Capítulo 9 : Enfrentamientos

 

            Después de despedirse de Seiya, Taiki, Yaten, Mina y Amy y de recibir una buena reprimenda por parte de sus dos amigas por ocultar información a Seiya, Serena se dirigió a casa de su padre en busca de Hotaru y el señor Tomoe para darles la buena noticia. Eran aproximadamente las cinco de la tarde y la joven tenía la esperanza de que su padre se hubiera ido ya a la oficina para no encontrarse con él. Desafortunadamente, las cosas no salieron como ella tenía planeado.

            Nada más entrar a la casa ( Kenji no le había exigido que le devolviera las llaves y había preferido usarlas en vez de llamar a la puerta y que la viera el mayordomo ) se topó cara a cara con su padre que salía en ese momento rumbo a su oficina.

- Serena.- se sorprendió.- ¿Qué haces aquí?

 

- No sabía que tenía que tener una razón para estar aquí.- respondió desafiante.- Esta también es mi casa.

 

- La última vez que viniste fue para llevarte los muebles de tu habitación, un coche y una tarjeta de crédito.- contestó irritado una vez recuperado de la sorpresa inicial.- ¿Qué vienes a llevarte ahora?

 

- He venido a hablar con Hotaru y su padre.- dijo evitando mirarle a los ojos.- Nada más.

 

- Debí imaginármelo.- comentó extrañamente decepcionado.- Están en el jardín.

 

            Terminó de colocarse el abrigo que le ofrecía el mayordomo y salió por la puerta. Serena estuvo a punto de detenerle al recordar la conversación que mantuvo con Darien en la fiesta pero al ver la expresión de su rostro se contuvo y no dijo nada. Cuando se hubo marchado se restregó los ojos tratando de no llorar y fue al jardín en busca de Hotaru. La encontró junto a su padre ayudándole a regar las flores. Se acercó a ella sin hacer ruido, le tapó los ojos y le hizo una señal al señor Tomoe para que no la delatara.

 

- ¿Quién soy?.- preguntó con dulzura.

 

            Al escuchar su voz la pequeña se puso a temblar, se soltó y se giró muy despacio. Cuando vio quien era se le saltaron las lágrimas y corrió a abrazarla.

 

- ¡Serena!.- exclamó feliz.- ¡Te he extrañado mucho!

 

- Y yo a ti, mi niña.- le devolvió el abrazo sin poder evitar derramar unas cuantas lágrimas.- No ha habido ni un solo día en que no te extrañase.

 

- ¿Vienes a quedarte?.- preguntó la niña esperanzada.- ¿Ya has hecho las paces con tu padre?

 

- En realidad no.- suspiró tratando de no ponerse triste.- Pero te prometo que no volveremos a separarnos nunca más.

 

- ¿En serio?.- se le iluminaron los ojos.

 

- Bueno, todo depende de tu padre.- lo miró.- He venido para hablar con usted.

 

- Yo también me alegro de verte Serena.- respondió el anciano con una sonrisa.- Para qué me buscabas.

 

- Verás señor Tomoe...

 

- Ya sabes que puedes llamarme por mi nombre, Serena.

 

- Es la costumbre Ayumu, lo siento.

 

- Y bien, ¿qué querías decirme?

 

- Le he conseguido un trabajo como jardinero en otra casa.-explicó entusiasmada.- Las condiciones de trabajo serían las mismas que aquí pero le pagaríamos un poco más.

 

- ¿Qué casa?.-quiso saber Ayumu.

 

- Mi nueva casa.- se irguió orgullosa.- Darien tenía pensado comprar una nueva cuando nos casáramos y le he ayudado a buscar una con un gran jardín, solo nos falta el jardinero.

 

- Vaya Serena, no sé que decir.- se emocionó.

 

- Solo diga que sí.- utilizó su mirada de cordero degollado.- Me haría mucha ilusión y así Hotaru y yo volveríamos a estar juntas.

 

- ¡Por favor, papa!.- se le unió Hotaru visiblemente emocionada por la idea.

 

- Supongo que no me queda más remedio.- sonrió.- Pero qué pasa con tu padre, no creo que le guste demasiado la idea.

 

- No se preocupe por eso.- respondió Serena triste.- A mi padre nunca le ha importado nadie, solo contratará a otro jardinero y ya está, problema solucionado.

 

- No sé que decirte Serena.- contestó el señor Tomoe.- Desde que te casaste y te marchaste de aquí se comporta de una manera muy extraña, cualquiera diría que te echa de menos.

 

- ¿A mí?.- se sorprendió.- Imposible, después de todo fue él quien prácticamente me echó de casa, además, me he encontrado hace un rato con él y no parecía muy feliz de verme.- cambiando de tema.- ¿Acepta entonces?

 

- Claro, solo dame unos días para avisar a tu padre y que pueda buscar a otra persona y Hotaru y yo nos mudaremos a tu nueva casa.

 

- ¡Estupendo!.- exclamaron al unísono Hotaru y Serena para después abrazarse felices.

 

            Al separarse, a Serena se le ocurrió una idea genial.

 

- Señor Tom... quiero decir Ayumu, ¿le daría permiso a Hotaru para ir a la nieve este fin de semana? Prometo cuidarla muy bien.

 

- ¿A la nieve?

 

- Sí.- asintió.- Es que un amigo mío nos ha invitado a Mina, a Amy y a mí a ir a su casa a pasar el fin de semana y nos ha dicho que podíamos invitar a quien quisiéramos. La dejará ir, ¿verdad?

 

- Nieve... .- repitió Hotaru con mirada soñadora.

 

- Estás segura de que ese chico es de confianza.- se preocupó.

 

- Le doy mi palabra.- se puso una mano sobre el pecho.- De otra forma, no hubiera aceptado su invitación.

 

- En ese caso.- se resignó.- Supongo que sí.

 

- ¡¡¡Bien!!!.- gritó Hotaru.- ¡Nos vamos a la nieve!

 

- Si.- rió Serena feliz.- Pasaré a recogerte el sábado a las nueve, estate lista ¿eh?.

 

- No me retrasaré ni un minuto.

 

- Nos vemos entonces el sábado, ahora tengo que irme.

 

- ¿Ya?.- se entristeció Hotaru.- Pensaba que te quedarías un rato más.

 

- Lo siento Hotaru pero no puedo quedarme más tiempo.

 

- Hotaru, deja que Serena se marche.- le llamó la atención el señor Tomoe.- ya la verás el sábado.

 

            Hotaru, algo triste por la breve visita, obedeció a su padre y se despidió de Serena quien le prometió, antes de marcharse, que no olvidaría su promesa.  Nada más salir de la mansión Serena se topó con Haruka que estaba a punto de llamar a la puerta. Decir que la joven se quedó de piedra sería decir poco, más bien fue como si alguien le acabará de dar la noticia de que su mejor amiga había muerto y de pronto encontrarse con ella en mitad de la calle. Haruka, en cambio, apenas tardó dos segundos en recuperarse de la impresión y en saludarla.

 

- Hola gatita.- le sonrió.- ¿No vas a darme un abrazo?

 

- Haruka... Haruka... .- repitió su nombre sin poder creer lo que veía.- De verdad eres tú, no... no eres un sueño.

 

- Veamos.- se pellizcó el brazo.- ¡Aug! Pues no, creo que soy bastante real.

 

- Haruka... .- empezó a llorar como un bebe de tres años.- ...¡Haruka-chan!.- se arrojó a sus brazos con tal fuerza que casi la tira al suelo.- ¡Te he echado tanto de menos! ¡Te he necesitado tanto!.- llorando aún con más fuerza.- ¡Haruka!

 

- Cuidado gatita.- bromeó la alta rubia.- Que con tanta lágrima vas a arruinarme el vestuario.

 

- Lo siento.- siguió llorando.- Pero es que no puedo evitarlo... ¡soy tan feliz!.- y abrazó a su amiga aún con más ahínco ( si es que eso era posible ).

 

            Siguieron así un buen rato más, Serena llorando y abrazando a Haruka y esta intentando calmarla para poder hablar con ella. La gente que pasaba se les quedaba mirando con curiosidad pero bastaba una sola mirada amenazadora de la corredora de autos para que esa persona saliera huyendo de allí a todo gas. Cuando por fin pareció que la joven estaba más tranquila Haruka la invitó a un helado y se sentaron en un parque a hablar. Llevaban mucho tiempo separadas y tenían mucho que decirse.

 

Una hora después, en el parque número 10

 

- ¡Qué emocionante!.-exclamó Serena después de escuchar con atención todo lo que había hecho su amiga desde que se marchara a cumplir su sueño.- Tenía que haberme ido contigo, así no me hubiera perdido nada.

 

- No vayas a creer que todo ha sido un lecho de rosas.- la corrigió Haruka con cariño.- Es cierto que he vivido grandes aventuras y he conocido a mucha gente pero al principio no fue así. Las carreras profesionales de coches son casi exclusivamente de hombres y me costó mucho trabajo que me aceptarán y conseguir así un lugar en ese mundo.

 

- Pero mereció la pena, ¿verdad?.- preguntó con los ojos brillantes.

 

- Sí, la mereció.

 

- Y ahora tienes una carrera, has cumplido tu sueño y has vuelto con una amiga, ¿eh?.- dijo con tono picarón.

 

- Esto... sí.- se sonrojó.

 

- ¿Y cómo se llama?

 

- En realidad ya la conoces.- respondió la corredora con tono misterioso.- Se llama Michiru Kaio.

 

- ¡¡¡¿Michiru?!!!.- se sorprendió.- ¿Pero cómo sabes que la conozco?

 

- Porque sé todo lo que te ha pasado en estos últimos días.- dijo muy seria.- Cuando vine a buscarte a tu casa me encontré con tu padre y me lo contó todo. Tranquila.- prosiguió al ver la palidez de su rostro.- no le hice daño, sé lo mucho que te importa.

 

- ¿Y también sabes qué Michiru es amiga de... bueno, de él?.- inquirió dudosa.

 

- Sí.- contestó con rabia.- Esa es la única razón de que aún no haya ido a partirle la cara, Michiru me hizo prometer que no le haría daño. Claro que por mucho que aprecie a Michiru.- miró a Serena con determinación.- me basta una sola palabra tuya, una sola acusación de que ese animal te ha hecho daño y juró que no me importará nada más. Ese desgraciado se arrepentirá de haber nacido.- golpeó con fuerza el banco.

 

- Muchas gracias, Haruka.- la abrazó visiblemente emocionada.- No sabes cuanto me alegra saber que al menos tengo a alguien que se preocupa por mí.

 

- No lo dudes nunca, gatita.- le sonrió.- Y bien, ¿quieres que vaya a ajustarle las cuentas ahora mismo?

 

- No hace falta.- rió.- Darien no es mala persona, se está portando muy bien conmigo y todos los malentendidos que tuvimos al principio ya los hemos arreglado gracias a Michiru. Pero... .- puso mirada de niña pequeña.- ...tengo un problema.

 

- ¿Con él?.- frunció el ceño.

 

- No, no... .- se apresuró a tranquilizarla.- lo que pasa es que he conocido a un chico en la escuela que no sabe que estoy casada. En realidad, nadie en la escuela lo sabe a excepción de Mina y Amy.

 

- Entiendo.- asintió.- Y qué pasa con ese amigo.

 

- Verás.- se sonrojó.- es que creo que me gusta... ¡solo un poquito!... al principio no, pero después de que me invitará a salir para celebrar mi cumpleaños empecé a cambiar de opinión.- con mirada soñadora.- Es tan atento y divertido y tan cariñoso y me trata como si fuera alguien muy especial... a su lado me siento bien pero...

 

- Pero... .- la animó a continuar.

 

- No he querido reconocer ante nadie que me gusta porque estoy casada aunque no me agrade la idea.- se entristeció.- Si sé lo digo ya no querrá saber nada de mí y aunque no fuera así y la cosa funcionara no puedo separarme de Darien.

 

- ¿Quién dice que no puedes?

           

- Mi padre.- respondió triste.- No sé lo que sería capaz de hacer si lo hago.

 

- Escucha Serena.- habló Haruka tras meditar el asunto durante unos minutos.- Tu sal con ese chico y averigua que es lo que sientes por él. Cuando te sientas lo suficientemente segura dile la verdad y si llega la ocasión y llegáis a tener algo más serio, divórciate de Darien y sé feliz.

 

- ¡Pero mi padre... .- intentó protestar.

 

- No te preocupes por tu padre.- le sonrió.- Yo me ocuparé de todo, solo confía en mí, ¿de acuerdo?

 

- De acuerdo.- le devolvió la sonrisa.

 

- Y ahora que hemos solucionado este pequeño problemilla.- puso una mirada extraña.- Vamos a buscar a Darien a que me lo presentes.

 

- Pero solo a que lo saludes, ¿eh?

 

- Por supuesto.- intentó poner cara de angelito sin mucho éxito.-¿Tan mala crees que soy?

 

- A veces.- rió Serena.

 

A las siete, en la nueva casa de Serena y Darien

 

            Darien miró una vez más el reloj del salón antes de sentarse intranquilo a seguir esperando a Serena. Estaba muy preocupado por ella, le había dicho en el mensaje que volvería a casa alrededor de las seis ( él suponía que para ayudarle a desempaquetar las cajas ), ya eran las siete y ni rastro de ella y ni siquiera sabía cual era el número de su móvil ni él de sus amigas. Pensándolo bien no sabía nada de su vida personal y no es que eso fuera extraño teniendo en cuenta las condiciones de su matrimonio ni que le importara demasiado pero....  a quien intentaba engañar, sí le importaba y mucho, él quería saber cosas de ella, conocerla más profundamente y ya se había cansado de indagar en las razones de ese cambio, simplemente lo deseaba y punto, ya se preocuparía más tarde de las consecuencias.

 

            Estaba a punto de volver a levantarse para mirar la hora cuando oyó como se abría la puerta principal y entraba alguien. Sopló varias veces para calmarse y fue a recibir a su esposa. Su sorpresa fue mayúscula al ver que venía acompañada de un chico alto y rubio.

 

“Seiya” fue lo primero que se le vino a la cabeza al verlo.

 

- Hola Darien.- lo saludó Serena muy contenta.- Siento haberme retrasado pero es que me encontré en el camino con...

 

- Seiya.- dijo sin apartar su mirada celosa del chico.

 

- ¿Dónde?.- se sobresaltó la joven al pensar que el cantante pudiera haber descubierto la verdad por su cuenta.- Oye Darien, no me gastes bromas pesadas, Seiya no está aquí.

 

- ¿Entonces él...? .- preguntó confundido.

 

- ¡Ah! Te referías a Haruka.- comprendió.- Es mi amiga Haruka, es la persona con la que me encontré.

 

- Lo siento.- se disculpó un poco más tranquilo.- Pensé que era un chico y como el único amigo que te conozco.- enfatizó.- es Seiya, pensé que era él.

 

- Suele pasar.- echó un vistazo al interior de la casa sin notar la doble intención escondida tras sus palabras.- ¡Cuántas cajas!

 

- ¿Así que tu eres Darien?.- preguntó Haruka mientras Serena continuaba con su inspección.- Encantada de conocerte.- le estrechó la mano con tanta fuerza que casi se la aplasta.

 

- Lo mismo digo.- respondió Darien restregándose la mano.- Vaya, para ser una chica tienes mucha fuerza.

 

- Sí, a veces lo olvido.- lo miró de una forma extraña.- Y a veces no.

 

- ....... .- se quedó callado sin entender el comentario.

 

- Darien.- apareció Serena de repente.- ¿Están todas las cajas que empaquetamos ayer?

 

- Sí.- se giró hacia ella olvidando el extraño comportamiento de Haruka.- Las tuyas están en la planta de arriba, en la habitación que escogiste para ti.

 

- ¿Y los muebles?

 

- Están todos en su sitio, solo falta acomodar lo de las cajas y comprar los muebles que falten para el resto de las habitaciones.

 

- Parece que vine en un mal momento.- dijo Haruka a modo de disculpa.- No me dijiste que te estabas mudando, gatita.

 

- ¡Uy! Se me olvido.- puso cara de angelito.- Pero eso no importa, puedes pasar al salón y hablamos un rato, ¡tan desordenado no está!

 

- Está bien.- rió.- Vayamos para dentro.

 

            Tras pasar al salón y sentarse en donde pudieron Haruka y Serena comenzaron una amena conversación sobre recuerdos de su niñez mientras Darien permanecía en silencio sintiéndose un poco fuera  de lugar, sino se marchaba de allí era porque le interesaba lo que  Haruka estaba contando sobre su esposa. Al cabo de un cuarto de hora, la invitada sintió sed y Serena se ofreció muy amablemente a ir a buscarle algo a la cocina que dadas las circunstancias estaba más que desordenada. Haruka aprovechó el intervalo para girarse hacia Darien y centrar su atención en él cosa que el pelinegro no agradeció en absoluto. Por alguna razón, esa chica no le inspiraba demasiada confianza.

 

- Veo que los negocios no se te dan muy mal, ¿eh?.- dijo la rubia como si tal cosa.

 

- ¿A qué te refieres?.- preguntó Darien a la defensiva.

 

- Vamos Darien.- se echó hacia delante en actitud amistosa.- Tu empresa estaba en la bancarrota y nada más tomar su dirección conseguiste sacarla de ahí, si a eso no se le llama ser un crack de las finanzas entonces no sé que más podría ser.

 

- Solo fue un golpe de suerte, encontré una salida y la aproveché.

 

- Lo sé... supongo que la crueldad es cualidad imprescindible de todo buen empresario.- sonriendo con ironía.-  Tienes por delante un futuro prometedor, Darien Chiba.

 

- ¿Qué intentas decir?.- inquirió el chico muy serio.

 

- Creo que está bastante claro. Para sacar a tu empresa de la bancarrota vendiste algunas de tus acciones asegurándote que volverían a ti, y de paso...

 

- ¿Y de paso?.- la desafió a seguir con la mirada, sabía perfectamente a qué se estaba refiriendo Haruka.

 

- Obtuviste un premio extra: Serena.

 

            Darien se quedó mudo ante la acusación, era duro oír la verdad en labios de otro por mucho que él no considerara a Serena ningún premio.

 

- Reconócelo.- exigió Haruka cambiando su mirada amistosa por una de profunda enemistad.

 

- ¡¿Quién... quién demonios te crees que eres para hablarme así en mi propia casa?!.- se defendió Darien tratando de seguir ignorando la verdad.- Y más aún, para hablar de lo que no conoces.

 

- Sé perfectamente de lo que estoy hablando, Darien Chiba.- respondió con voz gélida.- Serena solo es para ti un premio, un juguete para usar y tirar.

 

- ¡Escúchame!.- se levantó Darien muy enojado.- No le permito a nadie que me hable así en mi propia casa y menos aún a alguien a quien apenas conozco. Si no fueras amiga de Serena a estas alturas ya te habría echado de aquí pero solo por eso te voy a dar la oportunidad de que te disculpes. ¡Ahora!.- exigió.

 

- ¿Qué es lo que té molesta tanto, Darien?.- preguntó Haruka manteniendo aparentemente la calma aunque por dentro hervía de coraje.- Que te muestre la realidad tal y como es o que haya alguien capaz de plantarte cara por lo que has hecho.

 

- ¡Es suficiente!.- exclamó Darien fuera de sí.- Sino te vas por tus propios medios yo mismo lo haré por ti.- fue a cumplir su amenaza.

 

            Pero cuando se acercó a Haruka para agarrarla de la chaqueta y echarla de su casa esta se levantó con gran rapidez del sofá en que estaba sentada y evitó a Darien. Se plantó a unos pasos de él y lo miró como si fuera el mismísimo demonio en persona.

 

- Agradece a Michiru que no te haga trizas aquí mismo.- dijo con veneno en la voz.

 

- ¿Michiru?.- se sorprendió Darien.- ¿No serás la amiga de la que tanto me ha hablado?

 

            No hizo falta que Haruka contestará, su mirada lo decía todo.

 

- Ahora óyeme tu.- se acercó hasta quedar a escasos centímetros de Darien quien la encaró decidido.- Si haces daño a Serena, te mato, si la haces llorar, te mato, si intentas sobrepasarte con ella, te mato. ¿Queda claro?

 

- Jamás le haría daño.- respondió tratando de contenerse.- No sé de donde hayas sacado semejantes ideas pero nunca he considerado a Serena un premio ni un juguete. Ella es...

 

- ¿Qué estáis haciendo?.- apareció de repente Serena en la sala con cara de no entender nada.

 

- Intercambiamos opiniones.- le sonrió Haruka apartándose de Darien.- ¿Me has traído algo para beber?

 

- Un vaso de agua.- le ofreció con una gran sonrisa.- Me costó mucho encontrar la caja en donde estaban guardados los vasos.

 

- Muchas gracias, gatita.- le dio un beso en la mejilla.- Eres un encanto.

 

- Ji, ji, ji.- se sonrojó.

 

- Bueno, pues yo ya me voy.- dirigiéndose a Darien.- Ha sido un placer conocerte, espero que no olvides nuestra pequeña conversación.

 

- Descuida.- respondió muy serio.- No tienes de que preocuparte.

 

- ¿Seguro qué no me he perdido nada importante?.- volvió a preguntar Serena.

 

- Claro que no, gatita.- le dirigió una tierna mirada.- ¿Me acompañas a la puerta?

 

            Serena asintió y la acompañó a la salida mientras Darien volvía a sentarse y suspiraba aliviado de que se hubiera marchado ya, no por miedo a un enfrentamiento más serio sino porque no creía que fuera muy buena idea agredir a la única amiga que su esposa le había presentado( por eso y, para poder seguir acallando la voz de su conciencia, cosa que hasta ahora había hecho a la perfección ).

 

Serena volvió al cabo de un rato y se sentó a sus pies mirándole muy fijamente y con cierta expresión de preocupación en su rostro.

 

- ¿Qué miras tanto?- preguntó Darien intentando no sonar grosero. Esa mirada estaba poniéndole muy nervioso.

 

- No pareces herido.

 

- ¿Debería estarlo?.- inquirió con curiosidad.

 

- No... claro que no.- se puso de pie algo nerviosa.- Solo era una observación.

 

- Como tu digas.- respondió sospechando algo.- Voy a encargar una pizza para cenar, ¿quieres alguna en especial?

 

- ¿Otra vez pizza?.- se quejó con una mueca muy graciosa.- Ya he comido bastante al mediodía.

 

- Ah... pues en ese caso.- se le ocurrió una idea genial para compensar la comida perdida de las tres.- podemos ir a un restaurante.

 

- ¿A un restaurante?.- lo miró perpleja.- ¿Tu y yo?¿Solos?.- Darien asintió.- Prefiero la pizza, gracias.- dijo cortante.- Voy a mi habitación a cambiarme y arreglar el cuarto un poco, avísame cuando la traigan.

 

            Darien la vio marchar algo desilusionado y después marcó el número de la pizzería.

 

Continuará...

 

Menu

Hosted by www.Geocities.ws

1