espera, espera… ¿Que paso aquí? ¿Que pasó con mi oma…? Ohh ese
Darien… ¿Cómo pudo hacerle eso a mi oma?... si tan solo supiera quien es” -
Usagi ya se había internado en el libro y reconocía perfectamente a quien es
actualmente su abuela.
- “¡Usagi!” - Una voz femenina anunciaba su nombre, con insistencia.
- “¡Ya voy mamá!” - La joven se baja del árbol y se adentra en el
palacio de Plata. Camina muy calmadamente en dirección de su alcoba y en ella
se encuentra su abuela junto con su madre, una hermosa mujer de cabellos
rosados y con el mismo peinado tradicional. – “¿Que sucede…?”
- “Rini por favor recapacita…” - Ahí estaba la reina de la Luna
conversando con su hija quien es madre se Usagi.
- “¡Mi nombre es Serena!” - (Prefiero ponerle Rini para que no hayan
confusiones) La conversa ya había adquirido un tono mas violento.
- “¡Ya están peleando!, ¿Por que no se pueden poner de acuerdo alguna
vez…?” – Usagi estaba tan enojada que ambas al percatarse de su presencia
dieron un salto.
- “No es un problema con tu oma, es… con tu padre…” - La cabeza de la
joven pelivioleta se inclinó, unas lagrimas cayeron…
- “Hija…” - Dirigiéndose a su nieta para tratar de consolarla.
- “¿Por qué discuten? ¿Por qué me arruinan las vacaciones? ¿Qué culpa
tengo yo de sus diferencias…? ¿Qué culpas…?” – Se desesperó y calló de rodillas
donde la reina de la Luna la acompañó brindándole apoyo.
- “Usa solo quiero que me acompañes…” – Sin preocuparse mucho la madre
de Usagi seguía haciendo las maletas de su hija mientras respondía con total
naturalidad.
Eso molestó mucho más a Usagi
- “¡Solo quieres que te acompañe para que sea tu paño de lagrimas! Eso
no me gusta… ¡no me gusta! Déjenme fuera de sus discusiones…” - Pequeños hilos
salados recorrían sus mejillas sin parar.
- “Hija ve…” - La aconsejó su
abuela - “Recuerda que con lo que te di
vasta y sobra para que te entretengas… cuídate pequeña y no se te olvide que
estaré aquí para cuando lo necesites…” - La mujer de edad después de decir esto
sale de la habitación con rumbo desconocido. Las maletas de la joven estaban
arregladas por lo que tuvo que obedecer a su madre y emprender el viaje a la
Tierra.
Una vez llegados ella se fue
sin saludar a nadie directamente a la habitación, no paró de llorar durante
largos minutos, minutos en los que no aceptó a nadie en su recamara, ni
siquiera a su padre. En unos arranques de impotencia con lo único que se podía
desquitar era con la almohada, golpear con ella todo lo que se le ocurriera,
lanzar gritos sordos que le aliviaban el alma de esa amargura tan grande que
era tener que escuchar a sus padres discutir como lo hacían… y es que desde
hace algunos años, mas bien desde que ella comenzó a desarrollarse sus padres
siempre discuten, su madre tiene miedo y su padre solo se preocupa de la buena
administración del reino… como podían no pelear, su padre no se preocupaba de
su madre y esta le lloraba sus penas, ambas lloraban penas compartidas…
- “¡No aguanto mas!” - Arrancó las sabanas de su cama y de entre medio
de estas saltó el libro que su abuela le prestó. Inmediatamente fue a recogerlo
y asegurarse que no había recibido daño alguno. – “Seguiré tus consejos oma, ya
que esto es lo único que me hace salir de este mundo… este maldito mundo…” -
Sigue con la lectura.
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.:HISTORIA:.
- “Como que… hiciste que… ¡QUE TE VOLVISTE A EMBORRACHAR!” - Charlaban
por teléfono una histérica gata negra con una, al parecer, adolorida rubia que
acababa de despertar después de una noche de confidencias entre sus amigas –
“¡Lo haces casi todos los fines de semana! Cuándo vas a cambiar… cuando llegues
a esta casa vamos a tener una conversación muy clara… ¡no! ¡Nada de
disculpas!... ¡ni por favor!... ¡NADA!” – Cuelga y respira hasta calmarse un
poco – “Hay esta niña… me preocupa cada día mas… como le pudiste hacer esto
Darien… ha pasado mas de un mes desde que te fuiste y no sabemos nada de ti… sé
que volverás por Serena, la pregunta es… ¿Ella aun te estará esperando?”
Ya comenzaban las clases en la
preparatoria Jubban, las jóvenes entrarían al ultimo año que les queda de
estudios, estaban algo nerviosas, bueno casi todas, Amy estaba muy satisfecha
de sus conocimientos (lo sabe TODO) pues ha estudiado casi todo el verano y
cuando no se la pasa en “confidencias” con sus amigas.
- “Ahhhhhhh!” – La voz inconfundible de Serena resonó por toda la
residencia Tsukino.
- “¡Te lo dije…!”
- “¡¿Porque no me levantaste Luna?!”
- “¿Que querías, que te pasara mis filosas garras por tu linda piel
Serena?” - Su cara maquiavélica demostraba sus intenciones ante el rostro
totalmente petrificado de la princesa.
- “Prefiero llegar tarde…” - Recogió sus cosas – “¡Adiós!” - Bajo las
escaleras – “¡Adiós mamá!”
- “¡Adiós hija!... ¡Tu almuerzo!” - Demasiado tarde. La madre de Serena
se había quedado con el paquete en la mano.
- “No voy a llegar… no voy a llegar…” - Corría como el viento, le
quedaban un minuto con 45 segundos, suspiró aliviada y aligeró algo el paso
total estaba a dos cuadras. Trotó pero cuando le quedaba una sola cuadra en la
esquina… - “¡Hay!”
Serena chocó.
- “¡Ayayayayaya!” - Ambas muchachas cayeron. – “Disculpa, disculpa” - Le
apresuró a levantar a la rubia que aun estaba en el suelo como aturdida.
- “Gracias…” - Dijo Serena sacudiéndose el polvo de la falda. – “¿Tu?” -
Casi cae por la sorpresa, la reconoció de inmediato ¿Cómo olvidar esa mirada
esmeralda? se lanzó a sus brazos – “¡Estas bien!”
- “¡Que te pasa!” - La joven se zafó con delicadeza de los brazos de la
rubia de odangos.
- “Disculpa la emoción es que…”
- “¡Serena!” - En la lejanía se podía ver una figura pequeña con una
estela de polvo tras ella.
- “Mina… oh! ¡La hora!” – Recordó que ya no le quedaba nada de tiempo.
- “¡La hora!” - Ambas comenzaron a correr y luego fueron alcanzadas por
Mina y las tres entraron a la preparatoria justo antes que les serraras las
puertas en la cara, pero no tuvieron tanta suerte cuando entraron al salón. Ahí
se encontraban sus amigas quienes bajaron el rostro ante tal escena, los
compañeros se rieron de las dos rubias al ver la misma situación de años
anteriores. Pero para sorpresa de ambas este año les había tocado de profesor
jefe al maestro de matemáticas. Siempre este maestro recordaba a las rubias por
llegar tarde a su clase que se dictaba en las primeras horas de la mañana.
- “Señorita Tsukino, Aino y… valla que decepción… la alumna nueva parece
que tiene la misma costumbre de llegar tarde que sus compañeras…” - Les había
tocado el peor maestro a la primera hora, que mala suerte para quienes ya lo
conocen, especialmente para aquellos que se quedan dormidos – “Tsukino y Aino
se quedarán afuera mientras que la señorita Kibo venga a presentarse ante sus
compañeros.” - La joven de cabellos castaños y ojos salvajes entra al salón y
las demás se quedan fuera en el pasillo.
- “Mi nombre es Akari Kibo, tengo 16 años y vengo de Hokkaido”.
- “Alumnos den su cordial bienvenida”. – Indicó el profesor con
semblante apacible… demasiado apacible.
- “Bienvenida”. - Todos se pusieron de pie para darle la bienvenida a la
alumna nueva.
- “Ahora señorita Kibo ¿me hace el favor de retirarse del salón?”
- “¡Que! ¿Por que?” - La joven estaba muy extrañada por la actitud del
maestro y mas por ser el primer día de clases.
- “No queremos que esto se vuelva a repetir” - El maestro le señala la
puerta y la joven sale resignada. Una vez fuera se encuentra con las dos rubias
que estaban conversando animadamente, estas al verla ríen.
- “¿De que rien? ¿De mi?” – Las miró ofendida.
- “Es que ya sabíamos que te iba a hacer eso...” - Dijo Mina aun riendo.
- “Siempre lo hace con los alumnos que llegan atrasados, sean o no sean
nuevos. Mi nombre es Serena Tsukino”.
- “El mío Minako Aino, pero llámame Mina”.
- “El mío es Akari Kibo”. – Se saludaron de las manos.
- “Supongo que no eres de Tokio”. - Le preguntó Serena
- “Soy de Sapporo Hokkaido”.
Serena estaba muy contenta, al
parecer no había fracasado del todo y tener a la joven ahí parada en frente era
un gran alivio.
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Secundaria
Una joven de cabellos oscuros
y ojos violeta entra a la segundaria acompañada de su padre, un hombre alto y
de aspecto inteligente.
- “Buenos días señorita” - Le dice a la secretaria que está en la
recepción.
- “Que desea señor Tomoe”. - Le responde esta con una calida sonrisa,
digna de una buena secretaria.
- “Solo justificar a mi hija Hotaru por llegar a esta hora, lo lamento
es que no pude venir a dejarla antes”.
- “No hay problemas, yo la voy a dejar a se sala”. - El hombre agradece
y luego de despedirse de su hija parte fuera del colegio. La pequeña Hotaru que
ahora ya tiene 13 años entra a su salón, el profesor ya estaba dictando materia
pero no dijo nada, la pequeña se sentó en su asiento solo que había algo
anormal porque normalmente se sienta sola pues todos le temen a ella y a sus
cambios bruscos de animo pero esta vez había una niña sentada al lado de su asiento,
Hotaru dedujo que es una compañera nueva. Sintió un impulso extraño por saber
de ella.
- “Hola…” - Se animó Hotaru después de un rato. La joven solo la observo
e hizo un gesto como de saludo. Inmediatamente la pequeña pudo notar algo
extraño en sus ojos verde oscuro – “¿Como te llamas?”
- “Hana. Hana Kibo…” - Respondió sin mayor importancia la joven de
cabellos ondulados caoba.
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En la preparatoria
- “¡Hey! Creí que tenías el cabello corto Akari”. - Serena se encaramaba
sobre la alumna nueva para tratar de examinarle el cabello el cual lo tenía en
un estilo muy especial
- “¿eh? Ahh… ¿lo dices por las trenzas?” - Entre sus manos sostenía unas
trenzas que salía de la parte posterior de su cabello, las cuales le llegaban a
las rodillas mientras que el resto del cabello estaba sobre los hombros.
- “Que original, no he visto peinados extraños en mucho tiempo” - Dijo
la rubia del moño rojo al recordar antiguos enemigos. – “¿Y cómo es la vida
allá en Hokkaido?
- “¿La vida?...” - No respondió, solo se dedicó a meditar por largo
rato.
- “¿Que te pasa?” - Serena movía sus dedos delante de los ojos de la
joven para que reaccionara.
- “¿Que me habían preguntado?” - Fueron las únicas palabras que salieron
de su boca.
- “Hay! ¡Ya no me acuerdo! Soy muy despistada” - A Serena se le escurrió
una GOTA por la cabeza.
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En algún lugar… lleno de una tiniebla luminosa.
- “Ahora no sé como lo voy a hacer…” – Una niña de aparentes diez años
caminaba de un lugar a otro.
- “Has lo que tengas que hacer” - Respondió de las tinieblas una voz
varonil con autoridad.
- “Padre, no puedo romper mi propia promesa”.
- “Esa promesa no la debiste hacer nunca, ahora viene el verdadero
peligro, hazlo ahora sino lo haré yo”.
- “Los Ángeles no pueden intervenir padre”.
- “No directamente, sabes a lo que me refiero… has lo que te digo… eso
fue culpa de ella, nada mas que suya… ustedes aceptaron las consecuencias… no
te olvides que tu tampoco puedes intervenir en esta lucha”.
- “Tú lo dijiste… no directamente” - Salio una carcajada de esas tinieblas
y luego el lugar se iluminó dejando ver un hombre alto de cabello canoso, ojos
azules y barba también canosa. Este abrazó a su pequeña hija de tan solo diez
años.
- “Gena, eres igual a tu madre…”
- “Algo bueno tenía que sacar de los mortales”. - Ese comentario molestó
un poco al hombre.
- “Has lo que te ordeno hija, lo que hicimos no se puede hacer y el
precio que tendrán que pagar es caro… no se puede huir de los problemas”.
- “¿Y qué pasa cuando tu enemigo es alguien a quien amas?”
El hombre se quedó en silencio,
luego caminó en dirección contraria desapareciendo y dejando nuevamente esa
bruma…
- “No quiero hacerlo… pero sé que me obligará… haré todo lo posible para
que no suceda…” - Tamben desaparece de esa bruma.
- “Te lo advertí…”
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Tiempo presente
Siglo XXXIX
La dulce joven de cabellos
violeta se ha quedado profundamente dormida… su madre la ha encontrado totalmente
agotada sobre su totalmente destruida cama, en sus manos encontró el libro… le
llamó la atención la carátula, se lo llevó a su habitación con intención de
leerlo mas tarde… tal vez le ayudara, al igual que a su hija a aclarar su mente
y despejarse un poco. Se dirigió a la puerta y la serró tras ella…
Se escuchó un susurro proveniente de la soñadora adolescente…
“Ruto…”